Ayer estaba terminando mi tercer café del día —ese que ya no te despierta, pero te mantiene el pulso en modo vibración— cuando me topé con el último vídeo de Miguel Assal. Si no lo conocéis, es ese técnico de emergencias que se ha propuesto que no nos muramos por hacer tonterías, y la verdad es que le pone un empeño encomiable. El caso es que el vídeo iba sobre una enfermera a la que le estaba cayendo la del pulpo en redes sociales. ¿El motivo? Un vídeo de supervivencia o una maniobra de primeros auxilios que, a ojos de los «expertos de sofá», estaba mal ejecutada.
La verdad es que me hierve un poco la sangre con estas cosas. Vivimos en una época donde cualquiera que haya visto tres temporadas de Anatomía de Grey se siente con la autoridad moral de corregir a un profesional que lleva años pateándose las urgencias o las plantas de un hospital. En España tenemos una de las mejores canteras de enfermería del mundo —de hecho, nos las «roban» en Reino Unido y Alemania en cuanto pueden—, pero parece que en TikTok el título de medicina te lo dan por tener el dedo rápido para criticar.
Ojo con esto, porque el linchamiento digital no solo es injusto, sino que es peligroso. Si empezamos a amedrentar a los sanitarios que comparten conocimiento útil por miedo a que los despedacen por un detalle técnico sacado de contexto, al final solo nos quedarán vídeos de gatitos y gente bailando coreografías absurdas. Y, sinceramente, un baile no te va a salvar si te atragantas con un trozo de jamón en la cena de Navidad.
¿Qué pasó realmente con esa maniobra?
Para que nos entendamos, la polémica giraba en torno a una técnica de supervivencia que, a simple vista, parecía agresiva. En el mundo de las emergencias, lo que es «estéticamente feo» suele ser lo que funciona. Si mal no recuerdo, algo parecido pasó hace tiempo con el uso de los torniquetes. Durante décadas nos metieron el miedo en el cuerpo diciendo que poner un torniquete era poco menos que sentenciar la pierna a la amputación. «¡Ni se te ocurra!», nos decían en los cursos de la Cruz Roja de los años 90.
Pero las cosas cambian. La ciencia avanza, y lo que antes era un tabú, hoy es el estándar de oro para que alguien no se desangre en una cuneta de la AP-7. La enfermera del vídeo estaba aplicando protocolos actualizados, de esos que se basan en la evidencia y no en lo que «se ha hecho toda la vida». Pero claro, explicarle eso a alguien que busca el clickbait fácil es como intentar explicarle física cuántica a mi perro: te va a mirar con cara de duda y luego va a seguir a lo suyo.
Vaya, que la crítica venía de una falta de contexto absoluta. En una situación de supervivencia real, la prioridad es que el corazón siga latiendo. El resto son adornos. Si tienes que sacar a alguien de un coche en llamas, no te vas a preocupar de si le despeinas el flequillo o si la maniobra de extracción no queda bonita en cámara. Lo sacas y punto. Y eso es precisamente lo que Miguel Assal intentaba defender en su intervención: la eficacia frente a la estética.
El síndrome del experto de barra de bar en versión digital
En España tenemos mucha tradición de arreglar el país desde la barra del bar, con un palillo en la boca y una caña en la mano. Lo que pasa es que ahora la barra es Twitter (o X, como quieran llamarlo ahora) y TikTok. La diferencia es que antes tus cuñadeces se quedaban en el círculo de tus amigos, y ahora llegan a miles de personas, pudiendo hundir la reputación de una profesional como la copa de un pino.
Me resulta curioso cómo la gente se atreve a cuestionar la colocación de un vendaje o la presión de una RCP basándose en… bueno, en nada. La enfermería en nuestro país no es solo poner inyecciones y tomar la tensión. Es una carrera universitaria de cuatro años, con un sistema de especialización (el EIR) que ya quisieran muchos. Para que una enfermera llegue a publicar un consejo de supervivencia, ha pasado por cientos de horas de guardias, de ver cosas que a la mayoría nos harían perder el apetito durante una semana.
