Seguro que alguna vez, trasteando por internet o intentando resucitar ese portátil viejo que tienes cogiendo polvo en un cajón, te has topado con una palabra que suena a mantra, a algo lejano pero extrañamente reconfortante: Ubuntu. Si eres de los que piensa que es solo un sistema operativo con un fondo de pantalla color berenjena, quédate un rato conmigo, porque la cosa tiene mucha más miga de la que parece. La verdad es que Ubuntu es una de esas palabras «cebolla»: tiene capas y capas, y cuanto más profundizas, más te das cuenta de que lo técnico es solo la punta del iceberg.
Antes de meternos en faena con líneas de comandos, kernels y repositorios, hay que entender de dónde viene el nombre. No es un invento de un equipo de marketing en Silicon Valley. Ubuntu es una regla ética sudafricana, una filosofía que se resume en la frase: «Yo soy porque nosotros somos». Es la idea de que la humanidad de una persona se define a través de su relación con los demás. Vaya, que nadie es una isla, por mucho que a veces nos empeñemos en teletrabajar aislados del mundo.
Me llamó mucho la atención leer recientemente en medios como El Pespunte cómo esta filosofía se está aplicando a campos que, a priori, parecen estar a años luz de la informática. Hablan de la Atención Temprana y de la educación respetuosa. Marisa Benítez Lugo, una voz experta en estos temas, comentaba cómo las rutinas diarias y el acompañamiento a la infancia se basan precisamente en ese espíritu Ubuntu. Y es que, si lo piensas bien, la educación y el software libre comparten un ADN común: la idea de que el crecimiento individual solo es posible si el entorno es colaborativo y respetuoso.
En el ámbito de la crianza, se habla de esos «primeros mil días» donde se forja todo. Pues bien, en el mundo de la tecnología, los primeros pasos de un usuario también definen su relación con la herramienta. Si te encuentras con un sistema que te expulsa, que es cerrado y egoísta, te frustras. Pero si entras en una comunidad donde el conocimiento se comparte de forma abierta, como ocurre en los foros de Ubuntu en España, la experiencia cambia por completo. Es esa «humanidad hacia otros» aplicada a los bits y los bytes.
De Sudáfrica a la Región de Murcia: Un viaje inesperado
La historia de cómo esta palabra terminó siendo el nombre del sistema operativo más usado en el mundo (con permiso de Windows y macOS) tiene nombre propio: Mark Shuttleworth. Este señor, que fue el segundo turista espacial de la historia (casi nada), decidió que el mundo necesitaba un Linux que no fuera solo para «hackers» con barba y gafas de culo de vaso. Quería algo para seres humanos normales.
La verdad es que, a principios de los 2000, instalar Linux era un deporte de riesgo. O sabías compilar el kernel mientras te tomabas un café, o estabas perdido. Ubuntu llegó en 2004 para decir: «Oye, que esto puede ser fácil». Y funcionó. Tanto que, hoy en día, si vas por la UPCT (Universidad Politécnica de Cartagena), verás que muchísimos laboratorios y proyectos de investigación corren sobre esta base. No es casualidad. En Cartagena, donde tenemos esa mezcla de tradición industrial y empuje tecnológico con Navantia o el polo de Escombreras, necesitamos herramientas que sean robustas pero accesibles.
Recuerdo una vez, paseando por la Calle Mayor, hablando con un colega que trabaja en desarrollo de software para el sector naval. Me decía que Ubuntu es como el puerto de Cartagena: un lugar de entrada, seguro, donde todo el mundo sabe lo que tiene que hacer y donde siempre hay alguien dispuesto a echarte un cable si te encallas con una maniobra. Esa es la esencia.
¿Por qué nos gusta tanto Ubuntu en España?
A ver, no nos engañemos. En España nos gusta lo que funciona y, si es gratis, pues mejor que mejor. Pero hay algo más profundo. Ubuntu encajó muy bien con el carácter español por su fuerte componente comunitario. Durante años, tuvimos proyectos regionales increíbles como Guadalinex en Andalucía o LliureX en la Comunidad Valenciana, que no eran más que «hijos» de Ubuntu adaptados a nuestras necesidades locales.
Incluso aquí, en nuestra zona, el uso de software libre en la administración pública y en las escuelas ha tenido sus más y sus menos, pero la base siempre ha estado ahí. Ubuntu permite que un colegio con poco presupuesto pueda tener ordenadores funcionales sin pagar licencias abusivas. Y eso, al final del día, es justicia social digital.
