Me he levantado hoy con el café a medio terminar y me he topado con uno de esos vídeos que te dejan la mirada perdida en la pantalla del móvil mientras se te enfría la tostada. Seguro que os ha pasado. Estás haciendo scroll infinito, pasando de un meme de gatitos a una receta de croquetas, y de repente, ¡pum!, el Sistema Solar entero se despliega ante tus ojos en un renderizado 3D que parece sacado de una película de Christopher Nolan. El vídeo en cuestión es de un tal Drey Novelli en TikTok, y la verdad es que, aunque dure apenas unos segundos, me ha hecho pensar en lo mucho que ha cambiado nuestra forma de «mirar hacia arriba».
Ya no nos conformamos con los dibujos planos de los libros de texto de EGB, esos donde los planetas parecían canicas puestas en fila sobre una cartulina negra. Ahora queremos volumen, texturas, sombras proyectadas y esa sensación de vértigo que da el vacío. Y es que, para qué engañarnos, la tecnología actual nos permite darnos un garbeo por los anillos de Saturno sin movernos del sofá de nuestra casa en Cartagena o en cualquier barrio de Madrid. La democratización de la astronomía a través del CGI (imágenes generadas por ordenador) es un viaje de ida, y hoy me apetece que desgranemos qué hay detrás de estas visualizaciones y por qué nos siguen fascinando tanto.
¿Por qué nos flipa tanto ver planetas en vertical?
La verdad es que el formato vertical de plataformas como TikTok o Instagram Reels tiene algo hipnótico cuando se trata de astronomía. Al eliminar los bordes laterales, parece que el planeta se te echa encima. Es una experiencia inmersiva que, curiosamente, se siente más «real» que una foto estática de la NASA. Pero ojo, que detrás de esos vídeos de pocos segundos hay un currazo de procesamiento de datos que ya le gustaría a más de uno. No es solo «dibujar» una bola; es aplicar mapas de texturas de altísima resolución que las sondas espaciales han tardado años en enviar a la Tierra.
Si mal no recuerdo, hace apenas una década, ver un renderizado fluido de Júpiter requería una estación de trabajo que costaba un riñón y parte del otro. Hoy, cualquier chaval con un PC decente y un motor de videojuegos como Unreal Engine o Unity puede recrear un viaje por el cinturón de asteroides. Y eso, amigos, es una maravilla para la divulgación científica, aunque a veces se tomen licencias artísticas que harían llorar a Carl Sagan.
Mercurio: una roca achicharrada que tiene más miga de la que parece
Empecemos por el principio, por el que está ahí pegado al Sol, pasándolo fatal. Mercurio suele ser el gran olvidado en estas recreaciones 3D porque, a simple vista, parece una copia barata de nuestra Luna. Pero nada más lejos de la realidad. En los vídeos 3D de calidad, se puede apreciar esa superficie rugosa, llena de escarpes y cráteres que cuentan una historia de contracción planetaria. Sí, Mercurio se está encogiendo, como una uva pasa que se queda al sol en un agosto murciano.
Lo que me fascina de ver a Mercurio en tres dimensiones es la gestión de la luz. Al no tener atmósfera, las sombras son cortantes, negras como el carbón. No hay penumbra. En un render bien hecho, el contraste entre la zona iluminada (donde te achicharras a 430 grados) y la zona de sombra (donde te congelas a -180) es brutal. Es un recordatorio de que el espacio es un lugar de extremos, nada de términos medios.
Por cierto, si alguna vez os habéis preguntado por qué no enviamos más misiones allí, la respuesta es sencilla: es dificilísimo frenar. Vas tan rápido atraído por la gravedad del Sol que entrar en órbita de Mercurio es como intentar aparcar un Ferrari a 300 km/h en un garaje de una calle estrecha del centro de Cartagena. Se necesita muchísima energía, y por eso cada imagen 3D que tenemos de su superficie es un tesoro tecnológico.
Venus: el infierno con nombre de diosa
Si pasamos a Venus, la cosa cambia. En los viajes 3D, Venus suele presentarse de dos formas: o como una bola de billar amarillenta (su capa de nubes de ácido sulfúrico) o mediante mapas de radar que nos muestran su superficie «desnuda». Esta última es la que mola de verdad. Ver los volcanes de Venus en relieve te hace darte cuenta de que estamos ante un gemelo malvado de la Tierra.
La atmósfera de Venus es tan densa que caminar por allí sería como intentar andar por el fondo de un océano de 900 metros de profundidad, pero con el aire ardiendo. La verdad es que, cuando veo estos vídeos, no puedo evitar pensar en el efecto invernadero. Venus es el ejemplo perfecto de lo que pasa cuando el CO2 se nos va de las manos. Es un aviso navegantes, y verlo en 3D, con esos flujos de lava solidificada, impone un respeto que no te da una simple foto.
