historia / septiembre 12, 2026 / 10 min de lectura / 👁 57 visitas

El banco de madera como epicentro del mundo

El banco de madera como epicentro del mundo

A veces me pregunto cuántas historias se habrán quedado pegadas al barniz desconchado de los bancos de nuestros parques. No hablo de las típicas anécdotas de jubilados comentando la obra de la esquina, que también tienen su aquel, sino de esas conversaciones que solo ocurren cuando el sol se pone y la ciudad baja el volumen. La verdad es que el parque, como concepto, es uno de los inventos más democráticos y, a la vez, más cargados de segundas intenciones de nuestra historia urbana. Y es precisamente ahí, en esa frontera entre lo público y lo íntimo, donde se planta la bandera de «Historia de un parque».

Si alguna vez te has sentado en un banco a esperar a alguien, o simplemente a ver pasar la vida mientras te terminas un café para llevar, entenderás de qué va la vaina. La obra que se representa en los Teatros Luchana no es solo una comedia de enredo; es un retrato de esa necesidad tan humana de conectar, de buscar algo —o a alguien— en mitad de la noche madrileña. Tres jóvenes, un banco y la oscuridad como cómplice. Vaya, que la premisa es tan sencilla como efectiva, porque todos hemos sido alguno de esos tres en algún momento de nuestra existencia, aunque no fuera en un parque.

Lo que Manuel Nector Yañez ha montado aquí, bajo su guion y dirección, es un ejercicio de observación casi sociológica. No es raro que nos sintamos identificados. Al final del día, el parque es ese «no-lugar» donde las etiquetas se diluyen un poco. En España, tenemos una tradición larguísima de utilizar los espacios públicos para el cortejo, el trapicheo emocional y la confesión a media voz. Desde los paseos decimonónicos hasta las plazas de barrio de los años 80, el asfalto y el césped han visto más dramas que el Teatro Real.

Un equipo que sabe lo que hace (y se nota)

Para que una obra que transcurre en un solo espacio —un banco— no se haga bola, necesitas que el envoltorio sea de primera. Y aquí es donde entra la ficha artística, que me parece que tiene un equilibrio muy fino. La dirección de arte corre a cargo de Marcos Elias Cortés. Lograr que un escenario de teatro te transmita esa sensación de «frío nocturno» o de «soledad compartida» sin caer en el cartón piedra de toda la vida tiene su mérito. Es esa magia de las salas pequeñas, donde casi puedes oler el ambiente.

Ojo con el apartado sonoro, porque Lolo Flowers DJ es quien le pone el ritmo a la función. No es una elección al azar. El sonido en una obra de 75 minutos es vital para marcar las transiciones y, sobre todo, para subrayar esos silencios incómodos que surgen cuando buscas sexo y acabas encontrando… bueno, otra cosa. La fotografía de Moi Fernández y la ilustración de Elena Yañez terminan de redondear una estética que se aleja de lo convencional para darnos algo con un poco más de «alma».

La verdad es que, cuando ves un equipo tan cohesionado, te das cuenta de que «Historia de un parque» no es un proyecto de estos que se hacen en dos tardes. Hay una intención clara de contar algo generacional. Y es que ser joven, gay y buscar conexión en una gran ciudad como Madrid puede parecer fácil con todas las apps que tenemos en el móvil, pero la realidad es que el cara a cara sigue teniendo un peso que ninguna notificación de Grindr puede sustituir. Ese es el núcleo de la comedia, y también de su pequeña tragedia cotidiana.

La liturgia del teatro: normas que hay que respetar

Si te animas a ir, hay un par de cosas que deberías tener en cuenta, y no lo digo por rellenar, sino porque en los Luchana se toman muy en serio la experiencia del espectador. Lo primero: la puntualidad. Es un aviso importante que recalcan siempre. Una vez que empieza la función, se cierran las puertas. Y tiene todo el sentido del mundo. Imagínate que estás en plena confesión emocional sobre un banco de parque y, de repente, entra alguien tropezando con las butacas y pidiendo perdón con la linterna del móvil encendida. Se carga el clímax, claro.

