Te ha pasado, ¿verdad? Sacas de la estantería esa joya que compraste hace diez años, una edición descatalogada que hoy vale su peso en oro en el mercado de segunda mano, y al abrir la caja… falta un cubo de madera. O peor, falta esa miniatura específica del héroe que solo venía en la preventa de 2014. Se te queda una cara de tonto importante. Miras debajo del sofá, sacudes las alfombras, interrogas al gato, pero nada. La pieza se ha evaporado en el Triángulo de las Bermudas que todos tenemos en el salón.
La verdad es que perder un componente de un juego que ya no se fabrica (lo que los culturetas del mundillo llamamos Out of Print o OOP) es una faena de las gordas. No puedes ir a la tienda de la esquina a por otro, y escribir a la editorial suele terminar en un correo automático diciendo que «lo sentimos mucho, pero ya no tenemos repuestos de ese título». Vaya, que te quedas con un posavasos muy caro y muy grande. Pero no todo está perdido. Como alguien que ha pasado demasiadas horas buscando un peón de madera por foros oscuros de internet, te digo que hay esperanza. Y no, no hace falta que te gastes 200 euros en una copia nueva en eBay.
Lo primero que solemos hacer es ir a lo obvio. Si buscas en eBay, a veces tienes suerte. Hay gente que se dedica a «desguazar» juegos dañados. Es un poco macabro, si lo piensas: un juego cuya caja está destrozada o al que le faltan la mitad de las cartas se vende por piezas para que otros puedan completar los suyos. Es como un desguace de coches en el polígono de Cabezo Beaza, pero con meeples y dados de ocho caras.
En España, tenemos una ventaja competitiva llamada Wallapop. La cantidad de gente que vende juegos «para piezas» o que simplemente no sabe lo que tiene es asombrosa. Si te falta algo de un juego clásico de los 90, tipo HeroQuest o Imperio Cobra, es tu mejor baza. Eso sí, prepárate para regatear y para que te envíen fotos borrosas donde no se distingue si es un orco o una mancha de café. La clave aquí es la paciencia. No compres lo primero que veas; pon alertas. «Piezas HeroQuest», «Repuestos Catán edición madera»… ese tipo de cosas.
Además, hay un detalle que mucha gente olvida: los lotes de «piezas genéricas». A veces no necesitas la pieza original exacta, sino algo que dé el pego. En estas plataformas se venden bolsas de «morralla» de juegos de mesa por cuatro duros. Con un poco de suerte, ahí está tu cubo azul perdido.
BoardGameGeek: La salvación está en los foros
Si no conoces BoardGameGeek (BGG), ya estás tardando. Es la enciclopedia de los juegos de mesa a nivel mundial. Lo que quizás no sepas es que tiene una sección de «Mercadillo» (Marketplace) y, lo más importante, una base de datos de usuarios que tienen piezas de sobra.
La jugada maestra es ir a la ficha del juego que tienes incompleto. Busca la sección de «User Trading». Allí verás que la gente marca cosas como «Has Parts» (tiene piezas) o «Wants Parts» (quiere piezas). La comunidad de los juegos de mesa es, por lo general, gente maja. He visto casos de tíos de Wisconsin enviando una carta específica a un chaval de Cartagena solo por el coste del sello, simplemente por el placer de saber que un juego ha vuelto a la vida. Es una especie de solidaridad friki que me reconcilia con el ser humano.
Ojo con esto: antes de pedir, asegúrate de tener algo que ofrecer o, al menos, sé educado. No vayas a saco. Un «Hola, he visto que tienes piezas de este juego que ya no se imprime, ¿podríamos llegar a un acuerdo?» funciona mucho mejor que un «Dame el dado». La etiqueta en los foros sigue siendo importante, aunque estemos en la era de la inmediatez.
La magia de la impresión 3D: De Cartagena al tablero
Aquí es donde la cosa se pone técnica y divertida. Si vives en Cartagena, sabrás que aquí tenemos una cultura de «hacer cosas» muy arraigada, en parte gracias a la UPCT y a todo el movimiento maker que se mueve por la zona. Si te falta una pieza de plástico, ¿por qué no fabricarla tú mismo?
La impresión 3D ha cambiado las reglas del juego. Literalmente. Si tienes una impresora en casa (o conoces a alguien que la tenga, que hoy en día es casi como tener a alguien con piscina en verano), tienes una fábrica de repuestos infinita. Sitios como Thingiverse o MyMiniFactory están llenos de archivos STL gratuitos para juegos descatologados.
¿Te falta un edificio del Puerto Rico? Alguien lo ha modelado. ¿Perdiste una nave del Star Wars: Queen’s Gambit? Probablemente haya un archivo listo para imprimir. Y si no está, siempre puedes intentar modelarlo tú. No es tan difícil como parece. Para piezas geométricas simples, Tinkercad es una maravilla que se aprende a usar en una tarde. Si buscas algo más pro, Fusion 360 es el estándar, aunque la curva de aprendizaje es un poco más empinada.
Para que nos entendamos, el proceso sería algo así:
- Buscas el modelo en internet (pon el nombre del juego + «3D model» o «STL»).
- Lo pasas por un software de «laminado» o slicer (como Cura o PrusaSlicer).
- Configuras la calidad. Si es una miniatura detallada, mejor usar una impresora de resina (SLA). Si es un cubo o una loseta, con una de filamento (FDM) vas sobrado.
- Imprimes, pintas y listo.
La verdad es que, a veces, la pieza impresa queda incluso mejor que la original. He visto gente que termina sustituyendo todos los componentes de cartón de un juego por piezas en 3D solo porque «quedan más chulas». Es un vicio, te lo aviso.
