ubuntu / mayo 13, 2026 / 11 min de lectura / 👁 37 visitas

Ese viejo portátil que pide una segunda oportunidad

Ese viejo portátil que pide una segunda oportunidad

Seguro que tienes por ahí, quizás en un rincón del escritorio o en ese cajón que casi nunca abres, un portátil que hace cinco años era una bala y hoy parece que se mueve por puro compromiso. O tal vez te acabas de comprar una máquina potente, pero estás harto de que el sistema operativo de turno te trate como a un invitado en tu propia casa, llenándote la pantalla de publicidad, actualizaciones forzosas y procesos en segundo plano que ni has pedido ni necesitas. La verdad es que la mayoría nos hemos resignado a que la informática sea así: lenta, intrusiva y, a veces, un pelín desesperante.

Pero ojo, que no todo está perdido. Existe una alternativa que, aunque a muchos les suene a chino o a algo exclusivo para hackers con gafas de culo de vaso, es hoy en día más accesible que nunca. Hablo de Ubuntu. Y no, no te asustes, que no hace falta saber código binario para instalarlo. Si sabes usar un navegador y mover archivos de una carpeta a otra, ya tienes el 90% del camino hecho. Vamos a ver por qué esta distribución de Linux es, posiblemente, la mejor decisión que puedes tomar por tu salud mental tecnológica este año.

En Cartagena, donde el salitre y el calor a veces hacen estragos no solo en las fachadas sino también en los ánimos, solemos ser de aprovechar las cosas hasta que no dan más de sí. Con los ordenadores pasa lo mismo. Me viene a la cabeza un amigo que estudia en la UPCT (la Politécnica de aquí, para los que nos leéis de fuera) y que andaba desesperado porque su portátil no podía ni con el PDF de los apuntes. «Es que Windows 11 se lo come vivo», me decía. Y tenía razón.

Ubuntu es como quitarle una mochila de 20 kilos a un corredor de fondo. Al ser un sistema mucho más ligero y eficiente en la gestión de recursos, revive máquinas que dabas por muertas. La clave está en cómo gestiona la memoria RAM y el procesador. Mientras otros sistemas están ocupados enviando telemetría a servidores remotos o indexando archivos que nunca vas a buscar, Ubuntu se centra en lo que tú estás haciendo. Es directo, es honesto y, sobre todo, es rápido. Vaya, que es como pasar de un coche viejo que ratea en las cuestas a una bicicleta eléctrica que vuela por la calle Mayor.

¿Pero qué es exactamente Ubuntu? (Sin tecnicismos raros)

Para que nos entendamos, Ubuntu es un sistema operativo basado en Linux. Si Windows es de Microsoft y macOS es de Apple, Ubuntu es de la comunidad (aunque lo respalda una empresa llamada Canonical). Su nombre viene de una filosofía sudafricana que significa algo así como «humanidad hacia otros» o «yo soy porque nosotros somos». Suena un poco místico, lo sé, pero en el mundo del software se traduce en algo muy tangible: es gratis, es libre y está hecho por y para las personas.

Lo bueno de Ubuntu es que es la cara amable de Linux. Atrás quedaron los tiempos en los que para instalar un programa tenías que pelearte con una terminal negra llena de letras verdes como si estuvieras en Matrix. Hoy en día tienes una «Tienda de Software» que funciona igual que la de tu móvil. Buscas «Spotify», le das a instalar y listo. Sin dramas.

La filosofía del «Software Libre» en España

Aquí en España tenemos una relación curiosa con la tecnología. Nos encanta lo último, pero a veces nos cuesta salir de lo establecido. Sin embargo, comunidades autónomas como Extremadura o Andalucía fueron pioneras hace años usando versiones de Linux en los colegios. ¿Por qué? Pues porque no tiene sentido pagar licencias millonarias cuando tienes una herramienta igual de potente, o más, que es gratuita y que además fomenta que los chavales entiendan cómo funciona lo que tienen entre manos. Ubuntu es el heredero de esa mentalidad de soberanía tecnológica.

Instalación: Perdiendo el miedo al pendrive

Si te he convencido un poco y estás pensando en darle un tiento, lo primero que necesitas es un pendrive de al menos 8GB que no te importe borrar. El proceso es tan sencillo que hasta me da un poco de apuro explicarlo, pero vamos allá por si acaso. Te descargas la imagen (el archivo .iso) de la web oficial de Ubuntu, usas una herramienta como BalenaEtcher para «quemarla» en el USB y reinicias el ordenador diciéndole que arranque desde ahí.

