historia / octubre 21, 2026 / 11 min de lectura / 👁 35 visitas

Revista de Historia Económica Ibérica y Latinoamericana

La Revista de Historia Económica es el principal referente académico para comprender las raíces financieras y sociales de España y América Latina. Analiza el pasado para explicar los retos económicos actuales a ambos lados del Atlántico.

Revista de Historia Económica Ibérica y Latinoamericana

¿Alguna vez te has parado a pensar por qué, a pesar de compartir idioma y buena parte de nuestra genética cultural, la cartera de un ciudadano en Madrid pesa de forma tan distinta a la de uno en Ciudad de México o Buenos Aires? No es una pregunta para soltar en mitad de una cena si quieres caer bien, lo sé. Pero la verdad es que, si rascamos un poco la superficie de los titulares de prensa sobre el PIB o la inflación, lo que queda debajo es puro hueso: la historia económica. Y si hay un lugar donde esos huesos se analizan con lupa de cirujano, ese es la Revista de Historia Económica – Journal of Iberian and Latin American Economic History.

La verdad es que hablar de una revista académica puede sonar, de entrada, tan emocionante como ver secarse la pintura en una pared. Pero ojo, que aquí no estamos ante un simple boletín de números y gráficos aburridos. Estamos ante el gran archivo de por qué somos como somos a ambos lados del Atlántico. Publicada bajo el paraguas del Instituto Figuerola de la Universidad Carlos III de Madrid, esta revista se ha convertido en el faro para cualquiera que quiera entender las tripas financieras de España y América Latina. Y es que, al final del día, la economía no es más que la historia de cómo la gente se ha buscado la vida a lo largo de los siglos.

El puente de papel entre dos mundos

Lo primero que llama la atención de esta publicación es su nombre dual. No es solo «Revista de Historia Económica», sino que añade ese subtítulo en inglés que le abre las puertas del mundo anglosajón. Esto no es postureo académico, ni mucho menos. Es una declaración de intenciones. La historia económica de la Península Ibérica (España y Portugal) no se puede entender sin su relación con Latinoamérica, y viceversa. Son vasos comunicantes que llevan siglos intercambiando plata, trigo, personas y, sobre todo, modelos institucionales.

Vaya, que si queremos entender por qué España tardó tanto en subirse al carro de la Revolución Industrial mientras otros vecinos europeos ya estaban echando humo por las chimeneas, tenemos que mirar hacia atrás. Y si queremos comprender las crisis recurrentes en ciertos países hermanos de América, hay que analizar las estructuras que se montaron hace doscientos o trescientos años. La revista hace precisamente eso: pone a dialogar a investigadores de aquí y de allá para encontrar patrones comunes. Es como un árbol genealógico, pero en lugar de apellidos, seguimos el rastro del dinero y de las leyes que lo movían.

Además, el hecho de que esté vinculada a la Universidad Carlos III le da un sello de calidad que en el mundillo académico se respeta mucho. El Instituto Figuerola, que es quien está detrás del tinglado, lleva décadas siendo el epicentro de este tipo de estudios en España. No es de extrañar que la revista se haya consolidado como la referencia absoluta en el ámbito iberoamericano.

Las mentes detrás de los datos: Aurora Gómez Galvarriato y M. Ángeles Pons

Para que una maquinaria de este calibre funcione, hacen falta capitanes que sepan hacia dónde va el barco. Actualmente, la revista cuenta con nombres de peso en la dirección. Aurora Gómez Galvarriato, como coeditora, y M. Ángeles Pons, como editora jefa, son las encargadas de filtrar qué investigaciones merecen ver la luz y cuáles necesitan una vuelta más en el horno.

M. Ángeles Pons, por ejemplo, es una institución en sí misma dentro de la Universidad de Valencia. Su conocimiento sobre la historia bancaria y financiera de España es de esos que te dejan con la boca abierta. Sabe explicarte cómo una decisión tomada en un despacho de Madrid en 1850 puede tener ecos en la forma en que hoy pedimos una hipoteca. Por otro lado, Aurora Gómez Galvarriato aporta esa visión necesaria desde el otro lado del charco, con una trayectoria impecable en instituciones mexicanas. Esta bicefalia asegura que la revista no peque de «eurocentrismo» ni se olvide de las particularidades de cada región.

La labor de estas editoras es, en gran medida, la de detectives. Tienen que asegurarse de que los artículos que se publican no solo sean rigurosos, sino que aporten algo nuevo. Porque, seamos sinceros, para leer lo mismo de siempre ya tenemos los libros de texto del instituto. Aquí se viene a cuestionar dogmas, a usar nuevas bases de datos y a aplicar técnicas estadísticas modernas a documentos que llevan siglos cogiendo polvo en los archivos.

