curiosidades / mayo 24, 2026 / 11 min de lectura / 👁 26 visitas

El ritual sagrado de los cinco minutos (o veinte)

El ritual sagrado de los cinco minutos (o veinte)

Seamos sinceros: el cuarto de baño es, para muchos de nosotros, el último bastión de la paz absoluta. Es ese refugio donde el jefe no te puede pedir un informe, donde los niños no preguntan qué hay de cenar y donde, por fin, puedes estar a solas con tus pensamientos… o con tu móvil. Pero, la verdad es que el móvil a veces cansa. Entre notificaciones de LinkedIn y vídeos de gente cocinando cosas imposibles, el cerebro acaba frito. Por eso, el regreso del formato físico al «trono» es una de las mejores noticias que podíamos tener. Y no hablo de leer la etiqueta del champú, que ya nos la sabemos de memoria, sino de algo con un poco más de chicha.

Hace poco me topé con un libro que tiene un título que no deja lugar a dudas: Caga y Aprende. Vaya, que van directos al grano. La idea es sencilla pero brillante: 297 datos curiosos divididos en nueve categorías para que, en lo que tardas en hacer tus gestiones fisiológicas, salgas de allí sabiendo algo que te permita fardar en la próxima caña con los amigos. Y es que, al final del día, lo que buscamos es ese «dato cóctel», esa píldora de conocimiento que te hace parecer más listo de lo que eres sin haber tenido que leerte la enciclopedia británica.

La verdad es que este tipo de literatura «de urgencia» tiene una tradición larguísima. Si nos ponemos un poco intensos (pero solo un poco, que no quiero aburrir), ya en la antigua Roma se aprovechaban las letrinas públicas para charlar y, de paso, enterarse de los chismes del Senado. En Cartagena, sin ir más lejos, tenemos restos de letrinas romanas que nos cuentan mucho sobre cómo se socializaba en el siglo I. Imagínate a dos ciudadanos de Carthago Nova discutiendo sobre el precio del garum mientras cumplían con su deber natural. Pues esto es lo mismo, pero en versión siglo XXI y con un libro entre las manos.

¿Por qué nos gusta tanto aprender cosas inútiles?

Hay algo profundamente humano en querer saber por qué los flamencos son rosas o quién fue el genio que decidió que comerse un caracol era una buena idea. No nos va a solucionar la hipoteca, pero nos da una sensación de control sobre el mundo. La neurociencia dice que cuando aprendemos algo nuevo, por pequeño que sea, nuestro cerebro libera una pizca de dopamina. Es como un premio por ser curiosos. Y si ese premio viene con un toque de humor, pues mejor que mejor.

En el libro que mencionaba, tocan palos que van desde la tecnología hasta el cuerpo humano. Y ojo, que no son los típicos datos que te salen en la primera página de Google. Se nota que hay un trabajo de búsqueda de lo bizarro. Por ejemplo, ¿sabías que hay animales que pueden respirar por el trasero? Sí, lo sé, la ironía es deliciosa dado el contexto de lectura. Pero es que la naturaleza es así de caprichosa y, a veces, un poco asquerosa.

Además, este tipo de lectura fragmentada encaja perfectamente con nuestra capacidad de atención actual. Estamos acostumbrados al scroll infinito, y un párrafo corto con una curiosidad potente es el equivalente literario a un TikTok, pero sin el bailecito de turno. Es conocimiento de consumo rápido, ideal para esos momentos en los que el tiempo se detiene entre cuatro paredes de azulejos.

La conexión Cartagena: De la Cloaca Máxima al Submarino

Ya que mencionaba Cartagena antes, no puedo evitar barrer para casa. Si hablamos de curiosidades que podrías leer sentado, nuestra ciudad tiene para escribir tres libros. Mucha gente sabe que Isaac Peral inventó el submarino torpedero, pero pocos se paran a pensar en el drama que vivió el pobre hombre. Imagínate estar en 1888, en una España que todavía olía a antiguo, intentando convencer a los mandamases de que un cacharro de hierro podía ir por debajo del agua y lanzar pepinos explosivos. La verdad es que le tomaron por loco, y al final tuvo que ser el tiempo el que le diera la razón.

O hablemos del Teatro Romano. Estuvo ahí debajo, escondido por un barrio entero, durante siglos. La gente vivía encima, hacía su vida, tiraba sus desperdicios (sí, volvemos al tema) sin saber que bajo sus pies había una joya de la arquitectura del siglo I a.C. Eso sí que es un dato para reflexionar mientras uno está en su propio «momento de reflexión». A veces lo más increíble está justo debajo de nosotros y no nos damos ni cuenta.

