comunicaciones / julio 2, 2026 / 11 min de lectura / 👁 49 visitas

Un cambio de nombre que dice mucho

Un cambio de nombre que dice mucho

A veces uno se levanta, se toma el café (bien cargado, que hoy hace falta) y no se para a pensar en cómo ha llegado ese café a su despensa. O cómo es que el vídeo de YouTube que estás viendo no se corta a mitad de camino. Todo ese tinglado, desde el asfalto que pisan los camiones hasta las ondas que viajan por el aire, no aparece por arte de magia. En México, el «jefe de pista» de todo este circo es la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, o la SICT para los amigos. Y aunque nos pille al otro lado del charco, la verdad es que lo que pasa allí nos toca más de cerca de lo que parece, sobre todo si trabajas en tecnología o ingeniería aquí en España.

La verdad es que esto de los nombres en la administración pública tiene su miga. Hasta hace nada, se llamaba simplemente SCT (Secretaría de Comunicaciones y Transportes). Pero hace un par de años le encasquetaron la palabra «Infraestructura» en medio. ¿Postureo político? Puede ser. Pero también es una declaración de intenciones. Vaya, que se dieron cuenta de que no puedes hablar de mover gente o datos si no tienes los cimientos bien puestos.

Para que nos entendamos, la SICT es como si metieras en una coctelera nuestro Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, parte de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones y un trozo de lo que antes era Fomento. Es un monstruo administrativo que gestiona desde el satélite que orbita a miles de kilómetros hasta el bache de la carretera federal que te fastidia el amortiguador. Y ojo, que gestionar un país con la orografía de México, que parece un papel arrugado de tantas montañas que tiene, no es moco de pavo.

El asfalto: mucho más que brea y piedras

Si alguna vez has conducido por una carretera nacional en España, sabrás que hay de todo. Pues imagina eso multiplicado por la extensión de México. La SICT tiene bajo su mando una red de carreteras que es, literalmente, el sistema circulatorio del país. Pero aquí viene lo interesante para los que nos gusta la tecnología: ya no se trata solo de echar hormigón.

Ahora se habla de «carreteras inteligentes». La SICT está metida en líos de sistemas de transporte inteligentes (ITS, por sus siglas en inglés). La idea es que la carretera te «hable». Sensores que detectan el peso de los camiones en movimiento para que no destrocen el firme, cámaras con visión artificial para gestionar el tráfico en tiempo real y sistemas de peaje que no te obliguen a parar cada diez kilómetros. Si mal no recuerdo, varias empresas españolas de ingeniería, de esas que todos conocemos, están allí metidas hasta las cejas ayudando a montar estos sistemas. Al final del día, el mundo es un pañuelo y el código que se escribe en una oficina de Madrid acaba gestionando el tráfico en una autopista de Puebla.

El reto de la conservación

Mantener una carretera es como pintar el puente de San Francisco: cuando acabas por un lado, tienes que empezar por el otro. La SICT se enfrenta al problema eterno de los presupuestos. Es mucho más «fotogénico» inaugurar un puente nuevo y reluciente que decir que has tapado diez mil baches. Sin embargo, la tendencia actual es usar modelos predictivos. En lugar de esperar a que la carretera se caiga a trozos, usan algoritmos para predecir qué tramos van a fallar basándose en el clima y el flujo de vehículos. Es mantenimiento preventivo puro y duro, aplicado a escala nacional.

Comunicaciones: la batalla por el aire

Aquí es donde la cosa se pone técnica y donde a los que nos gusta el cacharreo nos empieza a picar la curiosidad. La parte de «Comunicaciones» de la SICT no va de enviar cartas (aunque el servicio postal también anda por ahí). Va de espectro radioeléctrico, de satélites y de fibra óptica.

México tiene un problema que en España también conocemos, pero allí es a lo bestia: la brecha digital. Tienes ciudades como CDMX o Monterrey que vuelan con 5G, y luego tienes comunidades en la sierra donde no llega ni el aire. La SICT tiene el encargo de «conectar a los no conectados». Y no es fácil. No es solo tirar cable; es que salga rentable o que, al menos, sea socialmente útil.

