ciencia / abril 6, 2026 / 12 min de lectura / 👁 59 visitas

El origen de una idea que desafía los sentidos

A veces uno se levanta, se toma el primer café del día mirando por la ventana hacia el Puerto de Cartagena y se pregunta si todo esto que vemos —las grúas de Navantia, el trajín de los barcos, el frío que se cuela por las rendijas— es tan sólido como parece. No es que me haya dado un golpe en la cabeza bajando las escaleras, es que el concepto de «realidad» es mucho más escurridizo de lo que nos enseñaron en el colegio. Y si hablamos de llevar esta idea al extremo, tenemos que pararnos a analizar a la Iglesia de la Ciencia Cristiana y su particular visión sobre lo que ellos llaman «la irrealidad».

La verdad es que, para el que no esté metido en estos berenjenales teológicos o metafísicos, el nombre puede despistar un poco. No tiene nada que ver con la Cienciología de Tom Cruise, ni es un laboratorio de física cuántica con crucifijos. Estamos ante un movimiento que nació en el siglo XIX y que sostiene una tesis que, como poco, te deja la ceja levantada: que la materia, el dolor y la enfermedad no son reales. Así, como suena. Vaya, que si te das un martillazo en el dedo, lo que sientes es una especie de error de cálculo de tu mente, no una realidad física absoluta.

Para entender de qué va todo esto de la irrealidad, hay que ponerle cara a la fundadora: Mary Baker Eddy. Imaginaos la Nueva Inglaterra de mediados del 1800. Una mujer que se pasa media vida enferma, probando todos los remedios de la época (que, seamos sinceros, a veces eran peores que la enfermedad) y que, de repente, tras una caída sobre el hielo que la dejó fatal, lee un pasaje de la Biblia y experimenta lo que ella llamó una curación inmediata.

A partir de ahí, la mujer no se limitó a dar las gracias. Se puso a escribir como si no hubiera un mañana. Su obra cumbre, Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras, es el manual de instrucciones de esta fe. La premisa es que Dios es Espíritu, es Todo-en-todo, y como Dios es bueno, todo lo que no sea bueno (la enfermedad, la muerte, el pecado) no puede venir de Dios. Por lo tanto, si no viene de Dios, no existe de verdad. Es una «ilusión» o, en sus propias palabras, una creencia errónea de la mente mortal.

Ojo con esto, porque no es una negación caprichosa. Para ellos es una ciencia. Creen que hay leyes espirituales que, si las aplicas bien, «demuestran» la irrealidad de la materia. Es un enfoque que choca frontalmente con nuestra cultura actual, tan volcada en los datos, los átomos y las resonancias magnéticas. Pero ahí siguen, con sus salas de lectura repartidas por medio mundo, incluyendo España.

¿Qué pasa con la materia en este esquema?

Si alguna vez habéis trasteado con código o habéis intentado entender cómo funciona una simulación por ordenador, la analogía os servirá. Para la Ciencia Cristiana, la materia es como un bug en el software. No es parte del diseño original, es un error de percepción.

  • La Mente con mayúscula: Se refieren a Dios. Es la única fuente de inteligencia y realidad.
  • La mente mortal: Es la que nos engaña. Es la que nos dice que nos duele la espalda después de estar ocho horas picando código o cargando cajas en el muelle.
  • La curación: No consiste en «arreglar» el cuerpo, sino en convencer a la mente de que el cuerpo no es la realidad última. Al cambiar el pensamiento, el cuerpo (que es una proyección) se ajusta.

La verdad es que, visto desde fuera, parece una locura. Pero si lo piensas bien, tiene puntos de conexión con filosofías orientales o incluso con ciertos debates de la física teórica moderna que sugieren que el universo podría ser un holograma. Claro que, una cosa es debatirlo en una pizarra del MIT y otra muy distinta es decir que el reúma es una ilusión cuando hay humedad en Cartagena.

La llegada a España y el choque cultural

En España, este tipo de movimientos siempre lo han tenido difícil. Somos un país de tradiciones muy arraigadas, de tocar la madera y de creer en lo que vemos. Sin embargo, la Iglesia de la Ciencia Cristiana tiene su presencia aquí. En Madrid, por ejemplo, tienen una sede en un edificio precioso en la zona de Chamberí. Pero, ¿cómo encaja esto en la mentalidad española?

La verdad es que nos cuesta comprar la idea de que la materia no existe. Aquí somos de buen comer, de abrazar fuerte y de sentir el sol en la cara. Decirle a un murciano que el calor de agosto es una «creencia errónea de la mente mortal» es jugársela a que te miren con cara de «este no ha salido mucho a la calle». Pero, curiosamente, hay un sector de la población que busca alternativas a la medicina convencional o que siente que el materialismo puro no explica todo lo que nos pasa.

