A veces uno se levanta con ganas de romper cosas, pero sin las consecuencias legales o económicas de romper, digamos, el portátil de la empresa. Ahí es donde entra el maravilloso mundo de la virtualización. Si estás leyendo esto desde Cartagena, probablemente te hayas tomado un café asiático bien cargado y estés listo para trastear con el nuevo Ubuntu 26.04. Y si no estás en mi querida ciudad portuaria, pues imagínate que lo estás, que aquí el aire huele a salitre y a historia romana.
Instalar Ubuntu 26.04 en VirtualBox no es solo «darle a siguiente». Bueno, podrías hacerlo, pero luego no te quejes si el sistema va más lento que una procesión de Semana Santa por la calle Mayor. La versión 26.04, siendo una LTS (Long Term Support), es esa roca sobre la que queremos construir nuestros proyectos, ya sea para aprender Python, montar un servidor casero o simplemente para ver si por fin este año Linux va a dominar el escritorio (spoiler: seguimos esperando, pero nos encanta el drama).
La verdad es que hay opciones para aburrir. Tienes VMware, tienes KVM si te va el rollo purista de Linux, y tienes Proxmox si te has venido arriba y has montado un rack en el trastero. Pero VirtualBox sigue siendo el viejo confiable. Es gratuito, es de código abierto (en su mayor parte) y, seamos sinceros, nos conocemos sus errores de memoria. Es como ese amigo que siempre llega tarde pero al que acabas llamando para todas las mudanzas.
Para esta versión 26.04, VirtualBox ha tenido que ponerse las pilas. Los requisitos de kernel de Ubuntu están subiendo y necesitamos que nuestra máquina virtual no se sienta como un ordenador de hace dos décadas. Ojo con esto: antes de empezar, asegúrate de tener la virtualización habilitada en la BIOS/UEFI. Si no sabes de qué te hablo, es ese menú azul o gris con letras raras que sale si machacas la tecla F2 o Suprimir nada más encender el PC. Si no activas el VT-x o AMD-V, olvídate de que esto funcione con fluidez.
Preparando el terreno: Lo que necesitas antes de empezar
No te lances al vacío sin paracaídas. Para que Ubuntu 26.04 respire tranquilo dentro de tu Windows o tu macOS, vas a necesitar unos mínimos. Yo no intentaría esto con menos de 8GB de RAM en el equipo anfitrión. La verdad es que Ubuntu se ha vuelto un poco más «tragón» con los años, y aunque dicen que con 2GB corre, eso es como intentar subir al Castillo de la Concepción en bicicleta con las ruedas pinchadas. Se puede, pero vas a sufrir.
- La ISO de Ubuntu 26.04: Bájatela siempre de la fuente oficial. Nada de mirrors raros que has encontrado en un foro de 2008.
- VirtualBox actualizado: Asegúrate de tener la última versión estable. Las versiones antiguas suelen tener problemas con los kernels más modernos de Linux.
- Espacio en disco: Reserva al menos 40GB. Ubuntu ocupa poco al principio, pero en cuanto empieces a instalar paquetes y a guardar archivos, esos 20GB que recomiendan por ahí se te van a quedar cortos antes de que te des cuenta.
Creando la máquina virtual: El paso a paso sin prisas
Venga, abre VirtualBox. Dale al botón de «Nueva». Aquí empieza la magia. Ponle un nombre original, o llámalo «Ubuntu 26.04» como hacemos el resto de los mortales que no queremos perder el tiempo descifrando nombres creativos dentro de tres meses.
En el tipo de sistema, selecciona Linux y en versión Ubuntu (64-bit). Si no te sale la opción de 64 bits, vuelve al punto anterior: no has activado la virtualización en la BIOS. No me hagas volver ahí, que nos conocemos.
Memoria RAM y Procesadores: No seas tacaño
Aquí es donde la mayoría mete la pata. VirtualBox te sugerirá una cantidad de RAM ridícula por defecto. Si tu PC tiene 16GB, dale 4GB (4096 MB) a la máquina virtual. Con eso Ubuntu 26.04 volará. Si le das menos, verás que el escritorio GNOME se mueve con la agilidad de un caracol con reúma.