Un detalle curioso para los más cafeteros: España tiene un papel relevante en el estudio de atmósferas planetarias. Investigadores de la Universidad del País Vasco o del Instituto de Astrofísica de Andalucía se dejan las cejas analizando los vientos de Venus. Así que, cuando veas ese renderizado de nubes girando a toda pastilla, piensa que hay científicos patrios intentando descifrar por qué se mueven así.
Marte: nuestro vecino el «colorao» y el sello español en su superficie
Llegamos a la joya de la corona de los vídeos de TikTok y de la divulgación en general: Marte. Es el planeta que mejor conocemos, el que más hemos mapeado y, por tanto, el que mejor luce en 3D. Ver un sobrevuelo por el Valles Marineris (un cañón que deja al Gran Cañón del Colorado como una simple zanja) es una experiencia religiosa. Son miles de kilómetros de grieta que, en una pantalla de móvil, te dan una idea de la escala geológica de la que hablamos.
Pero ojo, que aquí me pongo un poco patriótico. ¿Sabíais que cada vez que vemos un renderizado preciso del clima marciano o de sus dunas, hay tecnología española de por medio? El rover Curiosity y el Perseverance llevan estaciones meteorológicas (REMS y MEDA) diseñadas y fabricadas en el Centro de Astrobiología (CAB) en Madrid. Así que, cuando en el vídeo 3D veas una tormenta de polvo cubriendo el hemisferio norte, recuerda que los datos que permitieron modelar eso probablemente pasaron por manos de ingenieros españoles.
Vaya, que Marte ya no es ese punto rojo lejano. Es un territorio que estamos cartografiando con una precisión casi de Google Maps. De hecho, si tenéis curiosidad, hay herramientas como «Mars Trek» de la NASA que te permiten navegar por el planeta rojo como si estuvieras allí. Es el paraíso de los geólogos y de cualquiera que, como yo, se flipe con los paisajes desérticos.
Un poco de código: ¿Cómo se monta un planeta en 3D?
Para los que tengáis ese ramalazo techie y os estéis preguntando cómo se hace esto a nivel técnico, no es magia negra. Básicamente, se trata de envolver una esfera con una textura. Pero no una textura cualquiera. Si quisiéramos hacer un prototipo rápido en la web usando algo como Three.js (una librería de JavaScript que me encanta), el código sería algo parecido a esto (explicado para humanos, claro):
- La Geometría: Creamos una esfera perfecta.
new THREE.SphereGeometry(5, 32, 32); - La Textura: Aquí está el truco. Necesitamos una imagen equirrectangular del planeta. La NASA las ofrece gratis (benditos sean).
- El Material: Le decimos al programa cómo rebota la luz. Si es Marte, no brilla mucho; si es la Tierra, el océano tiene que reflejar el sol.
- El Bump Map: Esto es vital. Es una imagen en blanco y negro donde el blanco es «alto» y el negro es «bajo». Esto es lo que crea las montañas y valles sin necesidad de modelar cada piedra.
Para que nos entendamos, es como ponerle una pegatina a una pelota de tenis, pero una pegatina que tiene relieve y reacciona a la linterna de tu móvil. El resultado es lo que vemos en esos vídeos virales: una sensación de volumen que engaña al ojo y nos transporta a millones de kilómetros de distancia.
Los gigantes gaseosos: Júpiter y Saturno, los reyes del «postureo» cósmico
Entramos en la zona de los pesos pesados. Júpiter en 3D es, sencillamente, una obra de arte psicodélica. Sus bandas de nubes, sus óvalos blancos y, por supuesto, la Gran Mancha Roja, son un desafío para cualquier artista digital. Lo que vemos en los vídeos de Drey Novelli y otros creadores es la interpretación de los datos de la sonda Juno. Esas nubes no son estáticas; son fluidos en movimiento, una hidrodinámica compleja que, cuando se renderiza bien, parece mármol líquido.
Y luego está Saturno. Ay, Saturno. Es el planeta que todo el mundo quiere ver por el telescopio por primera vez. En 3D, el reto son los anillos. No son un disco sólido, sino billones de partículas de hielo, desde el tamaño de un grano de arena hasta el de una casa. Hacer que eso se vea bien en un vídeo de 15 segundos sin que el ordenador explote es un arte. La clave está en el uso de transparencias y partículas. La verdad es que, cada vez que veo un render de Saturno, me pregunto cómo algo tan sumamente bello puede existir por puro azar físico.