¿Por qué nos debería importar la historia económica?

A ver, entiendo que si estás leyendo esto y no eres economista, te estés preguntando: «¿Y a mí qué me cuenta esta gente?». Pues mira, la respuesta es sencilla: porque la economía es el esqueleto de la sociedad. Si la política es la piel y la cultura es el traje que nos ponemos, la economía es lo que sostiene todo el conjunto. Si el esqueleto está torcido, el traje no va a lucir bien por mucho que nos empeñemos.

La Revista de Historia Económica nos ayuda a entender temas que hoy están en la calle. Por ejemplo:

  • La desigualdad: ¿Es algo nuevo o viene de serie con nuestro modelo de propiedad de la tierra?
  • El fracaso escolar y la formación: ¿Cómo influyó la falta de inversión en educación en el siglo XIX en la productividad actual de las empresas españolas?
  • Las instituciones: ¿Por qué algunos países logran crear leyes que fomentan el crecimiento y otros parecen atrapados en una burocracia infinita?

La verdad es que, cuando lees uno de estos estudios, te das cuenta de que muchos de los problemas que creemos «modernos» son en realidad viejos conocidos. Cambian las caras, cambian las monedas, pero los mecanismos de fondo son asombrosamente parecidos. Es un poco como esa frase que dice que la historia no se repite, pero rima. Y en la economía, las rimas suelen ser bastante sonoras.

La metodología: Del archivo al algoritmo

Una de las cosas que más me fascina de cómo se trabaja hoy en esta disciplina es el salto tecnológico. Si mal no recuerdo, hace unas décadas el historiador económico era alguien que se pasaba la vida entre legajos, con los dedos manchados de tinta y estornudando por el polvo de los archivos. Y sí, eso se sigue haciendo (gracias a Dios, porque esos documentos son oro puro), pero ahora se le añade una capa de computación brutal.

En los artículos de la revista es habitual ver cómo se utilizan modelos econométricos para analizar series de precios de hace 400 años. Imagínate el trabajo: coger los registros de una catedral donde se anotaba cuánto costaba el pan cada semana durante tres siglos, meter esos datos en un software y cruzarlos con datos de clima o de guerras para ver cómo afectaban al bolsillo del ciudadano de a pie. Es casi como viajar en el tiempo con una hoja de Excel bajo el brazo.

Este enfoque, que a veces llaman cliometría (por Clío, la musa de la historia, y metría, de medir), ha revolucionado el campo. Ya no vale con decir «creemos que la economía fue mal en tal época». Ahora hay que demostrarlo con datos, con desviaciones típicas y con niveles de confianza. Es ciencia dura aplicada al pasado.

España en el espejo de su pasado económico

Si aterrizamos el contenido de la revista en nuestra realidad más cercana, en España, los temas que se tratan son vitales para entender nuestro presente. Durante mucho tiempo se nos vendió la moto de que España era «diferente», un país que no seguía las reglas del resto de Europa. La historia económica moderna, y en especial los trabajos publicados en esta revista, han desmontado ese mito.

España no era tan diferente; simplemente tuvo sus propios ritmos. Se ha analizado mucho, por ejemplo, el impacto de la pérdida de las colonias en 1898. ¿Fue realmente el desastre económico que nos contaron en el colegio? Pues resulta que, analizando los flujos de capital, muchos historiadores sugieren que ese dinero que dejó de invertirse en Cuba o Filipinas volvió a la península y ayudó a modernizar la banca y la industria nacional. Vaya, que el «desastre» tuvo una cara B bastante más amable para el desarrollo interno.

Ojo con esto, porque también se estudia mucho el papel del Estado. En España hemos tenido una tradición de intervencionismo muy fuerte. La revista publica a menudo investigaciones sobre cómo los aranceles y las protecciones a la industria nacional en el siglo XX (lo que llamamos autarquía durante el franquismo, pero que venía de más atrás) nos hicieron menos competitivos a largo plazo. Son lecciones que, si las escucháramos más a menudo, nos evitarían cometer los mismos errores hoy en día.

El papel de las instituciones: ¿Reglas de juego o trampas?

Un concepto que aparece una y otra vez en las páginas de la Revista de Historia Económica es el de las «instituciones». Pero no te imagines edificios oficiales con columnas de mármol. En este contexto, las instituciones son las reglas del juego: las leyes, los derechos de propiedad, la justicia, incluso las normas no escritas de cómo se hacen negocios.