  • Satélites propios: México tiene su propia flota de satélites (el sistema Mexsat). Esto es soberanía tecnológica pura. Si dependes del satélite de otro, estás vendido. La SICT supervisa que estos bichos sigan funcionando para comunicaciones de seguridad nacional y para llevar internet a escuelas rurales.
  • La Red Compartida: Un experimento interesante (y polémico) para crear una red mayorista de 4G y 5G. La idea era que una sola red diera servicio a muchos operadores para abaratar costes. Ha tenido sus más y sus menos, pero es un caso de estudio fascinante para cualquier regulador de telecomunicaciones.
  • 5G y el espectro: Como aquí con las subastas de frecuencias, la SICT y el IFT (que es como la CNMC mexicana, pero solo para telecos) andan siempre a la greña con las operadoras por cuánto cuesta el espectro. Si el gobierno cobra mucho, las operadoras no invierten en antenas. Si cobra poco, el estado pierde dinero. Un equilibrio de funambulista.

El ferrocarril: ¿el regreso del gigante?

Durante décadas, el tren en México fue casi exclusivamente para carga. Los trenes de pasajeros eran una reliquia del pasado o algo para turistas. Pero últimamente, la SICT ha vuelto a poner el ferrocarril en el centro del mapa. Seguro que has oído hablar del Tren Maya o del Corredor Interoceánico. Aunque son proyectos que a veces llevan otras dependencias, la normativa y la interconexión técnica pasan por la SICT.

Para un ingeniero español, esto es terreno conocido. España es una potencia mundial en alta velocidad y señalización ferroviaria. No es raro ver a expertos de aquí asesorando sobre cómo implementar el ERTMS (el sistema de gestión de tráfico ferroviario europeo) o sistemas similares en las nuevas vías mexicanas. La verdad es que ver cómo se intenta revivir el tren de pasajeros en un país tan grande es un experimento logístico de primer nivel. ¿Lograrán que la gente deje el coche o el avión por el tren? El tiempo dirá, pero el reto técnico es de los que hacen época.

¿Y qué tiene que ver esto con el código?

Podrías pensar: «Oye, que yo he venido aquí a leer sobre tecnología y me estás contando rollos de ministerios». Pues ojo, que la SICT es una generadora de datos brutal. En la era del Open Data, la gestión de infraestructuras se basa en APIs.

Imagina que quieres crear una app para transportistas que cruzan México. Necesitas datos en tiempo real sobre el estado de las carreteras, cierres por clima, tarifas de peajes actualizadas y ubicación de zonas de descanso seguras. Todo eso debería salir de los sistemas de la SICT.

Para que te hagas una idea, un pequeño script en Python para consultar el estado de una vía (siempre que la API sea pública y esté bien mantenida, que esa es otra historia) podría verse algo así. No es código de la NASA, pero es lo que mueve la logística moderna:


import requests

def consultar_estado_carretera(id_tramo):
    api_url = f"https://api.sict.gob.mx/v1/estado_vias/{id_tramo}"
    try:
        response = requests.get(api_url)
        if response.status_code == 200:
            datos = response.json()
            print(f"Tramo: {datos['nombre']}")
            print(f"Estado: {datos['estatus']}") # Ej: 'Abierto', 'Mantenimiento', 'Cerrado'
            print(f"Incidencias: {datos['reportes']}")
        else:
            print("Vaya, parece que el servidor de la SICT está echando la siesta.")
    except Exception as e:
        print(f"Error de conexión: {e}")

# Ejemplo de uso ficticio
consultar_estado_carretera("MEX-150D")

Este tipo de integraciones son las que permiten que empresas de logística optimicen sus rutas, ahorrando combustible y, de paso, emitiendo menos CO2. La tecnología no es solo el gadget que llevas en el bolsillo; es la capa invisible que hace que el mundo físico no colapse.

La conexión española: un puente de ida y vuelta

Es imposible hablar de la SICT sin mencionar a las empresas españolas. Si te das una vuelta por las grandes obras de México, verás logos que te resultarán muy familiares: ACS, Ferrovial, FCC, Sacyr, Indra… La lista es interminable.

¿Por qué? Porque en España aprendimos a base de bien durante los años 90 y 2000 a construir infraestructuras en terrenos difíciles y con presupuestos ajustados. Ese «know-how» es lo que exportamos. Pero no es solo construir; es gestionar. Indra, por ejemplo, tiene sistemas de gestión de túneles y peajes en medio México.

La relación es simbiótica. Las empresas españolas encuentran un mercado enorme y con retos constantes, y la SICT consigue tecnología probada. Eso sí, no todo es color de rosa. Las licitaciones públicas son un deporte de riesgo y la política siempre mete su cuchara, pero eso pasa aquí, en México y en la China Popular.

