A veces, uno se topa con un archivo digital y, tirando del hilo, acaba descubriendo toda una cosmogonía de historia, política y diseño. Me ha pasado esta mañana mientras revisaba unos archivos vectoriales. Me encontré con el Coat_of_arms_of_Tunisia.svg. A simple vista, para alguien que no esté metido en el mundillo del diseño o de la heráldica, no deja de ser un gráfico limpio, con colores sólidos y líneas definidas. Pero, claro, si vives en Cartagena como yo, o si simplemente te gusta entender por qué las cosas son como son, ese barquito que aparece en la parte superior del escudo te dice mucho más de lo que parece.
La verdad es que la heráldica es como el código fuente de las naciones. Si sabes leerla, entiendes qué valores intentan proyectar y qué fantasmas del pasado intentan invocar. En el caso de Túnez, su escudo es un equilibrio precario entre la herencia cartaginesa, la identidad árabe y los vaivenes de una república que no para de transformarse. Y ojo, que no hablo de un dibujo estático; hace apenas un año, en 2023, el gobierno tunecino decidió darle un lavado de cara oficial, demostrando que los símbolos están más vivos que nunca.
Resulta curioso que un archivo de apenas 35 KB, como el que nos ocupa, pueda contener tanta carga simbólica. Para los que no estéis puestos en temas técnicos, un SVG (Scalable Vector Graphics) no es una imagen de puntos como una foto de Instagram. Es, básicamente, una serie de instrucciones matemáticas. Le dice al ordenador: «dibuja una curva aquí, rellénala de este amarillo oro allá». Esto permite que el escudo de Túnez se vea igual de nítido en una tarjeta de visita que en una lona gigante en el puerto de La Goleta.
Pero vamos a lo que importa: ¿qué estamos viendo exactamente? El escudo tunecino se divide en tres secciones bien diferenciadas, coronadas por el símbolo del islam, la media luna y la estrella. Lo que más me llama la atención, y aquí saco mi vena cartagenera, es la galera púnica que navega sobre un mar azul. No es un barco cualquiera. Es un guiño directo a Cartago, esa potencia marítima que un día dominó el Mediterráneo y que tuvo en mi ciudad, Qart Hadasht, su joya de la corona en la península ibérica.
Es fascinante ver cómo una república moderna, en pleno siglo XXI, decide que su identidad sigue anclada a esos barcos de madera y remo que desafiaron a Roma. Para un tunecino, esa galera representa la libertad y la conexión con el mundo. Para nosotros, desde este lado del charco, es un recordatorio de que compartimos un ADN cultural que ni los siglos ni las guerras han logrado borrar del todo.
Leones, balanzas y el orden de las cosas
Si bajamos la mirada, el escudo se divide en dos. A la izquierda (o a la derecha del observador, según se mire), tenemos un león negro rampante que sostiene una espada. Aquí la cosa se pone seria. El león no está ahí para quedar bien; representa el «Orden». Es una figura clásica en la heráldica, pero en el contexto tunecino tiene ese matiz de autoridad necesaria para mantener la cohesión del Estado.
A la derecha, nos encontramos con una balanza negra sobre fondo amarillo. Justicia. No hay mucho misterio ahí, ¿verdad? Pues la verdad es que sí lo hay. La disposición de estos elementos ha cambiado con el tiempo. Dependiendo de quién mandara en el palacio de Cartago (el palacio presidencial, no las ruinas), la balanza o el león han tenido más o menos protagonismo. Es una lucha visual entre la fuerza y la equidad.
Y en medio de todo, una cinta con el lema nacional en árabe: «Niẓām, Ḥurriya, ‘Adāla». Traducido: Orden, Libertad, Justicia. Es curioso cómo el orden va primero. En España estamos acostumbrados a otros lemas, pero en el Magreb, la estabilidad es un valor que se cotiza al alza. Tras la revolución de 2011, hubo mucho debate sobre si estos símbolos representaban fielmente a la nueva Túnez. Al final, el diseño básico se mantuvo, pero el sentimiento detrás de cada palabra cambió por completo para la gente de a pie.
La conexión Cartagena-Túnez: Más que simples ruinas
No puedo evitar hacer una pequeña digresión. Cuando veo la galera en el escudo de Túnez, no puedo evitar pensar en la Muralla Púnica que tenemos aquí en Cartagena. A veces se nos olvida que, antes de ser romanos, fuimos cartagineses. Esa conexión mediterránea es lo que hace que este escudo me resulte tan familiar, casi como si fuera un pariente lejano.
En las escuelas de diseño de aquí, a veces se estudia la simplificación de formas. El escudo de Túnez es un ejemplo de manual. Han sabido coger elementos históricos pesadísimos y convertirlos en iconos gráficos modernos. Es lo que intentamos hacer muchas veces en el desarrollo web: coger procesos complejos y servirlos en una interfaz limpia. El SVG que mencionamos al principio es la culminación técnica de ese proceso de síntesis.