  • Horarios: Suelen ser los viernes a las 22:00h, una hora muy de «golfo», perfecta para salir del teatro y tomarte algo comentando la jugada.
  • Edad recomendada: A partir de 16 años. No es que sea cine X, pero el lenguaje y las situaciones requieren cierta madurez para pillar el trasfondo de la comedia.
  • Accesibilidad: Aquí hay un punto negativo, y es que la Sala 1 no es accesible para personas con movilidad reducida. Es una pena, pero es la realidad de muchos edificios antiguos reconvertidos en teatros en el centro de la ciudad.
  • Elenco: Como en casi todas las producciones de este tipo, el reparto puede variar. No te obsesiones con ver a un actor concreto; lo importante aquí es la química del trío protagonista, sea quien sea el que suba a las tablas esa noche.

Del «cruising» a la comedia: un poco de contexto histórico

Para entender por qué tres tíos se juntan en un parque por la noche, hay que echar la vista atrás. No hace tanto tiempo, en este país, los parques no eran solo lugares para pasear al perro. Eran refugios. Durante décadas, la comunidad LGBTQ+ en España tuvo que inventarse códigos y espacios de encuentro ante la falta de locales oficiales o la persecución legal (aquella nefasta Ley de Vagos y Maleantes, que luego fue de Peligrosidad y Rehabilitación Social). El parque era el lugar donde uno podía ser, aunque fuera a oscuras.

Esa herencia del «cruising» —la búsqueda de encuentros sexuales en lugares públicos— flota sobre la obra, pero Manuel Nector Yañez le da una vuelta de tuerca. Ya no estamos en los años 70; estamos en una época donde la libertad es mayor, pero la soledad parece haberse vuelto más sofisticada. La obra juega con esa ironía: tenemos toda la libertad del mundo para vernos, pero seguimos acabando en un banco de parque buscando… ¿qué? ¿Sexo? ¿Amor? ¿O simplemente alguien que nos escuche sin mirar el reloj?

Es curioso cómo ha evolucionado el teatro de temática queer en España. Hemos pasado de obras clandestinas o muy marginales a ocupar salas principales en teatros como los Luchana, que antes eran cines de barrio. Esa transición es historia viva de nuestra cultura. «Historia de un parque» se inserta en esa tradición de la comedia madrileña que sabe reírse de sus propias miserias, algo muy nuestro, por cierto. Esa capacidad de sacar punta a una situación patética y convertirla en algo tierno es lo que hace que el público conecte tan rápido.

¿Por qué nos sigue fascinando el parque?

Si lo piensas fríamente, un parque es un sitio hostil. Hace frío, los bancos son duros y siempre hay algún ruido extraño de fondo. Pero tiene ese componente de aventura urbana que no tiene un bar de copas. En un bar, pagas por estar. En el parque, el espacio es tuyo. Esa gratuidad y esa apertura son las que permiten que tres desconocidos acaben compartiendo sus vidas en 75 minutos.

La estructura de la obra, según lo que nos cuentan, es ágil. No se anda con rodeos. Al ser una comedia, el ritmo es fundamental. Me imagino que los diálogos serán rápidos, con ese toque de ironía que manejamos tan bien por aquí cuando queremos ocultar que, en el fondo, estamos un poco desesperados por un poco de afecto. Es esa mezcla de cinismo y vulnerabilidad lo que suele funcionar mejor en el teatro contemporáneo.

Detalles técnicos que marcan la diferencia

Para los que nos gusta fijarnos en los detalles, el hecho de que la obra dure 75 minutos me parece un acierto total. En un mundo donde nos cuesta mantener la atención más de diez minutos seguidos en un vídeo de YouTube, que una obra de teatro te atrape durante una hora y cuarto sin interrupciones es un logro. Es el tiempo justo para desarrollar a los personajes, plantear el conflicto y darte un cierre que te deje pensando mientras caminas hacia el metro.

Además, el precio de las entradas (desde unos 15 euros) la hace muy accesible. A veces nos quejamos de que la cultura es cara, pero la verdad es que por lo que te cuestan dos copas en cualquier sitio de moda, tienes una experiencia que te va a durar mucho más en la cabeza. Es una inversión en salud mental, si me preguntas a mí.

