Seguro que te ha pasado. Tienes un documento urgentísimo que imprimir, de esos que si no entregas hoy parece que se acaba el mundo, y de repente la impresora decide que no le apetece trabajar. Es un clásico. En el mundillo de la informática solemos decir que las impresoras son el último reducto de la tecnología analógica que se resiste a morir con dignidad. Pero, dentro de este caos de cables y tóner, hay una marca que se ha ganado el respeto de muchos: Brother. Son como los Seat de las impresoras; no son los más lujosos, pero aguantan lo que les eches.
La verdad es que, comparadas con otras marcas que parecen diseñadas para que te compres una nueva cada dos años, las Brother son auténticos tanques. Sin embargo, incluso el mejor tanque necesita que alguien le diga por dónde ir. Ahí es donde entran los controladores o drivers. Si acabas de sacar una de la caja o si, como le pasó hace poco a un usuario en la comunidad de Ubuntu MATE, te has peleado con el sistema para que la reconozca, este texto es para ti. Vamos a ver cómo domar a estas máquinas sin perder la salud mental en el intento.
¿Qué es exactamente un controlador y por qué nos complica la vida?
Para que nos entendamos, el controlador es el traductor. Tu ordenador habla un idioma (ya sea Windows, macOS o Linux) y la impresora habla otro totalmente distinto, uno lleno de coordenadas de inyección de tinta y movimientos de rodillos. Sin el driver, tu PC le envía un PDF y la impresora se queda mirando el archivo como si le estuvieras hablando en arameo.
A veces, el sistema operativo es listo y tiene un traductor genérico a mano. Esto es lo que llamamos «Plug and Play». Pero, ojo con esto, porque el traductor genérico suele ser bastante básico. Es como si vas a un restaurante en el Puerto de Cartagena y pides un caldero, pero el camarero solo entiende «arroz con cosas». Te va a dar de comer, sí, pero no será la experiencia completa. Con los controladores genéricos te pierdes el escaneo a doble cara, el ahorro de tóner o la gestión fina del color. Por eso, siempre es mejor instalar el software específico del fabricante.
El escenario Linux: El reto de Ubuntu y sus derivados
Si eres de los que usa Linux, ya sea por convicción ética o porque te gusta trastear, sabrás que las impresoras han sido históricamente un dolor de muelas. Pero las cosas han cambiado mucho. En los foros de Ubuntu MATE, por ejemplo, es habitual ver a gente preguntando cómo echar a andar su Brother. Y es que, aunque Brother es de las marcas que mejor soporta Linux, a veces hay que mancharse un poco las manos con la terminal.
La verdad es que Brother tiene una herramienta que es una maravilla oculta: el Driver Install Tool. Es un script que te descargas, le das permisos de ejecución y él solito se encarga de buscar los paquetes necesarios, configurar el CUPS (el sistema de impresión de Linux) y dejarlo todo listo. No hace falta ser un ingeniero del MIT para usarlo, pero sí hay que saber dónde tocar.
Pasos para instalar en Linux (sin morir en el intento)
Si estás en una distribución basada en Debian o Ubuntu, el proceso suele ser este. Primero, te vas a la web de soporte de Brother. Buscas tu modelo (por ejemplo, la mítica HL-L2350DW que está en media España) y seleccionas Linux como sistema operativo. Verás que te ofrece un archivo llamado algo así como linux-brprinter-installer.
- Descarga el script: Suele venir comprimido en un .gz.
- Abre la terminal: No te asustes, la terminal es tu amiga. Es como el timón de un barco; impone al principio, pero te da el control total.
- Descomprime y ejecuta: Usas el comando
gunzipy luego lo lanzas consudo bash. - Sigue las instrucciones: Te preguntará el modelo exacto y si la impresora está conectada por USB o por red.
Un detalle que a veces se nos escapa: si la impresora es por red, necesitas saber su dirección IP. Si no la sabes, puedes imprimir una página de configuración desde el propio menú de la impresora. Es ese papel que sale lleno de números y que normalmente tiramos a la basura, pero que hoy es nuestro mapa del tesoro.
