tecnologia / febrero 19, 2026 / 12 min de lectura / 👁 100 visitas

El comunicado que intentó apagar un fuego (o quizás lo avivó)

El comunicado que intentó apagar un fuego (o quizás lo avivó)

A veces uno tiene la sensación de que la ciencia y la política son como ese matrimonio que lleva treinta años llevándose la contraria en las cenas familiares: se necesitan para que la casa siga en pie, pero no hay día en que no salte una chispa. Lo que ha pasado recientemente con Minciencias, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia, es un ejemplo de manual de cómo un dato técnico puede acabar convirtiéndose en un incendio en redes sociales y despachos oficiales. La verdad es que, si nos paramos a mirar con lupa, lo que parece un simple comunicado aclaratorio esconde una maraña de intereses, metodologías y, sobre todo, la eterna lucha por ver quién cuenta la verdad sobre algo tan sensible como la salud.

Hace apenas unas horas, Minciencias tuvo que salir a la palestra con un comunicado a la opinión pública. ¿El motivo? Una aclaración técnica sobre un artículo que analizaba el sistema de salud colombiano. Para los que no estéis muy puestos en el panorama de allá, el sistema de salud en Colombia está en pleno proceso de reforma, un tema que levanta ampollas y que tiene a medio país discutiendo en la barra del bar (o en su equivalente digital, X).

Resulta que se publicó un análisis que, al parecer, no sentó muy bien en ciertos sectores o que, según el Ministerio, necesitaba «matices». Y ya sabemos qué pasa cuando un organismo oficial dice que hay que «matizar»: que el Excel original y la interpretación política se han pegado un cabezazo. El Ministerio ha tenido que salir a explicar que los datos son los que son, pero que la metodología debe ser rigurosa. Ojo con esto, porque en la era de la posverdad, un error en una coma de un informe técnico puede tumbar una ley entera.

La cuestión es que Minciencias se encuentra en una posición delicada. Por un lado, debe velar por la independencia científica y, por otro, no deja de ser un brazo del Gobierno. Es ese equilibrio imposible que también vemos aquí en España con nuestro Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Al final del día, el científico quiere publicar su hallazgo tal cual, y el político quiere que ese hallazgo no le arruine la narrativa de la semana.

¿Qué es Minciencias y por qué debería importarnos en España?

Para entender el lío, hay que saber de dónde viene este organismo. Minciencias es relativamente joven; antes se llamaba Colciencias y era un departamento administrativo. El salto a Ministerio fue un intento de darle más peso en el presupuesto nacional, algo que nos suena mucho por estos lares. Si mal no recuerdo, fue allá por 2019 cuando se hizo oficial la transformación.

¿Por qué nos importa esto en un blog como aquinohayquienviva.es? Pues porque la ciencia es global, pero la burocracia es dolorosamente local. Lo que ocurre en Colombia con la gestión de los datos de salud es un espejo de lo que podría pasar (y pasa) en cualquier comunidad autónoma española. La interoperabilidad de los datos, la transparencia en los algoritmos de análisis y la financiación de la investigación básica son problemas que no entienden de fronteras. Además, hay una conexión histórica y científica brutal entre ambos países. No olvidemos que la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, liderada por el gaditano José Celestino Mutis, es uno de los hitos científicos más grandes de la historia, y gran parte de ese legado lo custodia hoy lo que sería el ecosistema de Minciencias.

La ciencia de datos en el ojo del huracán

El punto clave de la polémica actual es el análisis del sistema de salud. Hoy en día, analizar un sistema sanitario no es solo contar camas de hospital. Es Big Data puro y duro. Estamos hablando de procesar millones de registros de pacientes, costes de medicamentos, tiempos de espera y resultados epidemiológicos.

Vaya, que si el código que usas para limpiar esos datos tiene un sesgo, el resultado va a salir torcido. Imaginaos que estáis usando Python para procesar un CSV gigante con los datos de las EPS (las entidades de salud en Colombia). Si no filtras bien los valores nulos o si la muestra no es representativa de las zonas rurales (como el Chocó o la Guajira), el análisis va a decir que todo va de cine cuando la realidad es otra.

