astronomia / abril 24, 2026 / 11 min de lectura / 👁 115 visitas

Más allá del Teide: Los gigantes dormidos de Marte

A veces, cuando uno pasea por el puerto de Cartagena al caer la tarde y mira hacia el horizonte, es inevitable preguntarse qué demonios hay más allá de esa línea donde el Mediterráneo se junta con el cielo. No es solo una cuestión de barcos o de rutas comerciales; es esa curiosidad innata que nos hace levantar la vista. Pues bien, resulta que este viernes 16 de enero tenemos una cita que, aunque organizada por el Departamento de Astronomía de la Universidad de Concepción (UdeC), nos toca muy de cerca a todos los que disfrutamos con un buen misterio cósmico. La charla se titula “Erupciones en el Sistema Solar” y, la verdad, promete ponernos los pies en la tierra… o mejor dicho, en otros suelos bastante más moviditos que el nuestro.

La encargada de guiarnos por este viaje volcánico es Leidy Peña. No es una cualquiera: licenciada en Física, magíster en Astronomía y metida de lleno en un doctorado en Ingeniería Eléctrica. Además, forma parte del CePIA (Centro para la Instrumentación Astronómica). Vamos, que sabe de lo que habla. Y lo que nos viene a contar no es la típica lección de geografía de instituto. Nos va a hablar de cómo el fuego y el hielo moldean mundos que, a priori, parecen muertos, pero que están más vivos de lo que pensamos. Y ojo, que esto de los volcanes no es solo cosa de Canarias o de nuestros cabezos volcánicos aquí en la Región de Murcia; el Sistema Solar es una auténtica caldera.

Cuando pensamos en volcanes, a los españoles nos viene a la cabeza el Teide o, más recientemente, el susto que nos dio La Palma. Pero si comparamos eso con lo que hay en Marte, nos quedamos en nada. En la charla de los Viernes Estelares se hablará, como no puede ser de otra forma, del Monte Olimpo. La verdad es que las cifras marean: tiene unos 22 kilómetros de altura. Para que nos entendamos, es como si apilaras tres veces el Everest y aún te sobrara sitio para un par de picos de Sierra Nevada.

¿Por qué Marte tiene volcanes tan absurdamente grandes? La explicación es tan sencilla como fascinante. En la Tierra, las placas tectónicas se mueven. Un punto caliente bajo la corteza va creando una cadena de volcanes (como las Canarias) porque el suelo se desplaza. En Marte, la corteza es rígida, no se mueve. Así que, si hay un punto soltando lava, la suelta siempre en el mismo sitio durante miles de millones de años. El resultado es una montaña que se sale de la atmósfera. Vaya, que si estuviéramos en la cima, estaríamos técnicamente en el espacio.

Lo curioso es que, aunque Marte parece un desierto helado y silencioso, la pregunta que siempre ronda en los pasillos de las facultades de astronomía en España es: ¿está realmente muerto? Algunos estudios recientes sugieren que podría haber actividad residual. No esperéis una explosión mañana mismo, pero geológicamente hablando, Marte podría estar echándose una siesta larga, nada más.

Venus: El infierno que no deja de rugir

Si Marte es el gigante dormido, Venus es la pesadilla de cualquier geólogo. Es el planeta más caliente del Sistema Solar, y no precisamente por estar el más cerca del Sol (ese es Mercurio), sino por un efecto invernadero que ríete tú del cambio climático terrestre. Allí, la presión es tan bestia que te aplastaría como a una lata de refresco en segundos.

En la charla de Leidy Peña se explorará cómo Venus está literalmente cubierto de volcanes. Se cree que el planeta sufrió un evento de «renovación total de la superficie» hace unos cientos de millones de años. Básicamente, el planeta se dio la vuelta como un calcetín de lava. Lo más interesante es que misiones recientes, y el análisis de datos de sondas como la Magallanes, indican que todavía hay volcanes activos. Se han detectado cambios de temperatura repentinos en la superficie que solo pueden explicarse por coladas de lava frescas.

Es curioso, porque en España tenemos expertos en geología planetaria que colaboran con la ESA (Agencia Espacial Europea) analizando precisamente estos datos. La verdad es que estudiar Venus es como mirar en un espejo oscuro lo que podría pasarle a un planeta si las cosas se salen de madre. No es un sitio agradable, pero sus erupciones son fundamentales para entender por qué la Tierra es como es y Venus es… bueno, un horno de ácido sulfúrico.

