A veces uno se pregunta qué lleva a una persona a levantarse a las cinco de la mañana, con una temperatura que te congela hasta las ideas, para subir una montaña con unos esquís a cuestas. No es masoquismo, aunque desde el sofá de casa en Cartagena, con el calorcito del Mediterráneo cerca, pueda parecerlo. Es algo más visceral. Y si hablamos de ese «algo», el nombre de Marianne Fatton sale a relucir casi de inmediato. Si no te suena, no te preocupes, que para eso estamos aquí. Pero quédate con su cara, porque en los próximos Juegos Olímpicos de Invierno de Milano Cortina 2026, esta suiza va a dar mucho que hablar, y no precisamente por su afición al chocolate.
La verdad es que el esquí de montaña, o skimo para los que quieren ir de modernos, ha dejado de ser ese deporte de nicho practicado por cuatro barbudos con mucha resistencia para convertirse en un espectáculo de masas que la televisión ya empieza a mirar con deseo. Y en ese ecosistema, Fatton es algo así como la depredadora alfa de la modalidad de sprint. Vaya, que si esto fuera el Oeste, ella sería la que desenfunda antes de que tú hayas parpadeado.
Marianne no es una recién llegada que ha tenido suerte en una carrera. Nació en el cantón de Neuchâtel, en Suiza, una zona que, si la miras en el mapa, parece diseñada específicamente para que la gente aprenda a esquiar antes que a caminar. Desde muy joven, Fatton demostró que lo suyo no era solo bajar montañas a toda pastilla, sino que tenía una capacidad pulmonar que ya quisiéramos muchos para subir las escaleras del súper.
Lo que la hace especial, y esto es algo que comentamos mucho en los círculos técnicos, es su explosividad. En un deporte que tradicionalmente se asociaba a marchas interminables de horas y horas por la nieve virgen, ella ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos: carreras cortas, intensas, de apenas tres o cuatro minutos, donde el corazón se te pone a doscientas pulsaciones y un error en una transición (quitarse las pieles de los esquís, por ejemplo) te manda directo a casa.
Si mal no recuerdo, fue allá por 2019 cuando empezó a dejar claro que el trono del sprint mundial tenía su nombre grabado. Ganó la Copa del Mundo y, desde entonces, ha estado ahí, peleando el podio con una consistencia que asusta. Pero no te creas que es una máquina fría; en las entrevistas se la ve cercana, consciente de que practica un deporte que, hasta hace dos días, a la gente le sonaba a chino.
El Skimo: De las pieles de foca al oro olímpico
Para que nos entendamos, el esquí de montaña es como el trail running pero con nieve y tablas. Tienes que subir una pendiente pronunciada usando «pieles» (unas tiras sintéticas que se pegan a la suela del esquí para que no deslices hacia atrás), luego te las quitas, bloqueas las fijaciones y bajas como si te persiguiera un alud.
Históricamente, esto era una forma de moverse por los Alpes o los Pirineos. Pero claro, el Comité Olímpico Internacional (COI) vio que esto tenía potencial. ¿Por qué? Porque es visual, es agónico y, sobre todo, porque encaja perfectamente en el formato televisivo si se hace en circuitos cerrados. Y aquí es donde entra la figura de Marianne Fatton. Ella es la reina del formato Sprint, que es precisamente la joya de la corona que veremos en 2026.
La anatomía de un Sprint
Ojo con esto, porque no es tan sencillo como parece. Un sprint de skimo dura unos 3 o 4 minutos. Se divide en varias fases:
- La salida: Un caos controlado donde todos intentan ganar la posición.
- El ascenso con pieles: Aquí es donde se ve quién ha entrenado las piernas y quién no.
- El tramo a pie: Te quitas los esquís, los cuelgas en la mochila y subes corriendo por una zona de escalones de nieve. Es agotador.
- La transición final: Volver a ponerte los esquís y quitar las pieles. Aquí Marianne es una cirujana; lo hace en segundos, casi sin mirar.
- El descenso: Una bajada técnica entre puertas, como un eslalon, pero con las piernas ya temblando por el esfuerzo previo.
