astronomia / abril 29, 2026 / 12 min de lectura / 👁 128 visitas

El extraño caso de las dos lunas en mayo

El extraño caso de las dos lunas en mayo

A veces uno mira al cielo nocturno y, entre el brillo de las farolas de la calle Mayor y el jaleo del puerto, se olvida de que ahí arriba está pasando de todo. Este mes de mayo no es uno cualquiera; viene con una agenda astronómica que ya quisieran para sí muchos meses de verano. La noticia vuela: vamos a tener dos lunas llenas en un solo mes, un fenómeno que los anglosajones llaman «Blue Moon» (aunque de azul tenga poco, la verdad) y que aquí, en la trimilenaria Cartagena, nos va a pillar con los prismáticos en una mano y el café en la otra. Pero no solo de lunas vive el curioso, porque se está cocinando un curso de astronomía y un congreso de esos que quitan el hipo, el FIMAT CONCITES, con ponentes que saben más de estrellas que nosotros de tapas en la plaza de San Francisco.

Vamos a ver, que esto tiene su miga. ¿Cómo es posible que en un mes de 31 días nos metan dos lunas llenas? La explicación no es que el universo se haya vuelto loco, sino una simple cuestión de matemáticas y de cómo hemos decidido organizar nuestro calendario. El ciclo lunar, lo que los expertos llaman mes sinódico, dura aproximadamente 29,5 días. Si la primera luna llena asoma la patita el día 1 o el 2 de mayo, las cuentas salen: antes de que nos demos cuenta y nos quitemos el calendario de encima, el satélite vuelve a estar en todo su esplendor.

La verdad es que esto de la «Luna Azul» tiene un nombre un poco engañoso. No esperéis ver un queso azul flotando sobre el monte Galeras. El término viene de una deformación del inglés antiguo «belewe», que significaba traidor. Se le llamaba luna traidora porque aparecía cuando no tocaba, rompiendo el esquema habitual de tres lunas llenas por estación. Para nosotros, los que vivimos pegados al Mediterráneo, esto es simplemente una excusa perfecta para subir al Castillo de la Concepción o acercarnos a la zona de Calblanque, donde la contaminación lumínica nos da un respiro, y disfrutar del espectáculo.

Ojo con esto, porque no ocurre todos los años. Es una carambola cósmica que sucede, más o menos, cada dos años y medio. Así que, si este mayo te pilla despistado, vas a tener que esperar un buen rato para volver a ver este doblete. Es curioso cómo algo tan mecánico y predecible como la órbita de una roca gigante alrededor de nuestro planeta sigue generándonos esa sensación de asombro. Al final del día, somos unos románticos, aunque nos las demos de tecnólogos.

FIMAT CONCITES: Cuando la ciencia se pone seria (pero no aburrida)

Si la luna nos pone el escenario, el congreso FIMAT CONCITES pone el guion. Estamos hablando de un evento que reúne a lo mejor de cada casa en cuanto a enseñanza de la matemática, la ciencia y la tecnología. Y no, no es una reunión de gente con bata blanca hablando en código. Bueno, un poco sí, pero el objetivo es aterrizar todo ese conocimiento para que los que estamos a pie de calle —y sobre todo los docentes— sepamos qué hacer con ello.

La Fundación CIENTEC, que está detrás de este tinglado, ha conseguido atraer a ponentes internacionales de primer nivel. Es esa clase de eventos donde te das cuenta de que la educación científica no es solo memorizar la tabla periódica o saber resolver una integral por partes (que, seamos sinceros, a la mayoría se nos olvidó en cuanto salimos del examen de selectividad). Se trata de entender el mundo. En España, y concretamente en la Región de Murcia, tenemos un potencial brutal en ingeniería y agrotecnología, y este tipo de congresos son el caldo de cultivo ideal para que surjan nuevas ideas.

Lo que me resulta más interesante de esta edición es el enfoque en la interdisciplinariedad. Ya no vale con saber de «lo tuyo». El matemático tiene que entender al biólogo, y el astrónomo tiene que saber programar en Python como si le fuera la vida en ello. Vaya, que el mundo se ha vuelto complejo y o nos unimos o nos quedamos mirando cómo otros innovan.

Ponentes que son auténticas estrellas

No voy a soltaros una lista interminable de nombres porque esto no es la guía telefónica, pero sí que conviene destacar el perfil de los que van a estar allí. Estamos hablando de gente que trabaja en proyectos que suenan a ciencia ficción. Investigadores que analizan datos de telescopios espaciales o que están buscando la forma de que los chavales en el instituto no miren las matemáticas como si fueran un castigo medieval.

La presencia de expertos internacionales le da ese toque cosmopolita que tanto nos gusta. Es una oportunidad de oro para ver cómo se están haciendo las cosas fuera, en lugares donde la inversión en I+D no es algo que se discuta solo en campaña electoral, sino una realidad diaria. Y lo mejor es que mucho de este contenido se comparte luego de forma abierta, permitiendo que el conocimiento no se quede encerrado en cuatro paredes.

