curiosidades / abril 22, 2026 / 10 min de lectura / 👁 43 visitas

El peso de mayo y la paradoja de las flores

Hay días en los que uno se levanta, abre Twitter (o X, como quieran llamarlo ahora, aunque a muchos nos siga costando el cambio) y se topa con una frase que te deja el café a medio camino entre la taza y la boca. Me pasó hace poco leyendo un comentario de Roberto Cabrera Vera. Decía algo así como que la vida tiene unas curiosidades muy suyas, a veces un poco amargas: en mayo le tocó perder a sus dos abuelas. Diferentes años, sí, pero una de ellas se fue precisamente un día 1. Y claro, uno se queda pensando en la carga que tienen las fechas, en cómo el calendario se convierte en un mapa de minas emocionales y en cómo, especialmente en nuestra tierra, la figura de la abuela es algo que trasciende lo puramente familiar para convertirse en una institución casi mística.

La verdad es que mayo es un mes con una dualidad extraña, sobre todo si vives en España. Por un lado, tenemos esa explosión de vida, el sol que empieza a picar de verdad (especialmente si te pilla paseando por la calle Mayor de Cartagena a mediodía) y esa sensación de que lo bueno está por llegar. Pero, por otro lado, para mucha gente mayo es el mes de los recuerdos que duelen. Es curioso cómo funciona la memoria selectiva y cómo asociamos estaciones enteras a una pérdida.

En Cartagena, por ejemplo, mayo es el mes de las Cruces. Las calles se llenan de flores, hay música, la gente sale a compartir un «asiático» bien preparado y parece que no hay hueco para la tristeza. Pero cuando te toca vivir una pérdida en estas fechas, como le pasó a Roberto, el contraste es brutal. Es esa sensación de que el mundo sigue girando, celebrando y floreciendo, mientras que en tu casa el tiempo se ha detenido. Perder a las dos abuelas en el mismo mes, aunque sea en años distintos, no es solo una coincidencia estadística; es una especie de sello que el destino le pone a una hoja del calendario.

Me pregunto a veces si estas coincidencias son solo eso, azar puro, o si hay algo más. La ciencia, esa que tanto nos gusta desgranar aquí, nos diría que es pura probabilidad. Si tienes dos abuelas y hay doce meses en el año, las papeletas para que coincidan no son tantas, pero tampoco es un milagro imposible. Sin embargo, el cerebro humano odia el caos. Necesitamos encontrar patrones, significados. Decimos «es que mayo no me quiere» o «es que ellas querían irse juntas en la distancia». Al final del día, esas narrativas son las que nos ayudan a digerir el duelo.

La abuela española: Más que un parentesco, un sistema operativo

Si nos ponemos a analizar la estructura social en España, y más concretamente en el Mediterráneo, la abuela no es solo la madre de tu padre o de tu madre. Es el nodo central de una red complejísima. Si esto fuera un tutorial de programación, la abuela sería el kernel del sistema operativo familiar. Es la que gestiona los recursos, la que mantiene la seguridad (emocional y alimenticia) y la que tiene los permisos de administrador para regañar a cualquiera, tenga la edad que tenga.

Perder a una abuela en España es perder una biblioteca que no estaba digitalizada. Son recetas que no se escribieron, historias de la posguerra que se quedan a medias y una forma de entender la vida que ya no se fabrica. Cuando Roberto mencionaba que una de ellas se fue un 1 de mayo, Día del Trabajo, no pude evitar pensar en la ironía. Esas mujeres de la generación de nuestras abuelas no sabían lo que era un día de descanso. Su «trabajo» era invisible, constante y, a menudo, poco agradecido hasta que ya no están.

Vaya, que no es solo la tristeza de la ausencia, es el vacío de poder que dejan. En Cartagena, donde las familias suelen ser de piñón fijo y muy de juntarse en el campo o en la playa en cuanto sale un rayo de sol, la falta de la matriarca se nota en cada detalle. Ya no hay quien controle si el arroz tiene el punto exacto de sal o quien sepa exactamente qué le pasa a cada nieto solo con mirarle a los ojos mientras le sirve una ración generosa de algo que, por supuesto, «no engorda».