Para que nos entendamos, un pequeño fragmento de lo que podría ser un análisis de este tipo (y donde suelen venir los problemas de «interpretación») se vería algo así:


# Un ejemplo rápido de cómo se pueden "cocinar" o "limpiar" datos de salud
import pandas as pd

# Cargamos los datos (supongamos que vienen de una base de datos ministerial)
df = pd.read_csv('sistema_salud_colombia.csv')

# Aquí es donde empieza el baile. ¿Qué consideramos un "paciente atendido"?
# Si filtramos solo por los que terminaron el tratamiento, los datos se ven mejor.
# Si incluimos a los que abandonaron por falta de recursos, la cosa cambia.
datos_optimistas = df[df['estado'] == 'completado']
datos_reales = df.copy()

print(f"Eficacia según el político: {len(datos_optimistas) / len(df) * 100}%")
print(f"Realidad del sistema: {len(datos_reales[datos_reales['queja'] == False]) / len(df) * 100}%")

Este tipo de «ajustes técnicos» son los que suelen provocar que un Ministerio tenga que sacar un comunicado de tres páginas aclarando que «no quisieron decir lo que el gráfico parece decir». La verdad es que la ciencia de datos en el sector público es un campo de minas.

La sombra de la politización y el espejo español

En España, hemos vivido situaciones similares. Recordad los líos con las cifras durante la pandemia o las discusiones sobre si el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) tiene suficiente autonomía. El problema de fondo es el mismo: la ciencia necesita tiempos largos y la política vive del tuit de los próximos cinco minutos.

Minciencias, al igual que nuestro Ministerio de Ciencia, lucha por ese ansiado 2% o 3% del PIB destinado a I+D+i. En Colombia, la cifra suele ser mucho más baja, lo que hace que cada peso invertido se mire con lupa. Cuando un estudio financiado con dinero público arroja resultados que incomodan al gobierno de turno, se produce un cortocircuito. Y es ahí donde el rigor científico debe actuar como escudo.

Me contaba un colega que trabaja en temas de cooperación tecnológica que el talento que hay en Colombia es increíble, especialmente en ingeniería y biotecnología. Pero claro, si el organismo que debe liderar eso, Minciencias, se ve envuelto en polémicas sobre si los datos de salud están bien o mal interpretados, el investigador de a pie se desmoraliza. Es como si aquí en Cartagena estuviéramos intentando sacar adelante un proyecto de arqueología submarina de primer nivel y, de repente, el debate se centrara en si el color del logo del ministerio es el adecuado. Una pérdida de tiempo y energía.

¿Por qué es tan difícil medir la salud?

El artículo que ha causado el revuelo en Minciencias trata sobre el sistema de salud. Y es que medir la salud es un dolor de muelas. No es como medir la producción de tornillos. En salud, intervienen factores sociales, económicos y hasta geográficos. No es lo mismo prestar servicio médico en el centro de Bogotá que en una vereda perdida en la selva.

Los indicadores que se suelen usar son:

  • Mortalidad evitable: ¿Cuánta gente muere por causas que el sistema podría haber frenado?
  • Gasto de bolsillo: ¿Cuánto dinero tiene que poner el ciudadano de su cartera a pesar de tener seguro?
  • Tiempos de espera: El eterno drama de la cita con el especialista.

Si Minciencias publica un análisis técnico que dice que la mortalidad evitable ha subido, el Ministerio de Salud se le echa encima. Si dice que ha bajado, la oposición dice que los datos están manipulados. Al final, el pobre técnico que hizo el informe solo quiere irse a su casa a ver una serie.

El papel de la Inteligencia Artificial en todo esto

Y aquí entramos en mi terreno favorito. ¿Podría la IA solucionar estos líos de interpretación? La respuesta corta es: no, probablemente los empeore si no tenemos cuidado. La IA es experta en encontrar patrones, pero no tiene contexto ético ni político.

Si entrenamos un modelo de IA con datos sesgados de Minciencias, el modelo nos va a dar conclusiones sesgadas pero con una pátina de «objetividad tecnológica» que da mucho miedo. Es lo que se llama «lavado de cara algorítmico». En España, empresas como Indra o Telefónica están trabajando mucho en analítica de datos para el sector público, y el gran reto es siempre el mismo: la calidad del dato de origen.

Imaginaos que Minciencias decide usar una IA para predecir dónde se necesitan más recursos científicos en Colombia. Si la IA ve que en Medellín hay más patentes, dirá que hay que invertir más allí. Pero, ¿qué pasa con las regiones que no tienen recursos ni para registrar una patente? La brecha se hace más grande. Por eso, la labor de supervisión humana en un Ministerio de Ciencia es insustituible. No podemos dejar que un algoritmo decida la política científica de un país.

Una anécdota desde Cartagena (la de aquí, pero pensando en la de allá)

Hace unos años, paseando por el puerto de nuestra Cartagena, hablaba con un investigador que había estado trabajando en proyectos de oceanografía en la Cartagena de Indias. Me decía que la mayor diferencia no era la tecnología (que también), sino la continuidad. En España nos quejamos de que cada vez que cambia el gobierno nos cambian la ley de educación o de ciencia. Pues bien, en países con instituciones más jóvenes como Minciencias, ese efecto se multiplica por diez.