En Cartagena, una ciudad con una historia militar y científica tan potente —pensad en Isaac Peral y su submarino, pura ingeniería de hierro y baterías—, la idea de la irrealidad de la materia suena casi a sacrilegio técnico. Peral no diseñó un concepto espiritual; diseñó un casco resistente a la presión del agua. Sin embargo, incluso en una ciudad tan «física» como la nuestra, siempre ha habido hueco para la mística y la búsqueda de lo invisible.

El papel de las Salas de Lectura

Si habéis paseado por alguna gran ciudad española y habéis visto un local que pone «Sala de Lectura de la Ciencia Cristiana», quizás hayáis pensado que es una biblioteca pública. No exactamente. Es un espacio de silencio. En un mundo donde el ruido de las redes sociales y las notificaciones del móvil nos tienen fritos, estos sitios proponen un oasis de calma para estudiar sus textos.

Personalmente, creo que esa parte de su práctica es la que mejor ha envejecido. No hace falta creer que la materia es irreal para valorar el beneficio de sentarse media hora en silencio a reflexionar sobre conceptos abstractos. Es casi como un «debugueo» mental preventivo.

La Ciencia Cristiana frente a la Inteligencia Artificial

Aquí es donde me pongo el sombrero de tecnólogo. Si analizamos la «irrealidad» desde el prisma de la IA, la cosa se pone interesante. ¿Qué es una IA sino una mente sin cuerpo que procesa información? Cuando un modelo de lenguaje como GPT o Claude tiene una «alucinación» (se inventa un dato con total convicción), está creando una irrealidad que para él es coherente.

Mary Baker Eddy hablaba de la «mente mortal» como una fuente de errores. Si lo traducimos al lenguaje de hoy, podríamos decir que nuestros sentidos son una interfaz de usuario que a veces falla. La Ciencia Cristiana sostiene que vivimos en una simulación creada por nuestros sentidos limitados y que la realidad «real» es puramente espiritual e perfecta.

Vaya, que si viviéramos en Matrix, Mary Baker Eddy sería la que te diría que no intentes doblar la cuchara, porque «no hay cuchara». Esa frase de la película es, básicamente, un resumen de 400 páginas de teología de la Ciencia Cristiana. La diferencia es que ellos no culpan a las máquinas, sino a nuestra falta de comprensión espiritual.

¿Podría una IA entender la Ciencia Cristiana?

Es una pregunta curiosa. Una IA no tiene cuerpo, no siente dolor físico, no envejece (aunque sus servidores sí). Para una IA, la materia es literalmente irrelevante; solo existen los datos y las relaciones lógicas. En ese sentido, una IA está más cerca de la «irrealidad» de la materia que cualquiera de nosotros. Sin embargo, le falta la parte del «Espíritu», que es el núcleo de esta religión. Para ellos, la realidad no es solo «no-materia», es Amor divino. Y ahí, amigos, es donde el silicio se queda corto.

Críticas, controversias y el sentido común

No podemos hablar de la Ciencia Cristiana y su visión de la irrealidad sin entrar en el terreno pantanoso de la salud. Es el punto donde la teoría choca con la realidad más cruda. A lo largo de la historia, ha habido casos muy polémicos de padres que, siguiendo estas creencias, no llevaron a sus hijos al médico por enfermedades tratables, confiando únicamente en la oración para «comprender la irrealidad» de la enfermedad.

Esto ha generado debates legales intensos, también en Europa. La posición oficial de la iglesia ha ido evolucionando y hoy en día suelen decir que la decisión es individual, pero el estigma de «anti-medicina» es difícil de quitar.

Desde un punto de vista periodístico y humano, es aquí donde la «irrealidad» se vuelve peligrosa. Una cosa es una postura filosófica sobre la naturaleza del universo y otra es ignorar una apendicitis. La mayoría de los científicos cristianos que conozco (o de los que he leído) intentan mantener un equilibrio, pero la tensión entre su fe y la medicina convencional es constante. Es como intentar correr un sistema operativo nuevo en un hardware que te empeñas en decir que no existe.

El efecto placebo y la sugestión

Muchos escépticos argumentan que las curaciones que reportan son puro efecto placebo. Y la verdad es que el placebo es una de las herramientas más potentes y menos comprendidas de la medicina moderna. Si alguien deja de sentir dolor porque está convencido de que el dolor es irreal, ¿ha dejado de existir el dolor o solo ha cambiado la percepción? Para la Ciencia Cristiana, no hay diferencia. Para un neurólogo, hay una cascada de endorfinas y cambios en la corteza somatosensorial.

