A veces, uno se levanta, se toma el tercer café del día —ese que ya no sabes si te despierta o simplemente te mantiene en pie— y se pone a navegar por las redes buscando algo que no sea el enésimo vídeo de gatitos o una receta de freidora de aire. Y de repente, te topas con un perfil que te rompe los esquemas. No es el típico «vendehumos» que te promete hacerte rico con tres clics, sino alguien que parece haber entendido que el mundo ha cambiado de base. Hablo de David Rodríguez Pinto, conocido en las redes como @soydavid.
Si echas un ojo a su perfil, lo primero que ves es «Miami, FL». Vale, nos pilla un poco lejos de nuestra querida Cartagena, donde el mayor salto de fe que damos a veces es cruzar la calle Real sin mirar demasiado. Pero lo curioso es que lo que David está cocinando al otro lado del charco tiene una repercusión directa en cómo vamos a trabajar aquí, en España, en los próximos cinco años. El tipo es CEO de IA University, y si algo sabe hacer, es mezclar conceptos que, a priori, parecen agua y aceite: paracaidismo, marketing, paternidad y, por supuesto, Inteligencia Artificial.
La verdad es que me llamó la atención esa mezcla de «creyente en la educación» y «amante de las motos». Porque, seamos sinceros, la educación tradicional a veces se siente como ir en un vespino cuesta arriba, mientras que la tecnología actual es una Ducati a 200 por hora. David parece estar intentando que no nos peguemos el castañazo en la primera curva.
IA University: ¿Es el fin de los másteres de toda la vida?
Vamos a ponernos serios un momento. En España tenemos una cultura de la «titulitis» que asusta. Si no tienes un papel colgado en la pared que diga que sabes hacer algo, parece que no existes. Pero llega gente como David y te monta una universidad centrada exclusivamente en la IA. Y ojo, que no es solo para programadores con gafas de culo de vaso que escriben código en habitaciones oscuras. Es para el panadero de la esquina, para el abogado de la calle Jabonerías o para el que gestiona una flota de camiones en el polígono de Cabezo Beaza.
La propuesta de IA University, bajo la batuta de David, no es enseñarte a crear una IA desde cero (que para eso ya están los genios de Silicon Valley), sino a usarla para que no te den las diez de la noche respondiendo correos o cuadrando excels. Es lo que yo llamo «alfabetización de supervivencia». Si mal no recuerdo, hace apenas dos años casi nadie sabía qué era un prompt. Hoy, si no sabes hablarle a una máquina, estás fuera del juego. Y David ha visto ese hueco de mercado con una claridad meridiana.
Lo que me gusta de su enfoque es que no lo vende como algo mágico. Vaya, que no te dice que la IA va a hacer el trabajo por ti mientras tú te tomas una caña en el puerto. Te dice que la IA es una herramienta, como lo fue el martillo o la máquina de vapor, y que si no aprendes a empuñarla, te vas a quedar mirando cómo otros construyen el futuro.
El marketing que no parece marketing
Con más de 350.000 seguidores, David no es un novato en esto de captar la atención. Pero si analizas sus más de 2.000 publicaciones, te das cuenta de que hay un patrón. No es el autobombo constante. Es contenido útil. Y aquí es donde los negocios de aquí, de nuestra tierra, podrían aprender un par de cosas. A veces nos empeñamos en poner carteles de «OFERTA» y nos olvidamos de contar una historia.
Él utiliza su vida —sus saltos en paracaídas, sus rutas en moto— para humanizar la tecnología. Porque, admitámoslo, la IA da un poco de miedo. Parece algo frío, distante, casi de película de ciencia ficción de los ochenta. Al ver a un tipo que es padre, que emprende y que se juega el tipo saltando de un avión, la tecnología se vuelve algo más cercano. Es marketing de empatía, algo que en España todavía nos cuesta un poco implementar porque seguimos anclados en el «bueno, bonito y barato».
¿Por qué nos importa esto en España? El aterrizaje de la IA en la PYME
Podrías pensar: «Muy bien, este David vive en Miami, salta de aviones y le va de cine, ¿a mí qué me cuenta?». Pues te cuenta mucho. España es un país de pequeñas y medianas empresas. Y la brecha digital aquí no es una broma; es un abismo. Mientras en Miami se habla de agentes autónomos de IA, aquí todavía hay negocios que se pelean con el certificado digital de la Seguridad Social (que, entre nosotros, es para volverse loco).