Para que nos entendamos, «Historia de un parque» no pretende ser la obra que cambie la historia del teatro universal, ni falta que le hace. Lo que busca es ser un espejo. Un espejo un poco sucio, como los de los baños públicos, pero un espejo al fin y al cabo. Nos muestra esa búsqueda incesante de compañía en una era donde estamos más conectados que nunca pero, paradójicamente, nos sentimos más solos en el banco de nuestra propia vida.

La evolución de los Teatros Luchana como espacio cultural

No puedo hablar de esta obra sin mencionar el sitio donde se representa. Los Teatros Luchana son un ejemplo fantástico de cómo reciclar la historia de una ciudad. Lo que antes eran los Cines Luchana, un lugar de peregrinación para los cinéfilos de Chamberí, se transformó en un multiespacio teatral que ha sabido mantener ese aire de «cine de toda la vida» pero con una oferta técnica brutal.

La Sala 1, donde se ubica «Historia de un parque», tiene esa cercanía que mencionaba antes. No hay una cuarta pared infranqueable; sientes que estás ahí mismo, sentado en el césped (imaginario o no) junto a los protagonistas. Esa intimidad es la que permite que la comedia funcione, porque las bromas aterrizan mejor cuando ves el brillo en los ojos del actor. Es algo que el cine, por mucho 4K que tenga, nunca podrá igualar.

La gestión de estos espacios en España es complicada, la verdad sea dicha. Mantener una programación variada que incluya desde teatro infantil hasta obras de temática social o LGBTQ+ como esta, requiere mucho equilibrio. Por eso, cuando sale una propuesta como la de Manuel Nector Yañez, hay que apoyarla. No solo por la obra en sí, sino por lo que significa mantener viva la llama del teatro que se atreve a mirar a la calle.

¿Qué podemos esperar de la trama?

Aunque la sinopsis es escueta (tres tíos, un banco, noche), el subtexto es lo que importa. Seguramente veremos el choque de diferentes formas de entender la identidad. El que va buscando solo sexo y se encuentra con sentimientos; el que busca amor y se encuentra con la cruda realidad; y el que simplemente está allí porque no tiene otro sitio donde ir. Es un triángulo que da mucho juego para el humor, pero también para esos momentos de «bajona» que todos hemos tenido a las tres de la mañana.

La comedia, cuando es buena, nace del dolor o de la incomodidad. Y qué hay más incómodo que intentar ligar con un desconocido mientras te mueres de frío en un parque público. Si a eso le sumas el talento de un DJ para ambientar y una dirección de arte que cuide los detalles, tienes los ingredientes para una noche redonda.

Al final del día, lo que nos queda es esa imagen: tres personas intentando entenderse en un mundo que va demasiado rápido. Y quizás, solo quizás, al salir del teatro mires los bancos del parque de forma diferente. Ya no serán solo trozos de madera y hierro, sino escenarios potenciales de una historia que podría ser la tuya.

Reflexiones finales sobre el teatro y la vida urbana

La conclusión que saco de todo esto es que seguimos necesitando estas historias. En un mercado saturado de efectos especiales y producciones millonarias en plataformas de streaming, el teatro de texto, de actores y de situaciones cotidianas sigue siendo un refugio necesario. «Historia de un parque» es un recordatorio de que las mejores historias no ocurren en galaxias lejanas, sino a la vuelta de la esquina, en ese parque al que a veces nos da miedo entrar de noche.

Vaya, que si tienes un viernes libre y quieres ver algo que te haga reír y, de paso, te toque un poco la fibra, pásate por la calle Luchana. Eso sí, llega puntual, que ya sabes que los artistas se merecen ese respeto. Y quién sabe, igual al salir te apetece sentarte un rato en un banco a ver las estrellas, o simplemente a esperar a ver quién aparece. La vida, como el teatro, es cuestión de estar en el lugar adecuado en el momento oportuno.

Para que nos entendamos, esta obra es un trocito de la realidad de muchos jóvenes en España, contada con gracia y sin pretensiones de grandeza, pero con mucha verdad. Y eso, hoy en día, es algo que no se encuentra en cualquier sitio. Así que, ya sabes, pilla tu entrada, apaga el móvil y déjate llevar por lo que pase en ese banco. Al fin y al cabo, todos somos protagonistas de nuestra propia historia de un parque.

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Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

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