comunicaciones / abril 21, 2026 / 10 min de lectura / 👁 33 visitas

Esa extraña manía de esperar que el grande caiga

A veces me pregunto qué nos pasa por la cabeza cuando vemos a una institución, ya sea un equipo de fútbol o una multinacional tecnológica, pasar por un bache. Hay una especie de placer culpable en el ambiente, un runrún que recorre las redes sociales —y las barras de los bares de la calle Mayor aquí en Cartagena— esperando el colapso definitivo. El tuit de Edgar Galindo sobre el Comunicaciones me hizo pensar precisamente en eso. «Siento decirles que se van a quedar con la gana», decía. Y vaya, la frase tiene miga porque se puede aplicar a tantas cosas que nos tocan de cerca en España.

La verdad es que en el mundo de las comunicaciones, con minúscula, y de las empresas de telecomunicaciones, con mayúscula, pasa exactamente lo mismo. Llevamos años escuchando que las grandes operadoras españolas iban a desaparecer bajo el peso de las aplicaciones de mensajería o que el despliegue de la fibra en las zonas rurales de Murcia iba a ser un fracaso absoluto. Pues bien, parece que, al igual que el equipo guatemalteco, el sistema aguanta. Y no solo aguanta, sino que se está transformando de una forma que ni nos imaginamos mientras nos tomamos un asiático tranquilamente.

Lo que me fascina de todo este lío es la resiliencia. En Cartagena sabemos un rato de eso. Hemos visto pasar civilizaciones, asedios y crisis industriales, y aquí seguimos, con el puerto a pleno rendimiento y la tecnología punta colándose por las rendijas de los edificios modernistas. Las comunicaciones no son solo cables y antenas; son la columna vertebral de que todo esto no se desmorone. Y sí, a muchos les gustaría ver cómo el sistema falla para decir «te lo dije», pero la realidad es mucho más terca.

Del telégrafo en el Arsenal a la fibra óptica de hoy

Si nos ponemos un poco nostálgicos, pero sin pasarnos de frenada, hay que recordar que Cartagena siempre ha sido un nodo crítico. No es por tirarnos flores, pero cuando en el resto de la península aún andaban con señales de humo (es un decir, no me saltéis al cuello), aquí el Arsenal ya era un hervidero de innovación técnica. La necesidad de comunicarse con la flota obligó a que España se pusiera las pilas en sistemas de transmisión.

Me contaba el otro día un amigo que trabaja en mantenimiento de redes que la gente no valora lo que cuesta que un mensaje de WhatsApp llegue de una punta a otra de la ciudad en milisegundos. Pensamos que es magia, pero es infraestructura pura y dura. Es el equivalente a lo que Edgar Galindo defiende con su equipo: una estructura que, por mucho que la critiquen, tiene unos cimientos que no se tumban con un par de malos resultados o una caída de tensión.

En España, hemos pasado de ser los últimos de la clase en conectividad a tener una de las redes de fibra óptica más potentes de Europa. A veces somos muy dados a darnos latigazos, pero la realidad es que en cualquier pueblo perdido de la Sierra de la Pila puedes tener mejor conexión que en el centro de Berlín. Y eso, amigos, es quedarse con la gana de vernos fracasar tecnológicamente.

La Inteligencia Artificial: ¿El nuevo árbitro del partido?

Ahora bien, no todo es tirar cable y esperar a que funcione. Aquí es donde entra la Inteligencia Artificial, que está haciendo de «entrenador» en la sombra para que las comunicaciones no se queden fuera de juego. La IA en las redes españolas no es esa cosa futurista de las películas de Hollywood; es algo mucho más mundano y útil. Se usa para predecir cuándo se va a romper un nodo antes de que ocurra. Vaya, que es como saber que un jugador se va a lesionar antes de que empiece a cojear.

Las operadoras de aquí, como Telefónica o incluso las más nuevas que están pegando fuerte, usan algoritmos para gestionar el tráfico. Si hay un pico de demanda porque todo el mundo está viendo el derbi o porque ha salido una noticia bomba, la IA redistribuye la carga. Es una gestión invisible que evita que nos quedemos «con la gana» de enviar ese meme tan gracioso en el momento justo.