La labor de divulgación que hace David ayuda a democratizar conceptos que antes estaban reservados a las grandes corporaciones. Para que nos entendamos: si una empresa de suministros industriales en Cartagena puede usar un modelo de lenguaje para automatizar sus presupuestos, está ganando horas de vida. Y eso es lo que David predica. No se trata de sustituir humanos, sino de quitarle al humano la parte que lo convierte en un robot.
Además, hay un punto interesante en su perfil: el emprendimiento. En España, emprender a veces se ve como una locura o como algo sospechoso. En el entorno de David, es la norma. Esa mentalidad de «probar, fallar rápido y volver a intentar» es algo que necesitamos inyectarnos en vena. Y si es con un poco de la adrenalina que él muestra en sus fotos de paracaidismo, mejor que mejor.
Un poco de «código» para los que no saben programar
Para que este artículo no sea solo hablar de lo bien que le va a David, vamos a bajar al barro. ¿Qué es lo que realmente se enseña en sitios como IA University? No es magia negra. Es lógica. Para los que os pica la curiosidad técnica pero os asusta el código, aquí os dejo un ejemplo de cómo se piensa hoy en día gracias a la IA, algo que David suele desgranar en sus contenidos.
Imagina que quieres automatizar la atención al cliente de tu pequeña tienda online. Antes necesitabas un programador senior y 5.000 euros. Ahora, con herramientas que David suele mencionar, la lógica es casi conversacional. Aquí te pongo un ejemplo de cómo estructuraríamos un flujo de trabajo (workflow) mentalmente:
- Entrada: El cliente escribe un WhatsApp preguntando por su pedido.
- Procesamiento (IA): Un modelo como GPT-4o analiza el tono del mensaje. ¿Está enfadado? ¿Está solo preguntando?
- Acción: Si está enfadado, el sistema lo pasa directamente a un humano. Si solo quiere saber dónde está el paquete, la IA consulta la base de datos de la empresa de transporte y le responde en segundos.
Este tipo de automatizaciones son las que David Rodríguez Pinto promueve. Y lo hace con un lenguaje que hasta mi abuelo entendería. Bueno, quizá mi abuelo no, pero mi primo el que tiene un taller mecánico, seguro que sí.
La ironía de la automatización
Lo gracioso de todo esto —y es algo que se nota en el tono de David— es que cuanto más usamos la tecnología, más valoramos lo humano. Él publica sobre IA, pero también sobre ser papá. Es una paradoja interesante. Usamos máquinas para ganar tiempo, ¿para qué? ¿Para usar más máquinas? No, para irnos de ruta en moto o para estar con la familia. Al final del día, la IA es solo un medio para un fin muy antiguo: vivir mejor.
El riesgo como combustible: Del paracaídas al despacho
No puedo pasar por alto lo del paracaidismo. No es solo un hobby postureo para Instagram. Hay una filosofía detrás que David aplica a sus negocios. Cuando saltas de un avión, tienes que confiar en tu equipo, en tu entrenamiento y mantener la calma cuando el viento te da en la cara a 200 km/h. Emprender en el sector de la IA ahora mismo es exactamente igual.
El sector tecnológico cambia cada semana. Lo que aprendiste el lunes, el viernes ya es historia. Mantener una empresa como IA University requiere esa misma capacidad de no entrar en pánico cuando las cosas se ponen feas. En España, a veces somos demasiado adversos al riesgo. Preferimos lo malo conocido. David nos recuerda que, a veces, hay que saltar para descubrir que el paracaídas funciona.
Ojo, que no digo que todos tengamos que tirarnos de un avión mañana. Pero sí que esa mentalidad de «explorador» es vital en la era digital. Si te quedas esperando a que la IA esté «terminada» para aprender a usarla, llegarás tarde. La IA nunca va a estar terminada; es un proceso continuo.
¿Qué podemos aprender de @soydavid para nuestros propios proyectos?
Si analizamos su trayectoria y lo que proyecta, hay varias lecciones que cualquier profesional español, ya sea de Cartagena o de Madrid, puede aplicar:
- Especialización con propósito: No intentes saber de todo. David se ha centrado en la intersección de IA y Educación. Busca tu nicho y hazte fuerte ahí.
- Marca personal humana: Deja de esconderte detrás de un logo corporativo aburrido. La gente conecta con personas. Si te gustan las motos, dilo. Si eres padre y te cuesta conciliar, cuéntalo. Eso crea una comunidad, no solo una lista de seguidores.
- Formación constante: El mundo no se para. Si dejas de aprender seis meses, eres un analfabeto funcional en el mercado actual.
