trucos / mayo 13, 2026 / 10 min de lectura / 👁 30 visitas

1. El reinicio: ese viejo truco que sigue siendo mano de santo

Seguro que te ha pasado. Estás ahí, intentando terminar un informe de esos que quitan el sueño o simplemente quieres ver un vídeo en YouTube mientras te tomas un café asiático —de esos que solo sabemos preparar bien aquí en Cartagena— y, de repente, el cursor se queda congelado. El ventilador de tu torre empieza a sonar como si fuera a despegar desde la pista de San Javier y tú te quedas mirando la pantalla con una mezcla de resignación y ganas de lanzar el ratón por la ventana. No es que tu ordenador te odie, es que, como a todos, el paso del tiempo y el desorden digital le pasan factura.

La verdad es que no hace falta ser un ingeniero del MIT para devolverle la vida a un equipo que parece arrastrarse. A veces, la solución no es comprarse el último modelo de procesador que ha salido al mercado, sino entender qué demonios está pasando «bajo el capó». Vamos a ver diez trucos que, si los aplicas hoy mismo, te van a ahorrar más de un dolor de cabeza y, quién sabe, quizás te ahorren también unos cuantos euros en el servicio técnico.

Parece un chiste, el típico consejo del informático de guardia que no tiene ganas de trabajar, pero tiene una explicación técnica muy sólida. Cuando dejas el ordenador encendido durante días (o semanas, que nos conocemos), el sistema operativo va acumulando procesos «zombis», fugas de memoria y pequeños errores en los controladores que se van sumando. Es como si intentaras correr una maratón cargando con todas las bolsas de la compra de la semana; al final, te vas a cansar.

Ojo con esto: en Windows 10 y 11, darle a «Apagar» no es lo mismo que «Reiniciar». Por culpa de una función llamada Inicio Rápido, cuando apagas el PC, Windows guarda parte del estado del núcleo en el disco duro para que arranque más rápido la próxima vez. Si lo que quieres es limpiar la basura acumulada en la RAM y resetear los contadores, dale a Reiniciar. Es la única forma de asegurar que el sistema empieza de cero, fresquito, como una mañana de invierno en el Puerto.

2. Los invitados no deseados en el arranque

¿Te has fijado en la cantidad de iconos que aparecen abajo a la derecha, junto al reloj, nada más encender el PC? Spotify, Steam, Teams, la utilidad de la impresora que no usas desde 2019… Todos esos programas han decidido, por su cuenta y riesgo, que son tan importantes que deben ejecutarse en cuanto pulsas el botón de encendido. Y claro, así es normal que el ordenador tarde tres minutos en estar operativo.

Para poner orden en este caos, haz lo siguiente:

  • Pulsa Ctrl + Mayús + Esc para abrir el Administrador de tareas.
  • Vete a la pestaña de «Aplicaciones de arranque» (o «Inicio» en versiones antiguas).
  • Mira la columna que dice «Impacto de inicio». Si ves algo que pone «Alto» y no lo necesitas nada más empezar, haz clic derecho y dale a «Deshabilitar».

Tranquilo, no estás borrando el programa. Solo le estás diciendo que se espere a que tú lo abras manualmente. Tu procesador te lo agradecerá eternamente.

3. El drama de las pestañas del navegador

Aquí es donde la mayoría pecamos. Yo el primero. Tenemos la manía de abrir pestañas como si no hubiera un mañana: el correo, el periódico local, tres artículos técnicos, una receta de caldero y ese vídeo que «veré luego». El navegador (especialmente Chrome) es un devorador insaciable de memoria RAM. Cada pestaña es un proceso independiente que consume recursos.

Si no quieres cerrar las pestañas porque las necesitas, existen extensiones como Auto Tab Discard que «duermen» las pestañas que no estás usando, liberando la memoria para lo que de verdad importa. Es como si en el Arsenal de Cartagena tuvieran todos los barcos con el motor encendido por si acaso; no tiene sentido, ¿verdad? Pues con las pestañas, igual. Solo gasta combustible en la que estás navegando.

