A veces me pasa que entro en la web de Nintendo solo para mirar, como quien pasea por la calle Mayor de Cartagena un sábado por la tarde sin intención de comprar nada, pero acaba picando con un helado o entrando en una librería. Hay algo en ese diseño limpio, con sus tarjetas de juego y sus precios tachados, que te atrapa. Te pones a ver el catálogo y, de repente, te encuentras recordando la primera vez que cogiste una Game Boy o planeando cómo vas a convencer a tu pareja de que comprar la «Switch 2» es una inversión necesaria para la salud mental de la casa. La verdad es que el mundo de los videojuegos ha dejado de ser un nicho de cuatro «frikis» encerrados en un cuarto oscuro para convertirse en el eje central de nuestra cultura visual y tecnológica.
Es el tema de conversación en todas las barras de bar (y en todos los foros de tecnología de España). Llevamos meses, si no años, con el runrún de la sucesora de la Switch. Y ojo con esto, porque no es solo una cuestión de tener mejores gráficos o que el Mario de turno tenga más texturas en el bigote. Se trata de un salto generacional que Nintendo necesita dar sin perder esa esencia de «consola para todos» que tan bien les ha funcionado.
Si echamos un ojo a lo que se filtra (con pinzas, que ya sabemos cómo es internet), parece que la retrocompatibilidad es la gran batalla. Para los que tenemos una colección de juegos físicos que ya no caben en la estantería, que la nueva consola lea los cartuchos actuales es vital. Imagínate que mañana sacan una consola y todos tus juegos de Zelda o Pokémon se quedan cogiendo polvo en un cajón. Sería un drama nacional, casi al nivel de que se acabe el café asiático en Cartagena.
Desde un punto de vista más técnico, se habla mucho del uso del DLSS de NVIDIA. Para los que no estéis muy puestos en el lenguaje de los ingenieros, esto es básicamente usar Inteligencia Artificial para que un juego que corre a una resolución baja se vea de escándalo en una tele 4K. Es como hacer magia con el código: la consola no tiene que esforzarse tanto en «dibujar» cada píxel, sino que la IA rellena los huecos de forma inteligente. Si esto se confirma, estaríamos ante un cambio de juego total para la portabilidad.
El legado de la 3DS: ¿Por qué seguimos mirando atrás?
En el listado de juegos que solemos consultar, todavía aparece la Nintendo 3DS. Y me da una nostalgia tremenda. Esa pequeña máquina con dos pantallas nos dio joyas que, a día de hoy, siguen siendo insuperables en cuanto a originalidad. Vaya, que no todo es potencia bruta. A veces, una buena idea y un lápiz táctil te dan más horas de diversión que el motor gráfico más puntero del mercado.
La verdad es que la 3DS fue el refugio de sagas como Fire Emblem o los mejores experimentos de Kirby. Verla todavía en los menús de navegación de la eShop es un recordatorio de que Nintendo no suele olvidar a sus «viejas glorias» tan rápido como otras compañías. Aunque, seamos sinceros, comprar hoy en día algo para la 3DS es casi una misión de coleccionista o de alguien que sabe apreciar el buen vino, o en nuestro caso, un buen caldero del Mar Menor.
Los pilares de la casa: Mario, Zelda y la santísima trinidad
Si hay algo que define a Nintendo son sus franquicias. No son solo juegos; son instituciones. Vamos a desgranar un poco qué está pasando con ellas, porque no es moco de pavo.
- Super Mario: El fontanero es incombustible. Lo mismo te corre un Gran Premio de karts que te salva a la princesa por enésima vez. Lo curioso de Mario es cómo han conseguido que saltar siga siendo divertido después de 40 años. En «Super Mario Wonder», por ejemplo, le dieron una vuelta de tuerca a las físicas que te deja con la boca abierta. Es puro diseño de niveles, sin rellenos innecesarios.
- The Legend of Zelda: Aquí la cosa se pone seria. Con «Tears of the Kingdom», Nintendo demostró que se puede hacer un mundo abierto que no se sienta vacío. La mecánica de construcción es, básicamente, un motor de físicas complejo disfrazado de juego de niños. Si te pones a analizar el código detrás de la «Ultramano», te das cuenta de que es una proeza de la ingeniería de software. Lograr que miles de objetos interactúen entre sí sin que la consola explote es para quitarse el sombrero.
- Pokémon: Ay, Pokémon… Es la relación de amor-odio más grande de España. Por un lado, nos encanta capturar bichos y competir. Por otro, a veces le pedimos a Game Freak que le meta un poco más de mimo al apartado técnico. Pero al final del día, cuando sale un juego nuevo, todos estamos ahí. Es un fenómeno social que une a padres que jugaron al Rojo/Azul con hijos que ahora flipan con Escarlata y Púrpura (que, por cierto, está ambientado en una España ficticia, lo cual tiene su aquel).
Fire Emblem y la estrategia que te quita el sueño
No puedo hablar de juegos sin mencionar Fire Emblem. Es esa saga que te hace sudar frío cuando activas el modo de «muerte permanente». Perder a una unidad que has estado entrenando durante 20 horas porque has calculado mal un movimiento es una experiencia religiosa. Es como jugar al ajedrez, pero con personajes que te importan. La profundidad de sus sistemas de combate y la gestión de relaciones es algo que muchas empresas de IA están intentando replicar para crear NPCs (personajes no jugables) más creíbles, pero Nintendo lo lleva haciendo con scripts «de toda la vida» de forma magistral.
