ciencia / abril 3, 2026 / 10 min de lectura / 👁 133 visitas

¿Qué es exactamente la Secihti y por qué tanto revuelo?

A veces uno se levanta, se toma el primer café del día —doble, por favor, que hoy la mañana viene espesa— y se encuentra con que las siglas que conocía de toda la vida han pasado a mejor vida. En el mundillo de la gestión científica, esto pasa más de lo que nos gustaría admitir. Resulta que en México han decidido darle una vuelta de tuerca a su estructura y han parido la Secihti. Sí, suena a nombre de deidad antigua o a comando de consola que todavía no hemos aprendido a usar, pero detrás de esas letras se esconde la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación.

La verdad es que, desde este lado del charco, concretamente desde mi rincón en Cartagena, uno podría pensar: «¿Y a mí qué me importa lo que monten en México?». Pues mira, importa y bastante. Primero, porque en el ecosistema tecnológico global, lo que pasa en una de las economías más potentes de habla hispana acaba salpicando al resto. Y segundo, porque el enfoque que le están dando tiene unas cuantas lecciones que nos vendría bien repasar aquí, entre caña y caña en la calle Mayor.

Para que nos entendamos, hasta hace nada, la ciencia en México la gestionaba el Conahcyt. Era el equivalente a nuestro CSIC o a ciertas áreas de nuestro Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Pero han decidido que ya no basta con ser un «consejo». Ahora es una Secretaría de Estado. Es como si en tu comunidad de vecinos, el que se encarga de arreglar los ascensores de repente tuviera despacho propio y voto directo en las juntas generales. Gana peso político, gana presupuesto (o eso se espera) y, sobre todo, gana capacidad de mando.

Lo que me resulta curioso, y aquí es donde me pongo un poco analítico, es la inclusión de la «H» de Humanidades de forma tan explícita. No es solo ciencia y tecnología para fabricar cacharros más rápidos o algoritmos que nos lean el pensamiento. Es meter la ética, la filosofía y la historia en el mismo saco. Y ojo con esto, porque en un momento donde la Inteligencia Artificial nos está pasando por encima como una apisonadora, que una institución pública diga «eh, que las humanidades también cuentan» es, cuanto menos, para pararse a pensar.

Si mal no recuerdo, en España hemos tenido debates similares. Aquí en Cartagena, sin ir más lejos, tenemos la UPCT (Universidad Politécnica de Cartagena). Es un motor de ingeniería brutal, pero siempre está ese runrún de cómo conectar toda esa potencia técnica con la realidad social de la ciudad. La Secihti parece querer atacar ese frente de cara.

El espejo español: ¿Cómo andamos por aquí?

La comparación es inevitable. En España, el Ministerio de Ciencia ha cambiado de nombre y de manos tantas veces que ya hemos perdido la cuenta. Ahora mismo, con Diana Morant al frente, parece que hay una estabilidad relativa, pero el modelo es distinto. Nosotros tendemos a separar mucho la parte académica de la parte de innovación empresarial. Vaya, que a veces parece que el investigador que está en un laboratorio de la Complutense y el ingeniero que está optimizando procesos en Navantia, aquí en nuestro puerto, viven en planetas diferentes.

La apuesta mexicana con la Secihti busca, al menos sobre el papel, que esa transferencia de conocimiento sea más fluida. Es algo que en España intentamos con la Ley de Ciencia, pero que siempre se topa con el muro de la burocracia. Porque, seamos sinceros, la burocracia en España es ese monstruo de mil cabezas que te pide un sello para poder pedir otro sello. Si la Secihti consigue saltarse eso, les habremos de envidiar un poquito.

Además, hay un punto clave: la soberanía tecnológica. Este es un término que se está poniendo muy de moda en los despachos de Madrid y Bruselas. Se trata de no depender de que un señor en Silicon Valley decida cambiar las condiciones de su API y nos deje a todos a oscuras. La Secihti nace con esa idea de «ciencia propia». Y eso, amigos, es música para mis oídos, especialmente cuando veo el talento que sale de nuestras facultades y que acaba haciendo las maletas porque aquí no encuentran donde hincar el diente.

