comunicaciones / mayo 22, 2026 / 12 min de lectura / 👁 31 visitas

El capitán da la cara: La palabra de José Manuel Contreras

El capitán da la cara: La palabra de José Manuel Contreras

Hay tardes en las que el fútbol se empeña en recordarnos que no todo son goles por la escuadra ni celebraciones eufóricas. A veces, el fútbol es puro oficio, sudor y, por qué no decirlo, un poco de frustración masticada bajo el sol. Lo que vivimos en la Jornada 11 del Apertura 2024 de Guatemala, en ese duelo entre Comunicaciones FC y Xelajú MC, fue precisamente eso: un ejercicio de resistencia que terminó con un rosco en el marcador, pero con muchas lecturas entre líneas. Y si alguien sabe leer entre líneas en este deporte, ese es José Manuel Contreras, el eterno «Moyo».

La verdad es que, desde este lado del charco, a veces nos olvidamos de que el fútbol late con la misma intensidad en Ciudad de Guatemala que en el Cartagonova. Aquí en Cartagena sabemos bien lo que es sufrir por unos colores y ver cómo el balón se niega a entrar por más que el capitán se deje el alma en el césped. El empate a cero de los Cremas ante los Superchivos no fue un partido cualquiera; fue el reflejo de un equipo que busca su identidad en medio de una tormenta de resultados que no terminan de cuajar.

Cuando el árbitro pita el final y el marcador no se ha movido, lo más fácil para un jugador es enfilar el túnel de vestuarios, soltar un par de tópicos y pensar en la ducha. Pero el «Moyo» no es de esos. A sus 38 años, que se dice pronto, el tipo sigue teniendo esa chispa de liderazgo que solo te dan los mil kilómetros recorridos en canchas de todo tipo. Al terminar el encuentro contra Xelajú, Contreras se plantó ante los micrófonos con la calma de quien ha visto de todo, pero con la herida abierta de quien sabe que su equipo necesita más.

Ojo con esto, porque sus declaraciones no fueron el típico discurso de «seguiremos trabajando». Hubo autocrítica, pero también una defensa cerrada del grupo. El capitán reconoció que el 0-0 sabe a poco, especialmente jugando en casa, pero puso en valor la solidez defensiva que, al menos, evitó una tragedia mayor. Para que nos entendamos: Comunicaciones venía de una racha de esas que te quitan el sueño, y frenar la sangría de derrotas era el primer paso, aunque fuera con un empate gris.

Me recuerda un poco a esas épocas del Efesé donde nos costaba un mundo ver portería, pero celebrábamos que la defensa estuviera bien plantada. Contreras sabe que la afición de los Cremas es exigente, quizás de las que más en Centroamérica, y que un punto no calma las aguas, pero es un ladrillo sobre el que empezar a reconstruir. «El Moyo» hablaba de la necesidad de recuperar la confianza, ese intangible que en el fútbol lo es todo. Si no crees que el balón va a entrar, no entra. Es una ley física no escrita.

Un análisis táctico desde la barra del bar (pero con criterio)

Si nos ponemos a analizar el partido con ojos de analista de datos —ya sabéis que me gusta meterle un poco de lógica de programación a esto—, el «script» del partido fue bastante predecible. Comunicaciones intentó llevar la iniciativa, pero con una circulación de balón que por momentos era más lenta que una conexión de internet en un pueblo de la sierra. Xelajú, por su parte, se plantó con un orden táctico envidiable. Amarini Villatoro, el técnico de los Superchivos, no es ningún novato y sabe que a los Cremas se les desespera quitándoles los espacios interiores.

La verdad es que el planteamiento de Xela fue un muro. Para los que nos gusta el fútbol de pizarra, fue interesante ver cómo cerraban las líneas de pase hacia el «Moyo». Saben que si Contreras recibe con tiempo para pensar, te pone un pase de cuarenta metros que te deja solo ante el portero. Así que la consigna era clara: asfixiar al capitán. Y vaya si lo hicieron. El partido se convirtió en una batalla en el centro del campo, con muchas interrupciones y poco ritmo. Un «loop» infinito de faltas tácticas y balones divididos.

Al final del día, el fútbol son áreas. Y en las áreas, ni unos ni otros estuvieron finos. Comunicaciones tuvo un par de llegadas, más por empuje que por claridad, pero la pólvora estaba mojada. Es curioso cómo un equipo con la historia y el presupuesto de los Cremas puede verse tan bloqueado mentalmente. Es como cuando tienes un error en el código que no logras encontrar: revisas las variables, cambias las funciones, pero el programa sigue sin dar el resultado esperado. Eso le pasa ahora mismo a la delantera blanca.