La verdad es que, si mal no recuerdo, hace apenas diez años un apagón digital era algo relativamente común cuando había mucha saturación. Hoy, gracias a estos modelos de aprendizaje automático, el sistema es mucho más robusto. Es una especie de seguro de vida digital. Y ojo, que esto no solo va de ocio. En una ciudad con tanta actividad industrial y militar como la nuestra, que las comunicaciones no fallen es una cuestión de seguridad nacional, ni más ni menos.

Un poco de código para los que gustan de mancharse las manos

Para que nos entendamos, no hace falta ser un genio de Silicon Valley para entender cómo se monitoriza que una comunicación siga «viva». A veces, la solución más tonta es la más efectiva. Imaginad que queremos comprobar si un servidor o una centralita sigue en pie, dándole la razón a los que dicen que «seguimos en la liga».

Aquí os dejo un pequeño fragmento de código en Python, algo muy básico que cualquier administrador de sistemas podría usar para no quedarse con la cara partida cuando algo falla. Es un script de «latido» o heartbeat, muy sencillo pero resultón:


import os
import time

def comprobar_conexion(host):
    # Usamos el comando ping, que es más viejo que el hilo negro pero funciona
    respuesta = os.system(f"ping -c 1 {host} > /dev/null 2>&1")
    
    if respuesta == 0:
        return True
    else:
        return False

# La lista de nodos que no queremos que caigan (como el Comunicaciones)
nodos_criticos = ["192.168.1.1", "google.com", "servidor-local-cartagena"]

while True:
    for nodo in nodos_criticos:
        if comprobar_conexion(nodo):
            print(f"El nodo {nodo} sigue dando guerra. ¡A llorar a la llorería!")
        else:
            print(f"Ojo, el nodo {nodo} se ha ido al banquillo. Toca revisar.")
    
    # Esperamos un poco, que no queremos saturar el sistema tampoco
    time.sleep(60)

Este código, aunque parezca una tontería, es la base de la resiliencia. Estar mirando constantemente, de forma automatizada, que todo sigue donde debe estar. Si las empresas españolas no hicieran esto a gran escala, con herramientas mucho más complejas, claro, el sistema se habría ido al traste hace mucho tiempo.

¿Por qué nos gusta tanto el drama del descenso?

Volviendo al tema del tuit y esa sensación de «se van a quedar con la gana», hay un componente psicológico muy español en todo esto. Nos encanta el underdog, el equipo pequeño que planta cara, pero también nos produce un morbo extraño ver cómo el gigante tropieza. En el sector de las comunicaciones en España, hemos visto cómo empresas que parecían intocables han tenido que fusionarse o cambiar de estrategia radicalmente para no desaparecer.

Al final del día, la competencia es lo que mantiene vivo el cotarro. Si no hubiera alguien deseando que «Comunicaciones» (ya sea el equipo o la empresa de turno) cayera, no habría incentivo para mejorar. La presión de las redes sociales, las críticas feroces de los usuarios cuando el 5G no llega a la velocidad prometida en el Barrio de la Concepción, es lo que obliga a los ingenieros a romperse la cabeza.

La verdad es que la soberbia se paga cara en este mundo tecnológico. El que se cree que ya lo ha ganado todo y que su puesto en la «LNF» de la vida está asegurado, es el primero que acaba besando la lona. Por eso, esa actitud de «seguimos y seguiremos» tiene que ir acompañada de una buena dosis de humildad y mucho trabajo técnico detrás.

El impacto local: Cartagena como laboratorio

No sé si sabéis que en Cartagena se están probando cosas muy interesantes relacionadas con el Internet de las Cosas (IoT) aplicado a la gestión del agua y el patrimonio. Es comunicación pura. Sensores que hablan entre ellos para decirnos si una piedra del Teatro Romano se ha movido un milímetro o si hay una fuga en una tubería de la calle Real.

Esto es lo que yo llamo «comunicaciones con alma». No es solo tecnología por tecnología, sino aplicada a que nuestra ciudad funcione mejor. Y sí, hay escépticos. Siempre los hay. Gente que dice que eso son «tonterías modernas» y que el dinero debería ir a otras cosas. Pero cuando esos sistemas evitan una inundación o ayudan a conservar nuestra historia, esos mismos escépticos se quedan, efectivamente, con la gana de criticar.