¿Casualidad o algo más? La ciencia de las fechas señaladas

A ver, pongámonos un poco técnicos, que para eso estamos en un blog que toca temas de IA y ciencia. Existe un fenómeno que los psicólogos llaman la «reacción de aniversario». No es que la gente muera a propósito en ciertas fechas, pero sí es cierto que el estrés emocional y la carga simbólica de ciertos días pueden afectar físicamente a las personas mayores. No digo que sea el caso de las abuelas de Roberto, pero es un tema que siempre me ha fascinado.

La verdad es que el cuerpo tiene una memoria que a veces va más rápido que la mente. Llega mayo, cambia la luz, el olor del azahar inunda las calles de Cartagena, y de repente, el sistema inmunológico o el corazón de alguien que ya está débil parece decir «hasta aquí». Hay estudios en universidades españolas que analizan la estacionalidad de la mortalidad, y aunque el invierno suele ser el pico por razones obvias de frío y virus, la primavera tiene sus propios ritmos extraños.

Además, está el tema de la probabilidad. Si mal no recuerdo, hay un problema matemático famoso llamado la «Paradoja del Cumpleaños». Dice que en un grupo de solo 23 personas, hay un 50% de probabilidades de que dos cumplan años el mismo día. Con las muertes no es exactamente igual, pero cuando miramos un árbol familiar, las coincidencias de fechas suelen ser mucho más comunes de lo que pensamos. Lo que pasa es que solo nos fijamos cuando la carga emocional es alta. Perder a dos pilares en el mismo mes te hace mirar al cielo y preguntar: «¿En serio?».

Cartagena en mayo: Un escenario de contrastes

Para los que nos leéis desde fuera y no conocéis bien Cartagena, tenéis que entender el contexto. Mayo aquí es una explosión. Tenemos las Cruces de Mayo, donde el casco antiguo se llena de altares florales. Es una tradición que, aunque se celebra en muchos sitios de España, aquí tiene un sabor especial, muy de barrio, muy de cercanía. Estás ahí, con tu música, tus amigos, y de repente te acuerdas de que ese mismo día, hace cinco o diez años, estabas en un tanatorio despidiendo a una de las personas que más te quiso.

Esa mezcla de alegría pública y duelo privado es muy nuestra. Es como el Teatro Romano: una estructura de gloria y espectáculo que estuvo enterrada y olvidada bajo capas de casas humildes durante siglos. El duelo es un poco así, una capa que llevamos debajo de la fiesta. Y mayo en Cartagena te obliga a lidiar con ambas cosas a la vez.

Me pregunto qué pensarían esas abuelas de cómo recordamos ahora a nuestros seres queridos. Roberto lo hizo a través de un tuit, compartiendo su «curiosidad de la vida» con el mundo digital. Es una forma de duelo del siglo XXI. Antes se ponía una esquela en el periódico local o se comentaba en la cola de la pescadería. Ahora, lanzamos un mensaje al vacío digital esperando que alguien, en algún lugar, asienta con la cabeza y diga: «Te entiendo, a mí también me pasa».

El papel de la tecnología en el recuerdo

Y ya que hablamos de lo digital, no puedo evitar meter la cuchara en el tema de la Inteligencia Artificial y la memoria. Últimamente se habla mucho de los «deadbots» o de usar IA para recrear la voz o la personalidad de personas fallecidas. Es un terreno pantanoso, la verdad. ¿Os imagináis poder «hablar» con esa abuela que se fue en mayo? ¿Poder pedirle una última vez que te explique cómo hacía ella el caldero?

