software libre / febrero 26, 2026 / 10 min de lectura / 👁 116 visitas

¿Por qué «con Clase»? El doble sentido que nos encanta

¿Por qué «con Clase»? El doble sentido que nos encanta

¿Te acuerdas de esa sensación de pánico la primera vez que viste una pantalla negra con un cursor parpadeante? Esa mezcla de «voy a romper algo» y «me siento como un hacker de película de los noventa». Pues resulta que en Boyacá, y más concretamente en el ámbito educativo, llevan ya seis años intentando que ese miedo se convierta en curiosidad pura y dura. Se acaba de anunciar la sexta edición de ‘Software Libre con Clase 6.0’, y la verdad es que, viendo cómo está el patio tecnológico actual, este tipo de iniciativas son más necesarias que un café un lunes a las ocho de la mañana.

No es moco de pavo llegar a una sexta versión. En el mundo del software, donde las modas pasan más rápido que un reel de Instagram, mantener vivo un evento centrado en la filosofía del código abierto tiene su mérito. La Institución Educativa técnica que lidera esto (si no me falla la memoria, siempre han sido muy activos en la región) vuelve a la carga para demostrar que no todo en la vida es pagar suscripciones mensuales a corporaciones gigantescas. Y es que, para que nos entendamos, el software libre no va solo de «programas gratis», va de libertad, de soberanía y de no tener que pedir permiso para ver cómo funcionan las cosas por dentro.

El nombre del evento no es casualidad. Por un lado, está el entorno: el aula, la tiza (o la pizarra digital, que ya estamos en 2024) y los alumnos. Pero por otro, está esa actitud de hacer las cosas bien, con elegancia técnica. En España, hemos tenido experiencias similares que me vienen a la cabeza, como aquel mítico Guadalinex en Andalucía o el LliureX en Valencia. Proyectos que buscaban que los chavales no crecieran pensando que «ordenador» es sinónimo de una marca concreta, sino que entendieran la lógica que hay detrás.

La verdad es que, cuando enseñas a un chaval a usar Linux o a trastear con Python, no le estás dando un martillo; le estás enseñando a fabricar sus propias herramientas. Y eso, amigos, es lo que marca la diferencia entre un usuario pasivo y alguien que realmente entiende la tecnología. En esta sexta edición, el enfoque parece estar más claro que nunca: aterrizar conceptos complejos para que cualquier estudiante, desde el que quiere ser ingeniero hasta el que solo quiere retocar sus fotos, vea que hay alternativas sólidas ahí fuera.

El ecosistema que nos espera en esta versión 6.0

Aunque los detalles específicos suelen ir goteando poco a poco, lo que se respira en el ambiente de ‘Software Libre con Clase’ es una mezcla de talleres prácticos y charlas que no te duermen a los cinco minutos. Se habla de herramientas que ya son estándares en la industria, aunque a veces en las escuelas se nos olvide mencionarlas. Ojo a lo que suele caer en estos eventos:

  • Sistemas Operativos: Más allá de Windows. Hablamos de distribuciones Linux que vuelan en ordenadores que otros darían por muertos. Una forma estupenda de reciclar hardware en centros con poco presupuesto.
  • Diseño y Creatividad: Sustituir la suite de Adobe (y sus precios de infarto) por Inkscape, GIMP o Blender. Vaya, que se puede ser un artista digital sin hipotecar el riñón.
  • Programación desde la base: Scratch para los más peques y Python para los que ya empiezan a tener pelillos en la barba.
  • Privacidad y Ética: Un tema que en España nos toca de cerca con la GDPR. ¿A dónde van los datos de nuestros alumnos cuando usan ciertas plataformas en la nube?

La soberanía tecnológica empieza en el pupitre

A veces me pongo un poco intenso con esto, pero es que me toca la fibra. Imagina que en el colegio solo nos enseñaran a escribir con una marca específica de bolígrafo que solo se puede comprar en una tienda y que, además, te cobra por cada página que escribes. Suena absurdo, ¿verdad? Pues eso es lo que pasa cuando la educación se ata a software privativo de forma exclusiva.