La conclusión que saco de todo esto es que, para ganar aquí, no basta con estar fuerte. Hay que ser un estratega y tener una coordinación motriz de otro planeta bajo una presión brutal. Y Fatton, amigos, tiene eso de sobra.
La conexión española: ¿Por qué nos importa tanto Fatton aquí?
Podrías pensar: «Vale, muy bien por la suiza, pero a mí qué me cuentas». Pues resulta que España es una de las potencias mundiales en este deporte. Tenemos a gente como Oriol Cardona, que es básicamente el equivalente masculino de Marianne en cuanto a talento y velocidad, o a Ana Alonso, que se bate el cobre con ella en cada carrera.
En España, el skimo ha crecido una barbaridad. Desde los centros de tecnificación en Cataluña o Aragón, hasta la Sierra Nevada granadina, el nivel es altísimo. Por eso, seguir a Marianne Fatton es, en realidad, seguir el listón que tienen que superar nuestros atletas. Cada vez que Marianne gana una prueba de la Copa del Mundo, hay un equipo técnico español analizando sus tiempos de transición y su técnica de ascenso. Es una rivalidad sana, de esas que hacen que el deporte crezca.
Además, la verdad es que el mercado español de material de montaña es enorme. Empresas de aquí están muy pendientes de lo que usan atletas como ella. Si Marianne usa un tipo de fijación de carbono ultraligera, puedes apostar a que el mes que viene habrá cientos de aficionados en el Pirineo intentando conseguir la misma. Es el efecto «influencer», pero de los que sudan de verdad.
El camino hacia Milano Cortina 2026
El enlace que mencionábamos al principio no es casualidad. La página oficial de los Juegos Olímpicos ya tiene su ficha lista. Y es que 2026 va a ser un punto de inflexión. Para Marianne, que ya tiene una carrera consolidada, los Juegos son la validación final. Es pasar de ser una campeona de un deporte «raro» a ser una medallista olímpica con todas las letras.
Pero no será un camino de rosas. El nivel está subiendo como la espuma. Las francesas, las italianas (que corren en casa) y, por supuesto, nuestras representantes españolas, le van a poner las cosas muy difíciles. La preparación para un evento así es de locos. No solo es esquiar; es gimnasio, es bicicleta de carretera en verano para mantener el fondo, es psicología deportiva para no hundirse cuando el ácido láctico te quema los cuádriceps.
El factor psicológico
He leído en alguna parte que Marianne destaca por su calma. En una final de sprint, donde tienes a otras cinco competidoras dándote codazos (metafóricamente, o no tanto) y el público gritando, mantener la cabeza fría para no pifiarla al enganchar la bota en la fijación es lo que separa el oro del cuarto puesto. Y el cuarto puesto en unos Juegos es, posiblemente, el sitio más amargo del mundo.
¿Cómo entrena una bestia de la montaña?
Si piensas que el entrenamiento de Fatton consiste solo en deslizarse por nieve polvo mientras disfruta del paisaje, estás muy equivocado. El entrenamiento de un deportista de élite de skimo es una tortura china bien planificada.
Durante los meses de «barro» (cuando no hay nieve), Marianne y su equipo se dedican a acumular horas de desnivel. Hablamos de miles de metros positivos a la semana. Usan el rollerski (esquís con ruedas para asfalto), que es lo más parecido a esquiar pero con el riesgo añadido de dejarte la piel en el alquitrán si te caes.
Y luego está el tema del peso. En el skimo, cada gramo cuenta. No solo el peso corporal, sino el del equipo. Las botas de Marianne parecen de juguete, hechas de fibra de carbono y materiales que parecen sacados de la NASA. Los esquís pesan menos que un ordenador portátil. Todo está optimizado para que la gravedad no sea un enemigo tan pesado.
Vaya, que no es solo correr; es ingeniería aplicada al cuerpo humano. Y ahí es donde Marianne saca ventaja, porque conoce su material al milímetro. Es de esas atletas que pueden decirte si la cera de sus esquís no es la adecuada solo con deslizarse diez metros.
El impacto del cambio climático en su carrera
No podemos hablar de deportes de invierno y de atletas como Marianne Fatton sin tocar el elefante en la habitación: el clima. En Suiza, como en España, los glaciares están retrocediendo y las temporadas de nieve son cada vez más erráticas. Esto afecta directamente a su preparación.