La tecnología que no vemos: IA y desarrollo en el mercado español
A veces pensamos que los juegos vienen de Japón o Estados Unidos y ya está, pero en España tenemos un talento brutal. Empresas como MercurySteam (los de Metroid Dread) han puesto el pabellón muy alto. Y aquí es donde entra la Inteligencia Artificial de la que tanto hablamos en este blog.
La IA no solo sirve para que los enemigos sean más listos. Se está usando muchísimo en el control de calidad (QA). Imagina un programa que «juega» automáticamente miles de horas para encontrar errores en el código antes de que el juego llegue a tus manos. O herramientas que ayudan a los artistas a crear texturas de rocas o árboles de forma procedural, ahorrando meses de trabajo manual. Esto permite que estudios más pequeños puedan competir en ligas mayores.
Para que nos entendamos: la IA en los videojuegos no va de sustituir la creatividad humana, sino de quitarle al desarrollador el trabajo aburrido para que pueda centrarse en lo que importa: que el juego sea divertido. Es como si en un restaurante de Cartagena tuviéramos una máquina que pela las patatas perfectamente para que el chef solo tenga que preocuparse de darle el punto exacto al guiso. El toque humano sigue siendo la clave.
¿Por qué nos obsesionan las ofertas?
En el catálogo que mencionábamos al principio, siempre buscamos el «lowest price» o el «en oferta». Y es que el mercado de los videojuegos en España es muy sensible al precio. No somos como los americanos que sueltan 70 euros sin pestañear. Aquí esperamos al Black Friday, a las ofertas de verano o a que el juego baje de precio en la eShop.
Lo bueno de Nintendo es que sus juegos no pierden valor. Un Mario de hace cinco años sigue costando casi lo mismo que el primer día. Esto, que a veces nos fastidia el bolsillo, es en realidad una señal de calidad. Es software que no caduca. No es como esos juegos anuales de fútbol que a los seis meses no valen ni para posavasos.
Animal Crossing y el refugio digital
No quería dejar pasar la oportunidad de hablar de Animal Crossing. Si mal no recuerdo, durante el confinamiento, media España estaba obsesionada con sus islas. Fue un fenómeno curioso: mientras el mundo real se paraba, nosotros seguíamos pagando hipotecas a un mapache y pescando lubinas.
¿Por qué triunfó tanto? Porque es el antídoto perfecto al estrés. En un mundo donde todo va a mil por hora, un juego que te pide que esperes a mañana para que crezca un árbol es revolucionario (uy, perdón, esa palabra no… es un cambio de ritmo necesario). Es «slow gaming» en estado puro. Y la comunidad española de Animal Crossing es de las más activas, organizando mercadillos de nabos y visitas a islas que son auténticas obras de arte del diseño digital.
Splatoon: El «shooter» que no parece un «shooter»
Y luego está Splatoon. Es fascinante cómo le dieron la vuelta a un género tan trillado como el de disparos. En lugar de matar, el objetivo es pintar. Es una metáfora maravillosa de la creatividad sobre la destrucción. Además, estéticamente tiene ese rollo urbano, casi de grafiti, que conecta muy bien con la cultura juvenil actual. El código de red de Splatoon ha mejorado muchísimo, aunque todavía nos acordamos de cuando las partidas se cortaban a mitad. Pero bueno, nadie es perfecto, ni siquiera los ingenieros de Kioto.
La importancia de la cuenta Nintendo y el ecosistema digital
Gestionar tus juegos hoy en día es como gestionar tu cuenta del banco. Tienes tu libreta de direcciones, tus datos de facturación, tu historial de pedidos… Todo está centralizado. Esto tiene sus ventajas, como poder descargar tus juegos en cualquier consola, pero también sus riesgos.
Ojo con la seguridad. Siempre recomiendo activar la verificación en dos pasos. No querrías que alguien entrara en tu cuenta y se gastara tus puntos de oro en juegos que ni te gustan. La integración de My Nintendo Store con las redes sociales (Facebook, X, Instagram) también es un movimiento inteligente para mantenernos enganchados a las novedades. Al final, somos seres sociales y nos gusta compartir que hemos conseguido ese trofeo difícil o que hemos encontrado una oferta de locura.
Reflexiones de sofá y mando
Al final del día, los videojuegos son mucho más que líneas de código o polígonos en una pantalla. Son historias que vivimos, retos que superamos y, sobre todo, una forma de conectar con los demás. Ya sea jugando un Mario Kart con los amigos en el salón o compitiendo online en el Smash Bros, lo que queda es la experiencia.
La verdad es que el futuro pinta bien. Con la potencia de la nueva generación que asoma por el horizonte y las posibilidades que abre la IA para crear mundos más vivos, estamos en una época dorada para los jugadores. Y si además podemos disfrutar de todo esto desde nuestra querida España, con comunidades locales fuertes y estudios que cada vez hacen más ruido fuera, pues mejor que mejor.
Así que, la próxima vez que entres en la web de «Juegos» y te pierdas entre carátulas y precios, no pienses que estás perdiendo el tiempo. Estás explorando las fronteras de la tecnología y el entretenimiento. Y quién sabe, quizá el próximo juego que descargues sea el que te recuerde por qué te gustaban tanto los videojuegos cuando eras crío. Yo, por lo pronto, voy a ver si el Zelda está de oferta, que todavía me faltan unos cuantos santuarios por descubrir mientras me tomo un café bien cargado.
Vaya, que si algo he aprendido escribiendo para «aquinohayquienviva.es», es que la curiosidad no mata al gato, sino que lo mantiene entretenido con un mando en las manos. ¡Nos vemos en la siguiente partida!
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