tecnologia / mayo 31, 2026 / 12 min de lectura / 👁 37 visitas

La ingeniería de software: más allá de picar código

La ingeniería de software: más allá de picar código

A veces me pregunto si no nos estaremos pasando de frenada con tanta especialización. Vas por la calle, o navegas por LinkedIn, y parece que si no eres «Senior Lead Growth Hacker de no sé qué», no eres nadie. Pero luego te asomas a lo que están haciendo en algunas facultades y te das cuenta de que el truco no es saber de una sola cosa, sino saber cómo conectar los puntos. La Facultad de Negocios y Tecnologías de la Universidad Veracruzana es un ejemplo curioso de este mejunje que, aunque nos pille al otro lado del charco, tiene mucho que enseñarnos sobre cómo se están moviendo las fichas en el tablero global, y por supuesto, en nuestra querida España.

La verdad es que, cuando uno se pone a mirar el catálogo de lo que ofrecen, se nota que alguien se ha parado a pensar. No es solo soltar títulos porque sí. Es mezclar la ingeniería de software con la contaduría, o la gestión de negocios con la ciencia política. Es como cuando vas a tapear por el centro de Cartagena y te sirven un michirón con un toque moderno; la base es la de siempre, pero el resultado te vuela la cabeza porque se adapta a lo que pide el cuerpo hoy en día.

Empecemos por lo que nos toca de cerca a los que andamos trasteando con teclados todo el día. La Licenciatura en Ingeniería de Software. A ver, que no nos engañen: aprender a programar puede aprenderlo casi cualquiera con un par de tutoriales y mucha paciencia. Pero ser ingeniero de software es otra liga. Es entender la arquitectura, es saber por qué ese sistema que has montado se va a caer cuando entren cuatro usuarios de más, y es, sobre todo, saber solucionar problemas reales.

En España, y especialmente en polos tecnológicos que están creciendo como Málaga o incluso aquí cerca, con el empuje de la UPCT en Cartagena, vemos que las empresas ya no buscan solo «picacodigos». Buscan gente que entienda el negocio. Si sabes programar en Python pero no entiendes por qué el departamento de contabilidad necesita que los datos se vuelquen de una forma concreta, eres la mitad de útil. Y ahí es donde esta facultad da en el clavo al meter el software en el mismo saco que los negocios.

Ojo con esto, porque el mercado laboral español está saturado de gente que hizo un curso de tres meses y pretende cobrar como un arquitecto de sistemas. La formación reglada, aunque a veces nos parezca lenta, te da ese poso de conocimiento que te permite no entrar en pánico cuando la IA (de la que luego hablaremos, que tiene tela) empiece a escribir las funciones básicas por nosotros.

¿Qué se estudia realmente aquí?

  • Arquitectura de Sistemas: No es solo que funcione, es que sea robusto. Como las murallas de Carlos III, que ahí siguen aguantando el tipo.
  • Gestión de Proyectos: Porque el 90% del software se retrasa por mala comunicación, no por falta de talento técnico.
  • Calidad y Pruebas: Admitámoslo, a nadie le gusta testear, pero es lo que diferencia a un profesional de un aficionado.

Para que nos entendamos, si mal no recuerdo, hace unos años se decía que el software se comería el mundo. Pues bien, ya se lo ha comido. Ahora el reto es digerirlo sin que nos dé una indigestión de datos y procesos ineficientes.

Contaduría y Administración: los cimientos que nadie ve

La verdad es que hablar de contabilidad o administración a veces suena a oficina gris y manguitos. Pero, vamos a ver, ¿quién se cree que una startup tecnológica sobrevive sin alguien que sepa dónde va cada céntimo? La Licenciatura en Contaduría y la de Administración son, probablemente, las carreras más infravaloradas por los «techies», y es un error de manual.

En el contexto español, donde las PYMES son el 99% del tejido empresarial, tener a alguien que entienda de fiscalidad, de balances y, a la vez, no le tenga miedo a un ERP o a una hoja de cálculo automatizada con macros (o incluso con scripts de Google Apps), es oro puro. La Facultad de Negocios y Tecnologías parece entender que un contable que no sabe de tecnología es un dinosaurio, y un tecnólogo que no sabe de administración es un peligro para la caja de la empresa.

Vaya, que si montas un chiringuito en la Manga y no llevas bien los números, da igual que tengas la mejor web del mundo; vas a cerrar en dos meses. La administración es el arte de que las cosas ocurran cuando tienen que ocurrir, y eso, amigos, es pura tecnología logística.

Gestión y Dirección de Negocios: el puente necesario

Aquí es donde la cosa se pone interesante. La Licenciatura en Gestión y Dirección de Negocios (LGDN, para los amigos de las siglas) es ese perfil híbrido que tanto nos falta. Es la persona que sabe hablar con el de sistemas y con el de ventas sin que parezca que están usando idiomas distintos.