Un curso de astronomía para no perderse en el cosmos

Si después de leer sobre las dos lunas te ha picado el gusanillo, el curso de astronomía que se anuncia es tu sitio. A ver, que todos sabemos localizar la Osa Mayor (o eso creemos), pero la astronomía moderna es mucho más que unir puntos brillantes con líneas imaginarias. El curso está pensado para llevarte de la mano desde lo más básico hasta conceptos que te harán explotar la cabeza un poquito.

¿Qué se aprende en un curso así? Pues mira, para empezar, a manejar el equipo. No hace falta gastarse tres sueldos en un telescopio de última generación que luego acabará cogiendo polvo en el trastero junto a la bicicleta estática. A veces, unos buenos prismáticos y saber hacia dónde mirar es más que suficiente. Te enseñan a leer el cielo, a entender por qué Marte se ve más rojo unos días que otros y, sobre todo, a apreciar la escala de lo que tenemos ahí arriba.

Además, hoy en día la astronomía va de la mano de la tecnología. En el curso seguramente se hable de aplicaciones de software libre como Stellarium, que es básicamente tener un planetario en el bolsillo. O de cómo la Inteligencia Artificial está ayudando a los astrónomos aficionados a descubrir supernovas desde el sofá de su casa. La verdad es que es un momento alucinante para ser un «friki» de las estrellas.

La astronomía desde la perspectiva de Cartagena

No puedo evitar barrer para casa. Cartagena tiene una relación histórica con la observación del cielo. Desde los navegantes fenicios y romanos que usaban las estrellas para no acabar en Argelia por error, hasta las instalaciones militares que siempre han tenido un ojo puesto en el horizonte. Tenemos una luz especial, sí, pero también tenemos rincones oscuros si sabes dónde buscar.

Imagínate estar en la batería de Castillitos, con ese aire modernista y militar, mirando hacia el mar y teniendo sobre ti esa segunda luna llena de mayo. Es una experiencia que te reconcilia con todo. El curso de astronomía te da las herramientas para que esa experiencia no sea solo «qué bonito», sino «entiendo lo que estoy viendo». Y eso, amigos, es lo que marca la diferencia entre ser un turista del universo o un explorador.

¿Por qué nos sigue fascinando la Luna?

Podríamos pensar que, después de haber mandado gente allí arriba y de tener fotos en alta resolución de cada cráter, la Luna ya no tiene misterio. Pero nada más lejos de la realidad. La Luna sigue siendo el metrónomo de la Tierra. Influye en las mareas (algo que en nuestro puerto notamos, aunque sea poquito comparado con el Atlántico), en los ciclos biológicos y, por supuesto, en nuestra cultura.

Tener dos lunas llenas en mayo es un recordatorio de que el tiempo no es algo tan rígido como pensamos. Es un baile entre la Tierra, su satélite y el Sol. Y en este baile, a veces, hay pasos extra. La Luna de este mes, además, tiene esa carga emocional de la primavera avanzada, cuando las noches empiezan a ser agradables y apetece quedarse fuera hasta las tantas.

La verdad es que, si lo piensas, la Luna es el primer objeto tecnológico de la humanidad. Fue nuestro primer reloj, nuestro primer calendario y nuestro primer mapa. Que ahora le dediquemos cursos y congresos no es más que seguir una tradición que tiene miles de años. Solo que ahora, en lugar de sacrificar una cabra para que vuelva a salir el sol, usamos sensores CMOS y algoritmos de reducción de ruido.

La Inteligencia Artificial entra en juego

Como redactor que le da a todo, no puedo dejar pasar cómo la IA está metiendo las narices en la astronomía y en eventos como el FIMAT CONCITES. Ya no se trata solo de mirar por el ocular. Ahora, los datos que recogen los telescopios son tan masivos que un ser humano tardaría varias vidas en procesarlos. Aquí es donde entran los modelos de aprendizaje profundo.

En España tenemos empresas y grupos de investigación punteros que están usando redes neuronales para clasificar galaxias o para detectar exoplanetas que pasan por delante de sus estrellas. Es un trabajo de chinos, pero para una máquina es pan comido. Si te interesa el código, aquí te dejo un ejemplo rápido (y un poco irónico) de cómo se vería un script básico para filtrar «ruido» en una observación astronómica:

import numpy as np

def limpiar_cielo(datos_imagen):
    # Supongamos que 'datos_imagen' es una matriz de píxeles
    # La IA aquí intentaría distinguir entre una estrella lejana 
    # y un reflejo de las luces del puerto de Cartagena.
    umbral_brillo = np.mean(datos_imagen) + 2 * np.std(datos_imagen)
    
    # Si brilla mucho y no se mueve, probablemente es una estrella.
    # Si parpadea y tiene luces rojas, es un avión de la base de San Javier.
    estrellas_candidatas = datos_imagen > umbral_brillo
    
    return estrellas_candidatas

# Nota: Este código es tan simplista que un astrofísico real lloraría,
# pero para que nos entendamos, así empieza la magia.