La Inteligencia Artificial bajo el paraguas de la Secihti

Hablemos de lo que nos gusta: el código y los algoritmos. Una de las misiones críticas de esta nueva secretaría es regular y fomentar la IA. Pero no de cualquier manera. Al incluir las humanidades en su ADN, el enfoque no es solo «vamos a ver quién entrena el modelo más grande», sino «vamos a ver cómo este modelo no discrimina a la gente por su código postal».

Para los que picamos código, esto puede sonar a trabas, pero la realidad es que es una red de seguridad. Imagina que estás desarrollando un sistema de triaje médico basado en IA para el hospital de Santa Lucía. Si solo te centras en la precisión técnica, igual el modelo acaba aprendiendo sesgos que no debería. La visión de la Secihti es que esos sesgos se atajen desde el diseño institucional.

La verdad es que me gustaría ver algo así aplicado con más fuerza en las licitaciones públicas españolas. A veces se compran soluciones de IA como quien compra folios, sin entender que el software tiene una carga ideológica y social tremenda. Ojo, que no digo que tengamos que montar una secretaría nueva cada vez que sale una tecnología, pero sí que el enfoque multidisciplinar es el único camino que no acaba en distopía de serie de Netflix.

Un pequeño ejemplo de lo que hablamos (en Python, claro)

Para que no se diga que esto es solo cháchara de periodista, vamos a ver un ejemplo tonto pero ilustrativo. Supongamos que queremos analizar si un conjunto de datos científicos tiene un sesgo básico antes de meterlo en una red neuronal. Un enfoque puramente técnico ignoraría el contexto, pero un enfoque «estilo Secihti» nos obligaría a mirar más allá.


# Importamos lo de siempre, que para qué innovar en esto
import pandas as pd
from sklearn.preprocessing import LabelEncoder

# Imaginemos que estos son datos de becas de investigación
data = {
    'investigador': ['Ana', 'Pedro', 'Lucía', 'Juan', 'Marta'],
    'campo': ['IA', 'Historia', 'IA', 'Física', 'Sociología'],
    'presupuesto_asignado': [50000, 12000, 48000, 35000, 15000],
    'años_experiencia': [5, 12, 4, 15, 10]
}

df = pd.DataFrame(data)

# Un análisis rápido nos diría que la IA se lleva la pasta. 
# Pero, ¿qué pasa con las humanidades?
promedio_ia = df[df['campo'] == 'IA']['presupuesto_asignado'].mean()
promedio_humanidades = df[df['campo'].isin(['Historia', 'Sociología'])]['presupuesto_asignado'].mean()

print(f"Presupuesto medio en IA: {promedio_ia}€")
print(f"Presupuesto medio en Humanidades: {promedio_humanidades}€")

# Si esto fuera un algoritmo de decisión automática, 
# perpetuaría que las humanidades no necesitan dinero.
# La Secihti diría: "Oye, que el valor social no se mide solo en euros".

Este código es una chorrada, lo sé. Pero ilustra el punto: si dejas que los datos hablen solos, suelen decir lo que el sistema actual quiere oír. La intervención institucional —la política con mayúsculas— sirve para corregir ese rumbo. Y eso es lo que se pretende con este cambio de estructura en México.

Cartagena y la ciencia: Una historia de amor y desaires

No puedo hablar de ciencia e instituciones sin acordarme de mi tierra. Cartagena ha sido, históricamente, un polo tecnológico de primer nivel, aunque a veces se nos olvide entre procesión y procesión. Tenemos el ejemplo de Isaac Peral. Aquel hombre no solo inventó un submarino; inventó una forma de entender la defensa y la tecnología que estaba a años luz de su época.

¿Qué le pasó a Peral? Pues que se topó con la «Secihti» de su época, que en lugar de apoyarlo, le puso todas las zancadillas posibles. La falta de una estructura institucional sólida que entienda la innovación como un proyecto de país, y no como el capricho de un inventor, es lo que condenó al submarino a oxidarse durante décadas antes de ser valorado.

Hoy, con la UPCT y el Navantia Training Center, estamos en una posición envidiable. Pero seguimos necesitando que la administración central y regional hablen el mismo idioma. Cuando veo que en México crean una Secretaría específica, me pregunto si aquí no nos vendría bien menos fragmentación. Tenemos el Ministerio de Ciencia por un lado, el de Transformación Digital por otro, y las competencias de las Comunidades Autónomas haciendo malabares en medio. Al final, el investigador de Cartagena tiene que rellenar tres formularios distintos para decir lo mismo.

