Los chimpancés son más fuertes que los humanos ( para algunos investigadores hasta 4 veces más ) atendiendo a la simple explicación de que los monos antropomorfos tienen músculos más potentes.
Sin embargo, el biólogo Alan Walker, un experto en evolución y profesor de la Universidad Estatal de Pensilvania, piensa que los músculos son tan sólo una parte que influyen en dicha fuerza. Plantea que a los humanos nos puede faltar la fuerza de los chimpancés porque nuestro sistema nervioso ejerce mayor control sobre nuestros músculos. Nuestro excelente control motor nos impide realizar proezas físicas que requieran de una fuerza enorme, pero, a cambio, nos permite llevar a cabo tareas delicadas y de muy elevada precisión, que sólo son realizables por humanos.
La hipótesis de Walker se sustenta en parte en un descubrimiento de la primatóloga Ann MacLarnon. Ésta demostró que proporcionalmente a la masa corporal, los chimpancés tienen mucha menos materia gris en su médula espinal que los humanos. La materia gris de la médula espinal contiene un gran número de neuronas motoras, células nerviosas que se conectan con las fibras musculares y regulan el movimiento de los músculos. La presencia de una mayor cantidad de materia gris en los humanos significa mayor cantidad de neuronas motoras. Y tener más neuronas motoras significa más control muscular.
Nuestras neuronas motoras extra nos permiten activar porciones más pequeñas de nuestra musculatura en un momento dado. Podemos poner en movimiento sólo unas pocas fibras musculares para tareas delicadas como enhebrar una aguja y, si es necesario, activar más fibras para llevar a cabo tareas que necesiten más fuerza.
En los chimpancés, sin embargo, como tienen menos neuronas motoras, cada neurona activa un número mayor de fibras musculares. Por tanto, el uso de un músculo para el chimpancé se convierte en un asunto de todo o nada. Como resultado, los chimpancés a menudo terminan empleando más musculatura de la que realmente necesitan.
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