A veces uno se levanta, se toma el primer café del día —ese que realmente te despierta y no el que simplemente te mantiene funcional— y se pone a mirar las noticias con la sensación de que nos están contando una película a medias. La última tiene que ver con las cuentas de nuestra jubilación, ese tema que a todos nos pone un poco los pelos de punta cuando nos acercamos a los cincuenta o cuando, siendo más jóvenes, vemos que el sistema parece un Tetris donde las piezas no terminan de encajar. Resulta que el Ministerio de Seguridad Social ha sacado su propia «bola de cristal» tecnológica para decirnos cuánto nos va a costar pagar las pensiones de aquí a 2050. Y la cifra, la verdad, es para pararse a analizarla con calma.
El departamento que ahora dirige Elma Saiz ha lanzado una herramienta de proyecciones que sitúa el gasto en pensiones en torno al 14% del Producto Interior Bruto (PIB) anual hasta mitad de siglo. A primera vista, uno podría pensar: «Bueno, 14% no suena tan mal si lo comparamos con otros países». Pero el diablo, como siempre, está en los detalles y en lo que se han dejado fuera de la ecuación. Y es que, por alguna razón que todavía no terminamos de entender del todo, el Gobierno no ha incluido en estos cálculos la inminente regularización de inmigrantes que se va a aprobar en España. Vaya, que han hecho la cuenta de la vieja pero olvidándose de un grupo de gente que, precisamente, va a entrar de lleno en el sistema de cotizaciones en nada y menos.
La verdad es que esto de las proyecciones económicas a treinta años vista tiene mucho de arte y un poco de fe. El Ministerio ha decidido que ya era hora de tener su propio juguete para calcular el futuro, alejándose un poco de las estimaciones que venían de fuera. Según lo que presentaron hace unos días, ese 14% del PIB es cuatro décimas más de lo que estimaba el anterior ministro, José Luis Escrivá, hace apenas tres años. Parece que la realidad ha sido un poco más tozuda que los excels de aquel entonces.
Sin embargo, lo curioso viene cuando comparamos este dato con lo que dicen otros organismos que no dependen directamente del Gobierno. La AIReF (la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal), que suele ser el pepito grillo de nuestras cuentas públicas, ya avisó en 2025 que el gasto se iría al 14,4%. Y si nos vamos a Bruselas, la Comisión Europea en su último Ageing Report subía la apuesta hasta el 14,6%. Puede parecer que cuatro o seis décimas son calderilla, pero en términos de PIB español, estamos hablando de miles de millones de euros. Para que nos entendamos: con esa diferencia se podrían pagar unas cuantas infraestructuras de las que siempre faltan en nuestra tierra.
Ojo con esto, porque el Ministerio aún no ha soltado prenda sobre la metodología exacta ni ha publicado los datos detallados. Es como si te invitan a una cena, te dicen que la cuenta va a ser barata, pero no te dejan ver la carta ni los precios de los vinos. Nos toca confiar en que sus estimaciones sobre el crecimiento del PIB real y la evolución de la población sean las correctas, aunque el hecho de ignorar la regularización migratoria deja un hueco bastante grande en el relato.
¿Por qué ignorar la regularización de inmigrantes?
Aquí es donde la cosa se pone interesante y un poco confusa. La norma para regularizar a miles de personas está al caer, pendiente solo de unos trámites que, según dicen, son inminentes. Si vas a meter a un contingente importante de personas en el mercado laboral legal, lo lógico es que eso afecte a tus ingresos por cotizaciones y, a largo plazo, también a tus gastos por pensiones. Entonces, ¿por qué no meterlo en el modelo?
Una explicación posible —y aquí entro un poco en el terreno de la opinión— es que el Gobierno prefiera ser cauto o que, simplemente, no quieran «ensuciar» el modelo con variables que todavía no son ley firme. Pero claro, si estás proyectando a 2050, dejar fuera un cambio demográfico y laboral de este calibre es como intentar predecir el tiempo en Cartagena sin tener en cuenta si va a soplar el Lebeche o el Levante. Cambia todo el panorama.
La demografía es la variable reina en todo esto. En España, y especialmente en zonas con una población tan envejecida como la nuestra, la entrada de nuevos trabajadores es el único pulmón que le queda al sistema. Si mal no recuerdo, la pirámide poblacional española tiene ahora mismo una forma de rombo que asusta; mucha gente en la franja de los 40 y 50 años (la generación del baby boom) que se jubilará en bloque en la próxima década. Sin un flujo constante de nuevos cotizantes, las cuentas del 14% se quedan en papel mojado.