4. Limpieza de disco: más allá de la papelera

Un disco duro lleno es un disco duro lento. Especialmente si tienes un SSD (que espero que sí, luego hablamos de eso). Los sistemas operativos necesitan un «colchón» de espacio libre para gestionar archivos temporales y la memoria virtual. Si te queda menos del 10% de espacio, prepárate para los tirones.

No te limites a vaciar la papelera. Usa la herramienta nativa de Windows: escribe «Limpieza de disco» en el buscador de inicio. Pero aquí va el truco de experto: haz clic en el botón que dice «Limpiar archivos de sistema». Ahí es donde se esconden gigas y gigas de actualizaciones antiguas de Windows que ya no sirven para nada pero que ocupan un espacio precioso. He llegado a ver equipos recuperar 30 GB de golpe solo con este paso. Vaya, que es como hacer limpieza general en el trastero antes de las fiestas de Carthagineses y Romanos.

5. El modo de energía: no seas tan ahorrador

Si usas un portátil, es muy probable que Windows esté intentando ahorrar batería a toda costa, incluso cuando lo tienes enchufado a la corriente. Esto limita la velocidad del procesador para que no se caliente y no consuma. Está bien si estás en una cafetería sin enchufes, pero si estás en casa, es como intentar circular por la Autovía de La Manga con el freno de mano puesto.

Vete a Configuración > Sistema > Energía y batería y asegúrate de que el modo de energía esté en «Mejor rendimiento». Notarás que todo responde con un pelín más de brío. Eso sí, si estás tirando de batería, prepárate para que vuele, pero al menos no te desesperarás esperando a que se abra el Excel.

6. Efectos visuales: ¿belleza o velocidad?

A Microsoft le encanta poner transparencias, sombras bajo las ventanas y animaciones suaves. Queda muy bonito, sí, pero todo eso requiere ciclos de tu tarjeta gráfica y de tu procesador. Si tu equipo tiene unos años, estas «pijadas» son un lastre innecesario.

Para desactivarlo, busca «Apariencia» en el menú de inicio y selecciona «Ajustar la apariencia y rendimiento de Windows». Se abrirá una ventana que parece sacada de Windows 95. Marca la opción «Ajustar para obtener el mejor rendimiento». El sistema se verá un poco más austero, más «industrial», pero la velocidad de respuesta al abrir y cerrar ventanas será instantánea. A veces, la funcionalidad debe ir por delante de la estética.

7. El malware silencioso (y no tan silencioso)

No hablo de virus que te borran los archivos (esos ya casi no existen), sino de adware y bloatware. Esos programitas que se instalan sin que te des cuenta cuando descargas un PDF o un driver y que se dedican a rastrear lo que haces o a mostrarte publicidad. Consumen recursos en segundo plano y ralentizan la conexión a internet.

Aunque Windows Defender hace un trabajo decente, de vez en cuando conviene pasar una herramienta más específica. Yo suelo recomendar Malwarebytes (la versión gratuita es suficiente). Le das a escanear, te vas a por un café, y cuando vuelvas, probablemente haya encontrado un par de «regalitos» que estaban lastrando tu PC. Es como quitarle los caracolillos al casco de un barco; después de la limpieza, navega mucho mejor.

8. Actualizaciones: el mal necesario

Sé que da pereza. Sé que Windows siempre elige el peor momento para actualizarse. Pero tener el sistema y, sobre todo, los controladores (drivers) desactualizados es una receta para el desastre. Los fabricantes de hardware (Intel, AMD, NVIDIA) sacan actualizaciones constantemente para corregir errores de rendimiento.

Especialmente importante es el driver de la tarjeta gráfica. Si juegas o editas vídeo, un driver antiguo puede hacer que tu PC rinda a la mitad de su capacidad. No te fíes solo de Windows Update; vete a la web del fabricante de vez en cuando. Es un proceso tedioso, la verdad es que sí, pero es parte del mantenimiento básico de cualquier máquina.

