Seguro que te ha pasado alguna vez: estás intentando resucitar un portátil viejo que tienes por casa, o quizás un amigo te ha pedido ayuda porque su Windows ha decidido entrar en un bucle infinito de actualizaciones, y te das cuenta de que no tienes a mano una herramienta decente para meterle mano al asunto. La verdad es que, en el mundillo del soporte técnico y el cacharreo digital, tener un pendrive bien preparado es como llevar una navaja suiza en el bolsillo, pero de las buenas, de las que no se doblan al primer intento. Hoy vamos a hablar de una combinación que me tiene bastante convencido: un USB de 64 GB (o incluso 128 GB si nos ponemos exquisitos) cargado con Linux Mint 22.1 Xia Multiboot.
Y es que, para qué nos vamos a engañar, Linux Mint se ha convertido en ese «lugar seguro» para los que venimos de otros sistemas. No es solo que funcione bien, es que no te da dolores de cabeza. Si a eso le sumas la posibilidad de tener tres entornos de escritorio distintos en un solo pincho, la cosa se pone interesante. Vamos a desgranar por qué esta configuración, que he estado probando estos días entre café y café, es probablemente lo mejor que puedes llevar encima si te mueves por el ecosistema tecnológico español, ya sea en una oficina en Madrid o en una terraza en Cartagena disfrutando de un asiático.
Antes de meternos en el barro del software, hablemos del «hierro». He estado trasteando con el pendrive de Xiaomi de 128 GB, ese que tiene un diseño metálico bastante resultón. Ojo con esto, porque no es solo estética. Lo que realmente marca la diferencia es que es dual: tiene USB-A y USB-C. Esto, hoy en día, es la vida. ¿Tienes que arreglar el PC de sobremesa de tu tío que tiene diez años? Usas el lado A. ¿Te toca lidiar con un MacBook moderno o un portátil ultrafino de esos que solo traen puertos pequeños? Le das la vuelta y listo.
La construcción metálica ayuda a disipar el calor, algo que se agradece cuando estás instalando un sistema operativo completo, que ya sabemos que los pendrives de plástico baratos acaban ardiendo y bajando la velocidad de transferencia a niveles de los años 90. Además, el tamaño es ridículamente pequeño. Si mal no recuerdo, es casi del tamaño de una moneda de dos euros, lo que significa que lo puedes llevar en el llavero sin que parezca que llevas las llaves de un castillo medieval.
- Versatilidad: Conexión directa a móviles Android para pasar archivos o incluso arrancar herramientas de diagnóstico.
- Durabilidad: El cuerpo de metal aguanta el trote diario en la mochila.
- Capacidad: Con 64 GB vas bien, pero con 128 GB te sobra espacio para meter una partición de datos y llevar tus documentos siempre encima.
Linux Mint 22.1 «Xia»: La madurez hecha sistema operativo
Hablemos de «Xia». Linux Mint siempre ha tenido esa manía (que a mí me encanta) de poner nombres de mujer a sus versiones siguiendo el orden alfabético. La versión 22.1, basada en el sólido cimiento de Ubuntu 24.04 LTS, es una roca. Lo que más me gusta de Mint, y esto es una opinión muy personal, es que no intenta reinventar la rueda cada seis meses. Si sabes usar un ordenador, sabes usar Mint.
En España, donde todavía hay muchísimas PYMES y usuarios domésticos que se resisten a los cambios bruscos de interfaz de Windows 11, Mint entra como un guante. Es familiar. Tienes tu menú de inicio, tu barra de tareas, tus iconos de escritorio… todo donde esperas que esté. Pero no te equivoques, por debajo es un sistema moderno con el Kernel 6.8 (o superior, según las actualizaciones), lo que significa que reconoce el hardware más reciente sin despeinarse.
Además, la gente de Mint tiene una política muy sana con el tema de los «Snaps». Para que nos entendamos: mientras que Ubuntu te intenta meter su sistema de paquetes por los ojos, Mint te da la libertad de elegir. Viene con Flatpak activado por defecto, que para el usuario medio es una bendición porque permite tener aplicaciones actualizadas (como Spotify, Discord o LibreOffice) sin romper nada del sistema base.
La magia del Multiboot: Cinnamon, MATE y Xfce
Aquí es donde la cosa se pone técnica pero divertida. ¿Por qué conformarse con un solo escritorio cuando puedes tener los tres? El concepto de «Xia Multiboot» que proponen sitios como Nordicesim es brillante por su practicidad. Dependiendo del ordenador que tengas delante, vas a necesitar una cosa u otra.
