historia / marzo 29, 2026 / 10 min de lectura / 👁 256 visitas

El rompecabezas de las 48 selecciones: ¿Más es mejor?

Faltan meses, pero si te acercas a cualquier bar de la calle Mayor en Cartagena o te das una vuelta por los alrededores del Cartagonova, el tema ya empieza a salir entre café y café. No es para menos. El Mundial de 2026 no es una edición cualquiera; es el «monstruo» de los mundiales. Vamos a pasar de un torneo que conocíamos de memoria a un despliegue masivo en tres países, con más selecciones que nunca y un calendario que nos va a obligar a gestionar muy bien las horas de sueño si queremos verlo todo desde España.

La verdad es que la FIFA se ha liado la manta a la cabeza. Pasamos de 32 a 48 selecciones. Eso son 104 partidos. Sí, has leído bien. Si antes el Mundial era una carrera de fondo, ahora es un Ironman. El torneo arrancará el 11 de junio de 2026 en el Estadio Azteca —un templo que ya huele a historia pura— y bajará el telón el 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Entre medias, un viaje constante entre rascacielos estadounidenses, la calidez mexicana y los paisajes canadienses.

Hay mucha tela que cortar con este cambio de formato. Durante años nos acostumbramos a los ocho grupos de cuatro, donde la emoción estaba servida desde el minuto uno. Ahora, la cosa cambia. La idea inicial de hacer grupos de tres se fue al traste (menos mal, porque aquello olía a pactos de empate que daban miedo) y finalmente tendremos 12 grupos de cuatro selecciones cada uno.

¿Qué significa esto para nosotros? Pues que los dos mejores de cada grupo y los ocho mejores terceros pasarán a una nueva ronda: los dieciseisavos de final. Vaya, que ahora el camino al trofeo tiene una parada más. Si antes ganar un Mundial requería siete partidos, ahora el que quiera levantar la copa tendrá que jugar ocho. Puede parecer poco, pero a esas alturas de la temporada, con las piernas cargadas de los jugadores, ese partido extra es una montaña.

Ojo con esto, porque el nivel de exigencia física va a ser brutal. Imagina a un jugador del Real Madrid o del Barça que llega tras jugar Champions, Liga y Copa, y de repente se encuentra con un torneo de un mes y medio cruzando husos horarios constantemente. La logística va a ser tan importante como la táctica.

¿Por qué este cambio ahora?

La respuesta corta es, como casi siempre, el dinero y la expansión del mercado. Pero si nos ponemos un poco más románticos, la FIFA argumenta que esto da oportunidades a naciones que nunca han soñado con estar ahí. Veremos a más equipos de Asia, África y la CONCACAF. Para los que nos gusta el fútbol de verdad, ese que no solo vive de las grandes estrellas, ver a una selección debutante pelearle un punto a una potencia europea tiene su aquel. Aunque, seamos sinceros, también corremos el riesgo de ver algún que otro partido «infumable» en la fase de grupos.

España, la gran favorita (y no lo digo yo, lo dicen las cuotas)

Lo de la selección española es para hacérselo mirar, en el buen sentido. Después de ganar la Eurocopa con ese fútbol que da gusto ver, las casas de apuestas nos han puesto la etiqueta de favoritos. En DraftKings, por ejemplo, España aparece con una cuota de +450. Para que nos entendamos: si apuestas 100 euros a que la Roja gana, te llevas 450 de beneficio. Estamos por delante de Inglaterra, de la Francia de Mbappé y de la mismísima Argentina de Messi.

Y es que el efecto Lamine Yamal es real. El chaval llegará al Mundial con 18 años (casi 19), pero con una experiencia que ya quisieran muchos veteranos. Junto a Nico Williams, Dani Olmo y esa columna vertebral que ha montado Luis de la Fuente, España ha recuperado el respeto mundial. Ya no somos ese equipo que daba mil pases para no llegar a nada; ahora somos verticales, divertidos y, sobre todo, peligrosos.

La verdad es que, viendo el panorama, da gusto ser optimista. Pero cuidado, que el Mundial es traicionero. Brasil siempre está ahí (+800), y Argentina querrá defender su corona, probablemente en el último gran baile de Leo Messi. Si mal no recuerdo, la última vez que llegamos con tanta euforia a un Mundial fue en 2006 y nos pegamos un batacazo contra Francia, así que pies en el suelo.

