tecnologia / septiembre 3, 2026 / 12 min de lectura / 👁 155 visitas

La ciencia no solo vive en los grandes laboratorios

La ciencia no solo vive en los grandes laboratorios

A veces tenemos esa idea un poco distorsionada de que la ciencia y la tecnología son cosas que solo pasan en búnkeres subterráneos en Suiza o en oficinas con paredes de cristal en Silicon Valley. Pero la realidad es mucho más terrenal y, sinceramente, más necesaria en el día a día de nuestras regiones. Hoy me he despertado pensando en cómo se gestiona todo ese talento que no está en las portadas de las revistas internacionales, pero que sostiene el tejido productivo de lugares que, a priori, no asociamos con la vanguardia tecnológica. Y ahí es donde entran instituciones como el Consejo Tamaulipeco de Ciencia y Tecnología (COTACYT).

La verdad es que, si nos ponemos a rascar un poco, nos damos cuenta de que la descentralización del conocimiento es la única forma de que un país no se rompa por las costuras. En España sabemos mucho de esto; no es lo mismo intentar montar una startup biotecnológica en Madrid que hacerlo en un pueblo de Teruel o en una zona industrial de Asturias. En México, concretamente en el estado de Tamaulipas, el COTACYT hace ese papel de «pegamento» entre la academia, el gobierno y la empresa. Es una labor que a menudo pasa desapercibida, sepultada por trámites administrativos y presupuestos que nunca parecen suficientes, pero que es vital.

Vaya, que gestionar la ciencia desde una oficina en Ciudad Victoria tiene su aquel. No se trata solo de dar becas —que también—, sino de crear una cultura donde un chaval de dieciséis años no sienta que para programar o investigar tiene que comprarse un billete de avión solo de ida. Es algo que aquí en España nos suena demasiado, ¿verdad? Esa «fuga de cerebros» que nos escuece tanto cuando vemos a nuestros ingenieros e investigadores haciendo las maletas para irse a Alemania o a Estados Unidos.

El papel del COTACYT en el tablero tecnológico actual

Si echamos un ojo a lo que se cuece en sus oficinas, vemos que el enfoque no es solo «hacer cosas de científicos», sino aterrizar la innovación. El Consejo funciona como un organismo público descentralizado. Esto, en lenguaje de la calle, significa que tienen cierta autonomía para decidir dónde ponen el ojo y dónde ponen la bala (o el dinero, mejor dicho). Su sede está en Ciudad Victoria, y desde allí coordinan programas que van desde la divulgación básica hasta el apoyo a investigadores de alto nivel.

Ojo con esto, porque uno de los puntos que más me ha llamado la atención es su preparación para eventos a largo plazo. Ya están moviendo hilos para el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia de 2026. Puede parecer que falta una eternidad, pero en los tiempos de la administración pública, planificar con dos años de antelación es casi un milagro de eficiencia. Y es que la brecha de género en las STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) no se cierra con un tuit el 11 de febrero; se cierra con programas constantes que calen en las escuelas.

La verdad es que este tipo de consejos regionales son los que realmente conocen el terreno. Saben qué empresas locales necesitan digitalizarse y qué investigadores están trabajando en soluciones para la agricultura o la industria local. Es un modelo que, salvando las distancias geográficas, me recuerda mucho a lo que intentan hacer las agencias regionales de innovación aquí en España, como la Agencia Andaluza del Conocimiento o el ACCIÓ en Cataluña. Al final del día, el problema es el mismo: cómo hacer que el conocimiento no se quede encerrado en una tesis doctoral cogiendo polvo en una biblioteca.

¿Por qué nos debería importar esto desde España?

Podrías pensar: «Oye, ¿a mí qué me cuenta un redactor de un blog español sobre un consejo tecnológico en México?». Pues tiene más miga de la que parece. Primero, porque la colaboración científica entre España y México es histórica y muy fluida. Muchos investigadores españoles terminan colaborando en proyectos financiados por organismos como el COTACYT, y viceversa. Segundo, porque los retos tecnológicos son globales. Si ellos encuentran una forma eficiente de gestionar becas de investigación usando IA, nosotros podemos aprender de eso.

Además, hay un componente emocional. Ver cómo se pelea por la ciencia en entornos que a veces son complicados nos da una perspectiva necesaria. A veces nos quejamos de que el Wi-Fi de la oficina va lento, mientras hay gente en otros puntos del globo montando ferias de ciencia con recursos limitados pero con unas ganas que ya quisiéramos muchos. Es esa chispa la que mantiene vivo el progreso, y no tanto los grandes presupuestos de las Big Tech.