Este tipo de herramientas son las que se discuten en los congresos modernos. La ciencia ya no es un señor solo en una torre; es un equipo de personas colaborando con máquinas para descifrar el ruido del universo. Y eso es, en esencia, lo que eventos como el FIMAT intentan transmitir: la tecnología es una extensión de nuestra curiosidad.

Cómo aprovechar este mayo astronómico

Si has llegado hasta aquí, supongo que ya estás mirando dónde dejaste los prismáticos. Para sacarle todo el jugo a este mes, te propongo un plan de acción. No hace falta que seas un experto, solo que tengas un poco de ganas.

  • Marca los días: Busca cuándo cae exactamente la primera y la segunda luna llena. La segunda es la que tiene el «título» de azul, pero ambas van a ser espectaculares si el cielo nos respeta y no entra lebeche con nubes.
  • Aléjate de las luces: En Cartagena lo tenemos fácil. Te vas hacia la zona de la Azohía, o te subes a algún monte que no tenga una farola pegada, y el cielo cambia por completo. La diferencia entre ver la luna desde el centro y verla desde el campo es como ver una peli en el móvil o en el cine.
  • Apúntate a algo: Ya sea el curso de astronomía que mencionamos o alguna charla online del FIMAT CONCITES. Escuchar a gente que sabe de lo que habla te abre ventanas mentales que ni sabías que tenías cerradas.
  • Usa la tecnología: Descárgate alguna app de mapas estelares. Es casi mágico apuntar al suelo y que el móvil te diga qué estrellas están viendo ahora mismo en Australia.

La verdad es que a veces nos complicamos la vida buscando entretenimiento en pantallas y plataformas de streaming, cuando el mejor espectáculo del mundo es gratis y se proyecta cada noche sobre nuestras cabezas. Solo hay que levantar la vista.

La importancia de la divulgación científica en España

Eventos como los que organiza CIENTEC, aunque tengan un alcance internacional, nos recuerdan que en España tenemos una asignatura pendiente con la divulgación. A veces parece que la ciencia es algo que pasa en laboratorios asépticos en Alemania o Estados Unidos, pero aquí tenemos un talento increíble. El problema es que a menudo no sabemos venderlo o no llega al gran público.

El FIMAT CONCITES es un ejemplo de cómo romper esa barrera. Al traer ponentes de fuera y mezclarlos con la realidad local, se crea un diálogo que es fundamental. Para que un chaval de un instituto de Cartagena decida que quiere ser astrofísico o ingeniero aeroespacial, primero tiene que ver que eso es posible, que hay gente real dedicándose a ello y que no son genios inalcanzables, sino personas curiosas que un día decidieron no dejar de hacerse preguntas.

Además, la ciencia es cultura. Tan cultura como el teatro romano o el modernismo de la calle Mayor. Entender cómo funciona el universo nos hace ciudadanos más críticos y menos manipulables. Y en los tiempos que corren, eso no es poca cosa. Vaya, que saber por qué hay dos lunas llenas en mayo te sirve para algo más que para ganar una partida de Trivial; te sirve para entender el ritmo de la naturaleza.

¿Qué nos depara el futuro?

Después de este mayo tan movido, la actividad no para. La astronomía es una carrera de fondo. Siempre hay un eclipse a la vuelta de la esquina, una lluvia de estrellas (las Perseidas de agosto ya están calentando motores) o un nuevo descubrimiento que nos obliga a reescribir los libros de texto. Lo importante es mantener esa capacidad de asombro.

Al final del día, lo que queda de todo esto —de las dos lunas, del curso, de los ponentes internacionales— es la sensación de que formamos parte de algo mucho más grande. Puede sonar un poco filosófico, pero es que es la verdad. Vivimos en una mota de polvo azul que da vueltas alrededor de una estrella mediocre en un rincón cualquiera de una galaxia del montón. Y aun así, somos capaces de entender las leyes que rigen todo ese tinglado. Si eso no es para estar orgullosos, no sé qué lo es.

Así que ya sabéis, este mayo, hacedme el favor de mirar un poco más hacia arriba. No importa si no tenéis un telescopio de mil euros o si no entendéis ni una palabra de lo que dicen los ponentes del congreso. Quedaos con la luz de esa luna «traidora», con la curiosidad de aprender algo nuevo y con la suerte de vivir en un sitio donde, a pesar de todo, el cielo todavía nos regala momentos de paz. Y si os cruzáis con alguien mirando fijamente al firmamento, saludad; probablemente sea otro lector de «aquinohayquienviva.es» buscando su propia respuesta a las preguntas de siempre.

La conclusión que saco de todo esto es que la ciencia y la astronomía no son solo para científicos. Son para cualquiera que alguna vez se haya preguntado «¿y eso por qué?». Mayo nos lo pone en bandeja con sus dos lunas y su oferta educativa. No lo dejéis pasar, que luego llega junio con el calor y ya solo pensamos en el primer chapuzón en Cala Cortina.

¿Te ha gustado este artículo?

unpokitodxfavor

Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Resuelve la operación para enviar el comentario * Time limit is exhausted. Please reload the CAPTCHA.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.