Ío: La pizza volcánica de Júpiter

Si hay un protagonista indiscutible cuando hablamos de erupciones en el Sistema Solar, ese es Ío. Es una de las lunas de Júpiter y, sinceramente, parece una pizza cuatro quesos con exceso de tomate. Es el cuerpo con más actividad volcánica de todo el vecindario. Mientras que en la Tierra nos emocionamos con una erupción cada pocos años, en Ío hay cientos de volcanes escupiendo azufre constantemente.

¿Por qué tanta violencia? Por la gravedad. Júpiter es un monstruo gravitatorio y, junto con las otras lunas grandes (Europa y Ganímedes), estiran y comprimen a Ío como si fuera una bola de plastilina. Ese roce interno genera un calor brutal que tiene que salir por algún lado. Y sale en forma de plumas de gas que alcanzan los 500 kilómetros de altura. Para que os hagáis una idea, una erupción en Ío llegaría desde Cartagena hasta Madrid en vertical. Una locura.

Lo que Leidy Peña seguramente destacará es cómo estas erupciones afectan a todo el sistema de Júpiter. El azufre que suelta Ío crea un toroide (una especie de donut) de partículas cargadas que alimenta las auroras de Júpiter. Es un sistema interconectado donde la geología de una luna pequeña dicta el comportamiento electromagnético de un planeta gigante. La verdad es que la naturaleza no deja de sorprendernos con estas carambolas.

Criovulcanismo: Cuando el fuego es de hielo

Aquí es donde la charla se pone realmente interesante y un poco contraintuitiva. Estamos acostumbrados a que un volcán escupa roca fundida a mil grados. Pero en los confines del Sistema Solar, en lunas como Europa (de Júpiter) o Encelado (de Saturno), existen los criovolcanes. En lugar de lava, escupen agua, amoníaco o metano, que se congelan instantáneamente al salir al vacío del espacio.

Encelado es, quizás, el caso más poético. Tiene unas grietas en el polo sur, llamadas «rayas de tigre», por donde salen chorros de vapor de agua y hielo. La sonda Cassini incluso llegó a «volar» a través de estas plumas y detectó moléculas orgánicas. Esto es un bombazo, porque significa que bajo esa capa de hielo hay un océano de agua líquida caliente, con minerales y energía. O sea, los ingredientes básicos para la vida.

Imagínate por un momento un volcán de hielo en mitad de la noche eterna de Saturno. Es una imagen que rompe todos nuestros esquemas. Y es que, al final del día, el vulcanismo no es más que la forma que tiene un cuerpo celeste de liberar energía interna. Si el cuerpo es de roca, sale lava; si es de hielo, sale agua. La física es la misma, lo que cambia es el «combustible».

¿Cómo detectamos estas erupciones desde la Tierra?

Aquí entra la parte técnica que tanto nos gusta a los que cacharreamos con tecnología. No podemos mandar una sonda a cada volcán que vemos. Muchas veces, tenemos que usar la instrumentación astronómica, como la que desarrollan en el CePIA de la UdeC. Se utilizan cámaras infrarrojas para detectar puntos calientes en superficies gélidas o espectroscopía para ver la firma química de los gases que sueltan estas erupciones.

Incluso se utiliza Inteligencia Artificial para analizar las miles de imágenes que envían las sondas. Por ejemplo, para identificar cambios sutiles en la superficie de Marte que indiquen nuevos desprendimientos o posibles emisiones de gas. Si os interesa el tema, aquí os dejo un pequeño ejemplo de cómo se podría procesar una imagen simple para resaltar anomalías térmicas (esto es una simplificación, claro, pero para que nos entendamos):


import numpy as np
import matplotlib.pyplot as plt

# Simulamos una matriz de temperaturas de la superficie de una luna
# 0 es frío extremo, 1 es un "punto caliente" volcánico
superficie = np.random.rand(100, 100) * 0.1
superficie[45:50, 45:50] += 0.8  # Simulamos un volcán activo

def detectar_volcan(matriz, umbral=0.5):
    # Buscamos zonas que superen el umbral de temperatura
    anomalias = matriz > umbral
    return anomalias

resultado = detectar_volcan(superficie)

plt.imshow(resultado, cmap='hot')
plt.title("Detección de anomalía térmica en Encelado")
plt.show()

Vaya, que con un poco de código y mucha paciencia, los astrónomos son capaces de «ver» erupciones a millones de kilómetros de distancia. Es un trabajo de detectives espaciales que, sinceramente, me parece fascinante.

La conexión con Cartagena: Nuestros propios volcanes

No puedo hablar de erupciones y de astronomía sin barrer un poco para casa. A veces olvidamos que Cartagena y su comarca tienen un origen volcánico muy marcado. Si vas a la zona de El Carmolí, o miras las islas del Mar Menor (la Isla Grosa, la Perdiguera, el Barón…), estás viendo restos de volcanes. Son volcanes extintos, claro, de hace unos siete millones de años, pero ahí están.

