ciencia / septiembre 25, 2026 / 11 min de lectura / 👁 42 visitas

El espacio como tablero de juego compartido: La RIAE

El espacio como tablero de juego compartido: La RIAE

A veces nos pasa que, con tanto ruido en las redes y tanto titular sobre lo que hacen en Silicon Valley o en los laboratorios de Shenzhen, se nos olvida mirar lo que tenemos más cerca. O mejor dicho, lo que estamos construyendo con quienes comparten nuestra lengua y una buena parte de nuestro ADN cultural. La verdad es que la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) lleva décadas picando piedra en temas de educación, ciencia y cultura, pero lo que está ocurriendo estos días tiene un aroma distinto. Ya no hablamos solo de intercambiar libros o becas de estudio, que también, sino de mirar hacia arriba. Muy arriba. Literalmente al espacio.

Si te das una vuelta por su portal estos días, lo primero que te salta a la vista no es un discurso institucional aburrido de esos que te dan ganas de cerrar la pestaña. Lo que hay sobre la mesa es la consolidación de la Red de Agencias Espaciales (RIAE). Y ojo, que esto no es un proyecto de ciencia ficción para quedar bien en una foto. Es una apuesta estratégica que busca que Iberoamérica, con España jugando un papel de puente fundamental, deje de ser un mero espectador en la carrera espacial para convertirse en un actor con voz propia. Vaya, que ya era hora.

La noticia saltó hace apenas unos días, a mediados de septiembre de 2026. La OEI ha logrado coordinar y consolidar esta red que agrupa a las agencias espaciales de la región. ¿Y por qué debería importarnos esto a los que estamos aquí, en suelo español? Pues porque la ciencia espacial hoy en día no va solo de poner un pie en Marte o de mandar turistas ricos a dar una vuelta a la órbita. Va de soberanía tecnológica. Va de saber qué está pasando con nuestras cosechas, de gestionar mejor las catástrofes naturales y de tener sistemas de comunicaciones que no dependan siempre de terceros.

La RIAE busca algo que suena sencillo pero que es un dolor de cabeza logístico: la interoperabilidad. Para que nos entendamos, se trata de que los datos que recoge un satélite argentino puedan ser útiles para un investigador en Madrid, o que la tecnología de propulsión que se está desarrollando en Brasil pueda beneficiar a una startup en Sevilla. La verdad es que, en este sector, o vas de la mano de tus socios o te quedas fuera de la liga. España, a través de la Agencia Espacial Española (AEE), tiene mucho que decir aquí, aportando esa experiencia de pertenecer a la ESA (Agencia Espacial Europea) pero manteniendo el vínculo emocional y técnico con el otro lado del charco.

  • Monitorización climática: Compartir datos satelitales para predecir sequías, algo que en la Península nos trae de cabeza últimamente.
  • Desarrollo de micro-satélites: Una tecnología más barata y accesible donde las empresas españolas están despuntando.
  • Formación de talento: Que un ingeniero de Ciudad de México pueda especializarse en sistemas de control en una universidad española sin que parezca que está cambiando de planeta.

Lo que me parece más interesante de todo esto es que la OEI no se limita a firmar el papel. Actúa como el pegamento. Porque, seamos sinceros, poner de acuerdo a tantos gobiernos con agendas políticas tan distintas es un deporte de riesgo. Pero cuando el objetivo es la ciencia, parece que las asperezas se liman un poco más rápido. O eso queremos creer.

La ciencia de los números: El invierno demográfico en las aulas

Cambiando radicalmente de tercio, pero sin salirnos del rigor científico (en este caso, de las ciencias sociales y la demografía), la OEI ha soltado una bomba informativa que ha pasado algo desapercibida entre tanto ruido político. Se trata del Informe de coyuntura Nº 16. El título suena a somnífero: «El descenso de la natalidad y sus implicancias para la educación superior en América Latina». Pero si te paras a leerlo, te das cuenta de que estamos ante un cambio de paradigma que nos va a explotar en la cara más pronto que tarde.

La verdad es que siempre hemos tenido la imagen de Iberoamérica como un continente joven, vibrante, con las aulas a reventar. Pues bien, los datos dicen que esa imagen se está quedando vieja. La natalidad está cayendo en picado, y no solo en España —donde ya sabemos que estamos en cifras de «invierno demográfico»— sino también en países que tradicionalmente eran el motor poblacional de la región. ¿Y qué tiene esto que ver con la ciencia? Pues todo. La demografía es una ciencia exacta que nos permite ver el futuro a veinte años vista.

