¿Alguna vez os habéis parado a pensar por qué nos empeñamos tanto en separar las cosas? Ya sabéis, esa manía que tenemos desde el colegio de decir «tú eres de letras» o «tú eres de ciencias». Como si el cerebro tuviera un muro de hormigón en medio y los hemisferios no se hablaran ni para pedirse la sal. La verdad es que esa división es un invento moderno que nos está limitando un montón. Por suerte, hay gente que se dedica precisamente a tirar ese muro abajo con una maza, y lo hacen bajo un nombre que suena a red de espionaje pero que es mucho más interesante: redActs.
Si os soy sincero, la primera vez que escuché hablar de la Red de intersecciones entre Arte, Ciencia, Tecnología y Sociedad (ACTS), pensé que sería otro de esos grupos de académicos dándose palmaditas en la espalda. Pero me equivocaba. Y me alegra haberme equivocado. Lo que hay detrás es un ecosistema vibrante que está intentando responder a las preguntas que la tecnología por sí sola no sabe contestar, y que el arte, sin datos, a veces no alcanza a aterrizar. Es, para que nos entendamos, el lugar donde un biólogo, una programadora de Python y un escultor se sientan a tomar un café y deciden que van a investigar juntos cómo afecta el ruido electromagnético a las abejas o cómo demonios vamos a gestionar el duelo en la era de los avatares digitales.
En España, este movimiento está cogiendo una fuerza tremenda. No es solo una cuestión de «hacer cosas bonitas» con pantallas LED. Es algo mucho más profundo que toca la fibra de nuestra sociedad actual, una sociedad que, seamos realistas, anda un poco perdida entre tanta actualización de software y tanta crisis de sostenibilidad. Vamos a desgranar qué está pasando en este mundillo, porque lo que viene en 2026, con proyectos como Wikiriki o las máquinas de Piksel, tiene mucha tela que cortar.
Si hablamos de redActs, tenemos que hablar de Bilbao. Pero no del Bilbao de los museos de titanio y las postales turísticas, sino de ese Bilbao que bulle en espacios como Wikitoki. Hace poco anunciaron su jornada de puertas abiertas, el WIKIREKI, y la verdad es que el planteamiento me parece una maravilla. En un mundo donde todo parece que tiene que ser productivo, eficiente y medible en KPIs, ellos proponen «enredarse». Así, tal cual.
Wikitoki no es un coworking al uso. Olvidaos de las oficinas con paredes de cristal y fruta gratis en la recepción. Es un laboratorio de prácticas colaborativas. La idea detrás de su jornada de puertas abiertas es compartir qué pasa ahí dentro, pero no desde el postureo, sino desde la vulnerabilidad de «sostenerse en comunidad». Me encanta esa expresión. En medio de tanta incertidumbre (que si la IA nos quita el trabajo, que si el clima se vuelve loco), juntarse para celebrar las «pequeñas-grandes peripecias» de lo común es casi un acto revolucionario. Bueno, no quería usar esa palabra, digamos que es un acto de rebeldía muy necesario.
Lo interesante aquí es cómo mezclan la tecnología con lo social. No ven la tecnología como un fin, sino como una herramienta para que la gente se entienda. Y ojo, que esto no es fácil. Cualquiera que haya intentado organizar una reunión de vecinos sabe que ponerse de acuerdo es un dolor de muelas. Ahora imaginad eso multiplicado por proyectos de investigación artística y social. Pues eso es lo que hacen allí, y lo hacen con una convocatoria que ya es un clásico: Wikiriki.
Wikiriki 2026: Investigar sin miedo a mancharse las manos
La convocatoria de residencias Wikiriki 2026 es el ejemplo perfecto de lo que defiende redActs. No buscan a alguien que se encierre en un estudio a pintar un cuadro. Buscan experimentación abierta. La palabra clave aquí es «investigación-creación». Es un concepto que a veces suena un poco elevado, pero que en la práctica significa: «tengo una pregunta sobre cómo funciona el mundo y voy a usar todas las herramientas a mi alcance para intentar responderla, aunque el resultado no sea un objeto, sino un proceso».