Marianne ha comentado en alguna ocasión cómo tienen que desplazarse cada vez más alto o buscar glaciares remotos para poder entrenar en condiciones. Esto añade una capa de estrés y logística a su carrera que los atletas de hace veinte años no tenían. Para nosotros, en aquinohayquienviva.es, este es un tema recurrente. La tecnología y la IA pueden ayudar a predecir nevadas o a optimizar rutas, pero si no hay nieve, no hay skimo. Así de simple.
Es curioso cómo una deportista que depende tanto de la naturaleza se convierte, casi sin quererlo, en una embajadora de la conservación. Ver a Fatton subir una montaña que quizás dentro de treinta años no tenga nieve en esa misma fecha es una imagen potente que nos debería hacer reflexionar a todos.
Anécdotas de la Copa del Mundo
Para darle un poco de color a esto, hay que decir que el ambiente en la Copa del Mundo de Skimo es muy particular. A diferencia del fútbol, donde los jugadores viven en burbujas, aquí todos se conocen. Marianne puede estar dándolo todo contra una rival francesa en la pista y, media hora después, estar compartiendo un té caliente en la zona de meta.
Hay una anécdota, no sé si es cien por cien exacta (ya sabéis cómo son estas cosas del boca a boca en el mundillo), que cuenta que en una carrera Marianne perdió un bastón a mitad de una subida. En lugar de entrar en pánico, siguió empujando con un solo brazo con una fuerza tal que apenas perdió tiempo respecto al grupo de cabeza hasta que un técnico pudo darle uno de repuesto. Ese tipo de «garra» es lo que define a los campeones.
¿Qué podemos aprender de ella?
Al final del día, más allá de los títulos y las medallas, la figura de Marianne Fatton nos enseña algo sobre la especialización. Ella no intenta ser la mejor en todo. Sabe que su fuerte es la velocidad, la explosividad y la técnica en distancias cortas. En un mundo que nos pide ser expertos en mil cosas a la vez, ver a alguien que pule una habilidad específica hasta rozar la perfección es inspirador.
Para los que nos gusta la tecnología, el código o la historia, hay un paralelismo claro. Puedes saber un poco de todo, pero si quieres destacar, tienes que encontrar tu «sprint». Tienes que encontrar esa disciplina donde tus habilidades naturales y tu esfuerzo converjan. Para Marianne es una ladera helada de 500 metros; para ti puede ser el desarrollo de una IA o la investigación histórica de Cartagena.
El futuro después de 2026
¿Qué pasará después de los Juegos? Es la pregunta del millón. Muchos atletas de invierno cuelgan los esquís tras una cita olímpica, sobre todo si consiguen medalla. Marianne tendrá una edad perfecta para decidir si sigue dominando el circuito o si pasa a otra etapa, quizás formando a las nuevas generaciones de suizos que, seguro, ya la ven como un referente.
Lo que está claro es que su legado ya está ahí. Ha ayudado a profesionalizar un deporte que era amateur, ha atraído patrocinadores y ha puesto el skimo femenino en el mapa de los medios generalistas. Y eso, amigos, vale tanto como un metal dorado colgado al cuello.
Para que nos entendamos, Marianne Fatton no es solo una esquiadora. Es el símbolo de una transición: la del deporte de montaña tradicional hacia el espectáculo olímpico moderno. Y nosotros tendremos la suerte de verlo en directo (o por la tele, que hace menos frío) en 2026.
Así que, la próxima vez que veas una noticia sobre esquí de montaña, busca el nombre de Marianne. Y si ves que va primera, no te sorprendas. Es simplemente lo que sabe hacer mejor que nadie: desafiar a la gravedad y al cronómetro sin perder la sonrisa, aunque el frío le esté cortando la cara.
Y oye, si algún día se cansa de la nieve, siempre puede venirse a Cartagena. Aquí no tenemos pistas de esquí, pero le aseguro que subir al Castillo de la Concepción a pleno sol en agosto también requiere una resistencia de atleta olímpica. Aunque sospecho que ella preferiría quedarse con sus Alpes. Cuestión de gustos, supongo.
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