Iniciativas como la de Boyacá son un soplo de aire fresco porque rompen ese monopolio mental. Al final del día, si un estudiante aprende a usar LibreOffice, sabrá usar cualquier procesador de textos. Pero si solo aprende a usar Word, cuando le cambies un botón de sitio se va a sentir perdido. El software libre enseña conceptos, no solo rutas de menús. Y eso es lo que te da «clase» como profesional en el futuro.

Además, hay un componente social que no podemos ignorar. En muchas zonas de España, como en mi querida Cartagena, hay una brecha digital que todavía escuece. El software libre permite que un chaval con un portátil de hace diez años pueda tener las mismas herramientas de programación que alguien con el último modelo de la manzana mordida. Es el gran igualador social de nuestra era, aunque a veces no le demos el bombo que merece.

Un poco de código para romper el hielo

Para que veáis que esto no es solo filosofía de barra de bar, vamos a ver un ejemplo de lo que se puede hacer con herramientas libres. Imagina un profesor que quiere automatizar el envío de notas por correo sin pasar por caja. Con un poco de Python (que es el rey en estos eventos), la cosa quedaría algo así de sencillo:


# Un script tonto pero útil para clase
import csv

def enviar_notas(archivo_csv):
    with open(archivo_csv, mode='r', encoding='utf-8') as file:
        lector = csv.DictReader(file)
        for fila in lector:
            alumno = fila['nombre']
            nota = fila['nota']
            # Aquí iría la lógica de envío, pero de momento lo imprimimos
            print(f"Enviando nota a {alumno}: Has sacado un {nota}. ¡A seguir currando!")

# La magia del software libre: lo creas, lo compartes, lo mejoras.
enviar_notas('clase_informatica.csv')

Este trozo de código, que parece una tontería, es la base de la automatización. Y lo mejor es que no necesitas pagar una licencia de «Power Automate» o cosas raras para ejecutarlo. Solo necesitas un editor de texto y ganas de trastear. Ese es el espíritu que ‘Software Libre con Clase 6.0’ intenta inyectar en las venas de sus asistentes.

¿Y qué pasa con la Inteligencia Artificial?

No podíamos hablar de una versión 6.0 en pleno 2024 sin mencionar a la elefante en la habitación: la IA. Este año, estoy seguro de que el evento va a girar mucho en torno a los modelos de lenguaje abiertos. Porque sí, ChatGPT está muy bien, pero lo que mola de verdad es poder correr un modelo como Llama 3 o Mistral en tu propio equipo (o en el servidor del instituto) sin que tus datos viajen a California.

Para que nos entendamos, la batalla actual del software libre se está librando en el campo de la IA. Si dejamos que solo tres empresas controlen los modelos inteligentes, estamos apañados. En eventos como este se enseña que existen alternativas como Hugging Face, donde la comunidad comparte modelos, datasets y conocimiento de forma abierta. Es pasar de ser «consumidores de respuestas» a «creadores de inteligencia».

El impacto en el mercado laboral local

Si nos bajamos al barro y hablamos de dinero y trabajo, que al final es lo que le preocupa a mucha gente, el software libre es una mina de oro. En España, las empresas tecnológicas buscan perfiles que sepan manejarse en entornos Linux, que entiendan de contenedores (Docker, Kubernetes) y que no tengan miedo a leer documentación técnica.

Un chaval que sale de un evento como ‘Software Libre con Clase’ con la curiosidad despertada tiene muchas más papeletas de acabar trabajando en una startup puntera en Madrid o Barcelona, o incluso teletrabajando para una empresa de San Francisco desde su pueblo, que alguien que solo sabe hacer clic donde le dicen. La flexibilidad mental que te da el código abierto es, posiblemente, la habilidad más demandada hoy en día. No se trata de saberlo todo, sino de saber que puedes abrir la caja, mirar dentro y arreglarlo si se rompe.

