ciencia / abril 8, 2026 / 10 min de lectura / 👁 226 visitas

¿Quién es Diana Morant y por qué debería importarnos?

A ver, que levante la mano quien no haya soñado alguna vez con mandar un poquito. No me refiero a decidir qué se cena en casa o a elegir la película del viernes, sino a tener una de esas carteras de piel con el escudo constitucional y un coche oficial esperándote en la puerta. Pero claro, luego te pones a mirar la agenda de un ministro y se te pasan las ganas de golpe. La verdad es que, entre reuniones de gabinete, viajes relámpago y la presión de que cada palabra que digas va a ser analizada con lupa por medio país, el sueldo casi parece poco.

Hoy nos toca hablar de una figura que, para los que nos movemos entre bits, laboratorios y aulas, es fundamental: la Ministra de Ciencia, Innovación y Universidades. Diana Morant ha vuelto a prometer su cargo, y aunque para muchos esto sea solo un trámite administrativo más en el BOE, para el ecosistema tecnológico y educativo de España es el pistoletazo de salida de una etapa que promete curvas. Y no de las fáciles.

Si mal no recuerdo, Diana Morant no es la típica política que ha pasado toda su vida en un despacho de abogados o estudiando ciencias políticas. Es ingeniera de Telecomunicaciones por la Universidad Politécnica de Valencia. Y ojo, que esto no es un detalle menor. En un país donde a veces parece que los que mandan no saben ni configurar el Wi-Fi de su casa, tener a alguien que entiende qué es una frecuencia, cómo funciona una red y qué narices es el I+D+i desde la base, da un poco de tranquilidad. O al menos, nos ahorra tener que explicarle los conceptos básicos en cada reunión.

Viene de Gandía, donde fue alcaldesa, y eso se nota en su forma de comunicar. Tiene ese tono directo, sin demasiados rodeos, que se agradece cuando te toca lidiar con presupuestos generales del Estado. Desde que llegó al ministerio en 2021, ha tenido que bailar con la más fea: una pandemia que puso a la ciencia en el centro del tablero y una crisis de suministros que nos recordó que, si no fabricamos tecnología aquí, estamos vendidos.

La toma de posesión reciente no es solo una foto bonita con el Rey. Es la confirmación de que la ciencia y la universidad vuelven a ir de la mano en un solo ministerio. Esto, para que nos entendamos, es como cuando decides que el equipo de desarrollo y el de sistemas por fin van a hablarse en la oficina. Puede salir muy bien o puede ser un caos de competencias, pero la lógica dice que si investigas algo en la universidad, lo lógico es que el ministerio de ciencia te ayude a convertirlo en una innovación real para el mercado.

El jaleo de las universidades: ¿Títulos o futuro?

Hablemos claro: la universidad española necesita un meneo. Y no lo digo yo, lo dicen los miles de graduados que terminan la carrera y se dan cuenta de que lo que han aprendido en los libros de texto de hace diez años no sirve para las ofertas de empleo que ven en LinkedIn. Morant tiene sobre la mesa el reto de aplicar la LOSU (Ley Orgánica del Sistema Universitario), que suena a nombre de mueble de IKEA pero es el marco legal que debería modernizar nuestras aulas.

La idea es reducir la precariedad de los profesores asociados (esos héroes que cobran una miseria por dar clases magistrales) y conectar más la universidad con la empresa. Aquí en España tenemos la costumbre de ver la universidad como una torre de marfil aislada del mundo real. La ministra quiere romper eso. Quiere que si un chaval en la UPCT (la Politécnica de nuestra querida Cartagena, de la que luego hablaremos más a fondo) desarrolla un algoritmo brillante, no tenga que irse a Alemania para que alguien le haga caso.

Pero claro, esto de reformar la universidad es como intentar actualizar el sistema operativo de un ordenador viejo mientras estás renderizando un vídeo en 4K: es lento, da errores y todo el mundo se queja de que el ventilador hace mucho ruido. La verdad es que el presupuesto es el que es, y las comunidades autónomas tienen mucho que decir en esto. Veremos si Diana consigue que el dinero llegue realmente a las facultades y no se quede por el camino en trámites burocráticos infinitos.