Además, hay empresas en el levante español que trabajan mano a mano con instituciones tunecinas en temas de conservación de patrimonio. Ver el escudo oficial en los documentos de colaboración es un recordatorio de que, aunque hablemos idiomas distintos y tengamos religiones diferentes, el mar que tenemos delante es el mismo. Y ese mar está dibujado en su escudo.
¿Por qué un SVG y no un simple dibujo?
Entrando un poco más en harina técnica, que sé que a muchos de los que leéis aquinohayquienviva.es os va el mambo digital, el uso de archivos SVG para la heráldica nacional es una bendición. Imagina que eres un funcionario del gobierno tunecino y tienes que imprimir el escudo en un sello de correos y, a la vez, en la fachada de un ministerio. Si usaras un JPG, al ampliarlo verías más píxeles que en una partida de Tetris de los ochenta.
El archivo Coat_of_arms_of_Tunisia.svg que circula por los repositorios de Wikimedia (y que es la base de nuestra charla de hoy) es fruto de un esfuerzo colaborativo. No lo hizo una sola persona, sino el «Graphics Lab». Es software libre aplicado a la identidad nacional. Me parece una metáfora preciosa de cómo debería funcionar el mundo: gente de diferentes países retocando las curvas de un escudo para que sea perfecto y accesible para todos bajo licencias Creative Commons.
Vaya, que si quieres bajártelo, cambiarle los colores y ponerlo de fondo en tu próximo proyecto de React, puedes hacerlo (siempre que respetes la licencia, claro). Es la democratización de los símbolos. Ya no están guardados bajo llave en un archivo polvoriento; están en un servidor, listos para ser renderizados por cualquier navegador moderno.
El cambio de 2023: Cuando el diseño se vuelve política
Ojo con esto, porque no es un detalle menor. El año pasado, el presidente Kais Saied decidió que el escudo necesitaba un ajuste. No fue un cambio radical, pero sí significativo. Se modificó la orientación de algunos elementos y se buscó una estética que recordara más a la época de la independencia, allá por 1956.
¿Por qué alguien se molestaría en cambiar un escudo en medio de una crisis económica? Pues porque los símbolos importan. Cambiar la posición del león o la tipografía del lema es una forma de decir «estamos en una nueva etapa». Es como cuando una empresa tecnológica cambia su logo (pensemos en el cambio de Twitter a X, aunque con más clase en el caso tunecino). Es un mensaje enviado al subconsciente colectivo.
En el nuevo diseño, se ha buscado una mayor simetría. La balanza y el león ahora parecen estar en un diálogo más equilibrado. Para los que nos gusta el diseño de interfaces (UI), esto es como ajustar el padding y el margin de un contenedor para que todo respire mejor. Al final del día, la política también es diseño de experiencia de usuario, solo que el «usuario» es todo un país.
Anatomía de un símbolo: El León y la Espada
Hablemos del león. No es un león de dibujos animados. Es un león heráldico, lo que significa que tiene que parecer fiero pero noble. En la versión SVG que solemos ver, el trazo es negro, lo que le da una fuerza visual tremenda sobre el fondo dorado. Sostiene una cimitarra, una espada curva que es todo un icono de la historia militar de la región.
Si mal no recuerdo, el uso del león en Túnez no viene de la nada. Ya los beyes de Túnez (los antiguos gobernantes bajo el Imperio Otomano) usaban simbología similar. Es una forma de decir que el Estado tiene «dientes». En España tenemos nuestro propio león en el escudo, el de Castilla, pero el tunecino tiene ese aire mediterráneo, más estilizado, casi como si estuviera listo para saltar desde una duna.
Lo curioso es que, a pesar de ser un símbolo de fuerza, está encerrado en un escudo que tiene forma de «escudo de torneo». Es una mezcla de tradiciones europeas y árabes. Túnez siempre ha sido ese puente, ese lugar donde las influencias se cruzan y se mezclan hasta crear algo nuevo. Y eso, amigos, se ve perfectamente en los nodos y vectores de nuestro archivo digital.
La Balanza: ¿Justicia para quién?
La balanza es, quizás, el elemento más delicado. En un país que ha pasado por una primavera árabe y años de transición incierta, la justicia es un tema que quema. Visualmente, en el SVG, la balanza es minimalista. Dos platos, un eje. Punto. No necesita más.
Pero esa simplicidad es engañosa. Lograr que una balanza parezca equilibrada en un diseño vectorial requiere precisión. Si un plato está un píxel más arriba que otro, el mensaje se rompe. La verdad es que me gusta pensar que el diseñador que subió este archivo a la Wikipedia pasó un buen rato ajustando esos vectores para que la justicia tunecina, al menos sobre el papel (o sobre la pantalla), fuera perfecta.