Cinnamon: El buque insignia
Es el escritorio por defecto de Mint. Es elegante, moderno y tiene unos efectos visuales que, sin ser una feria, quedan muy bien. Si el ordenador tiene menos de 5 o 6 años y al menos 8 GB de RAM, Cinnamon es la opción ganadora. La gestión de ventanas es impecable y las «Applets» del panel te permiten tener todo controlado, desde la temperatura de la CPU hasta el reproductor de música.
MATE: El equilibrio clásico
MATE es el heredero espiritual de GNOME 2. Es ideal para esos equipos que ya tienen unos años pero que todavía quieren dar guerra. Consume menos recursos que Cinnamon pero mantiene una capacidad de personalización brutal. Yo suelo usarlo mucho cuando tengo que trabajar en entornos de servidores o máquinas virtuales porque es directo y no gasta ni un mega de RAM de más de forma innecesaria.
Xfce: El salvavidas para equipos antiguos
Vaya, que si tienes un portátil de esos que daban con los periódicos hace una década, Xfce es tu mejor amigo. Es ligero como una pluma. No esperes grandes animaciones ni transparencias locas, pero a cambio tendrás un sistema que responde al instante. Es la diferencia entre tirar un ordenador a la basura o darle otros tres años de vida para navegar por internet y escribir cuatro documentos.
¿Cómo se monta este tinglado? (Tutorial rápido)
Si no quieres comprar el USB ya preparado y prefieres mancharte las manos de código (metafóricamente), el proceso no es tan fiero como lo pintan. La herramienta clave aquí se llama Ventoy. Olvídate de andar quemando ISOs una por una y borrando el pendrive cada vez que quieres probar algo nuevo.
- Descarga Ventoy: Lo instalas en tu pendrive Xiaomi. Esto creará dos particiones: una pequeña para el arranque y otra grande para tus cosas.
- Copia las ISOs: Simplemente arrastras los archivos .iso de Linux Mint 22.1 (Cinnamon, MATE y Xfce) a la partición grande del USB. Así de fácil. Sin programas raros.
- Añade persistencia: Esto es vital. Si quieres que los cambios que hagas (instalar un programa, guardar un WiFi) se mantengan al apagar, necesitas crear un archivo de persistencia. Ventoy tiene un plugin para esto, aunque reconozco que configurarlo la primera vez puede ser un poco «triquiñuelo».
Una vez hecho esto, al arrancar el PC desde el USB, te saldrá un menú muy apañado donde eliges qué sabor de Mint quieres probar. Es, sinceramente, una maravilla tecnológica que nos ahorra horas de trabajo.
Casos de uso reales: De la oficina al rescate familiar
Me gusta aterrizar estas cosas con ejemplos de aquí. Imagínate que estás en una oficina en el centro de Valencia. El ordenador principal de recepción, que todavía corre un Windows 7 que da miedo verlo, se queda frito. Metes tu USB con Mint Xfce, arrancas en modo «Live» y, ¡tachán!, tienes acceso a todos los archivos del disco duro para hacer una copia de seguridad antes de que el disco muera del todo. Incluso puedes imprimir ese documento urgente que se había quedado a medias.
O pongamos que eres un estudiante en la UPCT de Cartagena. Tienes que hacer una práctica de programación y no quieres ensuciar tu sistema principal con mil librerías de Python o bases de datos que luego no vas a usar. Arrancas tu Mint desde el USB, haces tu práctica, guardas los cambios en la partición persistente y, cuando terminas, sacas el pendrive y tu ordenador vuelve a estar impoluto. Es como tener un laboratorio portátil.
Y no nos olvidemos del «cuñadismo tecnológico». Ese momento en el que vas a comer a casa de tus padres y te dicen: «Hijo, el ordenador va muy lento». En lugar de pasarte tres horas pasando antivirus, les instalas Linux Mint MATE. Les explicas que el icono de la «L» es el menú de inicio y que el Firefox es el mismo de siempre. Al final del día, te habrás ahorrado diez llamadas de teléfono en los próximos meses porque Linux no se degrada con el tiempo como otros sistemas.
Configuración y retoques: El toque maestro
Una vez que tienes tu Mint arrancado desde el USB, hay un par de cosas que yo siempre hago para que la experiencia sea de diez. La verdad es que los ajustes por defecto son buenos, pero siempre se puede mejorar.