- Adaptabilidad: De Miami a cualquier rincón del mundo. La tecnología elimina fronteras. David opera desde Florida, pero su impacto es global. Tú puedes estar en una oficina en el centro de Cartagena y estar vendiendo servicios a Alemania si sabes usar las herramientas adecuadas.
La verdad es que ver perfiles como el de David Rodríguez Pinto te da una mezcla de envidia sana y un chute de energía. Te hace darte cuenta de que las barreras de entrada para montar algo grande son cada vez más bajas, siempre y cuando estés dispuesto a estudiar y a arriesgar un poco.
Un pequeño inciso sobre las motos y la velocidad del cambio
Me hace gracia que le gusten las motos. Hay una analogía perfecta ahí. En una moto, si miras a la rueda delantera, te acabas cayendo. Tienes que mirar lejos, hacia donde quieres ir. En la tecnología pasa lo mismo. Si solo miras la herramienta que ha salido hoy, te agobias. Si miras la tendencia —hacia dónde va la educación, hacia dónde va el marketing—, puedes trazar una curva perfecta.
David parece tener la vista puesta bastante lejos. IA University no es solo una academia; es una apuesta por un cambio de paradigma. Y aunque él esté en Miami disfrutando del sol de Florida, el eco de lo que hace llega hasta aquí. Porque, al final, los problemas de un emprendedor en Miami son muy parecidos a los de uno en España: cómo conseguir clientes, cómo ser más eficiente y cómo no volverse loco en el proceso.
La realidad del día a día: No todo es color de rosa
A ver, no nos engañemos. Mantener ese ritmo de publicaciones, gestionar una empresa, ser padre y encima tener tiempo para saltar de aviones debe de ser agotador. A veces, en redes sociales, solo vemos la parte brillante. Pero detrás de esos 2.000 posts hay mucho trabajo que no se ve. Hay noches sin dormir, hay lanzamientos que no salen como esperabas y hay momentos de duda.
Lo que me gusta de David es que, a pesar de ese aura de éxito, mantiene un pie en la tierra a través de la educación. Enseñar es una de las tareas más humildes que existen, porque te obliga a estar constantemente revisando lo que crees saber. Y en un campo tan volátil como la IA, esa humildad es necesaria. Si vienes de «sobrado», la tecnología te pone en tu sitio en dos tardes.
Para que nos entendamos, el mérito de David no es solo saber de IA, sino saber explicarla. Y eso, amigos, es un superpoder en el siglo XXI. Hay mucha gente inteligente ahí fuera, pero muy poca capaz de bajar al nivel del suelo y darte la mano para que subas con ellos.
¿Hacia dónde vamos?
La conclusión que saco de todo esto —y vaya, que es una reflexión personal tras seguirle un tiempo— es que figuras como David Rodríguez Pinto son necesarias para actuar de traductores. Necesitamos gente que traduzca la complejidad de los algoritmos al lenguaje de la calle. Que nos diga que no, que las máquinas no van a dominarnos mañana, pero que sí que pueden ayudarnos a que nuestra empresa no cierre porque la competencia es más rápida.
En España tenemos un talento brutal, pero a veces nos falta ese empuje, ese «atrevimiento» que se respira en Miami. Quizá no necesitemos mudarnos allí, pero sí que nos vendría bien importar un poco de esa mentalidad. Aprender que la educación no termina en la universidad, sino que empieza de verdad cuando te das cuenta de que no tienes ni idea de cómo usar la última herramienta que ha salido.
Así que, la próxima vez que veas a alguien hablando de IA en Instagram, no pases de largo pensando que es otro gurú más. Fíjate en si hay sustancia detrás. En el caso de David, parece que hay mucha. Y si de paso te entran ganas de comprarte una moto o de saltar en paracaídas, pues oye, eso que te llevas. La vida es demasiado corta para pasarla solo delante de una pantalla, incluso si esa pantalla está llena de Inteligencia Artificial.
Al final del día, lo que cuenta es lo que haces con lo que sabes. David ha decidido crear una universidad y compartir su camino con miles de personas. Nosotros, desde aquí, podemos elegir quedarnos mirando o empezar a trastear con esas herramientas que, nos guste o no, van a definir nuestro futuro profesional. Yo, por si acaso, ya me he servido otro café y voy a ver qué es lo último que ha publicado este hombre. Porque en este mundo que va a toda pastilla, el que se duerme, se queda sin sitio en la parrilla de salida.
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