Si te pasas por la Plaza Arriquibar de Bilbao a finales de marzo de 2026, te vas a encontrar con algo que rompe un poco el esquema mental de lo que debería ser una exposición al uso. No es solo una muestra de objetos; es más bien como si alguien hubiera abierto una grieta en el tiempo y nos dejara asomarnos a un siglo XIX que nunca existió, pero que todos habríamos querido vivir. Hablo de KURIOS – Gabinete de Curiosidades: más allá del escenario, la propuesta que el Azkuna Zentroa acogerá del 17 al 29 de marzo como aperitivo de lujo antes de que la mítica carpa azul y amarilla del Cirque du Soleil vuelva a instalarse en tierras vizcaínas.
La verdad es que esto de los «gabinetes de curiosidades» tiene su miga. Antes de que existieran los museos modernos, con sus vitrinas asépticas y sus guardias de seguridad que te miran mal si te acercas demasiado, la gente con posibles —reyes, aristócratas o científicos un poco excéntricos— coleccionaba lo que llamaban Wunderkammer. Eran habitaciones llenas de cosas raras: desde colmillos de narval que hacían pasar por cuernos de unicornio hasta autómatas mecánicos que parecían tener vida propia. Y esa es precisamente la tecla que pulsa esta exposición. No se trata solo de ver trajes bonitos; se trata de entender el «cómo se hizo» de un universo que mezcla la ingeniería victoriana con la fantasía más pura.
Lo que vamos a ver en el Azkuna Zentroa (que, por cierto, ya de por sí tiene ese aire industrial reformado que le va como anillo al dedo a la estética de la muestra) es una selección de piezas que normalmente solo se ven a veinte metros de distancia y bajo el movimiento frenético de los focos. Aquí, la cosa cambia. Te puedes parar a un palmo de la tela, observar las costuras y flipar con el nivel de detalle que le meten a cada personaje. Vaya, que es una oportunidad de oro para los que nos gusta fijarnos en las pequeñas cosas.
La exposición funciona como una especie de prólogo. El Cirque du Soleil sabe perfectamente que su público en España es fiel, pero también exigente. Al traer esta muestra gratuita a Bilbao, están haciendo algo más que publicidad: están compartiendo su proceso creativo. Es una forma de decir: «Mirad, esto no es solo gente saltando por los aires; hay miles de horas de artesanos, diseñadores y locos de la mecánica detrás de cada segundo de espectáculo».
El espíritu de la invención: globos y sueños de altura
Uno de los platos fuertes de la instalación es una recreación inspirada en los primeros globos aerostáticos del siglo XIX. Y aquí es donde la historia se pone interesante. Si mal no recuerdo, a finales de mil ochocientos, la humanidad estaba obsesionada con despegar los pies del suelo. Era una época donde la ciencia y la magia todavía se daban la mano en los periódicos. Ver esa estructura en el centro de Bilbao nos recuerda que hubo un tiempo en el que volar no era meterse en un tubo de metal con aire acondicionado y comida recalentada, sino una aventura peligrosa y poética.
Este guiño al espíritu inventivo es el eje sobre el que gira todo KURIOS. El espectáculo principal cuenta la historia de un «Buscador» que cree que en su gabinete de curiosidades existe un mundo secreto e invisible. La exposición en el Azkuna Zentroa nos permite ser ese buscador por un rato. Podemos ver de cerca los ingenios mecánicos que, en el escenario, parecen funcionar por arte de magia, pero que aquí revelan su naturaleza de engranajes, cuero y metal.
La artesanía detrás del «Steampunk»
Para los que no estén puestos en terminología de tribus urbanas o géneros literarios, el steampunk es básicamente imaginar cómo sería el futuro si la tecnología se hubiera quedado estancada en la máquina de vapor pero con la potencia de la informática actual. Es una estética que a los españoles nos toca de cerca si pensamos, por ejemplo, en los inventos de Isaac Peral en Cartagena o en las primeras estructuras de hierro que empezaron a poblar nuestras ciudades industriales como Bilbao.
En la exposición, esta estética brilla con luz propia. Los personajes de KURIOS no llevan mallas de licra brillantes sin más. Llevan estructuras que parecen sacadas de un taller de relojería. Algunos de los detalles que podremos ver incluyen:
- Vestuario con vida propia: Telas que imitan texturas orgánicas mezcladas con elementos metálicos que parecen pesar una tonelada, aunque luego los acróbatas se muevan con ellos como si nada.
- Personajes singulares: Figuras que representan a los habitantes de este mundo paralelo, cada uno con una historia que se intuye solo con mirar su equipo y sus accesorios.
- Artefactos de otra época: Objetos que parecen herramientas científicas olvidadas en un desván, pero que tienen una función específica dentro de la narrativa del circo.
Es curioso pensar que, en plena era de la Inteligencia Artificial y los efectos digitales por ordenador, algo tan tangible como el diseño de vestuario y la escenografía física siga teniendo tanta fuerza. Al final del día, nos sigue flipando ver algo que ha sido construido con las manos.
¿Por qué Bilbao y por qué ahora?
No es casualidad que Bizkaia sea el lugar elegido para este despliegue. El público vasco tiene una conexión especial con las artes escénicas y, concretamente, con el Cirque du Soleil. Hay una especie de respeto mutuo. Además, el Azkuna Zentroa es el escenario perfecto. Sus columnas, diseñadas por Philippe Starck, ya tienen ese punto ecléctico y un poco loco que encaja de maravilla con el universo de KURIOS. Es como si el edificio y la exposición hablaran el mismo idioma.