Hay una corriente de pensamiento muy potente que dice que la diferencia entre un país rico y uno pobre no es el petróleo que tenga bajo el suelo, ni siquiera el clima, sino la calidad de sus instituciones. Si tú sabes que si montas una empresa nadie te la va a quitar por la cara y que los contratos se cumplen, invertirás. Si no, te llevarás el dinero a otra parte.

La revista dedica mucho espacio a comparar cómo evolucionaron estas reglas en España frente a América Latina. Es fascinante ver cómo, partiendo de una base legal similar (las leyes de Indias, el derecho castellano), los caminos se bifurcaron. Estudiar esos puntos de ruptura es fundamental para entender por qué hoy en día algunos países tienen una seguridad jurídica envidiable y otros luchan contra la corrupción sistémica.

La digitalización y el acceso al conocimiento

Vivimos en la era de la información, y la academia no se ha quedado atrás. La revista se gestiona a través de la plataforma Cambridge Core, de la prestigiosa Cambridge University Press. Esto puede parecer un detalle técnico sin importancia, pero es lo que permite que un investigador en una universidad de Japón o de Australia pueda leer un estudio sobre la minería de plata en el Potosí del siglo XVII con solo un par de clics.

Además, la revista ha abrazado el modelo de Open Access (Acceso Abierto) en muchos de sus contenidos. Esto es una victoria para todos. Significa que parte de ese conocimiento, a menudo financiado con dinero público a través de universidades y becas, vuelve a la sociedad sin muros de pago infranqueables. Para que nos entendamos: democratiza el saber. Ya no hace falta estar encerrado en una biblioteca de élite para acceder a la mejor investigación sobre nuestra historia.

La verdad es que el sistema de envío de manuscritos y revisión por pares (el famoso peer review) es bastante estricto. Un autor envía su trabajo y otros expertos en el tema, de forma anónima, le sacan punta a todo. Es un proceso lento, a veces frustrante para los investigadores, pero es la única forma de asegurar que lo que se publica no es una opinión de barra de bar, sino algo contrastado y sólido.

Un recurso para mentes curiosas, no solo para expertos

Aunque el lenguaje de la revista puede ser técnico en ocasiones, la conclusión que saco de todo esto es que es un recurso infrautilizado por el público general. No hace falta entender una regresión lineal múltiple para leer la introducción y las conclusiones de un artículo sobre cómo afectó la peste negra a los salarios en la Corona de Aragón.

Si eres de los que se preguntan por qué en España tenemos esa cultura de «la propiedad» frente al alquiler, o por qué el ferrocarril se diseñó de forma radial pasando siempre por Madrid, en esta revista vas a encontrar respuestas mucho más satisfactorias que en cualquier hilo de Twitter. Es una invitación a pensar de forma crítica y, sobre todo, a entender que los procesos económicos son lentos, complejos y que no hay soluciones mágicas de un día para otro.

El futuro de la historia económica en español

Mirando hacia adelante, el reto de la Revista de Historia Económica es seguir siendo relevante en un mundo que cambia a toda velocidad. La inteligencia artificial, por ejemplo, ya está empezando a usarse para transcribir documentos antiguos que antes eran ilegibles para una máquina. Esto va a abrir una cantidad de datos brutal que hasta ahora estaba «dormida» en los archivos.

Imagínate poder analizar cada transacción comercial de un puerto español durante un siglo entero sin tener que transcribir a mano cada papel. El potencial es alucinante. Y estoy seguro de que la revista estará ahí para publicar esos hallazgos.

Además, hay temas nuevos que están ganando peso: la historia económica del medio ambiente (cómo hemos explotado los recursos naturales y qué impacto tuvo eso en el crecimiento), la historia de género (el papel invisible pero fundamental de las mujeres en la economía doméstica y de mercado) y la historia de la desigualdad global.

Al final del día, lo que hace esta publicación es recordarnos que no somos los primeros en enfrentarnos a crisis, a cambios tecnológicos o a dilemas morales sobre el dinero. Otros ya pasaron por ahí, y dejaron pistas. La Revista de Historia Económica – Journal of Iberian and Latin American Economic History es, sencillamente, el mapa para no perderse en ese laberinto del pasado que, nos guste o no, sigue condicionando cuánto nos cuesta hoy el café o por qué nuestro vecino tiene que emigrar para encontrar un futuro mejor.

Así que, la próxima vez que escuches a alguien decir que la historia no sirve para nada, o que la economía es solo para gente con traje y corbata, acuérdate de que hay un grupo de investigadores, liderados por mujeres como M. Ángeles Pons y Aurora Gómez Galvarriato, que se dejan las pestañas para demostrarnos lo contrario. Porque entender de dónde venimos es la única forma de no dar palos de ciego hacia donde vamos.

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Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

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