Y los procesadores… ¡ay, los procesadores! Por defecto te da uno. ¡Uno! Estamos en 2026 (o casi), dale al menos dos núcleos. Si tienes un procesador moderno con 8 o 12 hilos, dale 4. La diferencia de rendimiento es abismal. Es pasar de un Seat 600 a un Tesla en un clic. Pero ojo, no entres en la zona roja de la barra, que entonces tu sistema principal se quedará sin aire y empezarán los pantallazos o los cuelgues molestos.
El disco duro virtual: Dinámico o Fijo
Te va a preguntar si quieres un disco de tamaño dinámico o fijo. El dinámico es como un chicle: solo ocupa espacio en tu disco real a medida que lo vas llenando en la máquina virtual. El fijo reserva todo el espacio de golpe. Yo prefiero el dinámico porque no me sobra el espacio en el SSD, pero si buscas el máximo rendimiento posible (aunque la diferencia es mínima hoy en día), el fijo es técnicamente superior. Para el 99% de nosotros, el dinámico es la opción inteligente.
Configuración avanzada: El toque del experto
Antes de darle al botón de «Iniciar», hay un par de ajustes que marcan la diferencia entre una experiencia mediocre y una profesional. Haz clic derecho en tu nueva máquina y vete a «Configuración».
En el apartado de Pantalla, sube la Memoria de Vídeo al máximo (normalmente 128MB). Y muy importante: asegúrate de que el controlador gráfico sea VMSVGA. Si no lo haces, es probable que no puedas cambiar la resolución de la pantalla una vez instalado el sistema, y te quedarás atrapado en una ventana de 800×600 que te recordará a los tiempos del Windows 95.
En Sistema -> Procesador, marca la casilla de «Habilitar PAE/NX». Y en Aceleración, asegúrate de que esté en «Predeterminado» o «KVM» si estás en Linux. Esto ayuda a que el hardware se entienda mejor con el software.
La instalación de Ubuntu 26.04: El momento de la verdad
Ahora sí, dale a «Iniciar». Te pedirá que selecciones el archivo ISO que descargaste antes. Selecciónalo y prepárate para ver el nuevo instalador de Ubuntu. La verdad es que los chicos de Canonical se lo han currado mucho con el diseño en las últimas versiones. Es limpio, es moderno y, sobre todo, es difícil de romper.
Elige tu idioma. Si estás en España, pues español. Si quieres practicar inglés, adelante, pero luego no me llores si el teclado no te pone la «ñ» donde toca. La disposición del teclado es crucial; asegúrate de probarla en el cuadrito de texto que te ponen antes de seguir. No hay nada más frustrante que intentar escribir una contraseña con caracteres especiales y que no coincida nada.
¿Instalación normal o mínima?
Aquí tengo mi opinión personal. La instalación normal te mete de todo: LibreOffice, juegos, reproductores multimedia… La mínima es solo el navegador y las utilidades básicas. Yo suelo elegir la mínima. ¿Por qué? Porque me gusta elegir qué basura instalo en mi sistema. Además, en una máquina virtual, cuanto menos peso innecesario tengamos, mejor. Luego, si necesito el Writer o el Calc, los instalo en un segundo con un sudo apt install.
Otra casilla importante: «Instalar programas de terceros para hardware de gráficos y de Wi-Fi y formatos multimedia adicionales». Marca esto. Siempre. Te ahorrará dolores de cabeza con los códecs de vídeo y algunos drivers que, aunque en virtual no influyen tanto, siempre es mejor tenerlos por si acaso.
El particionado: No te compliques la vida
Si eres un usuario avanzado, quizás quieras jugar con ZFS o LVM cifrado. Pero si solo quieres que esto funcione para probar cuatro cosas, elige «Borrar disco e instalar Ubuntu». Recuerda que estamos en un disco virtual, no vas a borrar nada de tu Windows real. Es un entorno seguro, como una burbuja.
Pon tu nombre, el nombre del equipo (algo corto, por favor, que luego sale en la terminal y ocupa medio renglón) y tu contraseña. Por el amor de Dios, no pongas «1234». Pon algo decente, aunque sea una máquina virtual. La seguridad es un hábito, como el de no pedir un café con leche si lo que quieres es un asiático de verdad.
