A veces me pregunto, mientras espero a que el semáforo de la Plaza de España aquí en Cartagena se ponga en verde, si somos realmente conscientes de la maquinaria burocrática y técnica que hay detrás de ese simple gesto de pisar el acelerador. No hablo solo de la DGT, que ya nos tiene bien vigilados con sus radares en la autovía de Murcia, sino de cómo se gestiona esto en otros rincones del mundo. Hoy me he puesto a cotillear lo que andan haciendo en la Agencia Nacional de Tránsito y Seguridad Vial (ANTSV) de Paraguay. Y ojo, que aunque nos pillen a unos cuantos miles de kilómetros, los problemas del asfalto son universales, como el café mal hecho o los baches que aparecen después de una gota fría.
La verdad es que la seguridad vial no es solo poner multas o pintar rayas en el suelo. Es un engranaje complejo que mezcla tecnología, psicología de masas y una paciencia infinita para formar a conductores que, admitámoslo, a veces parecemos haber sacado el carné en una tómbola. La ANTSV está metida ahora mismo en una vorágine de verificaciones y capacitaciones que me han recordado mucho a los procesos de modernización que vivimos aquí hace unos años. Vamos a desgranar qué se traen entre manos, porque hay tela que cortar.
Uno de los puntos que más me ha llamado la atención es la reciente verificación técnica que han hecho en la Municipalidad de San Lorenzo. No es un tema menor. Resulta que para renovar el Centro de Impresión municipal, no basta con comprar una impresora de tarjetas y ponerse a repartir carnés como si fueran cromos de la Liga. La ANTSV se ha puesto seria con los estándares de calidad.
Imagínate el percal: un centro de impresión de licencias de conducir es, en esencia, una pequeña fábrica de documentos oficiales que deben ser infalsificables. En San Lorenzo, los técnicos han estado revisando desde la conectividad de los sistemas hasta la seguridad física del local. Y es que, si mal no recuerdo, la unificación de los criterios para las licencias es uno de los grandes caballos de batalla de cualquier agencia de tránsito. Aquí en España, estamos acostumbrados a que nuestro carné sea válido en toda la Unión Europea, pero llegar a ese nivel de estandarización requiere que cada municipio, por pequeño que sea, cumpla a rajatabla con unos protocolos técnicos que a veces son un auténtico dolor de cabeza para los funcionarios locales.
La inspección en San Lorenzo busca asegurar que el ciudadano no solo reciba un trozo de plástico, sino un documento que esté respaldado por una base de datos sólida y procesos que eviten el fraude. Vaya, que lo que buscan es que no haya «atajos» para conseguir el permiso. Me recuerda un poco a cuando se digitalizaron los archivos de Tráfico en la Región de Murcia; fue un proceso lento, tedioso, pero absolutamente necesario para que el sistema no colapsara.
Villa Hayes: Verificación in situ y el factor humano
Pero no todo es tecnología de impresión. A principios de mayo, la ANTSV se desplazó a Villa Hayes. Allí la cosa fue más de «botas sobre el terreno». Realizaron una jornada de capacitación y verificación in situ. ¿Qué significa esto en el lenguaje de la calle? Pues que se sentaron con los responsables locales para ver cómo están aplicando las leyes de tránsito en el día a día.
La Dirección Nacional de Licencias de Conducir y Antecedentes de Tránsito no fue allí solo a mirar papeles. Hubo una jornada de capacitación intensiva. Y es que, seamos sinceros, las leyes cambian, los reglamentos se actualizan y, a menudo, el personal de los ayuntamientos está tan desbordado que no tiene tiempo de leerse el último boletín oficial. Esta cercanía de la Agencia Nacional con los municipios es vital. Es como si la central de la DGT mandara a sus mejores técnicos a un pueblo de la Sierra de Espuña para explicarles cómo gestionar mejor los puntos del carné o las nuevas normativas de patinetes eléctricos.
Lo que me gusta de este enfoque es que no es puramente punitivo. No van a pillar, van a enseñar. La seguridad vial empieza en la ventanilla donde pides el carné y termina en el asfalto, y si el que te atiende no tiene claros los requisitos, el sistema se agrieta por la base.
Seguridad vial en el entorno corporativo: Navemar y Prosegur
Aquí entramos en un terreno que me toca de cerca por mi interés en la logística y la tecnología. La ANTSV ha estado impartiendo charlas a empleados de empresas privadas, concretamente a Navemar S.A. y Prosegur Alarms. Esto es oro puro. A menudo pensamos que la seguridad vial es cosa de particulares yendo al súper o de vacaciones, pero el volumen de kilómetros que hacen los profesionales es donde realmente se la juega un país.