Animales: Los verdaderos raritos del planeta

Si hay una sección que siempre triunfa en estos libros de curiosidades es la de los animales. Y es que, comparados con ellos, los humanos somos de lo más aburrido. Vamos a ver, que nosotros nos emocionamos porque un robot de cocina nos hace la masa de la pizza, pero es que hay bichos por ahí que hacen cosas que ni la mejor IA de Silicon Valley podría replicar.

  • El Wombat y sus cacas cuadradas: No es broma. Este marsupial australiano es el único animal del mundo que produce excrementos en forma de cubo. ¿Por qué? Pues parece ser que es para que no rueden, ya que las usan para marcar su territorio en rocas y troncos. La ingeniería evolutiva es, cuanto menos, curiosa.
  • La medusa inmortal: La Turritopsis dohrnii tiene el truco definitivo. Cuando se hace vieja o se estresa, puede volver a su estado de pólipo y empezar su ciclo de vida de nuevo. Es como si nosotros, al llegar a los 80, decidiéramos volver a tener 5 años y empezar de cero. Vaya tela con la medusa.
  • Los cuervos no olvidan una cara: Si alguna vez le haces una faena a un cuervo, prepárate. Son capaces de reconocer rostros humanos y, lo que es peor, se lo cuentan a sus colegas. Así que si ves a un grupo de cuervos mirándote mal por la calle, piénsate qué hiciste en el pasado.

La verdad es que leer sobre estas cosas te hace relativizar tus problemas. ¿Que el Wi-Fi va lento? Bueno, al menos no eres un pulpo que tiene tres corazones y dos de ellos dejan de latir cuando nadas. Eso sí que es estrés y no lo del lunes por la mañana en la oficina.

Tecnología y el futuro que ya está aquí (y en el baño)

Hablando de Wi-Fi, la tecnología ha cambiado incluso nuestra forma de ir al servicio. Ahora hay inodoros en Japón que te ponen música de ambiente, te calientan el asiento y casi te preguntan cómo te ha ido el día. Pero más allá de la anécdota, la tecnología que nos rodea está llena de historias que parecen sacadas de una novela de ciencia ficción.

Por ejemplo, ¿sabías que el primer ratón de ordenador era de madera? Lo inventó Douglas Engelbart en los años 60. Era un bloque de madera con dos ruedas metálicas. Si se lo enseñas a un gamer de hoy en día, probablemente le da un parraque. O el hecho de que el código que llevó al hombre a la Luna ocupaba menos que una foto de alta resolución de las que mandamos hoy por WhatsApp. Es increíble cómo hemos optimizado (o desperdiciado, según se mire) la potencia de cálculo.

Y ya que estamos en aquinohayquienviva.es, no podemos ignorar la Inteligencia Artificial. A veces nos da miedo que las máquinas nos quiten el trabajo, pero la realidad es que todavía están en una fase un poco «tonta» para ciertas cosas. La IA es buenísima procesando datos, pero le falta ese puntito de malicia o de humor que tenemos los humanos. Por ejemplo, intenta pedirle a una IA que te cuente un chiste que sea realmente gracioso y que no parezca escrito por un notario. Le cuesta. Aunque, ojo, que ya hay algoritmos capaces de predecir enfermedades solo con analizar… bueno, ya sabes, lo que dejas en el váter. El futuro es apasionante, aunque a veces un poco invasivo.

El cuerpo humano: Esa máquina que no viene con manual

Pasamos 24 horas al día dentro de nuestro cuerpo y, la verdad, no tenemos ni idea de cómo funciona la mitad de las cosas. El libro Caga y Aprende dedica una buena parte a desmontar mitos y a darnos datos que nos dejan un poco locos. Por ejemplo, eso de que solo usamos el 10% de nuestro cerebro es una milonga de las grandes. Lo usamos todo, lo que pasa es que no todo a la vez, porque si no, nos daría un cortocircuito.

Otro dato que me dejó a cuadros: tenemos más bacterias en la boca que personas hay en el planeta. Así que la próxima vez que te sientas solo, recuerda que tienes a varios miles de millones de inquilinos dándose un festín entre tus dientes. De nada por la información, supongo que ahora te apetecerá mucho más ir a lavarte los dientes.

Y si hablamos de huesos, los bebés tienen unos 300, mientras que los adultos tenemos 206. ¿A dónde van los que faltan? No es que se pierdan por el camino, es que se fusionan para formar estructuras más sólidas. Es como si viniéramos de fábrica con un kit de montaje que se va simplificando con el tiempo. La naturaleza es sabia, o al menos muy ahorradora.

La ciencia de la comida: ¿Por qué nos gusta lo que nos gusta?