Lo mejor de todo, y esto es algo que me encanta, es que puedes probarlo sin instalar nada. Se llama «Live Mode». El sistema se carga en la memoria RAM y puedes navegar, ver vídeos y trastear todo lo que quieras. Si te gusta, le das al icono de «Instalar» y sigues los pasos. Si no te convence, apagas, sacas el pendrive y aquí no ha pasado nada. Tu Windows seguirá ahí, intacto, como si nada hubiera ocurrido. Es una red de seguridad que ya querrían otros.

# Si te vienes arriba y quieres actualizar todo nada más empezar, 
# abre la terminal (Ctrl+Alt+T) y escribe esto. 
# Es como darle un café cargado al sistema:

sudo apt update && sudo apt upgrade -y

# No te asustes por el 'sudo', es solo para decir que mandas tú.

El escritorio GNOME: Limpio, claro y sin distracciones

Cuando entras en Ubuntu por primera vez, lo que ves es el escritorio GNOME. A diferencia de Windows, que parece que cada vez quiere meterte más cosas por los ojos, GNOME es minimalista. Tienes una barra arriba, un dock a la izquierda (que puedes mover, faltaría más) y un botón de actividades que te enseña todo lo que tienes abierto de un vistazo.

La verdad es que, una vez que te acostumbras a los gestos del ratón o del touchpad, volver a otros sistemas se hace cuesta arriba. Es una interfaz que no te estorba. Si estás escribiendo un artículo, programando o simplemente mirando fotos de las últimas fiestas de Carthagineses y Romanos, el sistema se quita de en medio para que te centres en lo tuyo. Y eso, en los tiempos que corren, es un lujo.

¿Y mis programas de siempre?

Esta es la pregunta del millón. «¿Podré seguir usando mis cosas?». La respuesta corta es: casi seguro que sí. La larga es: depende de si estás muy atado a software muy específico de Adobe o a Microsoft Office. Pero vamos a desgranarlo, que aquí hay tela que cortar.

  • Navegación: Chrome, Firefox, Brave, Edge… todos están en Ubuntu. Tu vida en la web no va a cambiar ni un ápice.
  • Ofimática: Ubuntu viene con LibreOffice, que lee y escribe archivos de Word y Excel sin despeinarse. Y si eres de los que vive en la nube, Google Docs o la versión web de Office funcionan de cine.
  • Multimedia: VLC para vídeos, Spotify para música, GIMP para retocar fotos (es como Photoshop, pero sin la suscripción mensual que te vacía la cartera).
  • Comunicación: Telegram, Discord, Slack, Zoom… todos tienen versión nativa para Linux.

Para que nos entendamos, si tu día a día consiste en navegar, gestionar correos, escribir documentos y ver alguna serie, no vas a echar de menos absolutamente nada. Al revés, vas a agradecer que el sistema no se tire diez minutos instalando actualizaciones justo cuando tienes una reunión importante.

El paraíso de los programadores (y de los que quieren aprender)

Si eres desarrollador o estás pensando en meterte en este mundillo, Ubuntu no es que sea una opción, es que es «la» opción. Casi todo el internet que consumes corre sobre servidores Linux. Programar en el mismo entorno en el que luego se va a ejecutar tu código es de primero de sensatez.

Instalar Python, Node.js, Docker o cualquier base de datos es cuestión de una línea en la terminal. Nada de instaladores extraños que te llenan el registro de basura. Además, herramientas como Visual Studio Code funcionan de maravilla. Yo mismo, cuando tengo que montar algún script para automatizar cosas del blog, agradezco mil veces estar en Ubuntu. Todo fluye. No hay fricción. Es como si el sistema operativo y tú hablarais el mismo idioma.

Un pequeño ejemplo de potencia

Imagina que quieres organizar mil fotos de un evento en el Puerto de Cartagena y quieres cambiarles el nombre a todas de golpe. En otros sistemas igual necesitas un programa de pago. Aquí, con un pequeño comando o un script de tres líneas, lo tienes hecho en un segundo. Esa es la magia de tener el control total.

Hablemos de juegos: Sí, en Linux se juega

Hace diez años, decir que ibas a jugar en Linux era motivo de mofa. Hoy, gracias a Valve y su Steam Deck (que, por si no lo sabías, usa una base de Linux), la cosa ha cambiado radicalmente. Con una herramienta llamada Proton, puedes jugar a casi cualquier juego de tu biblioteca de Steam como si estuvieras en Windows.

Ojo, que no todo es perfecto. Algunos juegos con sistemas «anti-cheat» muy agresivos (como Valorant) todavía dan guerra, pero títulos como Elden Ring, Cyberpunk 2077 o el mítico Counter-Strike van de lujo. Para un usuario medio que echa sus partidas los fines de semana, Ubuntu es más que capaz. Y lo mejor es que no tienes un proceso de «Game Bar» de Microsoft consumiendo recursos por detrás sin que sepas muy bien para qué sirve.