La ciencia necesita estabilidad. Necesita que el comunicado de hoy no sea una corrección del de ayer porque alguien se puso nervioso en una rueda de prensa. La ciencia es, por definición, un proceso de ensayo y error, pero la administración pública no se lleva bien con el error.

¿Hacia dónde va Minciencias?

El futuro de este ministerio colombiano pasa por superar estas crisis de comunicación y centrarse en lo que de verdad importa: la soberanía científica. En un mundo donde las vacunas, los microchips y la energía limpia son las nuevas armas geopolíticas, depender de la tecnología de otros es un suicidio a largo plazo.

España y Colombia tienen mucho que compartir aquí. Tenemos programas de becas, intercambios de investigadores y proyectos conjuntos en energías renovables. Pero todo eso se tambalea si la confianza en las instituciones científicas se erosiona. El comunicado de Minciencias sobre el sistema de salud es solo la punta del iceberg de un debate mucho más profundo sobre quién controla la narrativa del progreso.

Ojo, que no todo es negativo. El hecho de que haya un debate público sobre un artículo técnico de un ministerio ya es una buena señal. Significa que a la gente le importa la ciencia, o al menos, le importan los resultados de esa ciencia en su vida diaria. Preferiría mil veces un país discutiendo sobre la metodología de un informe de salud que un país donde la ciencia ni siquiera está en la agenda.

La importancia de la divulgación clara

Uno de los grandes fallos de instituciones como Minciencias (y aquí incluyo a casi todos los ministerios del ramo en el mundo hispanohablante) es que escriben para otros científicos o para abogados. El lenguaje es denso, aburrido y lleno de tecnicismos que parecen diseñados para que nadie entienda nada.

Si el artículo sobre el sistema de salud hubiera estado escrito de forma que cualquier ciudadano pudiera entender los pros y los contras, quizás no habría hecho falta tanto comunicado aclaratorio. La divulgación no es «bajar el nivel», es «subir la claridad». Y en eso, amigos, todavía nos queda un camino larguísimo por recorrer.

La verdad es que me da un poco de envidia (de la sana, si es que eso existe) ver cómo en otros países la figura del «Chief Scientific Adviser» es alguien que sale en la tele a explicar las cosas sin miedo a que le corten la cabeza por un dato incómodo. Aquí y en Colombia, todavía estamos en la fase de «vamos a sacar una nota de prensa para que no se note mucho el lío».

Reflexiones de barra de bar sobre el futuro

Al final del día, lo que nos queda de toda esta historia de Minciencias es una lección de humildad para los que trabajamos con datos y tecnología. Los datos no son la verdad absoluta; son una representación de la realidad, y esa representación siempre tiene un autor y una intención.

Para que nos entendamos: si yo te digo que en Cartagena (España) hace un tiempo maravilloso, te estoy diciendo la verdad, pero si omito que hoy hay una humedad del 90% que te deja pegado a la silla, te estoy ocultando una parte crucial de la experiencia. Con el sistema de salud de Colombia pasa lo mismo. Puedes decir que hay más cobertura que nunca, pero si no dices que la calidad de esa cobertura es desigual, estás contando una verdad a medias.

La conclusión que saco de todo esto es que necesitamos ministerios de ciencia fuertes, independientes y, sobre todo, valientes. Valientes para publicar datos que no gusten y valientes para admitir cuando un análisis técnico necesita una revisión. Minciencias tiene el reto de demostrar que es algo más que una oficina de prensa del gobierno de turno. Tiene el reto de ser el motor de un país que tiene talento de sobra para liderar la región, si es que la política le deja espacio para respirar.

Y nosotros, desde este lado del charco, seguiremos mirando con atención. Porque, aunque nos separen miles de kilómetros, los problemas de un investigador en Bogotá son sospechosamente parecidos a los de un desarrollador en Madrid o un biólogo en Murcia. La precariedad, la burocracia y la lucha por el dato real son el pan nuestro de cada día en el mundo de la ciencia en español.

Vaya, que al final resulta que no somos tan distintos. Solo espero que la próxima noticia que nos llegue de Minciencias sea sobre un descubrimiento revolucionario en biotecnología o un avance en la protección de la Amazonía, y no sobre otra aclaración técnica para calmar las aguas políticas. Pero bueno, ya sabéis lo que dicen: en el mundo de la ciencia, el que no se arriesga no publica, y el que publica, se arriesga a que le pidan explicaciones.

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Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

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