La comida es otra de las grandes protagonistas de nuestras curiosidades. En España somos muy de comer bien, pero a veces no sabemos lo que nos metemos entre pecho y espalda. ¿Sabías que las zanahorias no siempre fueron naranjas? Originalmente eran púrpuras o amarillas. El color naranja fue una «invención» de los agricultores holandeses en el siglo XVII para honrar a la Casa de Orange. Vaya, que nos comemos un símbolo político cada vez que hacemos un puré.

O el tema del picante. El picante no es un sabor, es una señal de dolor. Cuando comes un chile, la capsaicina engaña a tus receptores de calor y le dice al cerebro: «¡Oye, que nos estamos quemando!». Y el cerebro, que es muy mandado, activa todos los protocolos de emergencia: sudor, mocos y lágrimas. Y nosotros, que somos masoquistas por naturaleza, decimos: «Uff, qué rico, dame otro».

Y una curiosidad para los cafeteros (como yo, que escribo esto con la tercera taza del día): el café más caro del mundo, el Kopi Luwak, se obtiene de granos que han sido digeridos y… sí, excretados por una civeta, un pequeño mamífero asiático. Dicen que las enzimas del estómago del animal le dan un sabor inigualable. Yo, sinceramente, me quedo con mi café de tueste natural de toda la vida, que no ha pasado por el sistema digestivo de nadie, gracias.

¿Por qué este libro es el regalo perfecto (o el autoregalo ideal)?

A veces nos complicamos la vida buscando regalos profundos, caros o súper tecnológicos. Pero la verdad es que un libro que te hace sonreír y te enseña algo nuevo mientras estás en el baño es un acierto seguro. Es un libro que no intimida. No es El Quijote (que, por cierto, también tiene sus curiosidades, como que Cervantes lo escribió en parte estando en la cárcel). Es un compañero de fatigas, nunca mejor dicho.

Lo bueno de Caga y Aprende es que democratiza el conocimiento. No necesitas ser un experto en nada para disfrutarlo. Es como tener a ese amigo sabelotodo que siempre tiene una anécdota preparada, pero sin que te interrumpa cuando estás intentando concentrarte. Además, el tono humorístico le quita hierro a temas que podrían ser densos.

Para los que vivimos en ciudades con tanta historia como Cartagena, este tipo de libros nos recuerdan que la curiosidad es lo que mueve el mundo. Desde el arqueólogo que desentierra una moneda romana hasta el ingeniero que diseña un nuevo procesador, todos empezaron preguntándose «¿Y esto por qué es así?».

Un pequeño fragmento de código (con ironía)

Como sé que en aquinohayquienviva.es hay mucho techie suelto, no he podido resistirme a incluir un pequeño fragmento de código comentado. Digamos que es el algoritmo de la curiosidad humana, escrito en un pseudocódigo muy particular:

while (persona.esta_viva()) {
    dato = mundo.obtener_curiosidad_aleatoria();
    
    if (dato.es_asqueroso || dato.es_increible) {
        persona.cerebro.liberar_dopamina();
        persona.decir("¡No fastidies!");
    } else {
        // Seguir buscando, que esto es muy soso
        continue;
    }
    
    if (persona.ubicacion == "cuarto_de_baño") {
        persona.tiempo_estancia += 300; // 5 minutitos más, que el dato está bien
    }
}

La verdad es que somos así de simples. Nos das un dato sobre por qué el cielo es azul o por qué los barcos flotan y ya nos tienes ganados para el resto de la tarde.

Reflexiones finales desde el taburete

Al final del día, lo que nos queda es esa capacidad de asombro. Vivimos en un mundo que va a toda pastilla, donde parece que ya lo sabemos todo porque tenemos Wikipedia a un clic de distancia. Pero tener la información no es lo mismo que disfrutarla. Libros como este nos invitan a parar, a dejar el móvil a un lado (o usarlo solo para buscar más fotos de ese animal raro que acabamos de descubrir) y a reconectar con el placer de aprender por aprender.

No se trata de ser el más listo de la clase, sino de mantener viva esa chispa de niño que pregunta «¿por qué?» a cada paso. Ya sea sobre la historia de España, sobre los secretos de la tecnología o sobre las funciones más mundanas de nuestro propio cuerpo, siempre hay algo que nos puede sorprender.

Así que, la próxima vez que cruces el umbral del cuarto de baño, hazte un favor: deja las noticias de política y los correos del trabajo fuera. Llévate algo que te haga decir «vaya, no tenía ni idea». Porque, para qué vamos a engañarnos, aprender sentado es una de las formas más cómodas y gratificantes de aprovechar el tiempo. Y si encima te echas unas risas, pues eso que te llevas.

Vaya, que si después de leer esto no te han entrado ganas de saber por qué los antiguos romanos usaban orina para blanquearse los dientes (sí, otro dato de regalo), es que no tienes sangre en las venas. ¡A seguir aprendiendo, aunque sea en los ratos más insospechados!

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unpokitodxfavor

Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

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