El impacto en el mercado laboral local
Si aterrizamos esto a nuestra realidad más cercana, por ejemplo aquí en Cartagena, vemos cómo el mercado laboral necesita manos desesperadamente en sectores clave. No hablo solo de la hostelería o el turismo, que también, sino de la industria pesada en el Valle de Escombreras o en los astilleros de Navantia. La regularización de inmigrantes no es solo un tema de derechos o de papeles; es una cuestión de pura supervivencia económica para el sistema de Seguridad Social.
Imaginaos a un soldador que llega de fuera, se regulariza y empieza a cotizar por una base digna. Ese hombre está pagando hoy la pensión de nuestros mayores y asegurando, en teoría, la suya mañana. Al no incluir este factor en las proyecciones nacionales, el Ministerio está perdiendo una oportunidad de dar una imagen más fiel (y quizás más optimista en cuanto a ingresos) de lo que nos espera. O quizás, y esto es lo que temen algunos analistas, los gastos asociados a esa regularización a largo plazo compensan tanto los ingresos que prefieren no abrir ese melón todavía.
La sombra de la AIReF y Bruselas
La verdad es que la discrepancia entre el Gobierno y la AIReF no es nueva, pero empieza a ser preocupante. La AIReF utiliza modelos que suelen ser bastante más crudos. Ellos ven una España que envejece más rápido de lo que el Gobierno admite y un crecimiento de la productividad que no termina de arrancar. Y es que, seamos sinceros, para que el gasto en pensiones se mantenga en el 14% con la que se nos viene encima, el PIB tendría que crecer a un ritmo que hace años que no vemos de forma sostenida.
Bruselas, por su parte, nos mira con lupa. El Ageing Report es ese documento que nadie se lee en el bar pero que decide si nos tiran de las orejas con los fondos europeos o no. Que la Comisión Europea prevea un gasto del 14,6% significa que ellos creen que vamos a tener que recortar por algún lado o subir impuestos (o cotizaciones) más de lo previsto. El Ministerio de Elma Saiz parece querer vender una historia de «aterrizaje suave», pero sin enseñar los datos, es difícil comprar el argumento sin rechistar.
Además, hay un factor técnico que a veces se nos escapa: el Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI). Esa subida en las cotizaciones que ya estamos viendo en nuestras nóminas es la herramienta que el Gobierno ha diseñado para llenar la hucha. Pero claro, si las proyecciones fallan por medio punto del PIB, el MEI se va a quedar corto y habrá que volver a tocar la tecla de los ingresos. Y ya sabemos lo que eso significa para el bolsillo del trabajador medio.
¿Cómo se cocina una proyección de este tipo?
Para los que nos gusta la tecnología y el análisis de datos, esto de las herramientas de proyección tiene su miga. No es simplemente una hoja de cálculo con tres fórmulas. Estamos hablando de modelos econométricos que intentan simular el comportamiento de millones de personas: cuándo deciden jubilarse, cuánto van a cobrar según su carrera de cotización, cuántos hijos van a tener (spoiler: pocos) y cuánto va a subir la inflación.
El Ministerio dice que su herramienta es puntera. Pero en el mundo del desarrollo de software y la IA, hay una máxima: Garbage In, Garbage Out (si metes basura, sale basura). No digo que los datos del Gobierno sean basura, ni mucho menos, pero si omites una variable crítica como la regularización migratoria masiva, el modelo nace cojo. Es como programar un algoritmo para predecir el tráfico en la calle Real de Cartagena sin tener en cuenta que ese día hay procesión o que han cortado un carril por obras. El resultado va a ser erróneo por muy bueno que sea el código.
Me gustaría ver ese código, la verdad. Probablemente esté basado en modelos de micro-simulación que corren sobre clústeres de computación potentes. Pero al final del día, la política manda sobre la técnica. Si la instrucción es «no incluyáis la regularización porque todavía no es oficial», los técnicos tienen que apretar los dientes y sacar el informe con lo que tienen. Y eso es lo que parece que ha pasado aquí.