El primer inicio y las Guest Additions (El paso crítico)
Una vez termine la instalación, te pedirá reiniciar. Verás un mensaje que dice «Please remove the installation medium». VirtualBox suele hacerlo solo, pero si se queda pillado, dale al Enter. El sistema arrancará y verás el flamante escritorio de Ubuntu 26.04.
Pero espera, no cantes victoria todavía. Verás que la pantalla se ve pequeña y que el ratón va como a saltos. Aquí es donde entran las Guest Additions. Sin esto, tu máquina virtual es como un Ferrari con el motor de un cortacésped.
- En el menú superior de VirtualBox, ve a «Dispositivos».
- Haz clic en «Insertar imagen de CD de las ‘Guest Additions'».
- Ubuntu te preguntará si quieres ejecutar el software. Dile que sí.
- Te pedirá tu contraseña. Ponla y verás una terminal instalando módulos del kernel.
- Cuando termine, reinicia la máquina virtual.
Si todo ha ido bien, ahora podrás redimensionar la ventana y la resolución de Ubuntu se ajustará automáticamente. Además, podrás compartir el portapapeles entre tu Windows y tu Ubuntu, lo cual es la gloria bendita cuando tienes que copiar comandos largos de un tutorial.
Poniendo Ubuntu 26.04 a punto: Mis recomendaciones
Ya tienes el sistema funcionando. ¿Y ahora qué? Pues ahora toca hacerlo usable. Ubuntu viene muy bien configurado de serie, pero siempre hay cosas que chirrían un poco. Lo primero, como siempre en Linux, es actualizarlo todo. Sí, aunque acabes de bajar la ISO, siempre hay parches de última hora.
Abre una terminal (Ctrl+Alt+T) y escribe ese comando que todo usuario de Linux conoce de memoria:
sudo apt update && sudo apt upgrade -y
Mientras se descargan los paquetes, puedes darte una vuelta por la tienda de software. En la 26.04, la integración de los paquetes Snap es total. Sé que hay mucha gente que los odia (yo mismo tengo mis dudas a veces por lo que tardan en abrirse), pero la verdad es que para aplicaciones como Spotify, VS Code o Discord, funcionan de maravilla y te quitan de líos de dependencias.
Personalización para que no parezca el PC de tu abuelo
GNOME ha madurado mucho. En esta versión, el modo oscuro es simplemente precioso. Vete a Configuración -> Apariencia y actívalo. Tus ojos te lo agradecerán, sobre todo si eres de los que se quedan programando hasta las tres de la mañana.
Otra cosa que siempre hago es instalar Gnome Tweaks (Retoques). Te da un control mucho más fino sobre el sistema. Por ejemplo, para poner los botones de minimizar y maximizar, que por alguna razón que sigo sin entender, vienen desactivados por defecto en Ubuntu puro.
sudo apt install gnome-tweaks
¿Qué hay de nuevo en esta versión 26.04?
La verdad es que la evolución de Ubuntu en estos últimos años ha sido incremental, pero sólida. No esperes una revolución que te cambie la vida, pero sí pequeños detalles que hacen que todo sea más fluido. El kernel que trae la 26.04 está optimizado para los nuevos procesadores de Intel y AMD, gestionando mucho mejor los núcleos de eficiencia. En una máquina virtual esto se nota menos, pero si decides instalarlo en metal real, verás que la batería de tu portátil dura un suspiro más.
El centro de software ha mejorado su velocidad. Ya no parece que estás esperando a que cargue una web con un módem de 56kbps. Y la integración con cuentas en la nube (Google, Microsoft) es ahora mucho más profunda, permitiéndote montar tus unidades de Drive o OneDrive directamente en el gestor de archivos Nautilus sin configurar cosas raras.
Un pequeño guiño a Cartagena y la tecnología local
Hablando de tecnología, no puedo evitar pensar en cómo ha cambiado el panorama en Cartagena. Hace años, hablar de Linux aquí era casi de nicho, algo reservado para los cuatro locos de la UPCT (Universidad Politécnica de Cartagena). Hoy en día, con el auge del teletrabajo y las empresas tecnológicas instalándose en la Región, saber manejarse en un entorno Ubuntu es casi obligatorio. Si estás estudiando en el Campus de la Muralla o trabajas cerca del puerto, tener una máquina virtual con Ubuntu es tu mejor herramienta de aprendizaje.
