hacking / marzo 24, 2026 / 10 min de lectura / 👁 170 visitas

El eterno dilema de la RAE: ¿Hacker o pirata?

¿Alguna vez os habéis parado a pensar en la de vueltas que da una palabra hasta que los señores de la Real Academia Española deciden que ya es digna de entrar en su diccionario? La verdad es que el caso de «hacker» es para escribir un libro, o al menos un artículo largo de esos que nos gustan aquí, mientras nos tomamos el tercer café de la mañana. Resulta que la RAE, en su afán por limpiar, fijar y dar esplendor, lleva tiempo lidiando con este término que, para los que nos movemos entre líneas de código y servidores, significa una cosa, pero para el gran público —y para los académicos durante mucho tiempo— significaba algo bastante más oscuro.

Si buscáis ahora mismo «hacker» en el Diccionario de la Lengua Española (DLE), lo primero que os va a saltar a la cara es una remisión a «jáquer». Sí, con jota y tilde en la a. Es esa manía tan nuestra de españolizarlo todo, que a veces queda un poco forzado, como cuando intentas explicarle a tu abuelo qué es un NFT. Pero lo que realmente levantó ampollas en la comunidad tecnológica española hace unos años no fue la grafía, sino la definición que lo equiparaba directamente con un «pirata informático».

Ojo con esto, porque no es un tema menor. Durante años, la RAE definía al hacker casi exclusivamente como alguien que accede ilegalmente a sistemas remotos. Vaya, que si eras un experto en seguridad que ayudaba a empresas a cerrar agujeros, para la Academia seguías siendo un pirata. La lucha de la comunidad, liderada por figuras muy conocidas en el panorama nacional como Chema Alonso (sí, el del gorro, que por cierto es un referente absoluto), consiguió que la RAE añadiera una segunda acepción. Ahora, por fin, se reconoce que un hacker es también una «persona experta en el manejo de computadoras, que se ocupa de la seguridad de los sistemas y de desarrollar técnicas de mejora». Ya era hora, ¿no?

La verdad es que esta distinción es vital. En España tenemos un talento brutal en ciberseguridad. Sin ir más lejos, aquí en Cartagena, la Universidad Politécnica (UPCT) saca cada año a gente que son auténticas máquinas. Llamarles «piratas» por el simple hecho de saber cómo funciona el motor de una web por dentro es, cuanto menos, injusto. Es como llamar «ladrón» a un cerrajero solo porque sabe cómo abrir una puerta sin llave.

Un poco de historia para no perder el norte

Para entender por qué la RAE se lió tanto, hay que irse a los orígenes. Y no, no empezaron en un garaje oscuro de Silicon Valley, sino en el Tech Model Railroad Club del MIT, allá por los años 50. Si mal no recuerdo, los primeros «hacks» no tenían nada que ver con ordenadores, sino con los circuitos de los trenes eléctricos. Un «hack» era una solución elegante, un atajo ingenioso para un problema técnico complejo. Era puro ingenio, nada de malicia.

Luego llegaron los años 60 y 70, y el término saltó a la informática. Los hackers eran los que escribían código de forma eficiente, los que optimizaban los recursos de máquinas que tenían menos potencia que el mando a distancia de tu tele actual. En España, esto nos pilló un poco más tarde, pero cuando llegó, lo hizo con fuerza. Recuerdo las historias de los primeros grupos de hacking en los 90, cuando conectarse a InfoVía era toda una odisea y el ruido del módem era la banda sonora de nuestras noches.

La ética hacker: mucho más que romper cosas

Steven Levy escribió en su momento lo que se conoce como la «Ética Hacker». Y aunque suene a algo muy místico, se resume en unos puntos muy claros que cualquier profesional de la tecnología en España debería tener grabados a fuego:

  • El acceso a los ordenadores debe ser total y gratuito.
  • Toda la información debe ser libre.
  • Desconfía de la autoridad y promueve la descentralización.
  • Los hackers deben ser juzgados por su capacidad, no por criterios como títulos, edad o posición social.
  • Se puede crear arte y belleza en un ordenador.
  • Los ordenadores pueden cambiar tu vida a mejor.

