¿Alguna vez has intentado leer una sentencia judicial de principio a fin? Si lo has hecho, probablemente a la tercera página ya sentías que tu cerebro pedía clemencia. Y es que el lenguaje jurídico tiene esa extraña habilidad de parecer castellano pero sonar a arameo antiguo para el común de los mortales. Por eso, que una institución como la Corte Suprema de Justicia cuente con una Oficina de Comunicaciones no es un capricho burocrático, sino una necesidad democrática de primer orden. Al final del día, si no entendemos lo que dicen los jueces, ¿cómo vamos a confiar en la justicia?
La verdad es que la comunicación en el ámbito legal ha cambiado más en los últimos diez años que en los dos siglos anteriores. Ya no basta con colgar un PDF farragoso en una web que parece diseñada en 1998. Hoy, la gente consume información en píldoras, en hilos de X (el antiguo Twitter), en vídeos cortos y con una inmediatez que asusta. En este escenario se mueve la oficina liderada por Claudia Patricia Fonseca Socha, un equipo que tiene la titánica tarea de traducir lo complejo a lo cotidiano sin perder el rigor por el camino.
Para que nos entendamos, la Oficina de Comunicaciones de la Corte funciona como un traductor simultáneo. Imagina que una de las salas de la corporación emite una providencia sobre un tema técnico, digamos, la responsabilidad civil en contratos de inteligencia artificial. El magistrado escribe para otros juristas, usando términos como «nexo causal», «litisconsorte» o «eximente de responsabilidad». Si eso llega tal cual a la prensa, el titular del día siguiente será un caos o, peor aún, una interpretación errónea que incendie las redes sociales.
Aquí es donde entra el equipo de comunicación estratégica. Su labor no es solo «mandar correos», sino centralizar todo el flujo informativo. Se encargan de la comunicación interna (que los de dentro sepan qué hacen los otros de dentro, que no siempre es fácil) y de la externa. Pero ojo, que también llevan el diseño, mantienen la identidad visual para que la institución no parezca un mercadillo y organizan el protocolo. Porque sí, en las altas esferas de la justicia, dónde se sienta quién y cómo se entrega un documento sigue importando, y mucho.
Vaya, que son el pegamento que une la solemnidad de la Corte con la realidad digital de un ciudadano que lee las noticias mientras espera el autobús en cualquier calle de España o de Colombia. Porque, aunque estemos hablando de la Corte colombiana, el reto es idéntico al que enfrenta nuestro Tribunal Supremo aquí en Madrid: la transparencia no es solo publicar cosas, es hacerse entender.
La obsesión por el lenguaje claro
Uno de los puntos que más me gusta de la descripción de esta oficina es su enfoque en el «lenguaje claro y comprensible». Parece una obviedad, pero en el mundo del Derecho es casi una revolución. Durante décadas, el oscurantismo lingüístico fue una forma de autoridad. «Si no me entiendes, es que soy más importante que tú», parecía ser el lema implícito. Por suerte, esa mentalidad está muriendo.
La Oficina de Comunicaciones se esfuerza por difundir las decisiones en distintos formatos. Ya no es solo el texto; son infografías, resúmenes ejecutivos y comunicados de prensa que van al grano. Esto es vital para la rendición de cuentas. Si la Corte Suprema decide algo que afecta a miles de personas, esas personas tienen el derecho de saber por qué se ha decidido eso sin tener que contratar a un abogado que les traduzca el comunicado de prensa.
Además, este enfoque digital permite que la información sea oportuna. En el periodismo judicial, el que da primero da dos veces. Si la oficina tarda tres días en explicar una sentencia, para entonces ya circulan por WhatsApp veinte bulos diferentes sobre lo que «supuestamente» han dicho los jueces. La rapidez, unida a la veracidad, es la mejor vacuna contra la desinformación que tanto nos preocupa hoy en día.
¿Cómo se gestiona una crisis informativa en la justicia?
No todo son buenas noticias y fotos de eventos. A veces, la Corte tiene que lidiar con casos que polarizan a la sociedad. En esos momentos, la Oficina de Comunicaciones se convierte en un búnker de gestión de reputación. La legitimidad del Poder Judicial es frágil; se tarda años en construirla y un solo titular mal gestionado puede dinamitarla en una tarde.
- Monitoreo constante: Saber qué se dice en redes sociales antes de que la bola de nieve sea imparable.
- Vocería técnica: No siempre tiene que salir el magistrado a hablar; a veces un comunicado bien estructurado es más eficaz que una rueda de prensa atropellada.
- Neutralidad: Mantener un tono institucional incluso cuando el ambiente está caldeado.
La verdad es que gestionar la comunicación de una alta corte es como caminar por una cuerda floja. Si eres demasiado cercano, pareces poco serio. Si eres demasiado distante, pareces arrogante y desconectado de la realidad social. El equilibrio es la clave, y parece que el enfoque en las nuevas tecnologías de la información es el camino que han elegido para no caerse.
Tecnología y algoritmos al servicio de la ley
Hablemos un poco de la parte técnica, que es lo que nos gusta en este blog. La Oficina de Comunicaciones no solo usa Facebook o X porque «hay que estar». Hay una estrategia detrás que tiene que ver con la democratización del acceso. El uso de plataformas digitales permite saltarse, en parte, el filtro de los grandes medios de comunicación y hablarle directamente al ciudadano.
Imagina que la Corte publica una sentencia sobre derechos laborales. Antes, dependías de que el periodista de turno en el periódico nacional decidiera que eso era noticia. Hoy, la oficina puede crear un hilo explicativo, usar etiquetas (hashtags) relevantes y asegurarse de que esa información llegue a los colectivos interesados. Es una forma de «SEO judicial», si me permitís la expresión. Se trata de que la verdad institucional sea fácil de encontrar en Google.