Innovación «a la española»: El caso de Cartagena y el S-80

Cuando hablamos de innovación, a veces nos imaginamos Silicon Valley o una oficina moderna en Berlín. Pero no hace falta irse tan lejos. Si miramos hacia Cartagena, tenemos ejemplos de lo que significa la innovación real, la de «mancharse las manos». El Ministerio de Ciencia e Innovación tiene un ojo puesto en proyectos estratégicos que se cuecen en nuestra tierra.

Pensad en el submarino S-80 de Navantia. Sí, ya sé que ha tenido sus más y sus menos, que si pesaba demasiado, que si no flotaba… pero al final del día, es uno de los hitos tecnológicos más brutales de la historia de España. Es innovación pura. Desarrollar un sistema de propulsión anaerobia (AIP) que permite a un submarino estar semanas bajo el agua sin salir a respirar es algo que solo un puñado de países saben hacer. Y eso se hace en Cartagena.

La ministra Morant sabe que la innovación no es solo hacer apps de comida a domicilio. Es potenciar la industria pesada, la biotecnología y la energía limpia. Cartagena, con su puerto, su refinería y su polo tecnológico, es el ejemplo perfecto de lo que el ministerio llama «soberanía estratégica». No podemos depender de que otros nos vendan la tecnología crítica. Tenemos que ser capaces de diseñarla y fabricarla nosotros, aunque nos cueste algún que otro dolor de cabeza y unos cuantos millones de euros extra en el proceso.

Un pequeño paréntesis para los amantes del código

Para que veáis que esto de gestionar un ministerio tiene su lógica algorítmica, he preparado este pequeño fragmento de código irónico sobre cómo se gestiona una política de innovación en España:


def gestionar_innovacion_españa(presupuesto_disponible, talento_local):
    # Intentamos retener el talento antes de que compren el billete a Berlín
    if talento_local.ganas_de_quedarse > 0:
        try:
            aplicar_beca_postdoc(presupuesto_disponible)
        except BurocraciaInfinitaError:
            print("El papel 302-B no está firmado. Vuelva usted mañana.")
            talento_local.emigrar("Alemania")
    
    # Si sobrevive algo de presupuesto, compramos superordenadores
    if presupuesto_disponible > 1000000:
        instalar_nodo_supercomputacion("Cartagena")
        return "¡Habemus innovación!"
    else:
        return "Hacemos un hilo en Twitter explicando lo importante que es la ciencia."

# Ejecución del programa
print(gestionar_innovacion_españa(500, "Investigador muy motivado"))

Vaya, que la realidad es un poco más compleja, pero se entiende la idea, ¿no? La ministra tiene que luchar contra ese «BurocraciaInfinitaError» que parece estar instalado por defecto en el sistema operativo del Estado.

La Inteligencia Artificial y la AESIA: ¿Dónde nos situamos?

No podíamos hablar de este ministerio sin tocar el tema estrella: la Inteligencia Artificial. Diana Morant ha insistido mucho en que España no puede perder este tren. Por eso se ha creado la AESIA (Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial), con sede en A Coruña. Es la primera agencia de este tipo en Europa, lo cual está muy bien para sacar pecho en las reuniones en Bruselas.

Pero, ¿qué significa esto para el ciudadano de a pie o para el programador que nos lee desde su casa en Murcia o Cartagena? Significa que se van a poner reglas al juego. La ministra defiende una IA «ética y humanista». Suena muy bonito, pero el reto es que esas reglas no asfixien a las startups locales mientras las grandes tecnológicas de Estados Unidos o China siguen haciendo lo que les da la gana.

La verdad es que el papel de España aquí es complicado. No tenemos un Google o un OpenAI, pero sí tenemos un ecosistema de empresas medianas que están haciendo cosas chulas en procesamiento de lenguaje natural o en visión artificial aplicada a la agricultura (muy importante en nuestra zona, por cierto). El ministerio tiene que ser el puente que permita que esas empresas accedan a fondos europeos sin morir en el intento de rellenar formularios.

La agenda de la Ministra: Mucho más que eventos

Si echáis un vistazo a la agenda oficial de Diana Morant, veréis que es un no parar. Un día está en Bruselas negociando fondos para el espacio (ojo con la Agencia Espacial Española en Sevilla, otro gran hito), y al día siguiente está visitando una universidad en una ciudad pequeña para inaugurar un laboratorio.

