El misterio del ventilador que ruge: ¿Por qué mi Linux se calienta más que una tarde de agosto en el Puerto de Cartagena?
A ver, que levante la mano quien no haya sentido un poco de miedo al oír el ventilador de su ordenador despegar como si quisiera salir volando desde el muelle de Cartagena. Es una sensación agridulce. Por un lado, sabes que el hardware está vivo; por otro, te preocupa que tu flamante mini PC termine fundiéndose y convirtiéndose en un pisapapeles muy caro. La historia de Jose2780, un usuario que lleva años en el mundo del pingüino, nos suena a muchos: pasas de Windows a Linux buscando ligereza y te encuentras con que, al abrir una simple pestaña de Firefox, el procesador se pone a sudar como si estuviera subiendo la Cuesta del Batel a mediodía.
El caso concreto es un Ryzen 5 7430u. Un procesador moderno, eficiente y con una arquitectura que, sobre el papel, debería gestionar la energía de forma magistral. En Windows 11, el equipo se mantiene en unos razonables 45-50 grados en reposo. Pero en Linux, la cosa se tuerce. No es que la temperatura base sea mala, es que los picos son erráticos. Abres el explorador de archivos y ¡pum!, subidón térmico. ¿Es culpa de Linux? ¿Es que el kernel odia a AMD? La respuesta, como casi todo en esta vida tecnológica, tiene más matices que una puesta de sol en Cabo de Palos.
La verdad es que gestionar la energía en hardware moderno es un baile complejo. Windows tiene la ventaja de que los fabricantes de placas base y procesadores diseñan sus perfiles de energía pensando casi exclusivamente en el sistema de Microsoft. Linux, por su parte, tiene que «adivinar» o implementar mediante ingeniería inversa muchas de estas funciones. Y aunque el kernel ha avanzado una barbaridad, a veces el «gobernador» de la CPU es un poco demasiado entusiasta.
El «gobernador» de la CPU: ¿Demasiado café en el kernel?
Para que nos entendamos, el kernel de Linux utiliza algo llamado «gobernadores» para decidir a qué velocidad debe ir el procesador. Imagina que el gobernador es el capataz de una obra. Si el capataz es muy nervioso, en cuanto ve que llega un ladrillo nuevo (una tarea pequeña, como abrir una carpeta), grita a todos los obreros que se pongan a trabajar al 200%. Eso genera un pico de calor inmediato. En Windows, ese capataz suele ser más flemático y prefiere esperar a ver si realmente hace falta correr tanto.
En procesadores Ryzen modernos, el culpable suele ser el driver amd-pstate. Antiguamente usábamos acpi-cpufreq, que era más genérico, pero los nuevos drivers de AMD intentan ser más finos. El problema es que, dependiendo de la distribución que uses (Ubuntu, Fedora, Arch…), la configuración por defecto puede estar priorizando el rendimiento inmediato sobre la eficiencia térmica. Vaya, que el sistema prefiere que la aplicación abra una milésima de segundo antes a costa de meterle un voltajazo al procesador que lo pone a 70 grados en un parpadeo.
Ojo con esto, porque no siempre es un fallo de software. Los mini PC tienen un hándicap físico evidente: el espacio. El disipador suele ser una lámina de cobre ridícula y un ventilador que parece sacado de un juguete. En cuanto el procesador detecta carga, sube frecuencias (el famoso Turbo Boost o Core Performance Boost) y el calor no tiene por dónde salir. Si Linux gestiona esos picos de forma más agresiva que Windows, el ventilador entrará en pánico mucho antes.
Herramientas de diagnóstico: No te fíes solo de tu oído
Antes de liarnos a cambiar configuraciones como locos, hay que saber qué está pasando ahí dentro. Si mal no recuerdo, la herramienta básica que todo el mundo debería tener instalada es lm-sensors. Es un clásico, más viejo que el hilo negro, pero sigue funcionando de maravilla. Para instalarlo en sistemas basados en Debian o Ubuntu, basta con un:
sudo apt install lm-sensors && sudo sensors-detect
Después de responder que sí a todo (con precaución, que a veces nos venimos arriba), puedes ejecutar el comando sensors y ver la realidad cruda. Pero si quieres algo más visual, algo que te permita ver el «crimen» en tiempo real mientras abres el navegador, yo soy muy fan de btop o htop.
Lo que Jose2780 comenta de que «por cualquier tontería se dispara» es la clave. Si ves que al abrir el explorador de archivos un núcleo se pone al 100% durante medio segundo y la temperatura salta 15 grados, es que el boost está siendo demasiado agresivo. Es como si para ir a comprar el pan a la esquina arrancaras un Fórmula 1. No tiene sentido, pero el coche está programado para darlo todo en cuanto tocas el pedal.