Lo primero es el tema de los controladores. Mint tiene una herramienta llamada «Administrador de controladores» que es gloria bendita. La abres y, si tienes una tarjeta gráfica NVIDIA o un chip WiFi rebelde (de esos de Broadcom que tanto nos gustan), el sistema te los busca y los instala con un clic. Nada de pelearse con la terminal durante horas.
Luego está el tema de los repositorios. Si estás en España, asegúrate de cambiar los espejos de descarga a unos locales. El de la Universidad de Zaragoza o el de RedIRIS suelen volar. Para hacerlo, solo tienes que ir a «Orígenes de software» y elegir el que te dé más velocidad. Parece una tontería, pero pasar de descargar a 200 KB/s a hacerlo a 10 MB/s te cambia la tarde.
# Un pequeño truco para acelerar las actualizaciones en la terminal sudo apt update && sudo apt upgrade -y
Este comando es el pan de cada día. Si lo ejecutas nada más arrancar, te aseguras de que todos los parches de seguridad de «Xia» estén al día. Y sí, aunque estés en un USB, si tienes persistencia, estas actualizaciones se quedan guardadas.
¿Por qué 64 GB y no menos?
Alguien podría pensar que con un pendrive de 16 GB va sobrado. Y técnicamente, sí, una ISO de Mint ocupa unos 3 GB. Pero la realidad es otra. Cuando empiezas a sumar la versión Cinnamon, la MATE y la Xfce, ya te has comido 10 GB. Si a eso le sumas un archivo de persistencia de unos 10-15 GB para poder instalar programas pesados (como un GIMP o un VS Code), ya estás en el límite.
Los 64 GB te dan ese «aire» necesario para que el sistema de archivos no sufra. Además, te permite crear una partición adicional en formato ExFAT que sea visible tanto para Linux como para Windows y Android. Así, tu USB multiboot también sirve para llevar las fotos de las vacaciones o los PDF del trabajo. Es aprovechar el espacio con cabeza, vaya.
La importancia de la comunidad y el soporte
Algo que a veces olvidamos es que detrás de Linux Mint hay una comunidad enorme. Y en español es especialmente activa. Si te encuentras con un problema raro arrancando en un portátil específico, lo más probable es que alguien en un foro ya lo haya solucionado. Esa es la verdadera fuerza de este sistema.
En el caso de la versión 22.1 Xia, se nota que han puesto mucho cariño en los detalles. Los nuevos fondos de escritorio son preciosos (algunos parecen sacados de una excursión por Sierra Nevada), y el tema visual «Mint-L» ha sido refinado para que los contrastes sean mejores. Son pequeñas cosas que hacen que pasar ocho horas delante de la pantalla no sea una tortura para los ojos.
Reflexiones sobre la soberanía tecnológica
Para que nos entendamos, usar este tipo de herramientas también tiene un punto de rebeldía. En un mundo donde parece que alquilamos nuestro sistema operativo (con suscripciones, cuentas en la nube obligatorias y telemetría que espía hasta cuándo parpadeas), tener un USB con Linux Mint es recuperar un poco de control. Es tu sistema, tus reglas, y funciona sin necesidad de estar conectado a internet o de tener una cuenta de Microsoft.
En España, cada vez más administraciones públicas y centros educativos se están dando cuenta de esto. No es solo por ahorrar en licencias, que también, sino por la seguridad de saber qué está pasando dentro de tu ordenador. Y tener esa capacidad en un pendrive Xiaomi que cabe en el bolsillo pequeño de los vaqueros, pues qué quieres que te diga, me parece un avance brutal.
Al final del día…
La conclusión que saco de todo esto es que no hace falta ser un gurú de la informática para beneficiarse de una configuración así. Ya sea porque te gusta el diseño metálico y práctico del hardware de Xiaomi, o porque confías en la estabilidad legendaria de Linux Mint, este combo es un acierto seguro.
Si tienes un rato este fin de semana, te animo a que te prepares uno. No hace falta que borres tu Windows si no quieres, simplemente juega con el modo Live, explora los tres escritorios y mira cuál te encaja mejor. Quizás descubras que ese portátil que dabas por perdido todavía tiene mucha guerra que dar. Y si te lías con la configuración, pues nada, otro café y a seguir probando, que así es como se aprende de verdad en este mundillo.
Vaya, que al final se trata de tener herramientas que nos hagan la vida más fácil y no al revés. Y este USB con Linux Mint 22.1 Xia es, sin duda, una de esas herramientas que, una vez que la tienes, te preguntas cómo habías podido vivir sin ella tanto tiempo. ¡A cacharrear se ha dicho!
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