El papel de la educación superior

Otro de los pilares de la Secihti es su contribución a la educación superior. No se trata solo de dar becas, sino de orientar qué se estudia y para qué. En España, el debate sobre si sobran universitarios o faltan fontaneros es un clásico de las cenas de Navidad. Pero la realidad es más compleja.

Lo que necesitamos no es solo gente con un título, sino gente capaz de adaptarse. La Secihti propone una integración entre la investigación de alto nivel y las aulas. Esto es algo que en la Politécnica de Cartagena se hace muy bien con las cátedras de empresa. Es ese modelo donde el alumno no solo ve teoría en un PDF rancio de hace diez años, sino que trabaja con problemas reales de empresas locales.

Vaya, que la idea es que la universidad no sea una torre de marfil, sino una pieza más del engranaje productivo. Y eso pasa por una financiación que no dependa de si ese año hay elecciones o no. La estabilidad es el santo grial de la ciencia, y convertir un consejo en secretaría es, al menos, un intento de blindar esa estabilidad.

¿Y ahora qué? El impacto a largo plazo

La creación de la Secihti no va a arreglar el mundo mañana por la mañana. Probablemente, los primeros meses sean un caos de mudanzas, cambios de logotipos y tarjetas de visita nuevas. Pero el mensaje está ahí. Es una declaración de intenciones sobre qué tipo de país se quiere ser.

Para nosotros, en España, esto debería servir como un toque de atención. No podemos dormirnos en los laureles pensando que con el PERTE del chip ya está todo hecho. La competencia por el talento es global. Si un investigador mexicano tiene ahora un marco institucional más robusto y con más recursos, ¿por qué se iba a venir a un centro de investigación aquí si le ofrecemos un contrato temporal y una montaña de papeles?

La verdad es que me da envidia sana ese enfoque integrador. Aquí seguimos peleándonos por si la IA debe estar en el Ministerio de Economía o en el de Ciencia. Mientras tanto, el mundo sigue girando y los modelos de lenguaje se siguen entrenando con datos que, muchas veces, no reflejan nuestra realidad cultural ni lingüística.

Reflexiones de barra de bar (pero con fundamento)

Al final del día, lo de la Secihti es un recordatorio de que la ciencia es política. Y no me refiero a política de partidos, de esa que cansa y aburre, sino a política de la de verdad: la de decidir en qué invertimos nuestro tiempo y nuestro dinero como sociedad.

¿Queremos ser un país que solo consume tecnología diseñada en otros sitios o queremos tener voz propia? En Cartagena sabemos bien lo que es fabricar tecnología puntera —ahí están los S-80, con sus luces y sus sombras, pero tecnología nuestra al fin y al cabo—. Lo que nos falta, quizás, es ese pegamento que lo una todo, desde la investigación básica en un laboratorio de química hasta la aplicación industrial en el Valle de Escombreras.

Ojo, que no todo es perfecto. Crear una secretaría nueva también conlleva el riesgo de crear más burocracia, más cargos a dedo y más gasto inútil si no se gestiona bien. Pero el paso de darle rango ministerial a la ciencia y las humanidades juntas es un experimento que merece la pena seguir de cerca.

Para que nos entendamos: la ciencia sin humanidades es ciega, y las humanidades sin ciencia son irrelevantes en el siglo XXI. Juntarlas en una misma mesa de consejo de ministros es, cuanto menos, un movimiento valiente. Habrá que ver si se queda en un cambio de nombre postureo o si realmente supone un antes y un después para la ciencia en español.

Y mientras tanto, nosotros aquí seguiremos, atentos a lo que pasa al otro lado del charco, picando código, estudiando nuestra historia y esperando que, algún día, a alguien se le ocurra que Cartagena podría ser la sede de algo tan potente como eso. Porque talento, espacio y ganas, os aseguro que no nos faltan. Me voy a por el tercer café, que este tema me ha dejado la cabeza echando humo.

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unpokitodxfavor

Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

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