La realidad demográfica en el sureste español
Abriendo un pequeño paréntesis, no podemos olvidar que la situación demográfica en la Región de Murcia y, concretamente en Cartagena, tiene sus propias particularidades. Somos una zona que atrae población por el clima y la industria, pero también sufrimos el envejecimiento de los barrios tradicionales. Si te das una vuelta por Santa Lucía o por el Barrio de la Concepción, ves que la media de edad no perdona.
La llegada de población inmigrante ha sido, históricamente, lo que ha mantenido vivos muchos de nuestros campos y servicios. Que el Gobierno central no termine de cuadrar estas personas en sus cuentas nacionales me parece, cuanto menos, un despiste monumental. O una estrategia para no dar cifras que puedan ser usadas políticamente antes de tiempo. Sea como sea, a los que vivimos aquí nos afecta directamente: menos cotizantes en el sistema nacional significa menos dinero para todo lo demás a largo plazo.
El papel de la Inteligencia Artificial en estas cuentas
Hoy en día, todo se etiqueta con «IA», y estas herramientas de la Seguridad Social no son una excepción. Se supone que utilizan algoritmos de aprendizaje automático para predecir tendencias basadas en décadas de datos históricos. Pero la IA tiene un problema: es muy mala prediciendo «cisnes negros» o cambios legislativos bruscos. Una regularización de inmigrantes es un cambio administrativo, no una tendencia natural del mercado, por lo que el algoritmo no puede «adivinarla» si un humano no le da el dato.
La verdad es que me fío más de un análisis humano bien fundamentado que de una caja negra que dice que en 2048 gastaremos exactamente el 13,98% del PIB. La economía es una ciencia social, no física cuántica. Depende de decisiones humanas, de si mañana una empresa decide cerrar o si, por el contrario, Cartagena se convierte en el hub tecnológico del Mediterráneo (ojalá). Los modelos del Ministerio son útiles como guía, pero tomarlos como una verdad absoluta es un error que ya hemos cometido en el pasado.
Para que nos entendamos, estas proyecciones son como el GPS del coche: te dicen por dónde ir, pero si hay un muro que no está en el mapa (como el gasto real que no quieren ver), te vas a estampar igual si no miras por el parabrisas.
¿Qué podemos esperar a partir de ahora?
La conclusión que saco de todo esto es que estamos en una fase de «esperar y ver». El Ministerio ha soltado el titular del 14% para tranquilizar a los mercados y a Bruselas, pero la letra pequeña está todavía por escribir. En cuanto se apruebe la regularización de inmigrantes, tendrán que actualizar el modelo. Y ahí veremos si ese 14% se mantiene o si, como sospechan la AIReF y la Comisión Europea, la cifra empieza a escalar peligrosamente hacia el 15%.
Lo que está claro es que el sistema de pensiones en España necesita una honestidad brutal. No podemos seguir haciendo proyecciones que ignoran partes de la realidad social solo porque no encajan en el discurso del momento. La gente, desde el autónomo que paga su cuota cada mes hasta el trabajador de la construcción que cuenta los días para jubilarse, merece saber con qué cartas estamos jugando.
Al final del día, lo que importa no es si el gasto es del 14% o del 14,4%, sino si ese gasto es sostenible y si garantiza una vida digna a quienes han trabajado toda su vida. Y para eso, necesitamos que todos los que están en edad de trabajar, vengan de donde vengan, estén dentro del sistema, cotizando y sumando. Ignorarlos en las estadísticas no hace que dejen de existir, solo hace que nuestras previsiones sean menos fiables.
Así que, mientras esperamos a que el Ministerio publique esa famosa metodología y los datos detallados, seguiremos tomando café y mirando de reojo las noticias. Porque en esto de las pensiones, como en las mareas del puerto de Cartagena, lo que hoy parece que está bajo control, mañana puede subir y darnos un susto. Estaremos atentos, porque nos va el futuro en ello.
- El gasto previsto por el Gobierno es del 14% del PIB hasta 2050.
- La AIReF y la Comisión Europea manejan cifras superiores (14,4% y 14,6%).
- La regularización de inmigrantes es la gran ausente en los cálculos actuales.
- La demografía sigue siendo el talón de Aquiles del sistema español.
Vaya, que nos queda mucha tela por cortar y muchos números que cuadrar. Y es que, al final, las cuentas tienen que salir, porque si no salen, el agujero lo acabamos tapando los de siempre. Esperemos que la próxima vez que Elma Saiz presente su herramienta, haya incluido a todo el mundo en la foto. Sería lo más sensato, ¿no creéis?
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