Es curioso, pero instalar un sistema operativo moderno en un entorno virtualizado me recuerda un poco a la arqueología de nuestra ciudad. Tienes capas. La capa de Windows es como la Cartagena moderna, funcional pero a veces caótica. Debajo tienes la capa de VirtualBox, los cimientos. Y finalmente, Ubuntu, que es como encontrar restos romanos: sólido, bien construido y diseñado para durar siglos (o al menos hasta la próxima LTS).
Solución de problemas comunes (Porque siempre pasa algo)
Si algo puede salir mal, saldrá mal. Es la ley de Murphy aplicada al software. Aquí tienes un par de situaciones que me han pasado mil veces y cómo salir del paso:
- La pantalla se queda en negro al arrancar: Suele ser un problema con la aceleración 3D. Prueba a desactivarla en la configuración de pantalla de VirtualBox. A veces los drivers de tu tarjeta gráfica real no se llevan bien con la emulación.
- No funciona el portapapeles compartido: Asegúrate de que en Configuración -> General -> Avanzado, tanto el portapapeles como «Arrastrar y soltar» estén en «Bidireccional». Y recuerda que las Guest Additions deben estar instaladas.
- El sistema va lentísimo: Revisa que no tengas otros programas pesados abiertos en tu sistema anfitrión. Chrome con 50 pestañas abiertas es el enemigo número uno de las máquinas virtuales.
- No hay internet en la máquina virtual: Por defecto, VirtualBox usa «NAT». Esto suele funcionar siempre. Si no tienes red, prueba a cambiar el adaptador a «Adaptador Puente» (Bridge), lo que hará que tu Ubuntu se comporte como un dispositivo más en tu red local, con su propia IP interna.
¿Merece la pena Ubuntu 26.04 para el día a día?
Al final del día, la pregunta es si este sistema te sirve para algo más que para trastear un rato. La respuesta corta es sí. La respuesta larga es que depende de lo que hagas. Si eres desarrollador web, Ubuntu es el paraíso. Docker corre de forma nativa (bueno, casi), las herramientas de terminal son las mejores y no tienes que pelearte con las rutas de archivos de Windows.
Si eres diseñador gráfico, quizá sigas echando de menos la suite de Adobe, pero con herramientas como Figma (en el navegador) y GIMP o Inkscape, cada vez es más fácil vivir sin Windows. Y para el usuario común que solo quiere navegar, escribir cuatro documentos y ver Netflix, Ubuntu 26.04 es más que suficiente, es más seguro y, sobre todo, no te obliga a actualizar cuando él quiere.
Vaya, que si tienes una tarde libre y quieres aprender algo nuevo, instalar Ubuntu 26.04 en VirtualBox es un planazo. No rompes nada, aprendes cómo funciona un sistema operativo por dentro y, quién sabe, a lo mejor acabas borrando Windows y pasándote al lado oscuro (o luminoso, según se mire). Eso sí, hazlo con un buen café al lado, que estas cosas se disfrutan más con cafeína en vena.
Para que nos entendamos, la virtualización es la red de seguridad del trapecista. Puedes probar comandos peligrosos, borrar carpetas del sistema o instalar software experimental sin miedo. Si algo se rompe, simplemente borras la máquina virtual o vuelves a un «Snapshot» (instantánea) anterior. Ah, se me olvidaba mencionar eso: ¡usa las instantáneas! Antes de hacer cualquier cambio gordo, haz una foto del estado de la máquina. Si la lías, vuelves atrás en el tiempo y aquí no ha pasado nada. Es lo más parecido que tenemos a una máquina del tiempo, y funciona mejor que la de las películas.
En fin, que ya no tienes excusa. Tienes los pasos, tienes los consejos y tienes la motivación. Ubuntu 26.04 te está esperando para que lo explores. Y si te cansas, siempre puedes cerrar la ventana y volver a tu vida normal, aunque te aseguro que una vez que pruebas la libertad de la terminal, Windows te va a empezar a parecer un poco más estrecho. ¡Suerte con la instalación!
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