Windows y el «Siguiente, Siguiente, Siguiente»
En Windows la cosa parece más fácil, pero tiene su trampa. Microsoft tiene la manía de intentar instalarte sus propios drivers a través de Windows Update. A veces funcionan, pero otras veces dejan la impresora en un estado de «limbo» donde imprime cuando quiere.
Mi recomendación personal, después de años peleándome con equipos en oficinas, es que pases de lo que te diga Windows al principio. Ve directo a la web oficial de Brother España. Descarga el «Paquete completo de controladores y software». ¿Por qué el completo? Porque incluye utilidades de diagnóstico que te salvarán la vida cuando la impresora diga que «está desconectada» estando el cable puesto delante de tus narices.
Vaya, que instalar el software oficial también te instala el monitor de estado. Ese pequeño icono que te avisa de que te queda poco tóner. Y sí, sabemos que el aviso de «tóner bajo» de Brother es un poco pesimista y que aún puedes imprimir 200 páginas más si agitas el cartucho como si estuvieras preparando un combinado en una terraza de Cala Cortina, pero es mejor tener la información.
El problema de la red: ¿Por qué mi impresora desaparece?
Este es el gran drama de la era moderna. Tienes la impresora conectada por Wi-Fi, todo funciona de maravilla durante una semana, y de repente, un lunes por la mañana, el ordenador dice que no la encuentra. ¿Qué ha pasado? Pues que tu router, en su infinita sabiduría, le ha cambiado la dirección IP a la impresora.
Para evitar esto, lo ideal es asignar una IP estática. Es como decirle al cartero que, pase lo que pase, tu casa siempre es la misma. Puedes hacerlo desde la configuración del router o desde el propio panel de la impresora Brother. Si le asignas una dirección fija (por ejemplo, 192.168.1.50), el controlador que instalaste en tu PC siempre sabrá dónde llamar a la puerta. Si no haces esto, es como intentar quedar con alguien en las fiestas de Carthagineses y Romanos sin decir en qué campamento estás; una misión imposible.
Configuración manual de puertos en Windows
Si ya has instalado el driver y la impresora ha dejado de responder por un cambio de IP, no hace falta que desinstales todo. Puedes ir a «Propiedades de la impresora», pestaña «Puertos» y darle a «Configurar puerto». Ahí le pones la nueva IP y, mágicamente, volverá a la vida. Es un truco de viejo informático que ahorra muchísimos cafés y frustraciones.
¿Y qué pasa con el escáner?
Mucha gente instala el driver de impresión y se olvida del escáner. En las Brother multifunción, el escáner suele ir por un camino distinto. En Windows, el paquete completo suele solucionarlo, pero en Linux necesitas instalar los paquetes brscan.
Hay varias versiones (brscan2, brscan3, brscan4, brscan5) dependiendo de la antigüedad de tu máquina. Es un poco lío, la verdad. Si tu impresora es moderna, lo más probable es que necesites el 5. Una vez instalado, si usas una herramienta como «Simple Scan» o «XSane», verás que la máquina aparece ahí, lista para digitalizar tus facturas o las fotos antiguas que encontraste en el desván de la abuela.
Una pequeña digresión histórica: Brother y la durabilidad
Me resulta curioso cómo Brother ha mantenido su filosofía. Mientras otras marcas se pasaron al modelo de «regalar la impresora y cobrarte el alma por la tinta», Brother siempre ha sido un poco más honesta. Sus tambores y tóneres suelen ir por separado, lo que a la larga sale más barato.
En Cartagena, donde la humedad del mar a veces hace estragos en los componentes electrónicos, he visto impresoras Brother de hace quince años seguir funcionando como el primer día. Son como los edificios de la calle Mayor; han visto pasar de todo y ahí siguen, impertérritos. Esa robustez es la que hace que valga la pena perder veinte minutos configurando bien los controladores.