Si hay menos niños, habrá menos universitarios. Y si hay menos universitarios, el modelo de financiación de las universidades públicas y privadas se va al traste. El informe plantea un escenario donde las instituciones de educación superior van a tener que pelearse por los alumnos. Pero no solo eso: la ciencia y la investigación se van a resentir si no somos capaces de atraer talento de otras partes o de reconvertir a la población adulta. La formación a lo largo de la vida ya no es un eslogan de LinkedIn, es una necesidad matemática.

¿Qué nos dice el informe exactamente?

Para que nos entendamos, el descenso de la natalidad no es algo que afectará «algún día». Ya está aquí. En algunos países de la región, la tasa de fecundidad ha caído por debajo del nivel de reemplazo (2,1 hijos por mujer) mucho más rápido de lo que lo hizo en Europa. Esto significa que el «bono demográfico» —ese periodo donde hay mucha gente joven trabajando y poca gente mayor dependiendo de ellos— se está acabando.

La conclusión que saco de todo esto es que la educación superior va a tener que cambiar su «modelo de negocio». Menos clases magistrales para chavales de 18 años y más programas de especialización técnica para profesionales de 40 que necesitan entender cómo la Inteligencia Artificial va a cambiar su sector. Es pura supervivencia evolutiva aplicada a la academia.

Innovación pedagógica: La ciencia de enseñar a los más pequeños

A veces se nos olvida que la pedagogía es una ciencia. Y una de las más complejas, porque trata con el material más delicado que existe: el cerebro humano en formación. Recientemente, la OEI organizó un seminario en Asunción sobre innovación pedagógica en la primera infancia. Más de 1.100 participantes. Eso es mucha gente pensando en cómo mejorar la educación de los 0 a los 6 años.

Si mal no recuerdo, los últimos estudios en neurociencia dicen que es en esta etapa donde se cablea prácticamente todo lo que seremos de adultos. La capacidad de aprender, la resiliencia, incluso la curiosidad científica nace ahí. Lo que se discutió en este seminario no fue qué colores usar en las paredes de la guardería, sino cómo integrar el pensamiento lógico y la alfabetización digital desde la base, pero de forma humana y cercana.

En España tenemos ejemplos fantásticos de innovación en este sentido, pero a veces nos encerramos en nuestro propio ombligo. Escuchar lo que se está haciendo en Paraguay o en Uruguay en términos de equidad educativa es una cura de humildad necesaria. Al final del día, el reto es el mismo: ¿cómo preparamos a un niño para un mundo donde la tecnología cambia cada seis meses sin que pierda su capacidad de asombro?

Laç(z)os Artísticos: Cuando la cultura se encuentra con la tecnología

No quería dejar pasar una mención a una iniciativa que me ha parecido curiosa: «Laç(z)os Artísticos». A primera vista parece algo puramente cultural, pero si rascas un poco, ves que hay mucho de ciencia de la comunicación y de entornos digitales detrás. La OEI está intentando crear puentes artísticos que utilicen plataformas digitales para conectar creadores de ambos lados del Atlántico.

Vaya, que no se trata solo de exponer cuadros. Se trata de entender cómo el lenguaje artístico se transforma cuando pasa por el filtro de lo digital. Es una especie de laboratorio social donde se experimenta con la identidad y la lengua. Porque, no lo olvidemos, el español y el portugués son nuestras mayores herramientas de «soft power». Y en un mundo dominado por algoritmos diseñados en inglés, tener una presencia fuerte y cohesionada en nuestras lenguas es una cuestión de supervivencia cultural.

¿Por qué la OEI es relevante para el sector tecnológico español?

A ver, pongamos los pies en el suelo. Si eres un desarrollador en Madrid o un investigador en una universidad de Valencia, ¿qué te importa a ti la OEI? Pues mucho más de lo que crees. La OEI funciona como una plataforma de licitaciones y proyectos que mueve millones de euros en cooperación técnica. Muchos de esos proyectos requieren soluciones tecnológicas avanzadas: desde plataformas de e-learning hasta sistemas de gestión de datos masivos (Big Data) para analizar tendencias educativas.