Mucha gente piensa que estas visitas son solo para la foto. Y a ver, un poco de «postureo» político siempre hay, no nos vamos a engañar. Pero estas visitas sirven para que los rectores y los directores de centros de investigación le canten las cuarenta en privado. Es ahí donde se entera de que el microscopio electrónico de tal centro lleva roto seis meses porque no hay presupuesto para piezas, o que los investigadores jóvenes están quemados porque sus contratos son una castaña.

La agenda también refleja la importancia de la diplomacia científica. España quiere liderar proyectos internacionales como el IFMIF-DONES en Granada (un acelerador de partículas para investigar la energía de fusión). Si eso sale adelante, España dejaría de ser solo el país del sol y la playa para ser el país donde se diseña la energía del futuro. Y eso, amigos, sí que sería un cambio de paradigma de los de verdad.

El legado de Isaac Peral y la ciencia en Cartagena

Ya que escribo para un público que valora la historia y la cultura local, no puedo evitar mencionar a Isaac Peral. Si Diana Morant visitara hoy el Museo Naval de Cartagena y viera el primer submarino torpedero eléctrico del mundo, se daría cuenta de que el problema de la ciencia en España viene de lejos.

Peral fue un visionario al que el sistema de su época le dio la espalda. Le pusieron todas las trabas posibles, le negaron fondos y al final tuvo que ver cómo su invento se oxidaba mientras otros países tomaban la delantera. Esa es la pesadilla que cualquier Ministro de Ciencia debería querer evitar.

Hoy, la UPCT en Cartagena sigue ese espíritu. Es una universidad joven, pero con una potencia en ingeniería que ya quisieran otras más grandes. Sus equipos de robótica submarina o sus investigaciones en agrotecnología son punteros. El reto de la ministra es que el próximo «Isaac Peral» que esté ahora mismo estudiando en Cartagena no tenga que pasar por el calvario que pasó el inventor del submarino. Que tenga las herramientas, el dinero y, sobre todo, la libertad para innovar sin que un burócrata le diga que su idea es «demasiado arriesgada».

¿Hacia dónde vamos? Retos para lo que queda de legislatura

La conclusión que saco de todo esto es que Diana Morant tiene una de las carteras más agradecidas pero también más frustrantes del Gobierno. Agradecida porque trabaja con la gente más brillante del país: científicos, ingenieros y estudiantes con ganas de comerse el mundo. Frustrante porque los resultados de la ciencia no se ven en cuatro años (que es lo que dura una legislatura), sino en diez o veinte.

Los retos principales son claros:

  • Aumentar la inversión en I+D: Llegar de una vez por todas al famoso 2% o 3% del PIB. Sin dinero, la ciencia es solo buena voluntad.
  • Reducir la burocracia: Que un científico no tenga que dedicar el 40% de su tiempo a justificar facturas de 10 euros.
  • Conectar la universidad con la FP: Porque necesitamos ingenieros, pero también técnicos cualificados que sepan manejar las máquinas del futuro.
  • Descentralizar la ciencia: Que no todo pase en Madrid. Potenciar polos como Cartagena, Málaga o Bilbao es vital para que el país crezca de forma equilibrada.

Al final del día, que Diana Morant haya tomado posesión de nuevo es una señal de continuidad. Y en ciencia, la continuidad es buena. Los experimentos no salen a la primera, y las políticas de innovación tampoco. Necesitamos tiempo, paciencia y, sobre todo, que los que mandan se crean de verdad que nuestro futuro depende más de lo que pase en un laboratorio que de lo que se diga en un mitin.

Así que, desde aquí, le deseamos suerte a la ministra. La va a necesitar. Y a vosotros, gente curiosa, os digo: seguid atentos a lo que pasa en nuestras universidades y centros tecnológicos. Porque aunque a veces parezca que las noticias solo hablan de líos políticos, en los sótanos de las facultades y en los astilleros de Cartagena se está cocinando el mundo que viene. Y eso sí que mola.

Y recordad, la próxima vez que veáis un submarino o uséis una app que parece magia, pensad que detrás hay alguien que tuvo que pelear por una beca, un ministro que tuvo que firmar un presupuesto y, muy probablemente, un ingeniero que se tomó demasiados cafés para que todo funcionara. Así es como avanza el mundo, paso a paso, bit a bit.

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Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

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