En España somos muy de tocar, de abrazar, de la presencia física. No sé si una IA, por muy avanzada que sea, podría captar ese «no sé qué» de una abuela cartagenera. Esa mezcla de autoridad, ternura y un toque de ironía cuando te ve llegar con una ropa que no le gusta. La tecnología puede imitar el lenguaje, pero dudo que pueda imitar el alma de un domingo de mayo en familia.

Ojo, que hay proyectos interesantes en empresas tecnológicas de aquí, de España, que están trabajando en la preservación del legado digital. No para crear «zombis digitales», sino para organizar esos recuerdos, fotos y vídeos que dejamos desperdigados por la nube. Porque al final, lo que le queda a Roberto, y a todos nosotros, son esos fragmentos. Un tuit mencionando a @rosyramales es solo la punta del iceberg de una historia familiar que merece ser recordada.

La resiliencia del nieto y el legado invisible

Al final del día, lo que nos enseñan estas «curiosidades de la vida» es que somos el resultado de esas ausencias. Si Roberto se acuerda de sus abuelas cada mayo, es porque dejaron una huella lo suficientemente profunda como para que el calendario no pueda borrarla. Es una forma de inmortalidad, supongo. Una bastante más real que la que prometen los transhumanistas de Silicon Valley.

La verdad es que la vida es un poco como el código que escribimos: a veces hay errores, a veces hay bucles infinitos de tristeza, y a veces hay coincidencias que parecen fallos del sistema pero que, en realidad, le dan sentido a todo el programa. Perder a dos abuelas en mayo es un «bug» emocional de los gordos, pero también es una oportunidad para pararse a pensar en lo que nos dejaron.

Para que nos entendamos: no se trata de regodearse en la pena. Se trata de entender que mayo, con sus flores y sus cruces, es también un monumento a las que ya no están. En Cartagena seguiremos brindando, seguiremos paseando por el puerto y seguiremos quejándonos del calor que empieza a hacer, pero siempre habrá un momento, un día 1 o cualquier otro día de mayo, en el que miraremos una foto vieja y sonreiremos.

Unas notas finales sobre el duelo en la era de la información

Para ir cerrando este hilo de pensamientos, que me he puesto un poco intenso con el segundo café, me gustaría reflexionar sobre cómo compartimos estas cosas. El hecho de que un comentario en una red social pueda generar toda esta reflexión dice mucho de nuestra necesidad de conexión humana. No somos máquinas, por mucho que nos guste la tecnología. Somos seres que sufren, que recuerdan y que encuentran consuelo en las coincidencias más extrañas.

  • La importancia de hablar: Ya sea en Twitter o en la barra de un bar frente al Arsenal Militar, soltar lo que uno siente ayuda a procesar que mayo ya no es solo un mes, sino un aniversario.
  • El valor de lo cotidiano: Las abuelas no suelen ser famosas, no salen en los libros de historia de Cartagena (a menos que fueran alguien como la mítica «Caridad la Negra», pero esa es otra historia), pero su impacto en el PIB emocional del país es incalculable.
  • La tecnología como puente: Usemos las herramientas que tenemos para mantener vivos los recuerdos, pero sin olvidar que lo importante fue el tiempo compartido, no el bit almacenado.

La conclusión que saco de todo esto es que la vida, con sus curiosidades y sus mayos fatídicos, es lo que hay. Y menos mal que la tenemos. A Roberto, y a todos los que tienen un mes marcado en rojo en el calendario por motivos similares, solo les puedo decir que esas coincidencias son la prueba de que hubo mucho amor de por medio. Y eso, amigos, no hay algoritmo que lo supere.

Vaya, que me he quedado a gusto. Ahora, si me disculpáis, voy a ver si me doy un paseo por la Muralla del Mar, que hace un día de mayo de esos que te reconcilian con el mundo, a pesar de los pesares. Y si veis a alguien mirando al horizonte con cara de estar pensando en sus abuelas, saludad, que seguramente sea yo o alguien que ha leído esto.

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unpokitodxfavor

Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

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