Privacidad: Porque tus datos son tuyos, no de una multinacional

Este es un tema que a veces pasamos por alto, pero que tiene su miga. ¿Te has fijado en la cantidad de interruptores de «privacidad» que tienes que apagar cuando instalas Windows? Y aun así, nunca estás seguro de qué están enviando. Ubuntu, por defecto, no quiere saber nada de ti. No le interesa qué buscas, qué compras o qué escribes.

En un mundo donde parece que somos el producto, usar un sistema operativo que respeta tu intimidad es casi un acto de rebeldía. Y no es solo por una cuestión ética, que también, sino por seguridad. Linux es intrínsecamente más seguro por su arquitectura de permisos. Es mucho más difícil que un virus te destroce la vida porque, para tocar algo importante del sistema, siempre te va a pedir permiso explícito. No hay «puertas traseras» abiertas por defecto.

Personalización: Hazlo tuyo de verdad

Si algo nos gusta en España es tunear las cosas. Pues Ubuntu es el sueño de cualquier amante de la personalización. ¿No te gusta la barra a la izquierda? Ponla abajo. ¿Quieres que las ventanas se muevan como si fueran gelatina? Puedes. ¿Prefieres un estilo que se parezca a macOS porque te resulta más cómodo? Hay temas para eso.

Pero no se queda solo en lo visual. Puedes personalizar el comportamiento del sistema hasta niveles absurdos. Desde cómo se gestionan las notificaciones hasta crear tus propios atajos de teclado para lanzar aplicaciones. Al final del día, tu ordenador acaba siendo una extensión de tu forma de trabajar, y no al revés.

¿Hay alguna pega? La verdad es que sí

No quiero ser el típico entusiasta que te vende la moto sin decirte que a veces pincha. Ubuntu tiene sus cosillas. A veces, si tienes un hardware muy, muy específico o muy nuevo (hablo de impresoras de hace veinte años o tarjetas gráficas recién salidas del horno que aún no tienen drivers pulidos), puede que te toque pelearte un poco con algún foro.

Y sí, la curva de aprendizaje existe. Aunque es pequeña, hay conceptos nuevos. Pero, sinceramente, si mal no recuerdo, la primera vez que usamos un smartphone también nos sentimos un poco perdidos y ahora no podemos vivir sin ellos. Es cuestión de echarle un par de tardes con curiosidad y sin miedo a romper nada (que, como te he dicho, es difícil romper algo de forma irreversible).

Ubuntu en el contexto local: El caso de Cartagena

Me gusta aterrizar estas cosas a mi tierra. Aquí en Cartagena, tenemos un ecosistema tecnológico que a veces pasa desapercibido. Entre el Navantia Training Centre, las startups que salen de la UPCT y las empresas de base tecnológica del polígono de Los Camachos, hay mucha gente usando Linux a diario.

No es raro entrar en una cafetería del centro y ver a alguien con un portátil lleno de pegatinas y una interfaz que no te suena de nada. Probablemente sea Ubuntu. Se ha convertido en la herramienta de trabajo de una generación que valora la eficiencia por encima del marketing. Y es que, cuando tienes que entregar un proyecto y el presupuesto está ajustado, no te puedes permitir que el sistema operativo sea un obstáculo.

Al final del día…

La conclusión que saco de todo esto es que nos hemos acostumbrado a lo malo conocido por pura inercia. Nos quejamos de que el ordenador va lento, de que nos espían, de que las actualizaciones nos cortan el ritmo… y sin embargo, ahí seguimos. Ubuntu es esa puerta abierta que te invita a salir a un jardín donde las cosas funcionan de otra manera.

Vaya, que no te estoy diciendo que borres todo y te lances al vacío hoy mismo. Pero sí te animo a que busques ese pendrive que tienes por ahí, descargues la ISO y lo pruebes en modo «Live». Navega un rato, mira cómo se siente el escritorio, abre un par de aplicaciones. Igual te llevas la sorpresa de que ese ordenador que ibas a jubilar todavía tiene mucha guerra que dar.

Para que nos entendamos: Ubuntu no es solo un sistema operativo, es recuperar el control sobre tu herramienta de trabajo y ocio. Y eso, en los tiempos que corren, no tiene precio. Así que, ¿te animas a darle un tiento o vas a seguir esperando a que el círculo de carga de Windows termine de dar vueltas?

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unpokitodxfavor

Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

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