Seguridad y Ciberseguridad: el nuevo frente

Un tema del que no se habla mucho pero que quita el sueño en la SICT es la ciberseguridad. Imagina que alguien hackea el sistema de control de tráfico aéreo (que también depende de ellos a través de SENEAM) o que bloquean los sistemas de gestión de los puertos. No es ciencia ficción; es una amenaza real.

La SICT ha tenido que ponerse las pilas para proteger sus infraestructuras críticas. Ya no basta con poner una valla y un guarda jurado. Ahora necesitas firewalls, sistemas de detección de intrusos y protocolos de respuesta ante incidentes. En este sentido, la colaboración internacional es clave. Los estándares que seguimos en Europa a menudo sirven de base para lo que se implementa allí, y viceversa. Al final, un ataque de ransomware no entiende de fronteras ni de husos horarios.

El factor humano y la burocracia

No nos engañemos, tratar con una secretaría de este tamaño puede ser un dolor de muelas. La burocracia mexicana tiene fama de ser… digamos, «peculiar». Papeleo, trámites que parecen no acabar nunca y una estructura jerárquica que a veces ralentiza las cosas.

Sin embargo, hay mucha gente dentro de la SICT (ingenieros, técnicos, analistas) que son unos auténticos máquinas. Gente que se recorre el país de punta a punta para supervisar que un puente no se caiga o que una antena de telefonía llegue a un pueblo remoto. A veces nos quedamos con la cifra macroeconómica o el titular político, pero detrás hay miles de personas currando para que el país no se detenga.

Me recuerda un poco a lo que pasa aquí con los técnicos de Adif o de la DGT. Son esos héroes anónimos que solo salen en las noticias cuando algo falla. Si todo va bien, nadie se acuerda de ellos. Y así es como debe ser, supongo.

El futuro: Sostenibilidad y Electromovilidad

¿Hacia dónde va la SICT? El reto ahora es la descarbonización. México es un país muy dependiente del petróleo, pero la presión internacional y la realidad climática están obligando a cambiar el chip.

La SICT está empezando a diseñar planes para la electromovilidad. No solo se trata de que haya coches eléctricos, sino de que haya una red de carga que soporte esos coches. Y ahí volvemos a las comunicaciones: necesitas una red eléctrica inteligente (Smart Grid) que se comunique con los cargadores y con los vehículos.

También está el tema de la logística de «última milla». Con el auge del comercio electrónico, las ciudades mexicanas están saturadas de furgonetas de reparto. La SICT tiene que regular cómo se mueve toda esa mercancía de forma eficiente sin que las ciudades se conviertan en un parking gigante. Es un rompecabezas que todavía están intentando resolver, igual que estamos haciendo nosotros en Madrid o Barcelona.

Una reflexión sobre la marcha

La verdad es que, después de analizar todo lo que abarca la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, uno se da cuenta de que la política de transporte es, en realidad, política social. Si construyes una carretera, estás dando acceso a salud y educación. Si llevas internet, estás dando acceso a información y oportunidades.

A veces nos perdemos en los bits y los bytes, en los materiales compuestos o en los algoritmos de optimización, pero el objetivo final es que una persona pueda llegar a su trabajo o hablar con su familia. Y eso, amigos, es lo mismo aquí que en México.

Para los que seguimos la actualidad tecnológica y de infraestructuras desde España, mirar a la SICT es como mirar un espejo con esteroides. Los problemas son parecidos, pero la escala es otra. Y siempre hay algo que aprender, ya sea de sus aciertos o de sus tropezones.

Ojo con perder de vista estos organismos internacionales. A menudo, las grandes tendencias que luego nos llegan aquí se están probando primero en mercados tan dinámicos y complejos como el mexicano. Así que, la próxima vez que veas una noticia sobre la SICT, no pienses que es algo ajeno. Es el motor de un país que, para bien o para mal, está conectado al nuestro por miles de hilos, cables y rutas aéreas.

Vaya, que al final del día, todos estamos en el mismo barco (o en el mismo tren, según se mire). Lo importante es que la infraestructura aguante, que las comunicaciones no fallen y que el café siga llegando a la mesa cada mañana. Y si es con un poco de tecnología española de por medio, pues oye, eso que nos llevamos.

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Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

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