Estas residencias son vitales para el ecosistema español. A menudo, los artistas e investigadores se ven atrapados en la burocracia de las subvenciones o en la tiranía del mercado. Wikiriki ofrece un espacio de seguridad para fallar. Y es que, si mal no recuerdo, las mejores innovaciones de la historia han venido de gente que tuvo permiso para meter la pata. En Bilbao, este año, el foco está en cómo estas investigaciones pueden permear en la sociedad, saliendo de la burbuja del experto para mancharse de realidad.
Máquinas, fantasmas y futuros que perdimos
Cambiando un poco de tercio, pero sin salirnos de la red, nos encontramos con una propuesta que me ha dejado dándole vueltas a la cabeza varios días. Se trata de RE-SIST-ER-ANCE Machines, Ghosts and Lost Futures, un texto curatorial de Maite Cajaraville y Gisle Frøysland para Piksel. Ojo con esto, porque aquí entramos en el terreno de la filosofía técnica de alto voltaje.
Piksel es un festival que se celebra en Noruega pero que tiene una conexión española fortísima gracias a Maite Cajaraville. Lo que plantean es una reflexión sobre nuestra relación con las máquinas. A veces pensamos que la tecnología es algo nuevo, brillante y siempre hacia adelante. Pero, ¿qué pasa con los «futuros perdidos»? Esos caminos tecnológicos que no tomamos, o esas promesas de los años 90 sobre una internet libre y abierta que se han quedado un poco en agua de borrajas.
La idea de los «fantasmas en la máquina» no es nueva, pero en el contexto actual de la Inteligencia Artificial cobra un sentido diferente. Estamos alimentando a las máquinas con nuestro pasado (nuestros textos, nuestras fotos, nuestros sesgos) para que predigan nuestro futuro. Es como si estuviéramos atrapados en un bucle temporal. El texto de Piksel nos invita a la resistencia, pero no a una resistencia de «romper las máquinas» al estilo ludita, sino a una resistencia de entender qué hay debajo del capó. De reclamar la tecnología como algo propio y no como algo que nos viene impuesto por cuatro empresas de Silicon Valley.
La estética del error y el código abierto
En estos entornos de redActs, se valora mucho el código abierto. No es solo por una cuestión de ahorrar dinero en licencias (que también, que la vida está cara), sino por una cuestión ética. Si no puedes abrirlo, no es tuyo. Los artistas que trabajan con Piksel suelen usar herramientas de software libre para crear sus obras. ¿Por qué? Porque el software comercial es como una caja negra: metes algo, sale algo, pero no sabes qué ha pasado en medio.
Para que nos entendamos, es la diferencia entre comprar una lasaña precocinada o hacerla tú mismo. Si la haces tú, sabes cuánta sal lleva y puedes cambiar la receta. Si usas software libre, puedes «hackear» el resultado para que exprese exactamente lo que quieres, incluso si eso significa forzar el error. El glitch art, por ejemplo, se basa en eso: en encontrar la belleza en el fallo del sistema. Es una forma de decir: «Eh, máquina, sé que estás ahí y sé cómo funcionas».
Barro y Compost: Cuando la ciencia baja al suelo
Si pensabais que redActs era solo pantallas y código, esperad a ver esto. Una de las noticias más frescas que nos llega es la convocatoria de «Barro y Compost» dentro de los Laboratorios Ciudadanos. Aquí la tecnología se vuelve analógica y biológica, y la verdad es que me parece una de las iniciativas más necesarias de nuestro tiempo.
Se trata de dos proyectos que giran en torno al suelo. Sí, al suelo que pisamos. Ese gran olvidado que solemos cubrir con asfalto y cemento. En un momento en el que hablamos tanto de crisis climática, volver la vista a la salud de la tierra es fundamental. Pero lo hacen desde una perspectiva de laboratorio ciudadano, lo que significa que no necesitas un doctorado en edafología para participar.
La idea es que la gente del barrio, los vecinos de toda la vida, se junten con científicos y artistas para analizar la calidad del compost, entender los ciclos de descomposición y ver cómo podemos regenerar el suelo urbano. Es ciencia ciudadana pura y dura. Y es que, al final del día, la ciencia no debería ser algo que ocurre solo en edificios blancos con acceso restringido. La ciencia es observar, probar y sacar conclusiones, y eso lo puede hacer cualquiera con la guía adecuada.
¿Por qué mezclar barro con tecnología?