Consejos para un mantenimiento sin dramas
Ya que te has tomado la molestia de instalar los controladores correctamente, no dejes que la máquina se eche a perder. Aquí van unos consejos de barra de bar, de esos que se aprenden a base de errores:
- No la apagues del todo: Las impresoras Brother tienen ciclos de autolimpieza. Si la dejas en modo espera (consumen poquísimo), ella sola se encarga de que los cabezales no se sequen. Si la desenchufas cada noche, cuando quieras usarla gastará más tinta limpiándose que imprimiendo.
- Cuidado con los compatibles: No te voy a decir que no uses tóner de marca blanca, porque están los tiempos como para tirar el dinero. Pero ojo, busca uno de calidad. Un tóner malo puede soltar polvo dentro de la máquina y eso es como meter arena de la playa de San Ginés en un motor de precisión.
- Actualiza el firmware (con precaución): A veces la propia impresora te pide actualizarse. Hazlo si tienes problemas de conexión Wi-Fi, pero ten en cuenta que a veces estas actualizaciones sirven para que la máquina deje de reconocer cartuchos no oficiales. Tú decides si te arriesgas.
La terminal no muerde: Un ejemplo práctico para valientes
Para los que os habéis quedado con la copla de Linux y queréis ver cómo es el proceso real, aquí os dejo un ejemplo de lo que veríais en la pantalla. Imagina que tienes el archivo descargado en la carpeta Descargas.
cd ~/Descargas gunzip linux-brprinter-installer-*.gz sudo bash linux-brprinter-installer-2.2.3-1 MFC-L2710DW
En ese momento, el script empezará a hablarte. Te pedirá que aceptes la licencia (pulsa ‘y’ de yes) y luego te preguntará por la «Device URI». Si la tienes por red, elige la opción que dice algo de «IP Address» y escríbela. Es un proceso casi hipnótico. Verás pasar líneas de código y, al final, te preguntará si quieres imprimir una página de prueba. Di que sí. No hay nada más satisfactorio que oír el rodillo de la impresora empezar a girar después de haber tecleado unos comandos. Es una pequeña victoria del hombre sobre la máquina.
¿Qué hacer si nada funciona?
A veces, por mucho que sigas los tutoriales, la cosa se tuerce. Puede ser un cable USB defectuoso (pasa más de lo que crees), un firewall que está bloqueando la comunicación o que, simplemente, el servicio de impresión de tu ordenador se ha quedado colgado.
En Windows, un truco rápido es abrir el administrador de tareas, buscar «spooler.exe» o «Cola de impresión», detenerlo y volverlo a iniciar. Es el equivalente informático a darle un golpe suave a la tele vieja para que se vea bien. En Linux, un sudo systemctl restart cups suele hacer la misma magia.
Y si ya nada de eso funciona, pues oye, quizás es el momento de llamar a ese amigo que «sabe de ordenadores» y pagarle con unas marineras y unas cañas. Al final del día, la tecnología está para servirnos a nosotros, y no al revés. No dejes que un trozo de plástico con cables te amargue la tarde.
Para ir cerrando el chiringuito
La conclusión que saco de todo esto es que, aunque las impresoras Brother son máquinas nobles, requieren un poco de cariño inicial. Ya sea que estés en Madrid, en Barcelona o aquí en mi querida Cartagena, los problemas tecnológicos son universales. La clave está en no desesperar y en buscar siempre el controlador oficial.
Instalar estos drivers no es una tarea «apasionante» (vaya, ya he usado la palabra prohibida, pero es que a veces no hay otra forma de describir el tedio), pero es necesaria. Una vez que lo tengas configurado, te olvidarás de que la impresora existe, y eso es precisamente lo que queremos de una herramienta: que funcione cuando la necesitamos y que no dé la lata el resto del tiempo.
Así que ya sabes, busca tu modelo, descarga el paquete adecuado y, si usas Linux, no le tengas miedo a la terminal. Al final, es solo software. Y si la impresora se pone tonta, siempre puedes contarle tus penas a un buen café asiático mientras esperas a que termine de imprimir ese informe de cincuenta páginas. ¡Suerte con la instalación!
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