En el caso de Navemar, una empresa vinculada al sector naviero y logístico, la charla se centró en concienciar a los funcionarios sobre los riesgos del tráfico. Pensadlo un momento: alguien que trabaja en logística está sometido a una presión constante por los tiempos de entrega. Esa prisa es la enemiga número uno de la seguridad. Que la agencia estatal se meta en las oficinas de una empresa privada para decirles «oye, que llegar cinco minutos tarde es mejor que no llegar» es un paso de gigante.
Con Prosegur Alarms pasó algo similar. Los técnicos de la ANTSV capacitaron a sus funcionarios. Prosegur, que tiene flotas de vehículos moviéndose constantemente por las ciudades para atender avisos, es un actor clave en la movilidad urbana. Si sus conductores son ejemplares, el efecto contagio en el tráfico es real. Es como cuando ves a un conductor de Alsa o de los autobuses urbanos de Cartagena conducir con una suavidad impecable; sin darte cuenta, tú también levantas un poco el pie del acelerador.
Estas intervenciones en empresas me parecen una estrategia brillantísima. En España, muchas mutuas de trabajo ya hacen cosas parecidas, pero que sea la propia Agencia Nacional de Tránsito la que lidere estas charlas le da un peso institucional que cala más hondo en el trabajador. No es solo «prevención de riesgos laborales», es responsabilidad civil pura y dura.
Valenzuela: Educando a los conductores del futuro
Si hay algo que me toca la fibra es la educación en los colegios. La ANTSV estuvo en Valenzuela dando charlas a estudiantes de varios centros educativos. Y aquí es donde se gana la guerra contra los accidentes de tráfico, no en los controles de alcoholemia (que también), sino en las aulas.
Los chavales de Valenzuela recibieron formación sobre señales de tránsito, comportamiento como peatones y, lo más importante, respeto. A esa edad, los niños son como esponjas y, además, son los mejores «policías» para sus padres. ¿Quién no ha escuchado a un hijo decir: «Papá, no corras tanto» o «Mamá, ponte el cinturón»?
La verdad es que estas charlas suelen ser muy dinámicas. No es un señor leyendo un código de circulación infumable, sino técnicos que explican con ejemplos reales por qué no hay que cruzar mirando el móvil o por qué el casco en la moto no es un adorno para el codo. En Cartagena, recuerdo que la Policía Local solía montar circuitos de karts para niños en el Parque de Seguridad. Esas experiencias se te quedan grabadas a fuego. Ver que en Paraguay están apostando por lo mismo en localidades como Valenzuela me da esperanza de que la próxima generación de conductores sea mucho más sensata que la nuestra.
¿Y qué tiene que ver la Inteligencia Artificial en todo esto?
Como sabéis que me pierde un buen algoritmo, no puedo evitar pensar en cómo la IA podría potenciar todo este trabajo que está haciendo la ANTSV. Imaginad por un momento que todas esas verificaciones técnicas en San Lorenzo o Villa Hayes estuvieran monitorizadas por un sistema de visión artificial.
Podríamos tener sistemas que analicen en tiempo real los puntos negros de las ciudades paraguayas, cruzando datos de accidentes con el estado del asfalto o la iluminación. O mejor aún, asistentes virtuales entrenados con toda la normativa de la ANTSV para que cualquier ciudadano pueda resolver dudas sobre su licencia por WhatsApp en dos segundos, sin tener que hacer colas interminables.
Incluso en las capacitaciones a empresas como Prosegur, se podrían usar simuladores de conducción con IA que generen situaciones de riesgo personalizadas según el historial de conducción del empleado. La tecnología está ahí, y agencias como la ANTSV son el caldo de cultivo ideal para implementarlas. Al final del día, la IA no es más que una herramienta para amplificar el impacto de lo que ya están haciendo bien de forma manual.
Por ejemplo, un pequeño script en Python (perdonad la digresión técnica, pero es que me sale solo) podría ayudar a la Agencia a clasificar las infracciones más comunes en cada municipio para enviar refuerzos de capacitación de forma quirúrgica:
# Un ejemplo tonto de cómo segmentar datos de tráfico
import pandas as pd
# Supongamos que tenemos datos de infracciones de Villa Hayes y San Lorenzo
data = {
'municipio': ['San Lorenzo', 'Villa Hayes', 'San Lorenzo', 'Valenzuela'],
'tipo_infraccion': ['Exceso velocidad', 'Falta de casco', 'Licencia caducada', 'Giro prohibido'],
'gravedad': [3, 5, 2, 4]
}
df = pd.DataFrame(data)
# Agrupamos para ver dónde hay que dar más charlas de seguridad
resumen = df.groupby('municipio')['gravedad'].mean().sort_values(ascending=False)
print(f"Prioridad de intervención: n{resumen}")
Vaya, que con cuatro líneas de código y una buena base de datos, la ANTSV podría optimizar sus viajes y recursos de una manera brutal. Y estoy seguro de que ya están explorando caminos similares, porque la tendencia global va por ahí.