La verdad es que nuestra geología local es un laboratorio perfecto para entender lo que pasa en otros planetas. Las rocas de la zona de Mazarrón o del Cabezo Beaza tienen composiciones que a veces se usan para comparar con datos de Marte. Es esa conexión entre lo local y lo universal lo que hace que charlas como la de los Viernes Estelares sean tan relevantes. No es algo que pase «allí arriba», es algo que también define el suelo que pisamos cuando vamos a dar una vuelta por la Algameca Chica.

Además, en España tenemos una tradición astronómica que a veces no valoramos lo suficiente. Desde el Observatorio de Calar Alto en Almería hasta el Instituto de Astrofísica de Canarias, estamos en la vanguardia. Y aquí en Cartagena, aunque no tengamos un telescopio gigante en el Castillo de la Concepción (ojalá), tenemos una comunidad de aficionados y profesionales que siguen estos eventos con lupa.

¿Por qué es importante seguir estas charlas?

Podrías pensar: «¿A mí qué más me da que una luna de Saturno escupa hielo?». Pues la verdad es que importa, y mucho. Entender el vulcanismo es entender cómo evolucionan los planetas. La atmósfera que respiramos hoy en la Tierra se formó, en gran medida, gracias a los gases liberados por los volcanes hace miles de millones de años. Sin erupciones, probablemente no estaríamos aquí escribiendo esto.

Además, el estudio de los criovolcanes en lunas como Europa o Encélado es nuestra mejor baza para encontrar vida fuera de la Tierra. Si hay agua líquida y calor, hay esperanza. Y eso, amigos, es la pregunta del millón. La charla de Leidy Peña no es solo sobre piedras y fuego; es sobre nuestros orígenes y nuestro futuro como especie exploradora.

La cita es este viernes 16 de enero a las 18:30 horas. Es una charla pública, enmarcada en la Escuela de Verano UdeC 2026. Aunque nos pille a unos cuantos miles de kilómetros, la magia de la era digital es que este tipo de conocimientos vuelan rápido. Y si no puedes verla en directo, quédate con la idea: el Sistema Solar no es un cementerio de rocas, es un lugar vibrante, ruidoso y en constante cambio.

Un pequeño apunte sobre la instrumentación

Mencionaba antes el CePIA. Es fundamental entender que la astronomía moderna no es solo mirar por un tubo de cristal. Es ingeniería de altísimo nivel. Para detectar una pluma de gas en una luna de Júpiter necesitas sensores que trabajen en condiciones extremas. España, por ejemplo, ha contribuido con tecnología puntera en misiones como la Mars 2020 (el rover Perseverance lleva instrumentos españoles). La colaboración internacional es la clave. Los datos que analiza Leidy en Chile pueden haber sido recogidos por un instrumento diseñado en Madrid o en California.

Al final del día, la ciencia es un lenguaje universal. Da igual si estás en Concepción, en Cartagena o en la Luna; las leyes de la termodinámica que hacen que un volcán entre en erupción son las mismas. Y eso tiene algo de reconfortante, ¿no creéis? Que el universo, con toda su inmensidad, siga unas reglas que podemos llegar a comprender desde el sofá de nuestra casa.

Para que nos entendamos, este tipo de eventos son como una ventana abierta. A veces estamos demasiado encerrados en nuestros problemas diarios, en el tráfico de la calle Real o en si va a llover el fin de semana. Levantar la vista y enterarse de que hay volcanes de hielo en Saturno nos da perspectiva. Nos recuerda que somos parte de algo mucho más grande y, sobre todo, mucho más emocionante.

Así que ya sabéis, si tenéis un rato este viernes, echadle un ojo a lo que cuentan desde la UdeC. Y si no, la próxima vez que paseéis por el puerto de Cartagena y veis una estrella especialmente brillante (que igual es Júpiter o Venus), acordaos de que ahí arriba hay mundos rugiendo, escupiendo lava y hielo, y esperando a que terminemos de entender sus secretos. La verdad es que no hay quien se aburra en este sistema solar nuestro.

La conclusión que saco de todo esto es que la curiosidad es el motor más potente que tenemos. Ya sea a través de una charla técnica, de un programa en Python para detectar calor o simplemente mirando las rocas volcánicas de nuestra costa, lo importante es no dejar de hacerse preguntas. Porque, como diría aquel, la respuesta está ahí fuera, y a veces es mucho más espectacular de lo que nos atrevemos a imaginar.

¿Te ha gustado este artículo?

unpokitodxfavor

Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Resuelve la operación para enviar el comentario * Time limit is exhausted. Please reload the CAPTCHA.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.