naturaleza / abril 25, 2026 / 12 min de lectura / 👁 113 visitas

Una mirada necesaria al otro lado del charco

A veces me pregunto si realmente vemos lo que tenemos delante o si solo lo miramos a través de la pantalla del móvil para ver si el encuadre queda bien en el feed. La verdad es que vivimos en una era donde todo el mundo es fotógrafo, pero pocos se detienen a observar. Por eso, cuando me enteré de que la CONABIO (la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad en México) lanzaba su séptima edición del Concurso Nacional de Fotografía de Naturaleza, no pude evitar pensar en lo mucho que nos hace falta esto también por aquí, en nuestras tierras.

Sé lo que estaréis pensando: «¿Qué nos importa a nosotros un concurso en México si escribimos desde España?». Pues mucho, la verdad. Primero, porque la biodiversidad no entiende de fronteras y, segundo, porque el modelo que siguen allí con la plataforma «Mosaico Natura» es algo que deberíamos mirar con lupa desde nuestras instituciones. Aquí en Cartagena, por ejemplo, tenemos rincones como Calblanque o la Sierra de la Muela que son un espectáculo, y a veces nos falta ese empujón institucional para que la gente no solo haga la foto para el «postureo», sino para documentar la vida que nos rodea.

Este año, la convocatoria mexicana viene con una novedad que me ha tocado la fibra: una categoría específica para las montañas. Y es que, si lo piensas, las montañas son como las arrugas de la Tierra; cuentan historias de milenios. Me recuerda un poco a nuestras modestas pero imponentes elevaciones béticas que mueren en el Mediterráneo. Pero vamos al lío, que hay mucho que desgranar sobre este certamen y lo que significa para la ciencia ciudadana.

La montaña como protagonista: más allá de la cima

La gran novedad de esta séptima edición es, como decía, el enfoque en los ecosistemas de montaña. No se trata solo de llegar arriba y hacerse el selfie de rigor con la bandera de turno. No. Lo que buscan es captar la esencia de esos gigantes de roca. La invitación es clara: mostrar la naturaleza de cada rincón, desde el musgo más pequeño que crece en una grieta hasta la inmensidad de un pico nevado.

Ojo con esto, porque fotografiar montañas tiene su aquel. No es solo cuestión de tener un buen gran angular. Es cuestión de paciencia. La luz en la montaña es caprichosa; un minuto tienes un sol radiante que te quema las altas luces y al siguiente entra una nube y te deja una atmósfera mística que ya quisiera cualquier filtro de Instagram. En México tienen el Popocatépetl o el Iztaccíhuatl, que son palabras mayores, pero la filosofía es la misma que si te vas a Sierra Nevada o te pierdes por los Picos de Europa: el respeto al entorno.

La categoría de montaña no solo busca la estética. Hay un trasfondo de conservación brutal. Las montañas son las torres de agua del mundo y las primeras en sufrir el cambio climático. Documentar su estado actual a través de la lente de miles de ciudadanos es, básicamente, crear un archivo histórico en tiempo real. Vaya, que cada clic del obturador es un dato para los científicos.

¿Por qué nos debería importar la ciencia ciudadana?

Aquí es donde la cosa se pone técnica pero interesante. Este concurso no es solo para ver quién tiene la cámara más cara. Se apoya en plataformas como iNaturalist (que aquí en España usamos bastante a través de aplicaciones como Natusfera). La idea es que cualquier persona, sea profesional o un aficionado que sale los domingos con las botas de montaña, pueda subir sus fotos y que estas sirvan para identificar especies.

Imagina que vas paseando por el monte y ves una planta que no te suena de nada. Le haces una foto, la subes al concurso y, de repente, un experto en la otra punta del país te dice que es una especie en peligro de extinción o una que nunca se había visto en esa zona. Eso es la ciencia ciudadana. Es democratizar el conocimiento. Ya no hace falta ser un biólogo con tres másteres para contribuir al saber colectivo. Solo necesitas curiosidad y un poco de ojo fotográfico.

En España tenemos iniciativas similares, pero lo de la CONABIO es otro nivel de integración. Han logrado que la fotografía sea el puente entre el ciudadano de a pie y los laboratorios de investigación. Y la verdad es que, viendo cómo está el patio con la pérdida de biodiversidad, cuantas más cámaras haya vigilando y documentando, mejor nos irá a todos.

Categorías para todos los gustos (y lentes)

El concurso no se queda solo en las montañas, que ya de por sí darían para un libro entero. Hay espacio para todo. Desde la fauna silvestre hasta los paisajes marinos, pasando por el comportamiento animal. Esta última categoría es mi favorita, pero también la más desesperante. Intentar pillar a un pájaro justo cuando atrapa un insecto o a un zorro en mitad de un bostezo requiere una paciencia que yo, después de tres cafés, a veces no tengo.