Además, hay un factor que solemos olvidar: el estrés del directo. Grabar un vídeo mientras intentas explicar algo técnico no es fácil. A veces se cometen errores de lenguaje o se simplifican demasiado las cosas para que el gran público lo entienda. Pero de ahí a decir que «esa mujer no tiene ni idea» hay un trecho más largo que la cola del paro en agosto.
Hablemos de supervivencia: El torniquete y otros demonios
Ya que el vídeo de Miguel Assal mencionaba etiquetas de supervivencia, vamos a meternos un poco en harina técnica, pero sin que parezca un prospecto de paracetamol. Vamos a ver, si te encuentras en una situación chunga en mitad de la Sierra de Espuña o en una calle cualquiera de Cartagena tras un accidente, hay tres o cuatro cosas que salvan vidas de verdad. Y ninguna de ellas es lo que sale en las películas.
- El control de hemorragias: Olvidaos de lo que visteis en las pelis del Oeste. Si hay mucha sangre, hay que apretar. Y si apretar no funciona, el torniquete es tu mejor amigo. En España, las unidades de emergencia como el SAMUR o el SUMMA 112 llevan años estandarizando su uso. No, no se va a caer el brazo por llevarlo puesto dos horas hasta que lleguen los médicos.
- La posición lateral de seguridad: Parece una tontería, pero evita que la gente se ahogue con su propia lengua o vómito. Es la maniobra más infravalorada de la historia.
- No mover si no es necesario: Aquí es donde la gente suele meter la pata. «¡Ay, vamos a sentarlo!». No, déjalo quieto. A menos que el sitio vaya a explotar o se le vaya a caer un edificio encima, la columna es sagrada.
La enfermera criticada probablemente estaba haciendo hincapié en uno de estos puntos de forma directa y cruda. Y a la gente, que vive en una burbuja de algodón, le asusta la crudeza. Pero la realidad de las emergencias en España es que son sucias, ruidosas y estresantes. No hay música de violines de fondo cuando estás intentando que alguien no se nos vaya.
Un poco de historia: De los hospitales de sangre a TikTok
Para entender por qué nos ponemos tan intensos con esto, hay que mirar un poco atrás. Aquí en Cartagena, por ejemplo, sabemos un rato de medicina de emergencia y supervivencia. Durante siglos, el Hospital de Marina fue un referente. Allí no se andaban con chiquitas; si venía un marinero con una herida de combate, se aplicaba lo que la ciencia de la época dictaba con una precisión casi militar.
La enfermería moderna le debe mucho a esa disciplina. No es una profesión que haya nacido de la nada, sino de la necesidad de cuidar en las condiciones más adversas. Por eso, cuando veo a una enfermera hoy en día usando las redes sociales para educar, veo una extensión de esa labor histórica. Solo que ahora, en lugar de un hospital de campaña, su campo de batalla es un algoritmo que a veces parece diseñado por su peor enemigo.
La verdad es que me pregunto qué pensaría Florence Nightingale si viera un vídeo de TikTok. Probablemente le daría un par de vueltas a la lámpara y se pondría a explicar cómo lavarse las manos correctamente para evitar infecciones, ignorando soberanamente los comentarios de los haters de la época (que seguro que los había, aunque fueran por carta certificada).
El código de la vida: ¿Por qué fallamos al juzgar?
Si analizamos esto como si fuera un fragmento de código —ya sabéis que me gusta mezclar churras con merinas—, el error está en el «input». La gente recibe una información visual (el vídeo), la procesa con un algoritmo defectuoso (prejuicios y falta de formación) y genera un «output» erróneo (el comentario de odio).
if (video_enfermera == "impactante") {
if (usuario_sabe_medicina == false) {
ejecutar_protocolo("critica_feroz");
compartir_sin_leer();
} else {
analizar_contexto();
aprender_algo_nuevo();
}
}
El problema es que la función analizar_contexto() consume demasiados recursos mentales y la mayoría de la gente prefiere el camino rápido. Es mucho más fácil decir «lo está haciendo mal» que buscar el último protocolo del Consejo Europeo de Resucitación (ERC) para comprobar si, efectivamente, la técnica ha cambiado en los últimos dos años. Y spoiler: cambia constantemente.