Podríais preguntaros qué tiene que ver el compost con la tecnología. Pues mucho. Imaginad que estamos diseñando sensores de bajo coste con Arduino para medir la humedad y la temperatura de una pila de compostaje comunitario. Ahí tienes la intersección:
- Arte: Cómo visualizamos esos datos para que la comunidad los entienda y se sienta conectada con el proceso.
- Ciencia: El estudio biológico de la descomposición y la microbiología del suelo.
- Tecnología: El uso de hardware abierto para monitorizar el proceso.
- Sociedad: La organización vecinal para gestionar los residuos orgánicos y mejorar el entorno.
Vaya, que es el círculo completo de redActs. Es aplicar el ingenio humano para resolver problemas locales de forma colectiva. Y eso, amigos, es mucho más potente que cualquier app de entrega de comida a domicilio.
El papel de la Inteligencia Artificial en la red
No podemos hablar de tecnología en 2026 sin mencionar la IA. Pero en el contexto de redActs, la IA no se ve como esa entidad mágica que lo va a solucionar todo (o a destruir todo). Se ve como una herramienta más de creación y, sobre todo, de crítica. En España tenemos colectivos y artistas que están haciendo cosas increíbles en este sentido, cuestionando los sesgos de los algoritmos que deciden quién recibe una ayuda social o qué noticias vemos en nuestro muro.
A menudo, en el blog, hablamos de código. Pues bien, imaginad un fragmento de código que no busca optimizar un proceso, sino generar una reflexión. Algo así como este pequeño script irónico que me acabo de inventar:
# Simulador de toma de decisiones "ética"
import random
def decidir_futuro_del_barrio(datos_vecinos, presupuesto_ayuntamiento):
# La IA analiza miles de variables para llegar a la conclusión...
# ...que ya sabíamos de antemano.
if presupuesto_ayuntamiento < 100:
return "Poner un banco nuevo y decir que es urbanismo táctico."
intereses_especulativos = random.choice([True, False])
if intereses_especulativos:
return "Construir un centro comercial con temática 'sostenible'."
else:
return "Escuchar a la redActs y crear un laboratorio ciudadano."
# Nota del programador: Este código es sarcástico.
# Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia (o no).
Este tipo de aproximaciones son las que se fomentan en estas redes. No se trata de usar la IA porque es la moda, sino de «desmontarla» para ver qué hay dentro. Hay proyectos que usan redes neuronales para traducir el lenguaje de las plantas o para crear archivos de memoria colectiva que no dependan de las grandes plataformas. Es una forma de domesticar la tecnología, de bajarla del pedestal y ponerla a trabajar para nosotros, y no al revés.
La importancia de los conectores: Personas que hacen red
Detrás de nombres como Wikitoki, Piksel o los Laboratorios Ciudadanos, hay personas. Y esto es algo que a veces olvidamos en el mundo tecnológico. Mencionaba antes a Maite Cajaraville, pero hay muchísimos otros nombres que actúan como «conectores». Son gente que habla varios idiomas: el idioma del artista, el del técnico y el del activista social.
La labor de estos perfiles es agotadora pero vital. Son los que consiguen que una institución pública entienda por qué es importante financiar una residencia artística sobre el compost, o que un programador se interese por cómo su código puede ayudar a una asociación de vecinos. En España, tenemos una tradición muy rica de estos «espacios intermedios». Desde el antiguo Medialab-Prado en Madrid (que fue un referente mundial, aunque ahora haya cambiado de forma) hasta Hangar en Barcelona o Tabakalera en Donostia.
Lo que hace redActs es tejer una malla entre todos estos nodos. Porque la verdad es que, si cada uno hace la guerra por su cuenta, es muy difícil cambiar nada. Pero si compartes recursos, conocimientos y, sobre todo, fracasos, la cosa cambia. La red permite que un aprendizaje en Bilbao sirva para un proyecto en Sevilla o en Valencia. Es una inteligencia colectiva que no necesita de superordenadores, sino de voluntad y de mucha comunicación.
¿Por qué esto debería importarte a ti?
Llegados a este punto, puede que pienses: «Vale, esto suena muy bien, pero yo soy un programador que trabaja para una consultora» o «yo soy una persona curiosa que solo quiere saber qué pasa en el mundo». Pues bien, esto te importa más de lo que crees. La intersección ACTS es donde se está cocinando el futuro de nuestra relación con el mundo digital y físico.