Un detalle que poca gente sabe: los anillos de Saturno son extremadamente delgados. Si Saturno fuera una pelota de baloncesto, sus anillos serían más finos que un papel de fumar. Por eso, cuando en un viaje 3D la cámara «cruza» el plano de los anillos y estos desaparecen por un momento, sabes que el que ha hecho el vídeo sabe de lo que habla. Eso es rigor técnico y lo demás son tonterías.
Urano y Neptuno: los grandes olvidados del fondo del pasillo
Pobres gigantes de hielo. Están tan lejos que casi siempre los despachamos rápido en los vídeos. Urano, con su color cian pálido y su rotación tumbada (rueda por su órbita en lugar de girar como una peonza), y Neptuno, con ese azul intenso y vientos que superan los 2.000 km/h. La mayoría de los modelos 3D que vemos de ellos se basan en las fotos de la Voyager 2 de los años 80. Sí, habéis leído bien. No hemos vuelto allí desde entonces.
Por eso, cuando veis un vídeo 3D de Neptuno con nubes blancas deshilachadas (los famosos «scooters»), hay mucho de interpretación artística basada en datos antiguos. Es una pena, porque estos mundos son fascinantes. Se cree que en su interior llueven diamantes. ¡Diamantes! Imaginaos un renderizado 3D de una lluvia de diamantes en el corazón de un gigante gaseoso. Eso sí que rompería TikTok y no los bailes de moda.
La buena noticia es que hay propuestas para enviar misiones allí en las próximas décadas. Mientras tanto, nos conformaremos con las recreaciones digitales que, aunque sean un poco «especulativas», nos sirven para no olvidarnos de que el Sistema Solar no se acaba en Saturno.
La ciencia detrás del render: No todo es CGI barato
A veces pecamos de pensar que estos vídeos son solo «dibujitos». Pero la realidad es que la visualización científica es una herramienta de trabajo. Los ingenieros de la ESA (Agencia Espacial Europea), que por cierto tienen una sede importante en Villafranca del Castillo (Madrid), utilizan estos modelos 3D para planificar trayectorias de naves espaciales. No puedes enviar una sonda a un cometa si no tienes un modelo tridimensional preciso de ese cometa.
¿Os acordáis de la misión Rosetta y el aterrizador Philae? El cometa 67P parecía un patito de goma de piedra. Ver el modelo 3D de ese objeto rotando fue fundamental para entender dónde demonios podían aterrizar. Así que, la próxima vez que veas un vídeo de estos en tu feed, recuerda que esa misma tecnología es la que evita que choquemos naves de millones de euros contra rocas espaciales.
Además, la verdad es que estos vídeos cumplen una función social. En un mundo donde parece que solo importa lo que pasa en nuestra parcela, levantar la vista (aunque sea a través de una pantalla) nos da perspectiva. Nos recuerda que vivimos en una mota de polvo azul suspendida en un rayo de sol, como decía el bueno de Carl. Y si hace falta un vídeo de TikTok con música épica para que un chaval de Cartagena se interese por la astrofísica, pues bienvenido sea.
¿Hacia dónde vamos? El futuro de la divulgación astronómica en España
Al final del día, lo que nos queda es la curiosidad. España es un país con una tradición astronómica brutal. Tenemos algunos de los mejores cielos de Europa en Canarias y en Almería (el observatorio de Calar Alto es una pasada). Pero no todo el mundo puede permitirse un telescopio de mil euros o viajar al Teide para ver las estrellas.
Aquí es donde entra el software libre y la comunidad. Proyectos como Stellarium o Celestia permiten que cualquiera haga su propio «viaje 3D» por el Sistema Solar. Son programas gratuitos que usan datos reales y que te permiten viajar de una luna de Júpiter a un anillo de Urano en un clic. Es, básicamente, tener el universo en el bolsillo.
La conclusión que saco de todo esto es que la tecnología ha roto las barreras de la imaginación. Ya no hace falta imaginar cómo sería estar en la superficie de Plutón (que, por cierto, tiene montañas de hielo de agua y glaciares de nitrógeno, ojo ahí); podemos verlo, rotarlo y casi sentir el frío. Los creadores de contenido como Drey Novelli son solo la punta del iceberg de una nueva forma de enseñar ciencia: más visual, más directa y, sobre todo, más emocionante.
Así que, si te cruzas con uno de estos vídeos, no lo pases rápido. Párate un segundo. Mira los detalles de los cráteres, el brillo de las atmósferas y la inmensidad del negro espacial. Y luego, si puedes, sal a la calle, busca un sitio con poca luz (si estás por la zona de la Algameca Chica en Cartagena, el cielo se ve de lujo) y mira hacia arriba. El renderizado es espectacular, pero el original… el original no tiene rival.
Vaya, que me he puesto un poco sentimental con el espacio, pero es que es ver estas cosas y uno se siente pequeño y afortunado a la vez. ¡Nos vemos en la próxima órbita!
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