Ajustando las tuercas: Soluciones prácticas para enfriar el sistema
Si te encuentras en esta situación, no hace falta que vuelvas a Windows con el rabo entre las piernas. Hay varias cosas que podemos tocar. La primera y más efectiva suele ser cambiar el gobernador de la CPU. Si usas una interfaz gráfica como GNOME, en los ajustes de energía puedes probar el modo «Equilibrado» o «Ahorro de energía». Pero si queremos ser profesionales y bajar al barro, lo suyo es usar la terminal.
Una herramienta que me ha salvado la vida en más de un portátil y mini PC es auto-cpufreq. Es un demonio que corre de fondo y optimiza las frecuencias de forma mucho más inteligente que el estándar del sistema. Lo que hace es, básicamente, calmar al capataz nervioso del que hablábamos antes.
- Instalación de auto-cpufreq: Se puede instalar fácilmente vía Snap o compilando desde GitHub. Una vez activo, suele obrar milagros con esos picos de temperatura absurdos.
- Desactivar el Turbo Boost: Si el calor te preocupa de verdad y no necesitas que tu Ryzen vuele para tareas de oficina, puedes desactivar el Boost. Perderás algo de velocidad punta, pero el PC estará más fresco que una marinera en una terraza de la Plaza de las Flores.
- Configurar TLP: TLP es el estándar de oro para la gestión de energía en Linux. Aunque está muy enfocado a portátiles para ahorrar batería, en mini PCs ayuda a controlar los estados de energía del procesador y de los periféricos.
Para los que usan procesadores AMD modernos, hay un truco específico. Asegúrate de que tu kernel sea reciente (versión 6.3 o superior). A partir de ahí, el driver amd-pstate-epp es el que manda. Puedes comprobar qué driver estás usando con este comando:
cpupower frequency-info
Si ves que estás usando el driver antiguo, quizás sea hora de actualizar el kernel o cambiar un parámetro en el GRUB. La diferencia de comportamiento entre el driver genérico y el específico de AMD es como comparar un motor de vapor con uno de inyección electrónica.
La analogía del submarino: ¿Por qué el hardware sufre tanto?
Para que nos entendamos, un mini PC es como un submarino de la clase S-80 en el puerto de Cartagena. Tienes un montón de tecnología punta encerrada en un espacio muy pequeño. Si el sistema de refrigeración no es perfecto, cualquier exceso de energía se convierte en calor que se queda atrapado. En Windows, los fabricantes suelen meter «parches» en la BIOS o en los drivers para que el procesador no se caliente tanto, a veces a costa de un rendimiento un poco más errático que no se nota en el día a día.
En Linux, el sistema tiende a ser más honesto. Si le pides potencia, te la da. El problema es que esa honestidad, en un chasis de aluminio de 10 centímetros, es una receta para el desastre sonoro. Además, hay un factor que solemos olvidar: los navegadores modernos. Abrir Chrome o Firefox hoy en día es casi como renderizar una película de Pixar. Entre el JavaScript, la aceleración por hardware y los anuncios, el procesador tiene que trabajar de lo lindo. Si la aceleración por hardware de la GPU no está bien configurada en Linux (un clásico), la CPU tiene que hacer todo el trabajo sucio, y ahí es donde suben los grados.
¿Es un problema de la pasta térmica o del diseño?
A veces nos volvemos locos con el software y resulta que el problema es que el chino que montó el mini PC puso la pasta térmica como si estuviera echando mayonesa a un bocadillo de calamares: o mucha y mal puesta, o casi nada. Si ves que incluso en reposo absoluto las temperaturas bailan mucho, quizás el contacto entre el procesador y el disipador no es el mejor.
Dicho esto, en el caso de Jose2780, el hecho de que en Windows funcione «bien» (dentro de lo que cabe para un mini PC) nos indica que el hardware está sano. El problema es puramente de gestión de estados de energía. Linux es como un purasangre que quiere correr siempre, y a veces hay que ponerle unas riendas un poco más cortas para que no se agote (o no nos queme la mesa).
Pasos recomendados para estabilizar tu mini PC con Linux
Si te acabas de comprar un bicho de estos y no quieres que parezca una estufa, aquí tienes mi hoja de ruta personal, la que yo aplico cada vez que instalo una distro en hardware compacto:
- Actualiza el Kernel: No te quedes en versiones antiguas. Si usas Debian, tira de backports. Si usas Ubuntu, busca los kernels HWE. Los procesadores Ryzen 7000 necesitan software moderno para entenderse bien con el hardware.