Además, está el tema de la Inteligencia Artificial. La OEI está liderando conversaciones sobre la ética de la IA en el ámbito educativo y científico en Iberoamérica. No podemos permitirnos que los marcos regulatorios se decidan solo en Bruselas o Washington. Necesitamos una visión que tenga en cuenta nuestra realidad social y económica. Y ahí es donde la OEI hace de altavoz.

Ojo con esto: la cooperación no es caridad. Es inversión. Cuando España participa activamente en la OEI, está abriendo puertas a sus empresas y a sus científicos en un mercado de más de 800 millones de personas. Es una cuestión de escala. Si queremos competir con los gigantes, tenemos que sumar fuerzas con quienes hablamos el mismo idioma.

Un pequeño paréntesis sobre la estructura de la OEI

Para los que no estén muy puestos en el tema, la OEI no es una ONG al uso. Es un organismo internacional de carácter gubernamental. Esto significa que sus decisiones tienen peso político real. Tiene su sede central en Madrid (en un edificio precioso, por cierto, cerca de la Ciudad Universitaria), lo que nos da una ventaja estratégica brutal para estar en el centro de todas estas conversaciones.

Su estructura se divide en varias áreas clave:

  • Educación: El buque insignia. Desde la alfabetización básica hasta la educación superior.
  • Ciencia: Fomento de la investigación, transferencia de tecnología y, ahora, la red espacial.
  • Cultura: Promoción de la diversidad y las industrias creativas.
  • Lenguas: Defensa y promoción del español y el portugués.

El reto de la accesibilidad digital

Un detalle que me ha llamado la atención al entrar en su web es el esfuerzo que están haciendo por la accesibilidad. Puede parecer una tontería, pero que una organización de este calibre se tome en serio opciones como el contraste negativo, la escala de grises o las fuentes legibles para personas con dislexia, dice mucho de su filosofía. La ciencia y la educación o son inclusivas o no son.

En un mundo donde la brecha digital es la nueva frontera de la desigualdad, estos detalles técnicos son declaraciones de principios. Si mal no recuerdo, España es uno de los países que más ha impulsado estas normativas de accesibilidad en la UE, y ver que se trasladan a los organismos iberoamericanos es una buena noticia para todos.

La ciencia como lenguaje universal (en español y portugués)

La verdad es que, al final del día, lo que nos queda es la sensación de que la cooperación científica es el camino más corto para el desarrollo. La RIAE es el ejemplo perfecto. No hace falta que cada país tenga su propio programa lunar (sería un gasto absurdo y poco eficiente), pero sí hace falta que todos tengan acceso a la tecnología espacial para mejorar la vida de sus ciudadanos.

La OEI está demostrando que se puede hacer ciencia de alto nivel con un enfoque humano. Ya sea analizando por qué nacen menos niños o coordinando satélites, el objetivo es el mismo: que el conocimiento no se quede encerrado en un laboratorio, sino que baje a la calle. O que suba al espacio, según se mire.

Para los que seguimos de cerca la actualidad tecnológica y científica desde España, ver este tipo de movimientos nos da una perspectiva diferente. No todo es competir; a veces, la clave es colaborar. Y si es con gente con la que nos entendemos sin necesidad de traductor, pues mucho mejor. La verdad es que el futuro de la ciencia iberoamericana tiene buena pinta, siempre y cuando sigamos apostando por estas redes de cooperación y no nos despistemos con las urgencias del día a día.

Vaya, que la próxima vez que oigas hablar de una agencia espacial, no pienses solo en Cabo Cañaveral. Piensa que, tal vez, hay un investigador en Madrid trabajando codo con codo con otro en Bogotá o Buenos Aires, gracias a que alguien en la OEI decidió que el espacio también es nuestro. Y eso, qué quieres que te diga, me parece un paso de gigante.

La conclusión que saco de todo esto es que organizaciones como la OEI son más necesarias que nunca. En un mundo fragmentado, tener espacios donde la ciencia, la educación y la cultura sirvan de puente es un lujo que debemos cuidar. Y si además nos sirve para entender mejor por qué nuestras universidades se están quedando vacías o cómo podemos usar los satélites para salvar nuestras cosechas, pues bienvenido sea. Al final, la cooperación no es solo un buen deseo; es, sencillamente, lo más inteligente que podemos hacer.

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unpokitodxfavor

Propietario de aquinohayquienviva.es, web de noticias relacionadas con la ciencia, tecnología, y cultura en general.

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