Cartagena y la búsqueda de la verdad

Volviendo a nuestra tierra, Cartagena siempre ha sido un lugar de contrastes. Tenemos el Museo del Teatro Romano, donde las piedras nos hablan de una realidad que ha durado dos milenios. Es difícil decirle a alguien que está tocando una columna de mármol del siglo I que eso es «irreal». Esa piedra ha visto pasar cartagineses, romanos, bizantinos, árabes y turistas con palos de selfie.

Pero, por otro lado, Cartagena también es una ciudad de sombras y luces, de mística marinera. Los que han navegado de noche saben que a veces el mar y el cielo se confunden y uno pierde la noción de qué es sólido y qué es reflejo. Esa sensación de que la realidad es más fluida de lo que parece es muy nuestra.

Si mal no recuerdo, hubo un tiempo en que las corrientes espiritistas y teosóficas tuvieron cierto eco en la burguesía ilustrada de la ciudad, allá por finales del XIX y principios del XX. No me extrañaría que algún ejemplar de Ciencia y Salud terminara en alguna biblioteca privada de la calle Mayor, entre libros de ingeniería naval y tratados de minería. Al fin y al cabo, el minero que baja a las profundidades de La Unión también busca algo que no se ve a simple vista.

¿Qué podemos aprender de «la irrealidad»?

Al final del día, independientemente de si compramos o no el pack completo de la Ciencia Cristiana, su obsesión con la irrealidad de la materia nos deja algunas preguntas interesantes para el mundo moderno:

  1. ¿Cuánto poder tiene la mente sobre el cuerpo? La ciencia cada vez descubre más conexiones en el eje intestino-cerebro y en cómo el estrés (una construcción mental) destroza el sistema inmunitario (algo físico).
  2. La tiranía de lo material: Vivimos en una sociedad hiperconsumista. La idea de que «la materia no lo es todo» es un recordatorio saludable, aunque no la llevemos al extremo de negar la existencia de los átomos.
  3. La importancia de la perspectiva: A veces, un problema parece insuperable hasta que cambiamos la forma de verlo. Esa «curación por el cambio de pensamiento» es la base de mucha de la psicología cognitiva actual.

Vaya, que no hace falta hacerse miembro de la iglesia para entender que nuestra percepción de la realidad está muy filtrada por nuestros miedos, prejuicios y educación. Lo que ellos llaman «error de la mente mortal», nosotros podríamos llamarlo «sesgos cognitivos».

Un pequeño fragmento de reflexión técnica

Para los que os gusta el código, pensad en esto: cuando definimos una variable en un programa, esa variable no «existe» físicamente. Es una dirección de memoria, un estado eléctrico en un chip. Si el programa está bien hecho, la variable cumple su función. Si hay un error en la lógica, la variable da un resultado loco. La Ciencia Cristiana ve el mundo físico como un programa con un error de lógica masivo. Su solución no es parchear el código, sino volver a la «especificación original» del programador (Dios).

// Ejemplo de "Mente Mortal" vs "Mente Divina" en pseudocódigo irónico
if (percepcion Humana == "Enfermedad") {
    let realidad = CienciaCristiana.comprenderIrrealidad("Enfermedad");
    console.log(realidad); // Resultado: "La salud es la única realidad"
} else {
    disfrutarDelSolEnElPuerto();
}

La conclusión que saco de todo esto

La Iglesia de la Ciencia Cristiana y su concepto de la irrealidad son un recordatorio de que el ser humano siempre ha intentado escapar de las limitaciones de la carne. Ya sea a través de la religión, de la filosofía o, ahora, de la tecnología y el transhumanismo (que en el fondo busca lo mismo: vencer a la muerte y al dolor).

Personalmente, me quedo con un punto medio. Me gusta saber que mis pies pisan el suelo de Cartagena y que el caldero que me voy a comer en Cabo de Palos tiene una realidad física deliciosa. Pero también reconozco que, a veces, lo que más nos duele no es lo que se puede ver en una radiografía, sino lo que fabricamos en nuestra propia cabeza.

La próxima vez que paséis por una de sus salas de lectura o veáis un vídeo sobre el tema, no os quedéis solo con la superficie. Hay todo un mundo de debates sobre la consciencia y la materia que lleva siglos dándonos vueltas. Y aunque no lleguemos a la conclusión de que todo es irreal, al menos nos sirve para cuestionarnos si lo que vemos es toda la verdad o solo la punta del iceberg.

Para que nos entendamos: la realidad es ese sitio donde, si no pagas el recibo de la luz, te la cortan, por muy irreal que creas que es el electrón. Pero la forma en que te enfrentas a ese apagón… eso sí que está totalmente en tu mente.

Y ahora, si me disculpáis, voy a por otro café. Uno bien caliente y bien real, de esos que te queman la lengua si no tienes cuidado, recordándote que, al menos por hoy, la materia tiene mucho que decir.

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unpokitodxfavor

Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

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