Vivimos en una época de «cajas negras». No sabemos cómo funcionan los algoritmos que nos gobiernan, no sabemos de dónde viene lo que comemos y a veces no sabemos ni quién vive en el piso de al lado. Proyectos como los de redActs intentan abrir esas cajas. Nos enseñan que podemos ser participantes activos en la creación de tecnología y en la gestión de nuestra sociedad. No somos solo «usuarios» o «consumidores». Somos ciudadanos con capacidad de crear, de investigar y de transformar nuestro entorno.
Además, seamos sinceros, el enfoque puramente técnico se está quedando corto. Las empresas tecnológicas más punteras ya están contratando a filósofos y artistas porque se han dado cuenta de que para crear productos que la gente quiera usar, necesitan entender la complejidad humana. Y esa complejidad no se resuelve solo con más memoria RAM o con un procesador más rápido. Se resuelve con empatía, con contexto histórico y con una visión crítica de la realidad.
El desafío de la sostenibilidad (y no solo la ecológica)
Uno de los grandes temas que sobrevuela redActs en 2026 es la sostenibilidad. Pero no solo hablamos de plantar árboles o reciclar plástico. Hablamos de la sostenibilidad de los propios proyectos. Mantener una comunidad viva como Wikitoki es un esfuerzo titánico. Requiere tiempo, energía y, por supuesto, dinero. La precariedad es el gran fantasma que recorre el sector cultural y científico en España.
A menudo, estos proyectos viven de convocatoria en convocatoria, con una incertidumbre constante sobre si el año que viene podrán seguir abiertos. Por eso, la jornada de puertas abiertas de la que hablábamos al principio es tan importante. Es una forma de decir: «Estamos aquí, esto es lo que hacemos y esto es por qué es valioso». Es una invitación a que más gente se sume, no solo como público, sino como «miembres» (como dicen ellos, usando un lenguaje inclusivo que ya es marca de la casa) que aporten su granito de arena.
La sostenibilidad también es digital. ¿Cómo mantenemos vivos los archivos de arte digital si el software que usaron se queda obsoleto en dos años? ¿Cómo nos aseguramos de que los datos de un laboratorio ciudadano no se pierdan cuando se acabe la subvención? Estas son las preguntas reales, las que no salen en los anuncios de las grandes tecnológicas, pero que son las que redActs intenta responder cada día.
Un vistazo al futuro: ¿Hacia dónde vamos?
Si miramos hacia adelante, el panorama es a la vez inquietante y emocionante. Por un lado, la presión tecnológica es cada vez mayor. La IA generativa está cambiando la forma en que creamos imágenes, textos y código a una velocidad de vértigo. Por otro lado, hay una necesidad creciente de volver a lo tangible, a lo local, al «barro».
Creo que el futuro de redActs pasa por hibridar aún más estas dos realidades. Veremos más proyectos que usen la IA para entender ecosistemas naturales, o que utilicen la realidad aumentada para recuperar la memoria histórica de nuestros barrios. La clave será no perder el foco humano. Como dicen en el texto de Piksel, se trata de no dejarse arrastrar por los «fantasmas» de un progreso mal entendido y recuperar la capacidad de imaginar futuros que realmente queramos habitar.
En España, tenemos el talento y tenemos las redes. Lo que nos falta a veces es creérnoslo un poco más y apoyar estos espacios que, aunque parezcan pequeños o «raros», son los laboratorios donde se está probando la sociedad del mañana. Así que, la próxima vez que pases por delante de un centro cultural o de un espacio de creación colectiva, no pases de largo. Entra, pregunta, enrédate. Puede que descubras que tú también tienes algo que aportar a esa intersección entre arte, ciencia y tecnología.
Al final del día, lo que nos enseña redActs es que el conocimiento no es una propiedad privada, sino un bien común. Y que la mejor forma de entender el mundo no es mirándolo a través de una sola lente, sino combinando todas las que tengamos a mano: la del microscopio, la del pincel, la del teclado y, sobre todo, la de la mirada del otro. Porque, vaya, que en este lío de la vida, o nos enredamos juntos o nos desenredamos solos. Y yo, qué queréis que os diga, prefiero el enredo.
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