- Instala
amd64-microcode: Es vital. Son las instrucciones de bajo nivel que corrigen errores del procesador. A veces, un microcódigo actualizado gestiona mejor los voltajes. - Revisa la aceleración por hardware: En Firefox, vete a
about:supporty mira si la composición es «WebRender». Si el navegador tira de CPU para dibujar las ventanas, vas a tener calor asegurado. - Prueba el modo «Power Save»: No tengas miedo. En un Ryzen 5, el modo ahorro de energía sigue siendo más rápido que la mayoría de procesadores de hace tres años. Para navegar y escribir, te sobra y el silencio lo agradecerás.
La verdad es que es un poco frustrante que en 2024 (o 2026, según la fecha del foro) sigamos peleándonos con estas cosas. Pero es el precio de la libertad, supongo. Windows es un producto cerrado donde todo viene masticado; Linux es un mecano. A veces las piezas encajan a la primera y otras veces tienes que lijar un poco los bordes.
El papel de la BIOS en todo este entuerto
No podemos olvidar la BIOS (o UEFI, para los puristas). Muchos mini PC de marcas menos conocidas tienen opciones de energía ocultas o mal configuradas. Hay una opción llamada «Global C-state Control» que debería estar siempre en «Enabled». Esto permite que el procesador entre en estados de sueño profundo cuando no hace nada. Si está en «Auto» o «Disabled», Linux a veces tiene problemas para mandar a dormir a los núcleos, y eso mantiene la temperatura alta.
Otra opción interesante es el «PPT Limit» (Package Power Tracking). Si tu BIOS te deja, puedes bajarle un poco los vatios máximos que puede consumir el procesador. Si el Ryzen 5 7430u tiene un TDP de 15W pero la placa le deja chupar hasta 30W en picos, ahí tienes tu problema. Limitarlo a 20W apenas se nota en el rendimiento pero hace maravillas por el silencio de tu escritorio.
¿Realmente es tan grave tener 60 o 70 grados?
Aquí entra un poco la psicología. Estamos acostumbrados a ver los 40 grados de Windows y, en cuanto vemos 65 en Linux, nos echamos las manos a la cabeza. La realidad es que estos procesadores están diseñados para aguantar hasta los 95 o 100 grados sin despeinarse (literalmente, tienen sistemas de protección).
El problema no es que el procesador se rompa, es el ruido y la sensación de inestabilidad. A nadie le gusta estar trabajando con un zumbido constante en la oreja. Es como intentar leer un libro en medio de la calle Mayor en plenas fiestas de Carthagineses y Romanos: se puede, pero no es agradable. Por eso, aunque técnicamente 65 grados sea una temperatura «segura», nuestro objetivo siempre debe ser el confort acústico.
Reflexiones sobre el software libre y el hardware moderno
Al final del día, lo que le pasa a Jose2780 es el pan de cada día en el mundo del software libre. Tenemos un sistema operativo maravilloso, robusto y transparente, pero que a veces se encuentra con hardware que no quiere compartir sus secretos. Los fabricantes de mini PCs chinos, especialmente, suelen usar implementaciones de ACPI bastante chapuceras que Windows ignora porque lleva sus propios drivers específicos, pero que a Linux le vuelven loco.
La conclusión que saco de todo esto es que, si vas a usar Linux en un mini PC, tienes que estar dispuesto a «cacharrear» un poco. No es instalar y listo, es instalar, observar, medir y ajustar. Es un proceso casi artesanal, como el que calibra un instrumento de precisión. Y una vez que lo dejas fino, una vez que consigues que ese Ryzen vuele sin calentar la habitación, la satisfacción es mucho mayor que la de usar un sistema que te lo da todo cerrado y bloqueado.
Vaya, que no cunda el pánico. Si tu Linux se calienta, no es que esté roto, es que tiene ganas de marcha. Solo tienes que enseñarle que, para abrir el explorador de archivos, no hace falta ponerse a mil revoluciones. Con un poco de paciencia, las herramientas adecuadas y quizás un ojo puesto en las actualizaciones del kernel, ese mini PC acabará siendo el compañero silencioso y potente que buscabas cuando decidiste abandonar las garras de Microsoft.
Y si nada de esto funciona, siempre puedes mudarte a una cueva en el Monte Bolones, que allí se está fresquito todo el año, aunque la conexión a internet deje bastante que desear. Pero antes de eso, prueba con auto-cpufreq, de verdad. Me lo agradecerás cuando dejes de oír ese silbido constante que te está volviendo loco.
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