Me resulta curioso cómo un tuit sobre un equipo de fútbol al otro lado del charco puede resonar tanto con la realidad de una ciudad portuaria en España. Pero es que la lucha por la relevancia y la supervivencia es universal. Ya sea defendiendo unos colores en el césped o defendiendo la cuota de mercado en el sector de la banda ancha, la energía es la misma.

La trampa de la perfección tecnológica

A veces, los que escribimos sobre tecnología cometemos el error de pintar un mundo perfecto. Todo es «disruptivo», todo es «sin fisuras». Mentira. Las comunicaciones fallan. Los cables se cortan porque una excavadora en una obra en Santa Lucía ha metido la pala donde no debía. Los servidores se sobrecalientan porque el verano murciano no perdona ni a las máquinas.

Lo humano de las comunicaciones es precisamente el fallo y la capacidad de reacción. Cuando Edgar Galindo dice que «siguen y seguirán», no está diciendo que sean perfectos, sino que tienen la capacidad de aguantar los golpes. En el blog siempre intentamos aterrizar estos conceptos: la IA no es una varita mágica, es una herramienta que a veces también se equivoca, pero que nos ayuda a que el desastre sea menor.

Para que nos entendamos, confiar ciegamente en la tecnología es tan peligroso como desahuciarla antes de tiempo. Hay que encontrar ese punto medio donde entendemos que, aunque haya gente deseando el colapso, hay miles de profesionales (muchos de ellos aquí en la Región) trabajando para que el «ping» siga volviendo con un resultado positivo.

¿Qué nos depara el futuro inmediato?

Si me preguntáis a mí, creo que vamos hacia un escenario donde la comunicación va a ser cada vez más invisible y, por tanto, más criticada cuando falte. Es la paradoja de nuestro tiempo. Cuanto mejor funciona algo, menos lo valoramos y más nos molesta que falle un solo segundo.

En España, el reto está en la soberanía digital. No quedarnos con la gana de tener nuestra propia tecnología. Estamos muy acostumbrados a importar soluciones de fuera, pero hay talento de sobra en las universidades, como la UPCT aquí al lado, para liderar proyectos de comunicaciones que no dependan de los caprichos de un magnate de turno en una oficina de cristal en California.

La conclusión que saco de todo esto es que la resiliencia no es solo aguantar, es evolucionar mientras te llueven las piedras. El Comunicaciones seguirá en su liga, y nuestras redes seguirán soportando el peso de una sociedad que cada vez demanda más y agradece menos. Pero oye, así es el juego.

Reflexión final de barra de bar

Al final del día, lo que queda es la conexión humana. Toda esta parafernalia de fibra, IA, scripts en Python y satélites no sirve de nada si no hay un mensaje que valga la pena enviar. Ya sea un «llegaré tarde a las cañas» o un tuit reivindicativo sobre tu equipo del alma, lo importante es que el canal esté abierto.

Así que, para todos aquellos que están esperando que el sistema caiga, que la tecnología nos falle o que las instituciones se desmoronen: paciencia. Porque, como bien dice el tuit que ha inspirado este rato de charla, parece que hay cuerda para rato. Y nosotros estaremos aquí para contarlo, con un ojo en el monitor y otro en el horizonte del puerto, viendo cómo los barcos entran y salen, ajenos a las tormentas digitales que se montan en las redes.

Vaya, que si algo hemos aprendido en esta esquina del Mediterráneo, es que para vernos caer van a tener que sudar tinta. Y mientras tanto, seguiremos comunicando, que es lo que mejor se nos da, aunque a veces sea para decir verdades que escuecen o para defender lo que otros ya daban por muerto.

Y ojo, que esto no ha hecho más que empezar. La próxima vez que veáis una noticia sobre el fin de una era o el colapso de una gran empresa, recordad: a menudo, los que anuncian el fin son los que más ganas tienen de que ocurra, no los que tienen la información real. Nos vemos en la próxima conexión, si los cables y la IA nos lo permiten.

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unpokitodxfavor

Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

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