La realidad del asfalto: Una comparativa necesaria
A veces pecamos de pensar que lo que pasa fuera no tiene nada que ver con nosotros. Pero si comparamos la labor de la ANTSV con la de nuestra DGT, las similitudes son pasmosas. Ambas instituciones luchan contra el mismo enemigo: la complacencia. Nos acostumbramos a conducir, nos sentimos seguros en nuestra burbuja de metal y bajamos la guardia.
En España, hemos logrado bajar las cifras de mortalidad de forma drástica en las últimas décadas, pero nos hemos estancado. ¿Por qué? Quizás porque nos falta ese «toque humano» que estoy viendo en las noticias de la ANTSV. Esa insistencia en ir a las empresas, en bajar a los municipios pequeños, en no quedarse solo en la gran oficina de la capital.
La gestión de la seguridad vial en Paraguay tiene el reto de la geografía y de una infraestructura que, en muchos puntos, todavía está en pleno desarrollo. Eso le da un mérito extra. No es lo mismo gestionar el tráfico en una ciudad planificada que en municipios que crecen a un ritmo endiablado y donde la normativa a veces llega más tarde que el asfalto.
Reflexiones desde la orilla del Mediterráneo
Escribiendo esto desde Cartagena, no puedo evitar pensar en nuestras propias travesías. Aquí tenemos la suerte de contar con una red de carreteras bastante decente, pero los vicios al volante son los mismos. El que no pone el intermitente en la rotonda de los astilleros es primo hermano del que se salta un stop en una avenida de Asunción. La imprudencia no entiende de pasaportes.
Me parece fundamental que existan organismos como la ANTSV que, más allá de la labor administrativa, se conviertan en agentes de cambio cultural. Porque eso es lo que son estas charlas en Navemar o en los colegios de Valenzuela: intentos de cambiar la cultura de un país desde la base. Es un trabajo de hormiga, lento y a veces frustrante, pero es el único que funciona a largo plazo.
Ojo con esto: la seguridad vial no es un estado que se alcanza y ya está. Es un equilibrio dinámico que hay que mantener todos los días. En el momento en que una agencia deja de verificar centros de impresión, de capacitar a funcionarios o de hablar con los niños, las cifras de accidentes vuelven a subir. Es como el mantenimiento de un barco en el puerto de Cartagena; si dejas de rascar el caracolillo, al final el casco se pudre.
¿Qué podemos aprender de todo esto?
La conclusión que saco de todo este repaso a la actividad de la ANTSV es que la seguridad vial es, ante todo, una cuestión de presencia. Hay que estar donde está el problema.
- Presencia técnica: Como en San Lorenzo, asegurando que los procesos sean robustos.
- Presencia institucional: Como en Villa Hayes, apoyando a los gobiernos locales.
- Presencia corporativa: Como en Prosegur y Navemar, involucrando al sector privado.
- Presencia educativa: Como en Valenzuela, formando a los que heredarán las carreteras.
Para que nos entendamos, la seguridad vial es un contrato social. Nosotros aceptamos seguir unas normas a cambio de que el sistema nos proteja. Y para que ese contrato sea válido, alguien tiene que encargarse de que las reglas se conozcan, se entiendan y se puedan cumplir técnicamente.
La verdad es que me quito el sombrero ante los técnicos que se recorren el país dando estas charlas. Es mucho más fácil quedarse en un despacho analizando estadísticas que ponerse delante de un grupo de camioneros o de adolescentes rebeldes a explicarles por qué su vida depende de un cinturón de seguridad. Ese es el verdadero «barro» de la gestión pública.
Al final del día, ya sea en las calles de San Lorenzo o en la calle Mayor de Cartagena, lo que todos queremos es llegar a casa sanos y salvos para tomarnos algo tranquilo. Y saber que hay gente trabajando en la sombra para que los carnés sean legales, los conductores estén formados y las empresas concienciadas, pues qué queréis que os diga, me hace conducir un poquito más tranquilo mañana por la mañana.
Así que, la próxima vez que veáis una noticia sobre una capacitación de tránsito o una verificación técnica, no paséis de largo. Pensad que es una pieza más de ese puzle gigante que nos mantiene a todos vivos en la carretera. Y si podéis, levantad un poco el pie del acelerador, que las prisas nunca han sido buenas consejeras, ni aquí ni en Paraguay.
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