Me recuerda un poco a lo que intentamos hacer en muchos hubs de innovación en España. Intentamos que el talento no se quede encerrado en un laboratorio. Queremos que ese talento sepa venderse, sepa escalar y sepa gestionar equipos humanos. Porque, al final del día, las empresas están hechas de personas, no de algoritmos. Aunque a veces los algoritmos nos lo pongan difícil.

Un detalle que me ha gustado de lo que proponen es el enfoque en la dirección estratégica. No es solo «gestionar», es «dirigir». Es tener la brújula en la mano y saber hacia dónde sopla el viento, algo vital en un mercado tan volátil como el actual, donde hoy eres el rey del mambo y mañana una actualización de Google te manda a la página diez de los resultados.

Áreas de especialidad que marcan la diferencia

Dentro de la administración, ofrecen áreas de especialidad. Esto es clave. No puedes saber de todo. Es mejor ser un experto en finanzas aplicadas a la tecnología o en recursos humanos para entornos digitales que ser un «aprendiz de mucho, maestro de nada». En España, estamos viendo una tendencia similar: los másteres de especialización están ganando terreno porque las empresas necesitan soluciones quirúrgicas, no generales.

Tecnologías de Información en las Organizaciones: el pegamento digital

Esta licenciatura suena a nombre largo de esos que ponen para que parezca más importante, pero si lo analizas, es fundamental. Se trata de cómo la información fluye dentro de una organización. No es programar el software, es implementarlo, mantenerlo y asegurar que sirve para algo.

Pensemos en cualquier ayuntamiento de nuestra zona, o en una empresa mediana de Cartagena que exporta productos agrícolas. Tienen toneladas de datos. Datos de clientes, de cosechas, de logística, de nóminas… Si esa información está desperdigada en archivos Excel que solo entiende «Paco el de administración», tenemos un problema. Esta carrera forma a la gente que pone orden en ese caos. Son los arquitectos de la información.

Y es que, la verdad sea dicha, muchas veces compramos tecnología por comprar. «Oye, que dicen que la IA es el futuro, cómprame tres IAs». Y no funciona así. Necesitas a alguien que analice si esa tecnología encaja en tu estructura. Es como intentar meter un motor de Ferrari en un Seat 600; igual corre mucho un rato, pero te vas a pegar un castañazo en la primera curva de la Algameca.

Ciencias Políticas y Gestión Pública: la sorpresa del menú

Reconozco que ver Ciencias Políticas en una Facultad de Negocios y Tecnologías me chocó al principio. Pero luego lo piensas fríamente y tiene todo el sentido del mundo. ¿Cómo vamos a regular la inteligencia artificial, la privacidad de los datos o el teletrabajo si los políticos no tienen ni idea de tecnología? ¿Y cómo van a sobrevivir las empresas en un entorno cada vez más regulado si no entienden cómo funciona la gestión pública?

En España tenemos el ejemplo claro con la Agencia Española de Supervisión de Inteligencia Artificial (AESIA). Necesitamos perfiles que entiendan de leyes, de ética y de tecnología. La gestión pública no puede seguir siendo un laberinto de papeles y sellos de caucho. La digitalización de la administración es una asignatura pendiente que requiere gente formada en ambos mundos.

Es una apuesta valiente. Mezclar el «power» de los negocios con la estructura de lo público. Al final, si queremos que nuestras ciudades sean «smart cities» de verdad y no solo un eslogan publicitario, necesitamos gestores públicos que sepan qué es una API y cómo se gestiona un presupuesto de software.

El Posgrado: Maestría en Dirección Estratégica e Innovación Tecnológica

Para los que ya tienen el colmillo retorcido y unos cuantos años de experiencia, el posgrado es donde se cuece lo gordo. Esta maestría se centra en la innovación. Pero no en la innovación de «vamos a poner luces LED en la oficina», sino en la innovación que cambia modelos de negocio.

La innovación tecnológica en España a veces se confunde con comprar ordenadores nuevos. Pero la verdadera innovación es usar la tecnología para hacer algo que antes era imposible. Por ejemplo, cómo el sector naval en Cartagena está usando gemelos digitales para predecir averías en los barcos antes de que ocurran. Eso es dirección estratégica e innovación tecnológica pura y dura.

Este tipo de formación es la que prepara a los futuros directivos (CTOs, CEOs, COOs) para no quedarse obsoletos en tres años. Porque en este mundillo, si te descuidas, te pasa por la derecha hasta el apuntador.

¿Cómo se traduce esto a nuestra realidad?