Al final del día, ser un hacker es una actitud. Es no conformarse con el «esto funciona así porque sí». Es querer levantar el capó y ver qué piezas se mueven. En ciudades como Cartagena, con una tradición industrial y de ingeniería tan fuerte, esa mentalidad de «cacharrero» (en el buen sentido) encaja perfectamente con la definición original de hacker.

Tipos de hackers: No todos llevan capucha

Para que nos entendamos, y para que cuando leas la definición de la RAE sepas situarte, en el mundillo solemos dividir a la gente por el color de su «sombrero». Es una analogía de las pelis del oeste que nos viene de perlas.

White Hat (Sombrero Blanco)

Estos son los buenos de la película. Son los profesionales que trabajan en empresas de ciberseguridad, en el INCIBE (el Instituto Nacional de Ciberseguridad, que por cierto hace una labor increíble desde León) o de forma independiente. Su objetivo es encontrar fallos para arreglarlos. Si encuentras un bug en la web de un banco y se lo reportas para que lo solucionen, eres un sombrero blanco de manual.

Black Hat (Sombrero Negro)

Aquí es donde entra la definición de «pirata» que tanto le gusta a la RAE. Estos tipos buscan vulnerabilidades para beneficio propio, ya sea robando datos, pidiendo rescates (el famoso ransomware que tanto daño ha hecho a empresas españolas últimamente) o simplemente por fastidiar. Estos son los que salen en las noticias y los que manchan el nombre del resto.

Grey Hat (Sombrero Gris)

La vida no es blanca o negra, y el hacking tampoco. Un sombrero gris puede entrar en un sistema sin permiso (ilegal, según la RAE), pero no para robar, sino para decirle al dueño: «Oye, tienes la puerta abierta, te la he cerrado pero ten cuidado». Es un terreno pantanoso, sobre todo legalmente en España, donde el Código Penal no es precisamente muy flexible con estas «intrusiones de cortesía».

¿Por qué la RAE insiste con «jáquer»?

La verdad es que a veces la RAE parece que vive en una realidad paralela. Entiendo que su misión es defender el español, pero «jáquer» suena… raro. Es como cuando intentaron que dijéramos «cederrón» en lugar de CD-ROM. Nadie lo usa. En las ofertas de empleo de las tecnológicas de Madrid, Barcelona o aquí mismo en la Región de Murcia, verás «Cybersecurity Expert» o «Ethical Hacker», pero dudo mucho que encuentres a alguien buscando un «jáquer de sistemas».

Sin embargo, hay que romper una lanza a su favor: el lenguaje es de la gente. Si dentro de cincuenta años todo el mundo dice «jáquer», pues los raros seremos nosotros. Pero a día de hoy, sigue siendo una palabra que solo ves en los titulares de prensa cuando quieren darle un toque castizo a una noticia de ciberdelincuencia.

Hacking en la práctica: Un ejemplo mundano

Para que veáis que el hacking no es siempre entrar en la NASA, os voy a poner un ejemplo de lo que yo considero un «hack» en el sentido más puro y español de la palabra. Imaginad que tenéis que revisar 500 archivos PDF para buscar una frase concreta. Podéis abrirlos uno a uno (la muerte por aburrimiento) o podéis ser un poco hackers y tirar de un script sencillo.

Aquí os dejo un ejemplo rápido en Python. No os asustéis, que se lee casi como el castellano. Esto es lo que un hacker (el de la segunda acepción de la RAE) haría para ahorrarse tres horas de trabajo tedioso:


import os

# Buscamos una palabra clave en todos los archivos de una carpeta
# Porque somos vagos inteligentes, no piratas del Caribe.

palabra_buscada = "Factura"
carpeta = "./documentos_importantes"

for archivo in os.listdir(carpeta):
    if archivo.endswith(".txt"): # Imaginemos que son textos para no complicar el código
        with open(os.path.join(carpeta, archivo), 'r', encoding='utf-8') as f:
            contenido = f.read()
            if palabra_buscada in contenido:
                print(f"¡Bingo! Encontrado en: {archivo}")
            else:
                print(f"Nada por aquí en {archivo}...")