Anécdotas de ediciones pasadas (o lo que me han contado)

Me comentaba un colega que estuvo por tierras colombianas hace un tiempo que lo mejor de estos eventos no son las charlas magistrales, sino los pasillos. Esos momentos donde un estudiante de quince años le explica a un profesor veterano cómo ha conseguido montar un servidor de Minecraft usando solo software libre y piezas de ordenadores viejos. Esa chispa, ese «¡ahí va, que esto funciona!», es lo que justifica las seis ediciones.

Recuerdo que en un evento similar aquí en Murcia, un grupo de chavales presentó un sistema de riego automático para el huerto escolar usando Arduino y código abierto. No era perfecto, se colgaba cada dos por tres, pero lo habían hecho ellos. Habían entendido la lógica de los sensores, los actuadores y el flujo de datos. Eso vale más que mil horas de teoría sobre «la transformación digital», un término que, por cierto, ya empieza a oler a cerrado.

¿Qué podemos aprender en España de esto?

A veces pecamos de mirar siempre hacia el norte cuando buscamos innovación, pero lo que está pasando en Latinoamérica con el software libre es digno de estudio. Tienen una necesidad real de optimizar recursos, y eso agudiza el ingenio de una manera espectacular. En España, a veces nos hemos acomodado en las licencias corporativas porque «había presupuesto», y ahora que las cosas están más apretadas, nos damos cuenta de que hemos perdido soberanía.

Ojo con esto: no se trata de ser unos románticos del código y odiar todo lo que sea de pago. Se trata de tener opciones. De que si mañana una empresa decide subir el precio de su suscripción un 300%, tu instituto o tu empresa no se quede bloqueada. La conclusión que saco de todo esto es que la educación en software libre es, en realidad, una póliza de seguro para el futuro.

  • Independencia: No dependes de los caprichos de una sola empresa.
  • Seguridad: Al ser código abierto, miles de ojos lo revisan. No hay «puertas traseras» mágicas (o al menos es más difícil que las haya).
  • Comunidad: Si tienes un problema, hay un foro, un grupo de Telegram o una comunidad en Discord dispuesta a echarte un cable.
  • Ética: Compartir el conocimiento nos hace mejores a todos. Es la base del progreso científico desde hace siglos, ¿por qué iba a ser distinto con el software?

El camino hacia la versión 7.0 y más allá

Seguramente, mientras lees esto, los organizadores de ‘Software Libre con Clase 6.0’ estén lidiando con cables rebeldes, configuraciones de red que no funcionan y ponentes que llegan tarde. Es el caos maravilloso de los eventos tecnológicos. Pero lo importante es que el mensaje cala.

Para que nos entendamos, este evento no es el final de nada, sino un punto de control. Es decir: «Seguimos aquí, seguimos apostando por lo abierto y seguimos creyendo que la tecnología debe ser una herramienta de liberación, no de control». Y eso, en los tiempos que corren, es casi un acto de rebeldía.

La verdad es que me da envidia sana ver cómo se consolidan estas iniciativas. Ojalá en cada ciudad de España tuviéramos una versión local de este evento, alejada de los grandes focos comerciales y centrada en lo que de verdad importa: aprender, compartir y, por qué no, romper alguna que otra cosa por el camino para ver cómo se arregla. Porque así es como se aprende de verdad.

Al final del día, el software libre es como esa receta de la abuela que todo el mundo en el pueblo conoce y mejora. Alguien le añade un poco más de sal, otro le pone una especia nueva, y al final, el plato es de todos y para todos. ‘Software Libre con Clase 6.0’ es ese gran caldero donde se está cocinando el futuro de muchos estudiantes, y sinceramente, tiene una pinta estupenda. Si tienes la oportunidad de asomar la cabeza, aunque sea virtualmente a través de sus redes, hazlo. Puede que acabes instalando Linux en ese portátil viejo que tienes en el armario, y oye, eso que te llevas.

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unpokitodxfavor

Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

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