En comparación con otros escudos de la zona, como el de Argelia o Marruecos, el de Túnez destaca por su claridad. No está recargado. Es directo. Casi parece diseñado por alguien que sigue la filosofía de «menos es más» de la escuela Bauhaus, pero con un toque de especias del zoco de Túnez.
La Galera Púnica: El alma de Cartago
Llegamos a mi parte favorita. El barco. No es una carabela, ni un galeón español. Es una galera púnica. Para los que no estéis muy puestos en historia naval, estos barcos eran la tecnología punta de su época. Tenían ojos pintados en la proa para «ver» el camino y eran increíblemente rápidos.
Que Túnez mantenga este barco en su escudo es una declaración de intenciones. Es decir: «antes de ser parte de califatos o imperios, fuimos Cartago». Es una conexión con la antigüedad clásica que los diferencia de otros países de su entorno. Para un cartagenero, ver esa galera es como ver un trozo de nuestra propia historia navegando en una bandera extranjera.
En el archivo SVG, la galera suele estar representada con velas blancas y un casco marrón o dorado. Los detalles de los remos son mínimos, pero suficientes para identificarla. Es un ejercicio de síntesis visual asombroso. ¿Cómo resumes tres mil años de historia marítima en cuatro trazos vectoriales? Pues así.
Cómo se «cocina» un escudo digital
Para los más curiosos, abrir este archivo SVG con un editor de texto (sí, se puede, es solo código) es una experiencia reveladora. Verás etiquetas como <path>, <circle> y códigos de colores en hexadecimal como #FFD700 para el dorado. Es la heráldica del siglo XXI.
El proceso de creación de este tipo de archivos suele ser así:
- Se toma una imagen oficial del gobierno (normalmente un PDF o un escaneo de baja calidad).
- Un diseñador voluntario «calca» los contornos usando herramientas como Inkscape o Adobe Illustrator.
- Se limpian los nodos para que el archivo pese lo menos posible.
- Se discute en los foros de Wikipedia si el tono de rojo es el correcto o si la curva de la espada debería ser más pronunciada.
Es un trabajo minucioso y, la mayoría de las veces, no remunerado. Pero gracias a eso, hoy puedo estar aquí escribiendo sobre esto con una imagen mental perfecta del escudo. Es el triunfo del conocimiento compartido.
La importancia de los colores: Oro, Rojo y Negro
Los colores no son aleatorios. El rojo y el blanco vienen de la bandera nacional, que a su vez tiene sus raíces en la bandera del Imperio Otomano (aunque los tunecinos te dirán, con razón, que la suya tiene personalidad propia). El rojo simboliza la sangre derramada por la libertad. Un clásico, sí, pero no por ello menos potente.
El dorado (o amarillo en su versión simplificada) representa la arena del desierto y la riqueza del sol mediterráneo. Y el negro de las figuras centrales aporta un contraste que hace que el escudo sea legible desde lejos. Para que nos entendamos: es un diseño con un «contraste de accesibilidad» envidiable. Si fuera una página web, pasaría todos los tests de la W3C sin despeinarse.
La verdad es que la combinación de estos tres colores le da un aire de autoridad y, al mismo tiempo, de calidez. No es un escudo frío como los de algunos países del norte de Europa. Tiene el calor del Magreb impreso en cada píxel.
Un símbolo que evoluciona con su gente
Al final del día, lo que nos enseña el Coat_of_arms_of_Tunisia.svg es que la identidad de un país no es algo estático. Cambia, se adapta y se redibuja. Desde los tiempos de los fenicios que fundaron Cartago hasta los programadores que hoy mantienen este archivo en un servidor, la esencia es la misma: la necesidad de decir «aquí estamos y esto es lo que valoramos».
Para nosotros, desde España, mirar hacia el sur y entender estos símbolos es una forma de respeto. No es solo «un escudo de un país árabe». Es un mapa de su historia, una historia que, en muchos puntos, es también la nuestra. La próxima vez que veáis una noticia sobre Túnez, fijaos en el escudo que aparece detrás del podio. Buscad la galera, buscad el león. Ahora ya sabéis que no están ahí por casualidad.
La conclusión que saco de todo esto es que la tecnología (el SVG) y la tradición (la heráldica) no son enemigas. Se necesitan. Sin la tradición, el archivo digital no tendría alma. Sin la tecnología, el símbolo se perdería en el olvido o quedaría restringido a unos pocos. Así que, larga vida a los vectores y, por supuesto, a la herencia compartida del Mediterráneo.
Y si alguna vez pasáis por Cartagena, acercaos a ver los restos púnicos. Luego, buscad en vuestro móvil el escudo de Túnez. Veréis como, de repente, el mundo parece un lugar un poco más pequeño y mucho más conectado. Vaya, que al final, todos navegamos en la misma galera.
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