Además, el hecho de que sea una actividad gratuita es un puntazo. Permite que alguien que a lo mejor no se ha planteado nunca ir al circo, o que cree que «eso es para niños», se dé una vuelta, vea la calidad del trabajo y se quede con el gusanillo. Es una estrategia de marketing, sí, pero de las que aportan valor real al ciudadano.
La tecnología invisible: del boceto al escenario
Como alguien que trastea mucho con la tecnología, no puedo evitar ver la exposición desde otro prisma. Aunque lo que vemos es artesanal, el proceso de creación de un espectáculo como KURIOS hoy en día está lleno de herramientas modernas. Para que ese globo aerostático que veremos en Bilbao sea seguro y visualmente impactante, se han usado programas de diseño en 3D y simulaciones físicas que ya quisieran los inventores del siglo XIX.
Ojo con esto: a veces pensamos que la tecnología mata la magia, pero en este caso es al revés. La tecnología permite que la imaginación de los diseñadores no tenga límites. Por ejemplo, muchos de los accesorios que parecen de bronce antiguo están fabricados con materiales ligeros de última generación o incluso piezas impresas en 3D que luego reciben un tratamiento de pintura para parecer oxidadas. Es el engaño perfecto, y la exposición nos permite apreciar ese truco de cerca.
Una pausa necesaria en el ritmo digital
Vivimos pegados a pantallas, consumiendo contenido que desaparece a los cinco segundos de hacer scroll. Por eso, propuestas como este Gabinete de Curiosidades son tan necesarias. Te obligan a parar. Te obligan a mirar un objeto y preguntarte: «¿Cómo habrán hecho esto?». Es una invitación a la curiosidad pura, esa que todos teníamos de pequeños y que vamos perdiendo con el estrés de los correos electrónicos y las reuniones de Zoom.
La verdad es que pasear entre estas figuras te hace sentir un poco como un explorador. No hay una pantalla que te diga qué sentir; es el objeto físico, con su volumen y su presencia, el que te cuenta la historia. Y eso, en 2026, va a seguir siendo un lujo.
Detalles prácticos para no perderse nada
Para que nos entendamos, si tienes pensado ir, aquí tienes lo básico que debes saber para que no te pille el toro:
- Fechas: Del 17 al 29 de marzo de 2026. Son pocos días, así que mejor marcarlo en el calendario con un círculo rojo bien grande.
- Lugar: Azkuna Zentroa, en la Plaza Arriquibar, 4. Está en pleno centro de Bilbao, así que no tiene pérdida. Puedes ir en metro (Moyua o Indautxu te dejan al lado).
- Precio: Gratis. Sí, has leído bien. No hay excusa para no ir, aunque sea por curiosidad (nunca mejor dicho).
- El plan completo: Mi recomendación es que vayas con tiempo, veas la exposición con calma y luego te tomes algo por los alrededores. Bilbao en marzo tiene ese clima que invita a pasear entre lo moderno y lo clásico.
Y si después de ver la exposición te quedas con ganas de más, pues ya sabes que la Gran Carpa estará cerca. Pero incluso si no tienes pensado ir al espectáculo principal, la muestra por sí sola merece la pena como experiencia estética y cultural.
La conexión con la historia local
Me gusta pensar en cómo habrían reaccionado los bilbaínos de hace cien años al ver algo así. Bilbao siempre ha sido una ciudad de ingenieros, de gente que sabía cómo manejar el hierro y el fuego. Hay algo en la estética de KURIOS que resuena con ese pasado industrial de la ría. Esos engranajes y esas estructuras metálicas son, en cierto modo, un homenaje a la esencia de la ciudad, aunque vengan envueltos en papel de regalo de fantasía canadiense.
Incluso si nos ponemos un poco sentimentales, este tipo de eventos ayudan a mantener vivo el espíritu de la Alhóndiga original, un lugar que nació para almacenar vino y que ahora almacena sueños y cultura. Es una evolución bonita, ¿no crees?
¿Qué nos dice KURIOS sobre el futuro del entretenimiento?
Al final del día, la conclusión que saco de todo esto es que el entretenimiento del futuro no va solo de realidad virtual o de metaversos extraños. Va de experiencias híbridas. El Cirque du Soleil lo ha entendido perfectamente: te dan una exposición física, tangible y gratuita para conectarte emocionalmente con su mundo antes de que compres la entrada para el gran show.
Es una forma de crear comunidad. Ya no basta con poner un cartel gigante en la Gran Vía; hay que ofrecer algo más. Hay que dejar que la gente toque (o casi toque) el arte. Esta exposición es un ejemplo de cómo las grandes producciones internacionales se están volviendo más cercanas y más humanas.
Vaya, que si estás por Bilbao en esas fechas, hazte un favor y pásate por el Azkuna Zentroa. No hace falta ser un experto en arte ni un fanático del circo. Solo hace falta tener un poco de esa curiosidad que nos hace humanos. Al fin y al cabo, todos tenemos un pequeño gabinete de curiosidades en nuestra cabeza, lleno de cosas que nos fascinan y que no siempre sabemos explicar. KURIOS es solo la excusa perfecta para dejarlo salir a jugar un rato.
Y quién sabe, a lo mejor después de ver esos globos aerostáticos y esos personajes imposibles, sales a la calle y ves Bilbao con otros ojos. Quizás empieces a buscar engranajes ocultos en las farolas o te imagines que el metro es en realidad una máquina del tiempo. De eso trata la magia, ¿verdad? De que la realidad se vuelva un poquito más soportable y mucho más interesante.
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