Becas, trámites y la realidad del investigador

Hablemos de lo que realmente le interesa a alguien que está metido en este mundillo: el apoyo económico. El COTACYT gestiona diversas convocatorias de becas. Y aquí es donde la cosa se pone seria. Para un estudiante en Tamaulipas, acceder a una beca de posgrado puede ser la diferencia entre seguir estudiando o tener que ponerse a trabajar en algo que no le motiva lo más mínimo.

El proceso suele ser un laberinto de papeles. Que si el acta de nacimiento, que si el promedio académico, que si la carta de motivos… He pasado por procesos similares y, sinceramente, a veces parece que te están pidiendo una muestra de ADN de un unicornio. Pero, bromas aparte, esa rigurosidad es necesaria para asegurar que el dinero público (que sale del bolsillo de todos) se use bien. Lo que sí echo de menos, y esto es una crítica constructiva que aplicaría a cualquier organismo público de cualquier país, es una mayor simplificación mediante herramientas digitales modernas.

Imaginaos un sistema donde todo esto se gestionara con un smart contract o, al menos, con una base de datos bien optimizada que no te obligue a subir el mismo PDF cinco veces. Para que nos entendamos, la burocracia es el «final boss» de cualquier científico. Si logramos que instituciones como el COTACYT sigan modernizando sus portales (como el que tienen en cotacyt.gob.mx), estaremos ganando tiempo valioso para lo que de verdad importa: investigar.

Un pequeño paréntesis técnico: ¿Cómo podríamos optimizar esto?

Como sé que por aquí hay mucho perfil técnico, me vais a permitir una pequeña digresión. Si yo tuviera que echarle una mano al equipo de sistemas de un consejo tecnológico para gestionar, por ejemplo, el seguimiento de los becarios, probablemente tiraría de algo sencillo pero robusto en Python. Nada de fuegos artificiales, solo eficiencia.


# Un script tonto para organizar solicitudes por prioridad
# Porque a veces lo más simple es lo que salva el día

solicitudes = [
    {"id": 101, "promedio": 9.5, "area": "IA", "documentos_completos": True},
    {"id": 102, "promedio": 8.2, "area": "Biotecnología", "documentos_completos": False},
    {"id": 103, "promedio": 9.8, "area": "Energías Renovables", "documentos_completos": True},
]

def filtrar_candidatos(lista):
    # Si no tienes los papeles, por muy listo que seas, el sistema te escupe. 
    # Es cruel, pero es la administración.
    aptos = [s for s in lista if s["documentos_completos"] and s["promedio"] > 9.0]
    return sorted(aptos, key=lambda x: x["promedio"], reverse=True)

print("Candidatos que no me van a dar dolor de cabeza:", filtrar_candidatos(solicitudes))

La verdad es que, detrás de cada línea de código en un portal gubernamental, hay un funcionario intentando que el servidor no se caiga el último día de la convocatoria. Y eso, amigos, es heroísmo moderno. Me juego un café a que más de una vez han tenido que lidiar con picos de tráfico que harían temblar a más de uno.

La mujer en la ciencia: Más que un eslogan

Mencionaba antes lo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Es un tema que me toca de cerca porque tengo sobrinas que ya están empezando a decir que quieren ser ingenieras, y me da pánico que ese interés se apague por falta de referentes o por un entorno hostil. El hecho de que el COTACYT ponga esto en su agenda con tanta antelación dice mucho de sus prioridades.

No se trata solo de dar una charla. Se trata de crear programas de mentoría. En España tenemos iniciativas fantásticas como «Technovation Girls», y sería increíble ver puentes entre estas iniciativas y lo que se hace en Tamaulipas. Al final, una niña que aprende a programar en Ciudad Victoria tiene los mismos retos lógicos que una que lo hace en Madrid o en Valladolid. El código no entiende de fronteras, pero las oportunidades sí.

Y es que, si mal no recuerdo, las estadísticas siguen siendo bastante tozudas. A pesar de que hay más mujeres que hombres en muchas carreras universitarias, en las ingenierías y en los puestos de toma de decisiones tecnológicas, la balanza sigue muy inclinada. Instituciones como esta tienen la responsabilidad —y parece que la voluntad— de equilibrar el tablero. No es por cuotas, es por pura lógica: no podemos permitirnos el lujo de desperdiciar el 50% del talento mundial.

Innovación local frente a retos globales

Uno de los grandes aciertos de estos consejos es no intentar competir con la NASA en su propio terreno, sino mirar qué necesita su gente. Tamaulipas es un estado con una potencia energética y agrícola brutal. ¿Qué sentido tendría gastar todo el presupuesto en investigar física cuántica teórica si tienes problemas de gestión hídrica o necesitas optimizar la cadena de suministro de tus industrias?