Además, la comunidad hispana de Ubuntu es una de las más activas. Si tienes un error tipo «mi tarjeta Wi-Fi ha decidido irse de vacaciones», lo más probable es que alguien en un foro de Madrid, Sevilla o Cartagena ya haya publicado la solución hace tres años. Y eso, amigos, es Ubuntu en estado puro: compartir la solución para que el siguiente no sufra el mismo problema.
Entrando en harina: ¿Qué hace a Ubuntu especial hoy en día?
Si te descargas la última versión (que a estas alturas suele ser la 24.04 LTS, apodada Noble Numbat), lo primero que notarás es que todo es muy… limpio. No hay fuegos artificiales innecesarios. Pero bajo el capó, hay una ingeniería de locos. Vamos a desgranar un poco qué es lo que te vas a encontrar si decides dar el salto.
El escritorio GNOME: Menos es más
Ubuntu usa por defecto un entorno llamado GNOME. A diferencia de Windows, donde el menú de inicio parece un centro comercial lleno de anuncios, aquí tienes lo que necesitas. Un panel lateral (el Dock), una barra superior y un buscador que realmente encuentra las cosas. La verdad es que, una vez que te acostumbras a los gestos del touchpad, volver a otros sistemas se hace cuesta arriba.
Las versiones LTS: El seguro de vida
Ojo con esto, que es importante. Ubuntu saca versiones cada seis meses, pero las que realmente importan son las LTS (Long Term Support). Salen cada dos años (en los años pares, como 2022, 2024…) y tienen soporte durante cinco años (o incluso diez si te pones exquisito con los servicios Pro). Para una empresa en el Polígono de Santa Ana o para un autónomo que no quiere líos, esto es la gloria. Instalas, configuras y te olvidas de formatear durante un lustro.
El ecosistema de aplicaciones: De la oficina al diseño
Mucha gente me pregunta: «¿Pero podré usar el Word?». A ver, poder, puedes (vía web), pero la gracia es usar LibreOffice o pasarte al mundo de la nube. Y para los que nos dedicamos a la tecnología, Ubuntu es el paraíso. Docker, Python, VS Code… todo se instala con una facilidad pasmosa.
Y aquí entra un tema polémico: los Snaps. Para que nos entendamos, son paquetes que llevan todo lo necesario para funcionar dentro de una «caja». A algunos puristas no les gustan porque dicen que son lentos o que ocupan mucho espacio, pero la realidad es que para el usuario de a pie son una bendición. ¿Quieres Spotify? Un clic y listo. ¿Quieres Blender para modelar en 3D? Otro clic. Sin pelearte con dependencias rotas.
Un pequeño tutorial para los valientes (con un toque de ironía)
Si te he convencido un poquito y vas a probarlo, hay una cosa que tienes que perderle el miedo: la Terminal. Esa ventanita negra con letras blancas que parece sacada de la película Matrix. No muerde, lo prometo. De hecho, es mucho más rápida que andar haciendo clics por menús infinitos.
Imagina que quieres actualizar tu sistema. En otros sistemas, tienes que esperar a que al ordenador le dé la gana y se reinicie en mitad de una videollamada importante. En Ubuntu, abres tu terminal y escribes:
sudo apt update && sudo apt upgrade
Ese sudo es como decir «por mis narices». Le estás dando órdenes al ordenador con autoridad. Te pedirá tu contraseña (que, por cierto, no se ve mientras la escribes, no te asustes, no es que el teclado se haya roto) y listo. El sistema se actualiza en segundo plano mientras tú sigues a lo tuyo, quizás disfrutando de un café asiático si estás por Cartagena.
Otro comando que me encanta es top o htop. Es como el monitor de recursos pero con un toque retro muy chulo. Te permite ver qué aplicación se está «comiendo» la RAM. Si ves que el navegador está desatado, le das matarile y a seguir.
Ubuntu y la Inteligencia Artificial: El futuro que ya está aquí
No podemos hablar de tecnología hoy en día sin mencionar la IA. Y aquí Ubuntu tiene mucho que decir. La mayoría de los modelos de lenguaje que usamos (como los que alimentan a ChatGPT o las herramientas de generación de imágenes) se entrenan y ejecutan sobre servidores con Ubuntu. ¿Por qué? Por la estabilidad y por la gestión de las tarjetas gráficas (las famosas NVIDIA).