Un mapa que marea: Las sedes de 2026

Este Mundial es un gigante geográfico. No es como Qatar, donde podías ver tres partidos el mismo día cogiendo el metro. Aquí, si quieres ver un partido en Vancouver y el siguiente en Ciudad de México, te esperan más de cinco horas de avión. La organización ha dividido las sedes en tres regiones (Oeste, Central y Este) para intentar que los equipos no se pasen la vida en el aire, pero aun así va a ser un reto.

  • México: El Estadio Azteca (CDMX), el Estadio BBVA (Monterrey) y el Estadio Akron (Guadalajara). México se convierte en el primer país en albergar tres mundiales. El Azteca es, sencillamente, el lugar donde Pelé y Maradona se hicieron eternos.
  • Canadá: Toronto y Vancouver. Es la primera vez que el país de la hoja de maple recibe partidos de un Mundial masculino. El ambiente allí será distinto, más frío quizá, pero con una ilusión tremenda.
  • Estados Unidos: El plato fuerte. 11 sedes, desde Seattle hasta Miami, pasando por Dallas, Houston, Atlanta y, por supuesto, Nueva Jersey para la final.

Para los que vivimos en España, el tema de los horarios va a ser un drama. Muchos partidos serán de madrugada. Ya me veo en las terrazas de Cartagena, con el calor de julio, estirando las cañas hasta las tres de la mañana para ver un México-Alemania o un España-Japón. Es lo que tiene el fútbol, que nos quita el sueño pero nos da vida.

El Estadio Azteca: El abuelo de los estadios

Me detengo un segundo aquí porque lo del Azteca es especial. Inaugurar el Mundial allí el 11 de junio es un homenaje al fútbol de toda la vida. Es un estadio que impone, donde el aire falta y la presión de la grada se siente en el cuello. México jugará allí el partido inaugural contra Sudáfrica. Sí, un duelo con sabor a 2010, ¿verdad? Esperemos que el resultado para los locales sea mejor esta vez, aunque México tiene esa maldición del «quinto partido» que parece perseguirles allá donde van.

Las estrellas: ¿El último baile o el relevo definitivo?

El Mundial 2026 va a ser un punto de inflexión generacional. Por un lado, tenemos a los mitos. Messi llegará con 39 años. ¿Jugará? Todo indica que sí, aunque sea dosificando esfuerzos. Cristiano Ronaldo, con 41, es una incógnita, pero conociendo su mentalidad, no me extrañaría verlo intentando un último remate de cabeza en Los Ángeles.

Pero lo que de verdad me emociona es ver la consolidación de los nuevos dueños del balón:

  1. Kylian Mbappé: Ya sabe lo que es ganar un Mundial y marcar un hat-trick en una final. En 2026 estará en su plenitud física.
  2. Erling Haaland: Si Noruega consigue clasificarse (que esa es otra historia), será el gran atractivo. Queremos ver al «cyborg» en el escenario más grande.
  3. Lamine Yamal: Como decía antes, es nuestra gran esperanza. Su desparpajo es algo que no se veía desde que un tal Leo Messi empezó a asomar la cabeza en el Camp Nou.
  4. Jude Bellingham: El motor de Inglaterra. Si los ingleses quieren romper su sequía desde 1966, todo pasa por sus botas.

La mezcla de veteranía y juventud va a ser explosiva. Es como cuando en las fiestas de Carthagineses y Romanos ves a los veteranos contando batallas mientras los jóvenes tiran del carro en los desfiles. Esa mezcla de experiencia y energía es la que suele ganar campeonatos.

Un poco de historia para no olvidar de dónde venimos

Para entender el Mundial de 2026, hay que mirar atrás. El primer Mundial, el de Uruguay 1930, solo tuvo 13 selecciones. Los equipos europeos cruzaron el Atlántico en barco, entrenando en cubierta. Imaginaos el cambio: de barcos de vapor a aviones privados y estadios con aire acondicionado.

España tardó mucho en saborear la gloria. Tuvimos que esperar hasta 2010, a aquel gol de Iniesta que todos tenemos grabado a fuego en la retina. Pero antes de eso, hubo momentos que nos forjaron. El «no gol» de Míchel en el 86, el codazo de Tassotti a Luis Enrique en el 94… El Mundial es una acumulación de cicatrices hasta que por fin consigues el trofeo. Por eso, este formato de 48 equipos, aunque parezca una locura comercial, sigue manteniendo esa esencia de «guerra pacífica» entre naciones que nos mantiene pegados a la pantalla.