Manualidades de toda la vida: Resina y silicona
Si lo de la tecnología 3D te pilla un poco lejos o prefieres mancharte las manos, siempre nos quedará el método tradicional de los modelistas. Si te falta una pieza de un grupo de piezas iguales (por ejemplo, un soldado de un ejército), puedes usar una de las que sí tienes para hacer un molde.
El proceso es casi terapéutico. Compras silicona de dos componentes (la hay que parece plastilina, muy fácil de usar), presionas la pieza original para crear el negativo, esperas a que cure y luego rellenas el hueco con resina de poliuretano o incluso con masilla tipo Milliput.
Lo bueno de este método es que la copia es exacta en dimensiones. Lo malo es que, si la pieza original es muy compleja, te van a salir burbujas de aire y vas a acabar con un soldado que parece que ha tenido un accidente en la refinería de Escombreras. Pero oye, con un poco de lija y pintura, da el pego perfectamente en mitad de una partida con poca luz y un par de cervezas encima.
El arte de la «canibalización» de juegos
A veces hay que ser prácticos. Si tienes un juego que ya no se imprime y te falta algo vital, mira qué otros juegos tienes por casa. Muchos juegos de la misma editorial o del mismo diseñador comparten componentes.
Por ejemplo, los juegos de estilo europeo (los eurogames) suelen usar cubitos de madera de 8mm o 10mm. Son estándar. Puedes comprar bolsas de 100 cubitos de colores en tiendas especializadas o en Amazon por cuatro duros. No hace falta que sea «el cubo original de 1995». Es madera pintada, no le des más vueltas.
Incluso puedes «canibalizar» juegos baratos que encuentres en tiendas de segunda mano. ¿Necesitas peones? Compra un Parchís de un euro en un rastro. ¿Necesitas dados especiales? A veces sale más barato comprar un juego malo que los use que pedir los dados sueltos. Es una forma de reciclaje lúdico, si quieres verlo así para no sentirte mal por destruir un juego para salvar otro.
¿Y si el problema es una carta o un tablero?
Aquí la cosa se complica. Perder una carta de un juego descatalogado es un drama porque el tacto y el color del reverso deben ser idénticos para que no se sepa cuál es al barajar. Si la imprimes en casa, se va a notar a leguas.
La solución que yo uso es el «escaneo y funda». Buscas la imagen de la carta en internet (en BGG suelen estar casi todas en la sección de imágenes), la imprimes con la mejor calidad que puedas y la metes en una funda opaca junto con una carta cualquiera de otro juego (una carta de póker vieja, por ejemplo) para que tenga consistencia. Luego, tienes que enfundar todas las cartas del juego con esas mismas fundas opacas. Problema resuelto. Sí, te gastas un poco de dinero en fundas, pero el juego vuelve a ser funcional al 100%.
Para tableros o losetas, la cosa es más de bricolaje. Si se te ha roto o perdido una loseta, lo mejor es imprimir el diseño en papel adhesivo y pegarlo sobre cartón pluma o cartón gris del mismo grosor. Un buen cúter, una regla metálica y un poco de pulso de cirujano hacen milagros. Si mal no recuerdo, la última vez que reparé un tablero de un juego de los 80, usé el cartón de una caja de cereales y, oye, ni tan mal.
La vía digital: Tabletop Simulator
Si todo lo anterior falla, o si simplemente quieres tener los archivos por si acaso, echa un ojo a Tabletop Simulator en Steam. Es un programa que permite jugar a casi cualquier juego de mesa de forma virtual.
¿Por qué te cuento esto si lo que quieres es la pieza física? Porque los «mods» de Tabletop Simulator suelen incluir escaneos de altísima resolución de todos los componentes: cartas, tableros, manuales… Si te falta una carta y no encuentras la imagen por ningún lado, bájate el mod del juego, busca la carta en el entorno virtual y hazle una captura de pantalla. Ya tienes el archivo para imprimir. Es una forma de preservación digital que nos viene de perlas a los que nos gusta el cartón físico.
El valor de lo imperfecto
Al final del día, tenemos que aceptar que los juegos de mesa son objetos para ser usados. Se desgastan, se manchan con ganchitos y, a veces, pierden piezas. Un juego con una pieza sustituida por una impresión 3D o por un trozo de madera tallado a mano tiene una historia que contar. Es como esa cicatriz que tienes en la rodilla de cuando te caíste en el parque de los Juncos; te recuerda que has vivido.
Un juego descatalogado e incompleto no es basura. Es un puzle que espera ser resuelto. Ya sea rebuscando en eBay, pidiendo ayuda a un desconocido en Alemania a través de un foro, o peleándote con una impresora 3D que ha decidido atascarse por tercera vez en la mañana, el proceso de restaurar un juego es parte del hobby.
Para que nos entendamos: no dejes que una pieza faltante te impida disfrutar de una buena partida. La mayoría de las veces, el juego sigue funcionando igual de bien con un sustituto. Y si alguien en la mesa se queja de que «ese meeple no es el original», siempre puedes decirle que es una edición limitada de Cartagena. A ver quién te dice que no.
La conclusión que saco de todo esto es que, en la era de la obsolescencia programada, los jugadores de mesa somos un poco como los mecánicos de coches clásicos. Nos negamos a dejar morir algo solo porque ya no se fabrique. Así que, la próxima vez que abras una caja y veas un hueco vacío, no te desesperes. Tómate un café, abre el navegador y empieza la búsqueda. La recompensa de volver a poner ese juego en la mesa merece la pena.
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