En España, hay empresas punteras en IA que no usarían otra cosa. Si te pica la curiosidad y quieres montar tu propio «ChatGPT» en casa (usando algo como Ollama, por ejemplo), verás que los tutoriales siempre empiezan igual: «Paso 1: Abre tu terminal de Ubuntu». Es el lenguaje universal de la innovación actual.
Y esto me devuelve a lo que mencionaba Marisa Benítez sobre la optimización del desarrollo a través de las rutinas. En el desarrollo de software, tener un entorno predecible y sólido como Ubuntu permite que el programador se centre en lo importante: crear. Si pierdes tres horas configurando el sistema, tu creatividad se va por el sumidero. Ubuntu busca precisamente eso, que la tecnología sea transparente.
La conexión humana: Más allá de los bits
Volviendo a los artículos de El Pespunte, hay una idea que me ronda la cabeza. Hablaban de cómo la educación respetuosa marca huellas en nuestro cerebro. Pues bien, el software libre también marca huellas en la sociedad. Cuando eliges Ubuntu, estás apoyando un modelo donde el conocimiento no está secuestrado por una gran corporación. Estás diciendo que crees en la colaboración.
En Cartagena, tenemos una historia de ingenieros y mentes inquietas. Desde Isaac Peral y su submarino hasta los chavales que hoy ganan competiciones de robótica en la Politécnica. Ese espíritu de «vamos a ver cómo funciona esto por dentro y vamos a mejorarlo entre todos» es la esencia de nuestra ciudad y es, curiosamente, la esencia de Ubuntu.
A veces me preguntan si Linux acabará dominando el escritorio de todo el mundo. La verdad es que no lo sé, y sinceramente, no creo que importe. Lo que importa es que exista la alternativa. Que si mañana decides que no quieres que una empresa espíe cada clic que haces, tengas un refugio seguro, gratuito y potente donde refugiarte.
¿Es Ubuntu para ti? (Un diagnóstico rápido)
Si todavía tienes dudas, vamos a hacer un pequeño test rápido. Si te sientes identificado con más de tres puntos, ya estás tardando en buscar un pendrive para instalarlo:
- Te molesta que tu ordenador decida actualizarse justo cuando tienes prisa.
- Tu portátil de hace cinco años va lento y no quieres gastarte 800 euros en uno nuevo.
- Te preocupa la privacidad y no te hace gracia que tus datos vuelen a servidores desconocidos.
- Eres una persona curiosa que disfruta aprendiendo cómo funcionan las cosas.
- Trabajas en ciencia, ingeniería o desarrollo de software (o quieres hacerlo).
- Crees que compartir es vivir y te gusta la idea de una comunidad global ayudándose.
Si has dicho que sí a casi todo, bienvenido al club. No hace falta que borres tu sistema actual; puedes probarlo en modo «Live» desde un USB sin romper nada. Es como probarse unos zapatos antes de comprarlos, pero sin que el dependiente te mire mal si al final no te los llevas.
Reflexiones desde el puerto
Al final del día, lo que nos queda es que la tecnología, por muy fría que parezca, siempre tiene un componente humano. Ya sea a través de una sesión de fotos newborn respetuosa, como comentaban en las fuentes que mencioné antes, o a través de una distribución de Linux, el objetivo es el mismo: facilitar la vida a las personas y crear redes de apoyo.
Ubuntu no es perfecto. A veces una actualización te da un susto, o ese escáner viejísimo que tienes no quiere conectar a la primera. Pero, ¿qué hay perfecto en esta vida? Lo importante es que, cuando algo falla, no estás solo. Hay miles de personas que ya han pasado por lo mismo y que han dejado la solución escrita para ti. Y eso, en un mundo que a veces parece cada vez más egoísta, es casi un milagro.
Así que, ya sea por la filosofía de vida o por el sistema operativo, te invito a que pongas un poco de Ubuntu en tu día a día. Sé más colaborativo, comparte lo que sepas y, de paso, dale una oportunidad a ese pingüino que, aunque no lo creas, tiene mucho que ofrecerte. Y si te cruzas conmigo por Cartagena y me ves con el portátil y una pegatina de un círculo con tres puntos, ya sabes de qué va la vaina. Nos vemos en los foros, o mejor aún, en las terrazas disfrutando de un buen sol murciano.
Vaya, que al final esto de la informática y la filosofía no estaban tan lejos, ¿verdad? Es lo que tiene vivir en un mundo interconectado: que todo, desde el primer suspiro de un recién nacido hasta la última línea de código de un servidor en la nube, forma parte de la misma historia. La historia de nosotros.
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