La sombra de la crisis en el Cementos Progreso

No podemos ignorar el contexto. Comunicaciones FC no está pasando por su mejor momento. Venían de una racha de derrotas consecutivas que habían encendido todas las alarmas. En España diríamos que «están en horas bajas», pero en Guatemala la presión es un hervidero. La salida de Willy Olivera y la llegada de Ronald González (en su tercera etapa, si mal no recuerdo) ha sido un intento de dar un golpe de timón, pero los milagros en el fútbol no suelen ocurrir de la noche a la mañana.

El empate ante Xelajú corta la racha de derrotas, sí, pero deja una sensación agridulce. La afición que se acercó al estadio esperaba una reacción volcánica, y lo que se encontró fue un equipo que quiere, pero que todavía tiene miedo a fallar. Ese miedo se nota en el pase de seguridad, en no arriesgar el regate, en preferir el centro lateral desesperado antes que la jugada elaborada. Es una parálisis por análisis en toda regla.

Y ahí es donde entra la figura del veterano. Contreras, con su dorsal 10 a la espalda, es el que intenta pedirla siempre. A veces sale bien, otras veces pierde el cuero, pero nunca se esconde. Es el tipo de jugador que, aunque las piernas ya no le den para correr los noventa minutos como un juvenil, tiene el mapa del campo en la cabeza. En el post-partido, se le veía cansado, no solo físicamente, sino por el peso de la responsabilidad. Ser el capitán del equipo más laureado del país cuando las cosas van mal es un trabajo que no le desearía ni a mi peor enemigo.

¿Qué le pasa al fútbol guatemalteco? Una comparativa necesaria

A veces, charlando con amigos aquí en Cartagena mientras nos tomamos un café asiático, surge el tema de por qué el fútbol en ciertos países parece estancado. Guatemala tiene una materia prima brutal: pasión, estadios con solera y jugadores con un talento técnico natural. Sin embargo, la falta de infraestructuras o la inestabilidad en los proyectos técnicos suele pasar factura. El caso de Comunicaciones es paradigmático. Es un gigante que, de repente, se siente pequeño ante rivales que, con menos nombre pero más orden, le sacan los puntos.

Si comparamos la situación con la Segunda División española, vemos paralelismos claros. Equipos históricos que caen en una espiral negativa y que solo salen de ella cuando recuperan la humildad y el bloque. El «Moyo» lo decía en sus declaraciones: hay que volver a las bases. No se trata de jugar bonito ahora mismo, se trata de ser competitivos. Y ser competitivo en el Apertura 2024 significa morder en cada balón, algo que a los Cremas les ha faltado en varios tramos de la temporada.

Xelajú, por el contrario, es la otra cara de la moneda. Un equipo que sabe a qué juega, que no le importa no tener la posesión y que se siente cómodo en el caos. Empatar en la capital contra Comunicaciones es un resultado de oro para ellos. Se fueron a Quetzaltenango con la sonrisa de quien ha hecho los deberes, mientras que en la capital el ambiente sigue siendo de examen de recuperación.

El factor edad y la vigencia del «Moyo»

Me gustaría detenerme un poco en la figura de José Manuel Contreras. En un fútbol cada vez más físico, donde parece que si no corres 12 kilómetros por partido no sirves, tipos como él son una especie en extinción. Es el «10» clásico, el que pausa el juego, el que levanta la cabeza. Verlo jugar es como leer un libro de historia del fútbol guatemalteco. Ha pasado por Argentina (en Arsenal de Sarandí), por Uruguay, y siempre ha vuelto a su casa.

Muchos críticos dicen que ya debería dar un paso al lado, que el ritmo del fútbol moderno lo sobrepasa. Pero, sinceramente, viendo el partido contra Xelajú, te das cuenta de que sin él, Comunicaciones sería un barco a la deriva. Es el único capaz de dar un sentido lógico a la jugada. El problema no es que el «Moyo» sea viejo; el problema es que no hay jóvenes que le quiten el puesto con argumentos futbolísticos de peso. Es una situación que vemos mucho en España también: dependemos de los veteranos porque la base no viene empujando con la fuerza necesaria.

Para que nos entendamos, Contreras es el sistema operativo sobre el que corre el resto del equipo. Si el SO está lento, todo el sistema se resiente, pero si quitas el SO, el ordenador ni siquiera enciende. Ronald González tiene el reto de rodear al capitán de piezas que le descarguen de trabajo sucio para que él pueda dedicarse a lo que sabe: crear.

Fragmentos de una tarde de fútbol sin goles

Para los que no vieron el partido, permitidme una pequeña digresión sobre cómo se sintió aquello. Imaginaos un calor pegajoso, de esos que te hacen buscar la sombra desesperadamente. El estadio no estaba lleno, pero el murmullo de desaprobación de la grada se sentía en cada pase fallado. Hubo un momento, allá por el minuto 70, en el que Contreras intentó un disparo desde fuera del área. Fue un tiro con intención, buscando el palo largo, pero se fue desviado por poco. En ese suspiro de la grada se resumió todo el partido: el «uy» que nunca llega a ser «gol».