Y aquí entra en juego la Inteligencia Artificial, aunque sea de forma incipiente. Aunque la fuente no lo mencione directamente, es un secreto a voces que las oficinas de comunicación modernas están empezando a usar herramientas de IA para monitorizar tendencias o incluso para ayudar en la redacción de borradores de resúmenes (siempre bajo supervisión humana, claro, que no queremos que un bot se invente una jurisprudencia). En España, empresas tecnológicas están colaborando con la administración de justicia para indexar sentencias de forma que sean buscables por conceptos y no solo por fechas. Es el mismo espíritu que mueve a la oficina de Claudia Patricia Fonseca.
La importancia de la identidad visual
Puede parecer algo superficial, pero el diseño y mantenimiento de la identidad visual es fundamental. ¿Por qué? Porque la confianza también entra por los ojos. Una institución que se presenta con un logo pixelado, tipografías mezcladas y documentos mal maquetados transmite una imagen de dejadez. Y nadie quiere que la justicia de su país parezca dejada.
La Oficina de Comunicaciones se encarga de que cada presentación, cada vídeo y cada documento que sale de la Corte tenga un sello de profesionalidad. Esto ayuda a crear una «marca» de autoridad y confianza. Cuando ves ese escudo y esa tipografía limpia, sabes que lo que vas a leer es oficial y serio. Es el mismo principio que aplica cualquier gran empresa del IBEX 35, pero aplicado al bien público.
El protocolo: mucho más que corbatas y alfombras
A menudo nos reímos del protocolo, pensando que son normas rancias de otra época. Pero en la Corte Suprema, el protocolo es una herramienta de respeto institucional. La organización de eventos, las visitas internacionales o las posesiones de nuevos magistrados son actos simbólicos que refuerzan la estabilidad del Estado. La oficina se asegura de que estos engranajes funcionen sin chirridos, permitiendo que el fondo del acto (la justicia) no se vea empañado por fallos en la forma.
Un espejo para la justicia española
Si miramos hacia nuestra casa, en España el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y el Tribunal Supremo tienen estructuras similares. Sin embargo, siempre hay lecciones que aprender de otros países hispanohablantes. La apuesta decidida de la Corte colombiana por la «comunicación digital» como eje central es algo que aquí a veces nos cuesta un poco más por la rigidez de ciertas estructuras.
La verdad es que la justicia española ha hecho avances increíbles con el sistema LexNET y la digitalización de expedientes, pero la parte de «explicarse al público» sigue siendo nuestra asignatura pendiente. A veces pecamos de un exceso de celo que nos hace parecer distantes. Ver cómo otras cortes supremas se lanzan a formatos más abiertos y directos es un ejercicio sano de humildad y aprendizaje.
Para que nos entendamos: la comunicación no es un accesorio de la justicia, es parte de la justicia. Una sentencia que nadie entiende o que nadie conoce es una sentencia que no cumple su función social de guiar la conducta de los ciudadanos y resolver conflictos de forma ejemplar.
¿Hacia dónde vamos? El futuro de la comunicación judicial
Si mal no recuerdo, hace unos años era impensable ver a un juez explicando una sentencia en un vídeo corto. Hoy, aunque no lleguemos a esos extremos de «jueces influencers», la tendencia es clara: la desintermediación. La Oficina de Comunicaciones seguirá ganando peso, convirtiéndose casi en una agencia de noticias propia.
Ojo con esto: el reto del futuro no será publicar más, sino filtrar mejor. En un mundo saturado de información, el ciudadano necesita que la Corte le diga: «De todo lo que ha pasado hoy, esto es lo que realmente te afecta y así es como te lo explicamos». Menos ruido y más claridad.
Además, la interacción facilitada por estas oficinas afianza la confianza en la Judicatura. Cuando la gente siente que puede preguntar (a través de los canales oficiales) o que la información es accesible, esa barrera de «nosotros contra ellos» empieza a difuminarse. Y en los tiempos que corren, con la polarización política intentando siempre salpicar a los tribunales, esa confianza es el tesoro más valioso que deben proteger.
Detalles que marcan la diferencia
Para los que os gustan los datos concretos, la oficina no solo se queda en la capital. Su labor de difusión llega a todos los rincones a través de la red. El hecho de que faciliten un contacto directo (comunicaciones@cortesuprema.gov.co) y extensiones telefónicas claras muestra una voluntad de apertura que ya quisieran para sí muchas empresas privadas que te esconden el teléfono de atención al cliente tras siete menús de voz.
La labor de Claudia Patricia Fonseca Socha y su equipo es, en esencia, una labor de servicio público. Puede que no dicten sentencias, pero son los que consiguen que esas sentencias tengan un impacto real en la sociedad. Sin ellos, la Corte sería una torre de marfil; con ellos, es una institución que, al menos, intenta hablar el mismo idioma que la gente que la sostiene con sus impuestos.
Al final del día, la conclusión que saco de todo esto es que la comunicación es el sistema nervioso de cualquier institución moderna. Si falla la comunicación, el cuerpo (la institución) puede estar haciendo cosas maravillosas, pero el cerebro (la ciudadanía) no se enterará o lo interpretará mal. Y en el caso de la justicia, no podemos permitirnos ese lujo.
Vaya, que la próxima vez que veas una noticia sobre una sentencia importante, acuérdate de que detrás de ese titular fácil de entender hay un equipo de personas peleándose con párrafos de cinco páginas para que tú y yo podamos saber qué demonios está pasando en los tribunales. Y eso, amigos, es algo que hay que valorar.
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