Seguramente te estarás preguntando: «Vale, muy bien lo de esta facultad, pero a mí qué me importa si estoy en Cartagena o en Madrid». Pues importa, y mucho. El modelo de formación híbrida es el único camino para no acabar siendo una colonia tecnológica de otros países.

En España tenemos talento, de eso no hay duda. Pero a veces nos falta esa visión de conjunto. Nos falta que el ingeniero sepa de finanzas y que el contable no le tenga miedo a una base de datos. Instituciones como la Universidad Veracruzana, con este enfoque, nos recuerdan que la educación debe ser tan flexible como el mercado laboral.

Además, hay un punto que no quiero dejar pasar: la vinculación. En la información de la facultad mencionan mucho la vinculación con empleadores y el seguimiento de egresados. Esto es algo que en España estamos empezando a hacer bien, pero que todavía cojea en muchos sitios. No puedes enseñar algo que el mercado ya no pide. Es como seguir enseñando a reparar máquinas de escribir cuando todo el mundo usa tablets.

Un pequeño ejemplo práctico (con un toque de código)

Para que veas a qué me refiero con esto de mezclar mundos, imagina que eres un gestor de un pequeño comercio en la calle Mayor. Tienes tus ventas en un CSV y quieres saber rápidamente qué día vendes más para reforzar el personal. Un gestor «clásico» se pasaría horas con la calculadora. Uno formado en esta facultad, te hace un script rápido en Python como este:

import pandas as pd

# Cargamos los datos de ventas (el pan de cada día)
datos = pd.read_csv('ventas_cartagena.csv')

# Agrupamos por día de la semana y sumamos
ventas_por_dia = datos.groupby('dia')['total'].sum()

# Buscamos el máximo, porque queremos saber cuándo se llena el local
dia_top = ventas_por_dia.idxmax()

print(f"Oye, que el día que más vendes es el {dia_top}. ¡Prepara más café!")

Parece una tontería, pero esa pequeña capacidad técnica ahorra horas de trabajo administrativo y permite tomar decisiones basadas en datos, no en «yo creo que los martes viene más gente». Eso es lo que se busca en esta facultad: gente que use la herramienta adecuada para el problema adecuado.

El factor humano y la ética

No quiero terminar sin mencionar algo que me parece vital y que a veces se olvida entre tanto bit y tanto balance: la ética. En la licenciatura de Tecnologías de Información y en la de Ciencias Políticas, se suele hablar mucho de la responsabilidad.

La verdad es que estamos viviendo un momento un poco loco con la IA. Que si nos va a quitar el trabajo, que si va a dominar el mundo… Yo no soy tan dramático, pero sí creo que necesitamos profesionales que tengan un ancla moral. No todo lo que se puede automatizar se debe automatizar. No todos los datos que se pueden recolectar se deben usar.

Tener una facultad que ponga estos temas sobre la mesa, mezclando el pragmatismo de los negocios con la profundidad de la tecnología, es un seguro de vida para la sociedad. Al final, queremos tecnología que nos haga la vida más fácil, no que nos la complique más de lo que ya está.

Para que nos entendamos…

Al final del día, lo que nos enseña este modelo educativo es que las barreras entre «letras» y «ciencias» son más falsas que un duro de madera. El mundo real es una mezcla constante.

Si eres un estudiante que está pensando qué hacer con su vida, o un profesional que siente que se está quedando atrás, quédate con esta idea: la curiosidad por lo que pasa «al otro lado» de tu área de conocimiento es lo que te va a dar de comer. Si eres de negocios, aprende algo de código. Si eres de código, aprende cómo se lee un balance de situación.

La Facultad de Negocios y Tecnologías de la UV, con sus programas en Ingeniería de Software, Contaduría, Administración y demás, no está inventando la pólvora, pero sí está construyendo los cañones adecuados para dispararla. Y eso, en los tiempos que corren, es mucho más de lo que ofrecen otros sitios que se quedan en la superficie de las cosas.

La conclusión que saco de todo esto es que, ya sea en Orizaba o en Cartagena, el futuro pertenece a los que saben adaptarse sin perder la esencia. A los que entienden que la tecnología es un medio, no un fin, y que los negocios son, por encima de todo, relaciones entre personas mediadas por la confianza y, ahora también, por unos cuantos miles de líneas de código bien escritas.

Vaya, que la próxima vez que escuches a alguien decir que la contabilidad es aburrida o que la ingeniería es solo para genios de las matemáticas, cuéntales que hay sitios donde están mezclando todo eso para crear algo nuevo. Y si no te creen, diles que se pasen por el blog, que aquí siempre tenemos un hueco para explicar estas cosas con un café en la mano y la mirada puesta en lo que viene.

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unpokitodxfavor

Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

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