Xelajú tuvo la suya en un contragolpe aislado, pero la defensa blanca, liderada por un Gerardo Gordillo que intentó poner orden, logró despejar el peligro. Fue un partido de «casi». Casi marcan los locales, casi sorprenden los visitantes. Pero en el fútbol, el «casi» no suma tres puntos. Al final, el 0-0 fue el resultado más justo, por mucho que nos duela a los que nos gusta ver espectáculo.

La verdad es que, analizando las estadísticas post-partido (sí, he sacado mi lado más friki), la posesión fue un 60-40 a favor de Comunicaciones, pero los remates a puerta fueron mínimos. Es el síndrome de la posesión inútil. Tienes el balón, pero no sabes qué hacer con él. Es como tener un servidor con muchísima RAM pero un procesador de hace diez años; la información está ahí, pero no se procesa a tiempo.

¿Qué sigue para los Cremas?

El camino que tiene por delante Comunicaciones no es sencillo. La afición está al límite de su paciencia y el calendario no da tregua. El empate contra Xelajú debe servir como un punto de inflexión psicológico. Al menos ya no se pierde. Ahora toca empezar a ganar. Y para ganar, necesitan que sus delanteros recuperen el olfato. No se puede depender siempre de que el «Moyo» invente una genialidad o de que un defensa cace un córner.

En las próximas jornadas veremos si la mano de Ronald González empieza a notarse de verdad. Se necesita un cambio de sistema o, al menos, un cambio de actitud. El fútbol es un estado de ánimo, y ahora mismo el ánimo de los Cremas está por los suelos. Pero ojo, que a los grandes nunca hay que darlos por muertos. En la liga guatemalteca, como en la española, lo que importa es cómo llegas a la fase final. Si logran meterse en la pelea, Comunicaciones siempre será un candidato por puro peso histórico.

Por su parte, Xelajú se confirma como el «matagigantes» del torneo. Un equipo serio, rocoso y que va a dar mucha guerra. Da gusto ver equipos así, que con humildad y mucho trabajo táctico ponen en aprietos a los trasatlánticos de la liga. Es la esencia del fútbol modesto que tanto nos gusta reivindicar.

Reflexiones finales sobre el liderazgo y el barro

Al final del día, lo que nos queda de esta Jornada 11 es la imagen de José Manuel Contreras hablando con la prensa, con el rostro serio y la mirada cansada, pero sin rehuir ninguna pregunta. Eso es el fútbol real. No son los anuncios de zapatillas brillantes ni los peinados perfectos. El fútbol real es un empate a cero en una tarde calurosa, donde el capitán tiene que salir a pedir perdón y a prometer que mañana será otro día.

Desde Cartagena, sigo con curiosidad la evolución de esta liga. Hay algo en el fútbol centroamericano que me resulta muy familiar: esa mezcla de pasión desmedida, drama constante y talento puro que a veces se pierde por falta de orden. El «Moyo» Contreras es el último romántico de una era que se acaba, y deberíamos disfrutar de sus últimos pases, aunque sean en partidos tan espesos como este contra Xelajú.

Vaya, que si algo aprendemos de esto es que en el fútbol, como en la vida, a veces hay que saber valorar un empate. No es lo ideal, no es lo que soñamos, pero es un punto. Y sobre ese punto, se puede volver a construir un imperio. O al menos, eso es lo que esperan todos los seguidores de Comunicaciones que, a pesar de todo, seguirán yendo al estadio la próxima semana con la esperanza renovada. Porque así somos los futboleros: unos optimistas incurables.

Para que nos entendamos, lo de Comunicaciones no es falta de calidad, es falta de «clic». Ese momento en el que las piezas encajan y todo fluye. Mientras tanto, nos queda el oficio de los veteranos y la solidez de los que saben que, si no puedes ganar, lo primero es no perder. El «Moyo» lo sabe bien. Y nosotros, desde la distancia, seguiremos atentos a ver si el gigante despierta de una vez o si este Apertura 2024 se le va a hacer más largo que una cuaresma.

La conclusión que saco de todo esto es que el fútbol guatemalteco tiene una narrativa fascinante, llena de héroes cansados y villanos tácticos. Y mientras tipos como Contreras sigan queriendo la pelota, habrá esperanza para los Cremas. Porque al final, el fútbol siempre te da una revancha, y la de Comunicaciones está a la vuelta de la esquina. O eso, o el café se nos va a quedar muy frío a todos esperando el gol que no llega.

¿Te ha gustado este artículo?

unpokitodxfavor

Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Resuelve la operación para enviar el comentario * Time limit is exhausted. Please reload the CAPTCHA.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.