La responsabilidad de los que informan (y de los que miran)
Miguel Assal hace una labor de filtro necesaria. Actúa como una especie de cortafuegos humano. Cuando sale una polémica de estas, él pone los puntos sobre las íes. Pero no deberíamos necesitar a un «traductor» de realidad constantemente. Como sociedad, nos vendría bien un poco más de humildad intelectual.
En España, tenemos la suerte de contar con profesionales de la salud que, además de su jornada de 12 o 24 horas, sacan tiempo para crear contenido educativo. Lo hacen gratis, por amor al arte y por una vocación de servicio que ya quisiéramos en otros sectores. Atacarlos por un detalle nimio es pegarnos un tiro en el pie. Al final del día, esa enfermera a la que hoy criticas podría ser la que esté al pie de tu camilla mañana, y te aseguro que en ese momento no te importará si su vídeo de TikTok era perfecto o no.
Además, hay un tema legal que no solemos tocar. En España, la omisión del deber de socorro es un delito (Art. 195 del Código Penal). Estos vídeos ayudan a que la gente pierda el miedo a actuar. Si por culpa de las críticas feroces los profesionales dejan de enseñar, la gente tendrá más miedo, actuará menos y, por tanto, morirá más gente. Así de simple y así de crudo.
¿Cómo distinguir un buen consejo de un «fake» médico?
Para que no nos den gato por liebre, hay que tener un poco de ojo crítico. No todo lo que brilla en redes es oro, pero tampoco todo lo que parece raro es erróneo. Aquí os dejo unos puntos para navegar en este mar de contenido sanitario sin naufragar:
- Mira quién firma: ¿Es una enfermera colegiada? ¿Un médico? ¿Un técnico de emergencias con experiencia demostrable? Si el perfil solo tiene vídeos de retos absurdos y de repente te da un consejo médico, sospecha.
- El tono: Los profesionales de verdad suelen ser cautos. Usan frases como «en la mayoría de los casos», «según el protocolo actual» o «lo ideal sería». Huye de los que prometen curas milagrosas o técnicas secretas que «los médicos no quieren que sepas».
- La reacción de la comunidad: Fíjate en lo que dicen otros profesionales en los comentarios. Si ves que gente como Miguel Assal o cuentas oficiales de servicios de emergencia apoyan el contenido, puedes estar tranquilo.
- Sentido común: Si el consejo implica ponerte una rodaja de patata en la frente para curar una hemorragia, por favor, apaga el móvil y llama al 112.
La enfermera del vídeo cumplía con los primeros puntos, pero falló en el filtro del «sentido común» de una audiencia que no está acostumbrada a la realidad de la supervivencia. Y es una pena, porque el conocimiento que compartía valía su peso en oro.
La conclusión que saco de todo esto…
Al final del día, lo que nos queda es una reflexión sobre la empatía y el respeto. Ser sanitario en España hoy en día es una profesión de riesgo, no solo por los virus o las agresiones físicas en urgencias, sino por el escrutinio constante de una masa digital que a veces olvida que detrás de la pantalla hay personas.
La próxima vez que veas un vídeo de un profesional de la salud y sientas el impulso de escribir un comentario sarcástico, párate un segundo. Piensa si realmente sabes más que esa persona sobre el tema. Lo más probable es que no. Y si tienes dudas, busca fuentes oficiales o espera a que alguien con autoridad en la materia, como Miguel Assal, arroje un poco de luz sobre el asunto.
Para que nos entendamos: menos criticar y más aprender. Que nunca se sabe cuándo vas a tener que aplicar ese consejo que hoy te parece «criticable». Y ojalá, si ese día llega, lo hagas la mitad de bien que la enfermera del vídeo. Yo, por mi parte, voy a por mi cuarto café, que escribir sobre estas cosas me ha dejado la garganta seca y el ánimo un poco encendido. ¡Cuidaos mucho ahí fuera, y haced caso a los que saben!
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