  • Fauna silvestre: No valen fotos de tu gato, por muy mono que sea. Aquí hablamos de animales en su hábitat natural, sin interferencias humanas.
  • Plantas y hongos: A menudo los grandes olvidados. Un hongo puede ser tan fascinante como un jaguar si sabes cómo iluminarlo.
  • Naturaleza y ser humano: Esta es delicada. Busca mostrar cómo interactuamos con el entorno, para bien o para mal.
  • Subacuática: Aquí los que bucean juegan en otra liga. La refracción del agua y la pérdida de colores a medida que bajas metros hacen que estas fotos sean auténticas obras de ingeniería técnica.

Lo bueno de esta variedad es que obliga al fotógrafo a salir de su zona de confort. Si siempre haces paisajes, de repente te ves intentando un macro de una hormiga y descubres un mundo nuevo. Es como cuando en programación te pasas de Python a C++; al principio te duele la cabeza, pero luego entiendes mejor cómo funciona todo por debajo.

El equipo no lo es todo, pero ayuda (un poco de charla técnica)

Si estás pensando en participar en algo así, o simplemente quieres mejorar tus fotos cuando sales de ruta por la Región de Murcia, déjame decirte algo: la cámara es lo de menos. He visto fotos hechas con móviles de hace tres años que transmiten mucho más que una ráfaga de una cámara de 6.000 euros.

La clave está en la luz. En fotografía de naturaleza, la «hora dorada» (ese ratito justo después del amanecer o antes del atardecer) es religión. La luz es suave, las sombras son largas y todo adquiere una textura que parece sacada de una película. Si vas a las doce de la mañana con el sol cayendo a plomo, lo más probable es que tu foto parezca un cromo quemado. Y si hablamos de montañas, la luz cambia tan rápido que tienes que estar listo antes de que ocurra el milagro.

Otro tema es el enfoque. En macrofotografía (flores, bichos), la profundidad de campo es tan mínima que si te mueves un milímetro, el ojo del insecto sale borroso. Aquí es donde entra la técnica del «focus stacking» si eres un poco friki, o simplemente aguantar la respiración como si fueras un francotirador. La verdad es que la fotografía de naturaleza tiene mucho de meditación zen; si estás nervioso, la foto no sale.

Un pequeño fragmento de lógica fotográfica (en pseudocódigo)

Para los que venís del mundo tech, podríamos resumir una sesión de fotos de naturaleza así:

mientras (haya_luz_solar) {
    si (especie_avistada) {
        ajustar_exposicion();
        enfocar_punto_critico();
        si (composicion == 'equilibrada') {
            disparar_obturador();
            guardar_en_RAW(); // Nunca en JPG, por favor
        }
    }
    si (bateria < 5%) {
        entrar_en_panico();
        buscar_powerbank();
    }
}

Parece sencillo, pero cuando estás a diez grados bajo cero o con una humedad del 90%, la lógica a veces falla. Lo importante es que el resultado final sea una imagen que cuente una historia, no solo un archivo con muchos megapíxeles.

La ética del fotógrafo: no todo vale por un «like»

Este es un punto donde la convocatoria de la CONABIO hace mucho hincapié, y me parece fundamental. En la búsqueda de la foto perfecta, mucha gente comete auténticas barbaridades. Mover un nido para que se vea mejor, alimentar a animales salvajes para que se acerquen o pisotear vegetación endémica para plantar el trípode.

La regla de oro es: la seguridad y el bienestar del sujeto (ya sea una planta o un lobo) están por encima de la foto. Si para conseguir la imagen tienes que estresar al animal, entonces no eres un fotógrafo de naturaleza, eres un incordio. En España hemos tenido casos tristes de gente que, por una foto de un lince, ha terminado molestando al animal en momentos críticos. No compensa. Al final del día, la mejor foto es la que se hace dejando el lugar exactamente como lo encontraste.

Además, hay que tener cuidado con los metadatos. Hoy en día, una foto lleva incrustadas las coordenadas GPS. Si publicas la ubicación exacta de una especie rara o en peligro, le estás dando un mapa a los furtivos o a hordas de curiosos que pueden destrozar el hábitat. Hay que ser responsables. A veces, es mejor quitar el GPS de la foto antes de subirla a redes sociales.

El impacto de la IA en la fotografía de naturaleza

No podíamos hablar de esto en un blog como el nuestro sin mencionar a la Inteligencia Artificial. La IA está en todas partes, y en la fotografía de naturaleza ha entrado como un elefante en una cacharrería. Por un lado, tenemos herramientas de edición que son pura magia: eliminan ruido, enfocan lo que estaba desenfocado y hasta te cambian el cielo si el que había era aburrido.