La tecnología «de proximidad» es la que realmente cambia vidas. Hablamos de sensores IoT para campos de cultivo, de sistemas de gestión de residuos más inteligentes o de telemedicina para zonas rurales. Aquí en España, empresas como las que surgen en los parques tecnológicos de Málaga o Valencia están demostrando que se puede ser puntero a nivel mundial trabajando en problemas locales. Esa es la verdadera «revolución» (perdón por la palabra, sé que suena a cliché, pero me habéis entendido) que necesitamos.

Además, el COTACYT también actúa como puente con el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) de México. Es como jugar en la liga regional para luego saltar a la nacional. Esa estructura jerárquica, aunque a veces sea un poco rígida, permite que un investigador no se sienta solo en su laboratorio. Hay una red, hay un respaldo.

¿Cómo se ve el futuro desde Ciudad Victoria?

Si me preguntáis a mí, el futuro de estas instituciones pasa por la apertura total. Menos PDFs cerrados y más datos abiertos (Open Data). Imaginad que todos los proyectos de investigación financiados por el COTACYT tuvieran sus resultados disponibles para que cualquier pyme de la región pudiera aplicarlos. Eso sería un multiplicador de valor increíble.

La verdad es que el camino no es fácil. La ciencia siempre es la primera en sufrir los recortes cuando las cosas vienen mal dadas económicamente. Es triste, pero es lo primero que se percibe como «prescindible» porque sus frutos no se recogen mañana, sino dentro de diez años. Por eso, que el Consejo siga ahí, dando guerra y planificando a años vista, es una buena noticia para todos, no solo para los tamaulipecos.

Para los que nos leéis desde el sector tecnológico en España, quedaos con esta copla: el talento está en todas partes. A veces nos encerramos en nuestra burbuja europea y se nos olvida que al otro lado del charco hay una ebullición de ideas y una capacidad de resiliencia que ya quisiéramos. Colaborar, mirar qué hacen otros y, sobre todo, apoyar la base (la educación y la divulgación) es lo único que nos salvará de convertirnos en un museo tecnológico.

Unas pinceladas sobre la infraestructura

No quiero ponerme demasiado denso, pero es importante mencionar que el COTACYT no es solo una oficina con gente en trajes. Coordinan centros de investigación y tienen una relación estrecha con universidades como la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT). Esta simbiosis es fundamental. Sin la universidad, el consejo no tiene «materia prima» (investigadores); y sin el consejo, la universidad tiene más difícil sacar sus proyectos del campus.

Es un ecosistema. Y como todo ecosistema, es frágil. Si falla una pieza, el resto se resiente. Por eso es tan importante que la comunicación sea fluida. A veces, el mayor avance tecnológico no es un nuevo procesador, sino un canal de comunicación eficiente entre un profesor que tiene una idea y un empresario que tiene un problema.

Reflexiones de barra de bar sobre la gestión científica

Al final del día, lo que saco en claro de todo esto es que la ciencia es una carrera de fondo. No hay atajos. Puedes comprar la tecnología más cara del mundo, pero si no tienes a gente formada para usarla, mejorarla y repararla, solo tienes chatarra cara. El COTACYT, con sus luces y sus sombras, con sus trámites y sus becas, está en el negocio de formar a esa gente.

Me gusta pensar que, mientras escribo esto, hay alguien en una biblioteca de Tamaulipas revisando una convocatoria de este consejo, con los ojos brillantes porque quizá, y solo quizá, ese apoyo le permita descubrir algo que nos mejore la vida a todos. O al menos, que le permita dedicarse a lo que le gusta sin tener que renunciar a sus raíces.

La verdad es que nos hace falta más de esto. Menos ruido en redes sociales y más apoyo real a los que se manchan las manos con datos, probetas o código. Ya sea en Ciudad Victoria, en Madrid o en cualquier rincón del mundo, la curiosidad es el motor más potente que tenemos. Y cuidar ese motor es, posiblemente, el trabajo más importante que puede tener una administración pública.

Vaya, que me he puesto un poco sentimental, pero es que después de tres cafés y de ver cómo está el patio, uno se aferra a estas instituciones como a un clavo ardiendo. Esperemos que para ese 2026 que tienen en el calendario, hayamos avanzado un poco más en este camino de hacer la ciencia más humana, más accesible y, sobre todo, más presente en nuestras vidas.

Para que nos entendamos: no necesitamos que todo el mundo sea Einstein. Necesitamos que el que tenga el potencial de serlo, no se quede por el camino porque no pudo pagar la matrícula o porque nadie le dijo que su idea valía la pena. Y en esa batalla, el COTACYT y sus equivalentes en todo el mundo son nuestros mejores aliados. Ojo con perderlos de vista, porque nos va el futuro en ello.

En fin, que si alguna vez pasáis por su web o veis alguna de sus iniciativas, recordad que detrás hay un montón de gente intentando que el mañana sea un poquito menos caótico que el hoy. Y eso, tal como están las cosas, ya es mucho decir.

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unpokitodxfavor

Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

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