Anécdotas que parecen mentira

¿Sabías que en el Mundial de 1950 la India se retiró porque la FIFA no les dejaba jugar descalzos? ¿O que en 1966 el trofeo fue robado y lo encontró un perro llamado Pickles en un jardín de Londres? El Mundial es surrealismo puro. En 2026, con tres países tan distintos organizándolo, estoy seguro de que tendremos ración doble de historias raras. Desde problemas con los visados hasta algún espontáneo cruzando el campo en mitad de un partido en Texas.

La tecnología y el fútbol: ¿Hacia dónde vamos?

Si eres un poco «techie» como yo, el despliegue tecnológico de 2026 te va a volar la cabeza. Ya no es solo el VAR o el fuera de juego semiautomático. Se habla de cámaras en los cuerpos de los jugadores para transmisiones en realidad virtual, de análisis de datos en tiempo real que los entrenadores recibirán en tablets en el banquillo y de una experiencia para el espectador que va mucho más allá de ver el balón rodar.

Para que te hagas una idea de cómo se manejan los datos hoy en día, incluso para las apuestas o el rendimiento, se usan algoritmos complejos. Si quisiéramos hacer un pequeño script para calcular las probabilidades de éxito basándonos en las cuotas actuales, sería algo así (en plan rápido, no me juzguéis el código):


def calcular_probabilidad_implicita(cuota_americana):
    if cuota_americana > 0:
        probabilidad = 100 / (cuota_americana + 100)
    else:
        probabilidad = abs(cuota_americana) / (abs(cuota_americana) + 100)
    return probabilidad * 100

# Ejemplo con España (+450)
prob_espana = calcular_probabilidad_implicita(450)
print(f"Probabilidad de que España gane según las apuestas: {prob_espana:.2f}%")

La verdad es que un 18.18% de probabilidad para España parece poco, pero en un torneo donde compiten 48 equipos, es una barbaridad. Los datos no mienten, pero el fútbol tiene esa manía de ignorar las estadísticas cuando un delantero decide hacer una chilena en el minuto 90.

El impacto en España y el mercado local

Más allá de lo deportivo, un Mundial en Norteamérica mueve muchísimos hilos en la economía española. Las empresas de derechos televisivos, las marcas de ropa deportiva y, por supuesto, el sector de la hostelería están frotándose las manos. Aunque los partidos sean tarde, los bares de aquí, de nuestra zona, se llenan. No hay nada como ver un partido con gente, comentando cada jugada y quejándose del árbitro, aunque esté a 8.000 kilómetros de distancia.

Además, para las empresas tecnológicas españolas que trabajan en análisis de datos deportivos o en infraestructuras de streaming, el Mundial de 2026 es el escaparate perfecto. España exporta mucho talento en gestión deportiva, y no me extrañaría ver a profesionales de aquí asesorando en la organización de las sedes de Estados Unidos o México.

¿Cómo prepararse para el Mundial 2026?

Si tienes pensado ir, empieza a ahorrar ya. Estados Unidos no es barato y las distancias internas te van a obligar a gastar mucho en vuelos. Pero si, como la mayoría, lo vas a ver desde el sofá o el bar de confianza, aquí van unos consejos de «supervivencia»:

  • Ajusta el sueño: Los partidos en la costa oeste de EE. UU. (Seattle, San Francisco, Los Ángeles) van a ser criminales para el horario europeo. Prepárate para las siestas largas.
  • Ojo con los grupos: Con 12 grupos, va a ser fácil perderse. Te recomiendo tener una app de resultados a mano o, mejor aún, seguirnos en «aquinohayquienviva.es» donde iremos desgranando cada jornada.
  • No te fíes de las cenicientas: En un Mundial de 48, siempre hay una selección desconocida que da la sorpresa. ¿Te acuerdas de Marruecos en 2022? Pues en 2026 habrá más oportunidades para esos «matagigantes».

La verdad es que, a pesar de las críticas por el exceso de equipos y el gigantismo del evento, el Mundial sigue teniendo algo mágico. Es ese mes donde el mundo se detiene. Da igual si eres ingeniero de software, pescador en el puerto de Santa Lucía o estudiante; cuando juega la selección, todos hablamos el mismo idioma.

Al final del día, el Mundial 2026 será recordado por ser el primero de una nueva era. Quizá sea el más caótico, el más largo y el más ruidoso, pero si el 19 de julio vemos a Álvaro Morata (o quien sea el capitán entonces) levantando la copa en Nueva Jersey, todo el sueño perdido y las discusiones sobre el formato habrán valido la pena. Para que nos entendamos: el fútbol vuelve a casa, pero a una casa muy grande, con tres jardines y 48 invitados. Va a ser un espectáculo digno de ver.

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unpokitodxfavor

Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

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