Este pequeño trozo de código es un «hack». Es usar la tecnología para superar una limitación (en este caso, nuestra paciencia y tiempo). No hay parches en el ojo ni loros al hombro, solo eficiencia. Y eso es lo que la RAE debería subrayar con más fuerza.

El panorama en España: ¿Estamos seguros?

Hablar de hackers y de la RAE nos lleva inevitablemente a preguntarnos cómo estamos de seguridad por aquí. La verdad es que España es uno de los países que más ataques recibe, pero también uno de los que mejor se defiende. Tenemos empresas punteras y una policía (tanto CNP como Guardia Civil) con unidades tecnológicas que son la envidia de medio mundo.

Pero claro, el problema es que el término «hacker» sigue teniendo esa carga negativa en el telediario. Cuando hay una filtración de datos en una operadora de telefonía, el periodista de turno dice: «Unos hackers han robado los datos». Y ahí volvemos a la casilla de salida. No, unos delincuentes han robado los datos. Los hackers son los que van a pasar las próximas 48 horas sin dormir, a base de café y pizza, intentando averiguar por dónde han entrado y cómo cerrar el agujero.

En Cartagena, por ejemplo, tenemos un ecosistema industrial muy potente. Navantia, las plantas de Escombreras… todo eso está hiperconectado. La necesidad de hackers (de los buenos, de los de la UPCT) es crítica. Si un sistema de control de una refinería falla, no queremos a un «pirata», queremos a un hacker que entienda el código mejor que quien lo escribió.

La importancia de la precisión lingüística

A veces nos ponemos tiquismiquis con las palabras, pero es que las palabras construyen realidades. Si la RAE sigue manteniendo «pirata» como sinónimo de «hacker», está enviando un mensaje a la sociedad. Está diciendo que el conocimiento profundo de la tecnología es sospechoso por defecto.

Afortunadamente, la tendencia está cambiando. Cada vez hay más eventos de hacking ético en España, como la RootedCON en Madrid o la Navaja Negra en Albacete. Son congresos donde ves a gente con camisetas de grupos de rock y portátiles llenos de pegatinas, compartiendo conocimiento de forma abierta. Es la esencia de la que hablábamos antes. Allí, si llamas a alguien «jáquer» según la RAE, probablemente se ría y te invite a una cerveza, pero si le llamas «pirata», igual se lo toma un poco peor.

¿Qué podemos aprender de todo esto?

La conclusión que saco de todo esto es que el lenguaje siempre va a ir un paso por detrás de la tecnología. Es normal. La RAE es una institución que se mueve con la parsimonia de un glaciar, mientras que el mundo del hacking se mueve a la velocidad de la luz (o de la fibra óptica de 1Gbps que tienes en casa).

Lo importante no es cómo lo escriban ellos, sino cómo lo usemos nosotros. Si tienes un hijo, una sobrina o un amigo que se pasa el día trasteando con Linux, intentando entender cómo funciona un protocolo de red o programando scripts para automatizar su casa, no le digas que es un pirata. Dile que es un hacker. Dile que está siguiendo una tradición de ingenio que empezó hace setenta años y que es fundamental para que nuestro mundo digital no se caiga a pedazos.

Y si algún día te cruzas con un académico de la RAE, explícale con paciencia que un hacker es, ante todo, alguien curioso. Alguien que no acepta un «no se puede» por respuesta. Alguien que, como decían en el MIT, busca la solución elegante. Vaya, que al final, un hacker es un artesano del siglo XXI.

Para que nos entendamos: la próxima vez que veas la definición de la RAE, léela con espíritu crítico. Quédate con la parte de «experto en seguridad» y «mejora de técnicas» y deja lo de «pirata» para las películas de Disney. Porque en el mundo real, los hackers son los que mantienen las luces encendidas y tus datos (más o menos) a salvo. Y eso, amigos, no tiene nada de delictivo, sino mucho de necesario.

La verdad es que me gustaría ver una definición que incluyera esa pasión por el conocimiento. Pero bueno, supongo que pedirle eso a un diccionario es como pedirle a un compilador de C que te entienda los sentimientos. Al final del día, nos quedamos con lo que tenemos: una palabra que poco a poco se va limpiando de prejuicios, aunque todavía le queden unas cuantas manchas de aceite de motor digital.

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Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

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