Pero ojo, que en los concursos serios como el de la CONABIO, esto está muy vigilado. Una cosa es revelar la foto (ajustar contraste, color, luces) y otra muy distinta es manipular la realidad. Si añades un pájaro que no estaba allí o usas IA para generar texturas, estás fuera. La fotografía de naturaleza se basa en la veracidad. Si perdemos eso, perdemos el valor científico de la imagen.

Donde la IA sí es una aliada brutal es en la identificación. Algoritmos de visión artificial analizan miles de fotos para ayudar a los científicos a catalogar especies. Es el mismo principio que usamos en el reconocimiento facial, pero aplicado a las manchas de un jaguar o a la forma de las hojas de un roble. Eso sí que es un uso con sentido de la tecnología.

Cartagena y México: un paralelismo inesperado

A ver, salvando las distancias obvias de tamaño y ecosistemas, hay algo que une a la fotografía de naturaleza en ambos sitios: la lucha contra la invisibilidad. A menudo, lo que tenemos más cerca es lo que menos valoramos. En México, mucha gente vive rodeada de una biodiversidad brutal y no se da cuenta hasta que ve una foto espectacular en una exposición. Aquí en Cartagena nos pasa lo mismo.

Tenemos el Cabezo Gordo con su historia y su fauna, las salinas de Marchamalo con los flamencos, o los fondos marinos de Cabo de Palos que son reserva de la biosfera. A veces hace falta que alguien venga con una cámara y nos diga: «Mira lo que tienes a diez minutos de tu casa». Ese es el verdadero poder de estos concursos. No es ganar el premio (que oye, si cae, pues genial), sino redescubrir tu propio entorno.

Me imagino a un chaval de un pueblo de Michoacán participando en este concurso y dándose cuenta de que el bosque que ve cada mañana es un tesoro nacional. Y me gustaría que aquí hiciéramos lo mismo. Que en lugar de quejarnos tanto de lo que nos falta, empezáramos a documentar y proteger lo que nos queda. La fotografía es una herramienta política y social de primer orden, aunque a veces se nos olvide entre tanto filtro de belleza.

¿Cómo participar y qué esperar?

Para los que tengan curiosidad o algún contacto en México (o simplemente quieran ver las fotos, que suelen ser una pasada), la convocatoria está abierta a todos los mexicanos o residentes en el país. Pero lo interesante para nosotros es seguir el proceso. Ver qué tipo de imágenes ganan, qué historias cuentan y cómo se organiza un evento de esta magnitud.

Las fotos ganadoras suelen acabar en exposiciones itinerantes que recorren el país, y muchas se publican en revistas de prestigio. Es una plataforma de lanzamiento para fotógrafos noveles. Pero más allá del éxito personal, lo que queda es el «Mosaico Natura», esa base de datos visual que crece año tras año. Es como un repositorio de GitHub, pero de la vida real. Cada foto es un commit que mejora el proyecto global de entender nuestro planeta.

Si mal no recuerdo, en ediciones anteriores las fotos de la categoría subacuática dejaron a todo el mundo con la boca abierta. Este año, con el tema de las montañas, espero ver imágenes que nos hagan sentir pequeños. Porque de eso se trata la naturaleza, de recordarnos que somos solo una pieza más del engranaje, y no precisamente la más importante.

Reflexiones finales frente al visor

Al final del día, concursos como el de la CONABIO nos recuerdan que la tecnología debe estar al servicio de algo más grande que nosotros mismos. Ya sea programando un algoritmo de detección de incendios o haciendo una foto a una orquídea silvestre, el objetivo debería ser el mismo: entender y preservar.

La verdad es que me da un poco de envidia sana ver cómo se mueven estas cosas por otros lares. Aquí tenemos talento de sobra y unos paisajes que quitan el hipo, pero a veces nos falta esa visión de conjunto, esa capacidad de unir a fotógrafos, científicos y ciudadanos en un proyecto común. Quizás sea hora de que empecemos a mirar nuestras montañas y nuestras costas con otros ojos, con los ojos de quien sabe que lo que no se conoce, no se ama; y lo que no se ama, no se protege.

Así que, ya sabes, la próxima vez que salgas a caminar por el monte, aunque no sea en México, llévate la cámara. Pero no para llenar la memoria del móvil de fotos iguales, sino para intentar captar ese detalle que nadie más ve. Quién sabe, igual tu foto acaba siendo el registro de algo importante. O, al menos, te servirá para recordar por qué vale la pena salir ahí fuera y respirar aire puro.

Vaya, que me he puesto un poco sentimental, pero es que estas cosas me tocan la fibra. La naturaleza no necesita filtros, nos necesita a nosotros atentos. Y si es con una buena cámara en la mano y un poco de criterio, mejor que mejor.

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unpokitodxfavor

Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

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