Un pequeño inciso sobre el hardware

Si después de hacer todo esto el ordenador sigue yendo a pedales, quizás el problema no sea el software. Si todavía usas un disco duro mecánico (HDD) de los antiguos, los que hacen ruido de «clac-clac», da igual lo que hagas: el cuello de botella está ahí. Cambiar un HDD por un SSD es, posiblemente, la mejor inversión que puedes hacer. Es como pasar de ir en burro a ir en un AVE. Por 30 o 40 euros, un ordenador de hace siete años puede parecer nuevo.

9. La integridad de los archivos del sistema

A veces, por un apagón repentino o un error de software, algunos archivos críticos de Windows se corrompen. El sistema sigue funcionando, pero de forma errática y lenta. Hay un comando «mágico» que muy poca gente usa y que soluciona muchísimos problemas de estabilidad.

Abre el buscador, escribe cmd, haz clic derecho y selecciona «Ejecutar como administrador». En la consola negra que aparece, escribe esto y pulsa Enter:

sfc /scannow

Windows se pondrá a revisar todos sus archivos vitales y, si encuentra alguno dañado, lo sustituirá automáticamente por una copia sana. Es un proceso que tarda unos minutos, pero es extremadamente efectivo para arreglar esos fallos raros que no sabes de dónde vienen.

10. La opción nuclear: restablecer el sistema

Si has probado todo lo anterior y tu ordenador sigue teniendo el carisma de una piedra y la velocidad de un caracol con reúma, quizás ha llegado el momento de empezar de cero. Antiguamente, formatear era una odisea: buscar los CDs de instalación, los números de serie, los drivers… Un lío.

Hoy en día, Windows tiene la opción de «Restablecer este PC». Te permite reinstalar el sistema operativo manteniendo tus archivos personales (aunque siempre, siempre, haz copia de seguridad antes, por lo que pueda pasar). Es la forma más radical de eliminar años de basura acumulada, registros corruptos y configuraciones mal hechas. Al terminar, tendrás el ordenador tal y como salió de la tienda. Es una sensación de alivio parecida a cuando por fin terminan las obras en la calle Mayor y puedes pasear tranquilo.

¿Por qué se ralentizan realmente los ordenadores?

Para entender por qué estos trucos funcionan, hay que entender un poco cómo piensa la máquina. No es que los componentes se cansen físicamente (bueno, los ventiladores y los discos mecánicos sí), sino que el software moderno es cada vez más pesado. Los desarrolladores de hoy en día asumen que todo el mundo tiene equipos potentes y no se molestan tanto en optimizar el código como se hacía en los años 80 o 90.

En aquellos tiempos, cuando programar para un Spectrum o un Commodore era un arte de orfebrería, cada byte contaba. Hoy, una simple aplicación de chat puede consumir más memoria que todo el sistema operativo de hace quince años. Por eso, el mantenimiento preventivo es más importante que nunca. No es solo cuestión de velocidad, es cuestión de salud mental. No hay nada que queme más que una herramienta que no responde cuando la necesitas.

Además, hay un factor que solemos olvidar: el calor. En ciudades como Cartagena, donde el verano aprieta de lo lindo, el hardware sufre. Si los componentes internos alcanzan temperaturas muy altas, el sistema reduce automáticamente su velocidad para no quemarse (esto se llama thermal throttling). Así que, además de todos estos trucos de software, no vendría mal que le pasaras un poco de aire comprimido a las rejillas de ventilación de vez en cuando. Quitarle el polvo es tan importante como quitarle los virus.

Al final del día, un ordenador es como un coche o como una casa: si no barres de vez en cuando y no cambias el aceite, acabará dándote problemas. No hace falta obsesionarse, pero dedicarle diez minutos al mes a revisar qué se está ejecutando y a limpiar cuatro archivos temporales marcará la diferencia entre un equipo que te ayuda a trabajar y uno que se convierte en tu peor enemigo.

Espero que estos consejos te sirvan para que tu PC deje de quejarse tanto. Y si nada de esto funciona… bueno, siempre puedes usarlo de pisapapeles y venirte a dar una vuelta por el Teatro Romano, que allí las cosas van despacio, pero porque tienen dos mil años de historia, no porque les falte RAM.

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unpokitodxfavor

Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

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